miércoles, 7 de noviembre de 2012

#8N El rechazo a la violencia psíquica

Por Jorge Hector Santos (*)
A pocas horas de una convocatoria multitudinaria convocada nuevamente por las redes sociales, un análisis de un ingrediente no menor a tener en cuenta que genera esta movilización. La mentira genera reacción, es una agresión psicológica preocupante que el gobierno insiste en sostener. La búsqueda de todo el poder por parte de Cristina, obnubila a la Presidente.
A la Presidente argentina -como a su par venezolano, Hugo Chávez- solo le importa ir por una acumulación de poder personal, donde todo gire en entorno a ella.
Si bien sus palabras endulzan repetidamente expresiones de libertad, justicia, democracia, pluralidad, etc; en los hechos todo eso está condicionado a que los demás poderes del Estado respondan a sus deseos; caso contrario trabajan para las corporaciones, la oligarquía, o defienden intereses “inconfesables” en contra del pueblo más sufrido.
No es extraño que Cristina Fernández, en esa búsqueda, haya acuñado la frase “Vamos por todo”.
“Ir por todo”, es ir por todo el poder. Nada que a ella puede molestarle la obtención y detentación del mando total puede existir, deberá ser destruido.
Nadie ni nada puede oponerse a su inquebrantable capricho totalitario.
Ella es todo.
Todo es ella.
Ella todo lo sabe, y lo decide.
Los que aceptan sus designios, los sumisos, conformarán su ejército de seguidores; para ir a luchar contra los agentes y representantes del mal que son los que no se someten; y quieren ejercer el derecho legítimo de ser tenidos en cuenta, de ser escuchados.
Nadie que no se avenga a lo que Cristina Fernández quiere, será tolerado por ella.
Ese y todos los que piensen de esa forma son enemigos a vencer.
La verdad, la única que debe ser reconocida como tal, es la que ella pregona.
No existe posibilidad alguna que Cristina esté errada.
Cualquier verdad que discrepe con lo que Cristina argumenta, es tildada de mendacidad.
Una mentira, que aún siendo verdad, será dicha por un gorila, destituyente, enemigo de la patria, entre otros descalificativos.
Esta forma de gobernar implica violencia.
Existe una violencia verbal en las formas y en el fondo.
La mentira agrede.
La descalificación hiere.
Los muchos que pueden discernir entre la realidad y la falsedad, se sienten ultrajados por los acontecimientos.  
Con conceptos que pretenden vender un propósito loable se aprueban leyes o se firman decretos que en el fondo solo son otro vil embuste.
Todo está teñido de algo perverso.
Todo es engañoso.
Todo persigue un cesarismo avasallante.
La violencia discursiva intimida y ofende.
Quien que trata de imponer una irrealidad como verdad ejerce violencia verbal. Su  pretensión es clara, busca preservar su autoridad por medio del temor.
Si no llega a ser temor, al menos despierta rechazo; por cuanto nunca está de acuerdo con ninguna idea que no sea la propia.
Siempre se muestra en contra de todos los que no comulgan con sus proyectos y nunca aceptará iniciativa o propuesta alguna que sea la de ella.
Es dueña de una conducta, intencional o no, que implica una violencia psicológica en el receptor de sus palabras.
Los daños que origina la violencia psicológica (la alteración de la realidad es una de las más significativas) son importantes y peligrosos; no solo a nivel individual sino social.  
El receptor de este tipo de violencia para protegerse de la misma emplea tantos mecanismos intelectuales para tratar de darle compresión a lo que es imposible de entender, que muchas veces no puede darse cuenta de que el malestar que siente proviene una agresión psíquica.
Las redes sociales son fiel testigo de lo que sucede en nuestro país con las decisiones o expresiones gubernamentales. En ellas se exterioriza el malestar que provoca el esfuerzo de tratar de entender qué sucede; el porqué de esto o aquello.
Es imposible.
Hay un ataque al raciocinio. Hay un artero golpe al psiquismo.
La decepción llega.
El ciudadano agredido pretende que el gobierno cambie.
Lo que espera no llega.
Lo que aguarda es una ilusión que no se concreta.
Una persona, la Presidente y su séquito van por todo.
Los ciudadanos decepcionados quieren ser considerados en sus demandas insatisfechas.
Esas demandas son elementales.
Lo elemental no está en la agenda de la Rosada.
Es como si unos hablaran en inglés y los otros en castellano.
Unos salen a calle para que ser tenidos en cuenta.
Buscan que la Presidente  considere primordial la solución de sus problemas cotidianos.
Estos reclaman con congenian con el ir por todo, de quien gobierna.
El ir por todo, también incluye, a quienes salen a mostrarse indignados.
En el fondo, estos lo saben.
Tarde o temprano lo podrán asimilar.
Hoy, todavía les cuesta. Las preocupaciones los exceden.
El gobierno siente el golpe de las muchedumbres tomando las benditas calles.
Sin embargo, el agravio es la respuesta.
No obstante, como siempre, al final del túnel está la luz.
Esa luz siempre es la verdad, la que antes o más tarde siempre gana.
Esta saltará a escena aunque los negadores, los autoritarios no quieran.
El problema es una cuestión de tiempo.
El tiempo perdido trae costos.
Siempre los pueblos pagan los platos rotos.
Esta otra gran piedra en el camino del pueblo argentino no será la excepción a la regla.


(*) Jorge Héctor Santos. Periodista, asesor medioscomunicación, ex Dtor de Mitre, La 100,  TOP40, Latina,Universo, G Prisa, CPN. Artículo publicado por Urgente 24 el 6 de Noviembre de 2012