miércoles, 7 de noviembre de 2012

#8N, la clase media retoma el poder

Por ¡AY ERNESTO... 77 AÑOS Y NO ENTENDER NADA! (*)
No hablen del 54,11%. La validación de los laureles eleccionarios de cualquier política es ahora, más que nunca, diaria, y se encuentra en una amplia gama de formas de comunicación (cada vez más inmediatos), en las que el voto es cotidiano. De nada sirven, por tanto, los votos acumulados una vez cada cuatro años porque el tribunal ciudadano es consuetudinario, una concepción que está en las antípodas de las vetustas ideas del kirchnerismo, explica el autor, un profesor universitario, analista y periodista que, por varios motivos, ya ha escrito en Urgente24 con este seudónimo.
Pasacalle en Malvinas Argentinas, municipio bonaerense que organiza su propia concentración del #8N.

Desde que los ecos del 13-S fueran ya auscultados hasta ahora desde distintas perspectivas, confirmándose mediante diversas encuestas el análisis que se hiciera desde aquí acerca de la pérdida de reputación de la Presidente y el gobierno y su colapso de pérdida de confianza (vuelve a disponer sólo de la aprobación de sus fanáticos pero ya no de la clase media), la reacción oficial, destemplada y ofensiva, ante el inminente 8-N desnuda crudamente el pavor que genera en todo el arco político (no sólo en el oficialismo) y los vanos intentos por encontrarle un encuadramiento al que se le puedan aplicar los viejos paradigmas políticos. 
 
Pero hasta el 8-N adolece de un contrasentido: luego del 13-S, carecía ya de sentido una nueva movilización, por cuanto no hace falta reiterar lo que ya se ha dicho, y así se entró en los parámetros de la política, que necesita (ba) validar el triunfo mediante periódicas expresiones públicas (algo que el kirchnerismo, desde la ruptura con el líder sindical-camionero Hugo Moyano, ha perdido).
 
 Y, ante la inocultable desesperación gubernamental ante movilizaciones que está lejos de controlar y explicar, desata argumentos que vuelven a caer consumidos en sus propias contradicciones, flagrantes y patéticas, en un diluido poder cuando éste aspiraba a perpetuarse (“vamos por todo”).
 
Las encuestas que se conocieron después del 13S corroboraron la debacle de la percepción pública favorable de Cristina Fernández de Kirchner como Presidente de la Nación, tal como se anticipó aquí. 
 
De tal manera, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), correspondiente al mes de octubre de 2012, elaborado por la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato di Tella, se ubicó en el mes de octubre en los 1.67 puntos, lo que marca una caída de un 1% en relación con el mes de septiembre. Cae un 39% comparado con enero de 2012. En la comparación interanual, desciende un 36% con respecto al índice registrado en octubre de 2011.
 
Esa declinación internanual significa 21 puntos porcentuales sobre el famoso 54% que consagró a la Presidente para un nuevo período de gobierno, por lo que actualmente, según se desprende de aquel índice (ajeno al turbio INDEC), obtendría el 33% de los votos totales de los sufragados en octubre del año anterior. Es decir, la clase media, la que la ungió con su voto entonces, le ha quitado su apoyo, con lo que CFK se encamina rápidamente a sólo contabilizar los votos a priori de los afiliados de su partido y su facción.
 
Para una reciente encuesta de Poliarquía, la consultora privada de Sergio Berenztein, Alejandro Catterberg y Eduardo Fidanza, CFK pierde el rumbo de su propio gobierno. Para el 66% la gobernabilidad la ha extraviado (el 46% asegura que Cristina está perdiendo el control del Gobierno y el 20%, que ya lo perdió), el 52% desaprueba su gestión y el 62%, la gestión económica.
 
Según Management & Fit, en Santa Fe, el 75% se manifiesta contraria a la perdurabilidad de CFK en otro mandato presidencial, y en Córdoba, su gestión es desaprobada por el 65% de la población. Dos distritos clave tanto para las elecciones de medio turno de 2013 como para cualquier intento re-reeleccionista.
 
Si alguna cualidad caracteriza al senador Aníbal Fernández es la de expresar brutal y sinceramente, desde los arrabales de la picaresca y la diatriba tumbera del peronismo, lo que otros voceros del kirchnerismo cuentan simplemente como desangeladas muestras de agresión verbal. Así, cuando el ex jefe de Gabinete de Ministros (y antes, duhaldista igualmente convencido) atribuyó el 8N a una facción de ultraderecha, puso nuevamente afuera lo que, segúnJuan José Sebreli, es en rigor el kirchnerismo, al que aquel adhiere con fervor de converso (como muchos otros, que sobreactúan su fe porque justamente no la tienen). 
 
Así, al referirse Sebreli en el diario La Nación el último domingo a los populismos de las décadas del ’40 y ’50 del siglo pasado, reflexionó que eran “continuadores a su modo del lado jacobino plebeyo del fascismo, cuando éste ya había sido derrotado. Pero con la ola izquierdista de mitad de siglo veinte no vacilaron en proclamarse 'socialistas' con el agregado de 'nacionales', algo que parecía novedoso, pero la denominación también había sido usada por el fascismo histórico. Los jóvenes de izquierda, desconocedores de la historia del pasado reciente, cubrieron con una apariencia revolucionaria a estas ideología de derecha no tradicional”.
 
Y añadió: “El populismo rechaza la democracia como una idea extranjerizante y cosmopolita ajena a la idiosincrasia nacional, y también al liberalismo pluralista porque disgregaría la unidad de la nación y del pueblo. El partido, como su nombre lo indica, es una parte, admite la existencia de otras partes. La relación entre el líder y las masas es pretendidamente directa y prescinde de las intermediaciones institucionales. El bonapartismo, el fascismo y el populismo se autodefinen como movimiento, expresión del pueblo y la nación en su totalidad, por lo tanto el que no pertenece a él, queda excluido. Se niega la pluralidad, la disidencia, la oposición. (…) El stalinismo también hablaba de la democracia popular. Pero eso nada tenía que ver con la democracia. Yo defiendo enfáticamente el sufragio, pero digo a la vez que no es suficiente. Mirá, nadie subió al poder con métodos más democráticos e institucionales que Adolf Hitler.”
 
Desde esta percepción, la contradicción de Aníbal Fernández es significativa porque es el kirchnerismo el que es una expresión de derecha pero revestida de un lenguaje de señales y guiños a cierta izquierda.
 
El recurso de endilgarle a otro lo que uno es no es nuevo. De hecho, este martes 06/11 la propia CFK reclamó a la dirigencia política lo que se le endosa a ella: “No disfracemos nuestras verdades y digamos lo que pensamos todos, y la gente va a elegir sin temor a equivocarse." (recuérdese que antes de las elecciones del año pasado, modificó su discurso por uno de comprensión y hermandad política, el que dejó de lado apenas se apropió del voto y la reelección). Y agregó: "Si no te gusta el gobierno por los derechos humanos, decilo; o porque los que antes eran pobres y vos podías contratarlos por dos mangos, decilo". Es decir, se esfumó la propuesta de concordia política que se reemplazó por la de la confrontación y por atribuirle a los opositores lo que ella supone (y deberían) ser o pensar (para que se acomoden a sus categorías políticas).
 
Otra contradicción surge de un informe de la inteligencia oficial acerca de la falta de espontaneidad del 8N, el que sería digitado, en el mundo virtual, por distintas organizaciones asociadas con la derecha más cerril (todas identificadas como “enemigos” de la aventura K). Si así fuere, surgen al menos dos visiones que embriagan al kirchnerismo:
 
> una, que la masa puede ser manipulada por cualquiera (incluso el Gobierno), y
 
> dos, los adversarios, descalificados por incoherentes y por su escaso aval comicial, tendrían un poder de movilización (algo a todas luces incompatible además con el mundo de la virtualidad) que implicaría por tanto una capacidad insólitamente gigantesca (consiste con el gran fantasma político que obsesiona y perturba sólo al Gobierno).
 
Una vez más la inquietud  por el 8-N ha llevado al politólogo Ernesto Laclau, gurú filosófico de CFK, a descalificarlo e intentar forzar su introducción en alguna categoría que le posibilite alguna conclusión acorde con sus propios presupuestos (es decir, todo lo contrario de alguna teoría positiva de la ciencia). Así, ponderó que esa movilización será “la expresión del malestar de una parte de la Argentina que está dejando de existir” (da por sentado que será importante, lo que denota su preocupación, pero procura insertarla en una presunta oposición derivada de partidos políticos, ocultos en la virtualidad).
 
Está claro que la política con internet y las redes sociales ha cambiado y sigue cambiando. expresó a fines de septiembre pasado el director y fundador de Social Media Week, Toby Daniels, al inaugurar la séptima edición de ese congreso en Bogotá. Según el experto, hay una red de“individuos conectados con capacidad para tomar decisiones propias de manera más rápida y con un mayor consenso”.
 
Ya no se trata de que los Gobiernos nos digan qué hacer sino de cómo se distribuye el poder, la voz de cada uno tiene hoy, mucha más fuerza que antes”, sentenció.
 
En esa línea, conviene repasar algunos conceptos de un experto francés. “La desaparición de la nación lleva en sí la muerte de la política (…) En la era de las redes, la relación de los ciudadanos con el cuerpo político entra en competencia con la infinidad de las conexiones que establecen fuera de él, de suerte que la política, lejos de ser el principio organizador de la vida de los hombres en sociedad, aparece como una actividad secundaria, como una construcción artificial incluso, inadaptada para la solución de los problemas prácticos del mundo contemporáneo,” concluyó Jean-Marie Guéhenno, en el libro “El fin de la democracia”, un catedrático y diplomático francés que hasta 2008 fue subsecretario general de las Naciones Unidas para la resolución pacífica de conflictos.
 
En síntesis, la validación de los laureles eleccionarios de cualquier política es ahora, más que nunca, diaria, y se encuentra en una amplia gama de formas de comunicación (cada vez más inmediatos), en las que el voto es cotidiano. 
 
De nada sirven, por tanto, los votos acumulados una vez cada cuatro años porque el tribunal ciudadano es consuetudinario, una concepción que está en las antípodas de las vetustas ideas del kirchnerismo.
 
El cambio, en fin, sucederá, aunque el 8N –como recurso repetitivo de la vieja política- no se realice.

(*) ¡Hay Ernesto,..... (pseudónimo). Artículo publicado por Urgente 24 el 7 de Noviembre de 2012