jueves, 15 de noviembre de 2012

8N: La lógica de la acción colectiva

Por Roberto Cachanosky (*)
El proyecto de poder hegemónico del gobierno genera tantos costos y riesgos para amplios sectores de la sociedad que crea todos los incentivos para que la gente se organicen. Además, internet, bajó los costos de organizarse.

Mientras conversaba con José Benegas sobre el 8N grabando el Diván Político (en las próximas horas estará online),  me acordé del libro de Mancur Olson, La lógica de la acción colectiva, en el que analiza, entre otras cosas, porqué los grupos más reducidos tienen mayor capacidad de organizarse que los grupos más amplios.


Mancur Olson dedicó buena parte de su trabajo a analizar la relación entre crecimiento económico y calidad institucional. Voy a dar un ejemplo económico en base al libro de Mancur Olson, y luego voy a trasladarlo al 8N para ver las consecuencias que puede tener para el gobierno desconocer algo que puede tener una envergadura impensada. Vayamos primero al análisis de Mancur Olson y después trasladaré ese análisis al 8N.


Veamos primero un ejemplo de lo que quiere decir Olson con eso de que los grupos más reducidos tienen más incentivos para organizarse que los grupos más amplios.

Supongamos que los productores de salchichas de un país se organizan para hacer lobby y conseguir el proteccionismo del Estado y que logran tal objetivo. 

Imaginemos que, al establecerse la restricción a la competencia, el precio de las salchichas aumenta y les deja a los productores locales una renta extraordinaria de $ 1000 millones anuales. Si hay 20 productores de salchichas, cada uno se quedaría con una ganancia extra de $ 50 millones. Supongamos además que en ese país hay 20 millones de familias que consumen salchichas y tienen que afrontar el mayor costo generado por el proteccionismo. El costo promedio por familia de la protección a las salchichas sería de $ 50 por año.


Mientras el grupo reducido de productores de salchichas tienen una ganancia extra de $ 50 millones anuales, los consumidores tienen un costo anual por familia de solo $ 50. Nadie va a organizar una protesta por tener que gastar $ 50 más por año en salchichas. El costo de organizarse frente al beneficio de ahorrarse los $ 50 no justifica tal organización y esfuerzo. Por el contrario, los $ 50 millones anuales que se lleva cada productor de salchicha justifican asumir el costo de organizarse para defender su privilegio. Esta es la idea que transmite Mancur Olson sobre los estímulos para organizarse en el caso de los dos grupos citados. Los productores de salchichas (los grupos reducidos) y los consumidores de salchichas (los grupos amplios).


Vamos ahora al caso del 8N que el gobierno ningunea. Desde mi punto de vista no ha considerado dos puntos centrales. En primer lugar la presión fiscal, la inflación, la falta de seguridad y el riesgo de destrucción de la clase media es tan alto que, a diferencia de los consumidores de salchichas, la gente tiene estímulos para organizarse frente a un grupo más reducido que es el gobierno que expolia y destrata a la clase media en la búsqueda de su poder hegemónico. En términos de Mancur Olson, hay dos grandes grupos: a) el grupo reducido que es el gobierno buscando su poder hegemónico y b) los sectores de ingresos medios y aún los de ingresos bajos que tienen que asumir el costo del proyecto de poder hegemónico del gobierno.


El segundo dato, que no es menor, es que la tecnología ha reducido los costos de organizarse a los grupos más amplios para defender sus derechos. Internet, las redes sociales y los celulares, permiten generar una organización en defensa de las amenazas de los sectores de ingresos medios y bajos que es muy reducido en comparación al costo que tiene que afrontar en este intento de igualar hacia abajo a toda la sociedad, destruyendo la clase media.

 En general se ha dicho que el gobierno utilizó el sistema de poner a una rana en una olla con agua fría y luego la fue calentando el agua de a poco. Cuando la rana se dio cuenta que la estaban cocinando ya era tarde y no podía saltar de la olla.


Mi impresión es que la presión que el gobierno está cargando sobre la clase media e incluso sobre sectores más humildes, vía la inflación, la falta de trabajo, la angustia de vivir una incertidumbre permanente, la inseguridad, el desprecio por los jubilados, etc. ha generado un alto costo para los amplios sectores de la sociedad y, por lo tanto, el costo de no organizarse para defender sus derechos es mucho más alto que el costo, ahora reducido por las nuevas tecnologías, de organizarse y salir a producir un 8N con una cantidad de gente en la calle que dejó al gobierno con la boca abierta.


Mi impresión es que Cristina Fernández, al ningunear el 8N, no está advirtiendo que el humor social ha cambiado totalmente porque la gente ya siente el peso de la ineficiencia del gobierno y el costo de mantener el populismo, al tiempo que la tecnología ha disminuido el costo de organizarse para que el gobierno no avance en su proyecto de destruir a la clase media en búsqueda del poder hegemónico.


Es cierto que ella tiene los resortes del poder y sus grupos reducidos (La Cámpora) pueden seguir causándoles más daños a la clase media, media baja y trabajadores en general. Pero también es cierto que el costo que sufren todos esos sectores es tan alto que justifica el costo de organizarse en defensa de la agresión del gobierno.


Dando vuelta el argumento de Mancur Olson, hoy los grupos más amplios, que cada vez son más amplios porque el gobierno ataca a todos simultáneamente, tienen más estímulos para organizarse que los grupos más reducidos (los seguidores incondicionales K), al tiempo que la tecnología ha reducido los costos de organización.


Si CFK leyera a Mancur Olson en vez de a Laclau, podría advertir que esto de estar agrediendo a la sociedad en lo económico y en su dignidad puede generarle más costos que beneficios, porque los costos de organizarse bajaron y el costo de organizarse es infinitamente menor a lo que la gente puede perder si no se organiza. 

Los grupos más reducidos (los k incondicionales) le están generando tanto costo a los grupos más amplios de la sociedad en búsqueda del poder hegemónico, que finalmente dieron todos los incentivos para que se produjera el 8N y puedan producirse otros más u otra clase de reacción.


En síntesis, el grupo reducido (el gobierno y los ultra K) pueden estar organizados, pero su proyecto de poder autoritario le genera tantos costos a amplios sectores de la sociedad que, con menores costos de organización, tiene todos los estímulos para organizarse en defensa de la agresión k.

(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Consultor económico y director de "Economía para Todos". Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Artículo publicado por Crónica y análisis el 15 de Noviembre de 2012.