viernes, 2 de noviembre de 2012

Argentina 2015: la tonta lucha por ser potencia o un Estado fallido

Por Estudio Adolfo Ruiz y & Asociados (*)

Señor –le preguntó el Arcángel, ¿no le estáis otorgando
demasiados dones a ese cono sur del continente americano?
 -Es verdad, pero para compensar, les pondré argentinos,
una de cuyas subespecies -la más envenenada, hipócrita
y resentida que son los populistas-, consumirá más de lo que
 los otros producen y convertirán un vergel en un desierto. 

Hace ya mucho tiempo que la mitología criolla acuñó la frase: “Dios es argentino”. Luego, nos llegó el pretendido axioma de Eduardo Duhalde, un auténtico oxímoron: “Argentina está condenada al éxito”. Aunque no aclaró cuando se cumpliría su rotunda sentencia. Sin embargo, algunos datos sobre los recursos que demandará nuestro planeta y sobre la tendencia de la economía internacional, parecen indicar que nuestro país está consolidando cada vez más, el enorme privilegio de contar  con recursos naturales en alta escala. O sea que aunque Dios no fuera argentino, por momentos parecería serlo. La explotación de insumos esenciales tales como agua, cereales, oleaginosas, carnes, gas, litio, oro, cobre, vientos, mareas y hasta petróleo, están al alcance de cualquier próximo gobierno que: 1) garantice las inversiones, 2) cumpla los contratos, 3) pague sus deudas, y 4) asegure la salida de dividendos. Es decir, al revés de lo que ha hecho hasta ahora la administración del Sr. y la Sra. de Kirchner, junto a su pequeño círculo de intrépidos improvisados.

Tal vez, esta nueva realidad internacional no conforme a muchos pensadores de izquierda quienes, detenidos en la teoría del valor del joven Karl Marx, no ven otra fuente de desarrollo que la industria manufacturera. Para ellos, las actividades primarias y terciarias no crean auténtico valor económico ni forman parte de la economía “real”. Pero, para quienes sí creemos que la integran, lo que pase en los próximos años con respecto a los recursos naturales con que -sin gran merecimiento- hemos sido premiados, es un dilema crucial: la “Argentina potencia” o la “Argentina fallida”. Repasemos en un breve análisis cuáles son –o serán- las enormes ventajas diferenciales que nos acompañarán, si logramos elaborar políticas públicas honestas, creíbles y sustentadas en el tiempo:
Agua: Se trata de uno de los recursos vitales más raros, que ha producido guerras en el pasado y, tal vez, podría ocasionarlas en el futuro. El agua es esencial para la mayoría de las formas de vida conocidas por el hombre. El acceso al agua potable se ha incrementado durante las últimas décadas en la superficie terrestre. Sin embargo estudios de la FAO, estiman que uno de cada cinco países en vías de desarrollo tendrá problemas de escasez de agua antes de 2030; en esos países es vital alcanzar un menor gasto de agua en la agricultura, modernizando los sistemas de riego. La demanda de agua se duplicará cada veinte años. Incluso habrá que regar tierras para hacer crecer productos que tengan un valor inferior al del agua utilizada para ello. La oferta, en cambio, permanecerá invariable[1]. Se estima que aproximadamente el 70% del agua dulce es usada para agricultura. El agua en la industria absorbe una media del 20% del consumo mundial, empleándose en tareas de refrigeración, transporte y como disolvente de una gran variedad de sustancias químicas. El consumo doméstico absorbe el 10% restante[2].
Nuestro país goza de una situación privilegiada, dentro del grupo de dieciséis primeros países –entre un total de 194- que se reparten la mayor parte de los recursos acuáticos del planeta[3]. Los ríos argentinos se clasifican en 3 cuencas o vertientes: los de la vertiente del Atlántico, los de la del Pacífico y, por último, los pertenecientes a las diversas cuencas endorreicas del interior del país (sin desagüe en el mar). Las cuencas lacustres argentinas se encuentran mayoritariamente en la Patagonia, como consecuencia de la acción glaciaria que las formó (Nahuel Huapi, Viedma y Argentino, las principales). En la llanura chaco-pampeana hay gran cantidad de lagunas de agua dulce y salada, y en el litoral mesopotámico zonas pantanosas, como los esteros del Iberá. Los recursos hídricos del país también incluyen los extensos campos glaciarios en los Andes, como el Perito Moreno, y las aguas subterráneas de los acuíferos, como el Puelche y el Guaraní.
Por su escasez, el agua subirá su precio, lo que desde luego incidirá en un uso más racional. La disponibilidad a agua en nuestro país garantiza –salvo accidentes impensados en los polos del planeta- una altísima producción de alimentos en el futuro. Es interesante destacar que la escasez del agua en China[4], obliga a este país a importar porotos de soja que estaría en condiciones técnicas de producir en su territorio, pero a un costo más alto que si lo importase. Es probable que cada vez más proceda a importar los productos terminados (pollos, por ejemplo), para así disminuir su consumo de agua y utilizarla en otros destinos[5].

Petróleo: El petróleo se consume con su primer uso y, por lo tanto, se extingue o bien, se transforma en residuos, corrompiendo el entorno. Existe la amenaza de que los nuevos descubrimientos de yacimientos crezcan a un menor ritmo que el consumo. Sin embargo, hasta que se descubran, se inventen -o se abaraten- nuevas formas de energía y, a pesar de ser enormemente contaminante, el precio del petróleo seguirá creciendo, dejando fuera del mercado a cierto tipo de industrias, o a aquellas actividades económicas que lo tienen por principal insumo.
Esta estimación se fundamenta en que el parque automotor mundial superaba los 1.000 millones de vehículos en 2012[6], por una parte. Por otro lado, existen pocas probabilidades de encontrar nuevas formas de energía adaptadas a las exigencias del transporte individual privado[7]. Las industrias petroquímicas y sus derivados requieren una cantidad cada vez más creciente de petróleo, su principal insumo. Por eso, se dirigen tremendos esfuerzos financieros tendientes a lograr su gradual sustitución por otros combustibles. El bio-diesel y el hidrógeno –hoy más costosos que el petróleo- están siendo meticulosamente investigados en búsqueda de una reducción significativa de sus costos. A ambos, se unen los vehículos de tracción eléctrica ya desarrollados por casi todos los grandes grupos de la industria terminal. La cuestión, entonces, sigue siendo la de los mayores costos y, en el caso del motor eléctrico, se agrega la necesidad de cargar las baterías casi cotidianamente (dado que el principal problema del coche eléctrico, es que su batería no crea energía a partir de la nada: hay que cargarla con electricidad). 

Gas: Con el gas ocurre lo mismo que con el petróleo, pero en forma más atenuada porque las reservas comprobadas en nuevos yacimientos son más grandes que la proyección del crecimiento del consumo. Desde el punto de vista ecológico se trata de un recurso “más” limpio que aquél, aunque su uso contribuye al problema del calentamiento global (el que, en realidad, es fundamentalmente provocado por la superpoblación y por sus necesidades de alimento, confort y transporte). Su precio seguirá subiendo debido a su mayor demanda junto a las dos causas –ya nombradas- concatenadas: los mayores costos de extracción y la depreciación del dólar.
Nuestro país no cuenta con abundantes reservas de gas natural –ocupamos el 34° lugar en el mundo-, y ahora debido al decaimiento de la producción local por falta de incentivos y al alto consumo, debemos importarlo. No obstante, la aparición del shale gas, nos ha cambiado el panorama futuro. Según la agencia Energy Information Administration (EIA)  las reservas de gas técnicamente recuperables de esquisto de Argentina son la tercera más grande en el mundo, después de las de Estados Unidos y de China, con 774 billones de pies cúbicos (más de la mitad de ese valor se halla en la Cuenca Neuquina en la zona oeste del país)[8]

Hidrógeno: Posiblemente se transforme en una de las principales fuentes de energía del futuro pero, hasta ahora, su procesamiento es costoso. Recordemos que la mayor parte del hidrógeno elemental se obtiene "in situ", es decir, se extrae en el lugar y en el momento en  que se lo necesita, ya que el hidrógeno como elemento puro es muy escaso en la tierra y tiene que ser producido industrialmente a partir de hidrocarburos (como, por ejemplo, el metano) o del agua (por un proceso de electrólisis, que resulta un método mucho más caro que la obtención a partir del gas natural).
No obstante, Honda Motors ya tiene un modelo -FCXN Clarity-, que una autonomía de 400 Km, 160 Km. de velocidad y todas las comodidades de un sedán 4 puertas. No utiliza baterías, ni requiere carga eléctrica. No se vende, sólo se alquila en el sur de California, porque no existe la infraestructura necesaria para proveerse de hidrógeno, aunque actualmente están en actividad unas 70 estaciones de servicio para proveerse de hidrógeno en el sur de los EE.UU. Además, debe tenerse en cuenta que el hidrógeno no es productor de energía, sino sólo un transportador de ella, por lo que hay que utilizar previamente electricidad, para poder separar hidrógeno y oxígeno[9]. Naturalmente, Argentina se haya también muy bien ubicada en cuanto a hidrógeno, gracias a sus disponibilidades de agua y shale gas.

Litio: En el 2010, las baterías de litio se han convertido en el principal método utilizado para remplazar a los contaminantes combustibles fósiles. El "triángulo del litio" compuesto por el salar de Uyuni, en Bolivia; el salar de Atacama, en Chile; y el salar del Hombre Muerto, en Argentina, concentran aproximadamente entre el 50 y el 85% del total de ese mineral en el mundo. El crecimiento acelerado en el uso del ion-litio ha provocado que una tonelada de litio suba su precio, desde los 350 dólares que costaba en 2003, hasta los 3.000 dólares en 2009. También con este elemento la madre naturaleza ha sido pródiga con nuestro país.

Energía atómica: Los tres grandes accidentes de usinas atómicas en EE.UU., Rusia y Japón, han perjudicado gravemente la aceptabilidad de este sector energético. Pero también han dejado grandes enseñanzas en cuanto a su manejo y a la prevención en materia de seguridad. Como aconteciera cuando se instalaron las primeras redes eléctricas, la cantidad de accidentes producidos jugó en contra de las inversiones en electricidad. Sin embargo, la energía eléctrica ha sido, tal vez, el factor más importante del exponencial desarrollo económico del siglo XX. Por eso, es posible que la energía atómica transforme –y en consecuencia encarezca- sus condiciones de seguridad pero, en compensación, abaratará sus costos de producción neta. Entonces es probable que haya un resurgir de la producción de energía atómica, pero sólo en el mediano plazo. Si así ocurre, nuestra experiencia en el tema será valiosa, además de contar con capacidad exportadora de nuestros yacimientos de uranio.

Oro: El oro no se consume, se acumula limpiamente, pero siempre su cantidad –sea en poder del público o de los gobiernos- crece. Hasta ahora, las amenazas de extinción de yacimientos no ha sido un grave problema porque se descubrieron otros alternativos que los superan en producción, aunque, es cierto, a mayor costo. Su precio seguirá aumentando, a veces lentamente, otras aceleradamente, pero creciendo inexorablemente. Y este aumento ya viene agregando, desde 1971, un componente adicional a su mayor demanda: la compensación a la depreciación del dólar norteamericano. Por eso, para un inversor rentista, los problemas del ahorro en oro son tres: a) no produce renta; b) no es lo suficientemente líquido; y c) es de difícil traslado en ciertos volúmenes. Argentina no es un gran productor de oro –producía en 2006, menos del 2% que la producción en todo el mundo, y sólo un 15% de la que procesa Sudáfrica, el mayor productor-, pero tampoco es de los de menor producción: extrae alrededor del 42% de lo que produce Canadá, y supera levemente a Chile y Brasil[10]. Y es posible que en el último quinquenio hayamos incrementado nuestra participación en el mercado mundial.

Energía eólica: La energía eólica se basa en la energía potencial que poseen las corrientes de viento. Las zonas más favorables para la implantación de torres eólicas son las regiones costeras y las grandes estepas, donde vientos constantes soplan regularmente: es necesaria una velocidad media del viento superior a 30 km/h para que una turbina eólica funcione con eficiencia. Además, los aerogeneradores se pueden montar y desmontar sin apenas dejar huella en la naturaleza. La energía eólica presenta diversas ventajas, entre las cuales está la de no depender de combustible alguno para operar, y el hecho de ser una tecnología muy desarrollada y probada. También presenta un coste bajo de mantenimiento y explotación, y requiere de relativamente poco espacio para ser instalada (en comparación con otras energías más extensivas, como la solar fotovoltaica o termoeléctrica). El problema mayor es que los parques eólicos –ya hay una quincena instalados en la Patagonia, Tandil y La Rioja-- suelen estar lejos de las áreas de alto consumo, pero son económicamente útiles para emprendimientos locales que requieran gran consumo de energía eléctrica.

Energía mareomotriz: Las mareas son movimientos cíclicos de las grandes masas de agua causadas por la fuerza gravitatoria lunar y el sol, en conjunción con los océanos. Las mareas se deben a movimientos de corrientes de grandes masas de agua, como mares, que oscilan en un margen constante de horas. La energía mareomotriz es la energía potencial o cinética que contienen los océanos. Esta energía se está desarrollando y se piensa podría ser una energía que sustituiría a los combustibles fósiles, porque esta energía es renovable y tres cuartas partes del planeta son océanos, así que casi todo país con costa puede emplearla. Está energía la producen en conjunto el viento, el Sol y la Luna, que hacen las olas, mareas o las corrientes marinas. Aun no esta siendo explotada este tipo de energía en el país, pero en la zona patagónica (en Chubut, exactamente) se cree que se podría producir la mayor planta mareomotriz del mundo[11].

Energía hidroeléctrica: Se trata de una energía limpia, renovable e inagotable. En las centrales hidroeléctricas se genera la electricidad mediante la energía cinética y potencial del agua, que al caer y mover la turbina, mueve un generador eléctrico. La energía hidroeléctrica puede generar un impacto ambiental si no está bien adaptada al río en el cual se construye. La experiencia acumulada por las represas del Chocón-Cerros Colorados y Yaciretá, junto a otros emprendimientos menores pero significativamente importantes nos colocan adecuadamente para emprender la obra de Corpus o la canalización del Bermejo.

Energía de biomasa: La biomasa es la abreviatura de “masa biológica” y se obtiene de los recursos biológicos. La biomasa comprende una inmensa gama de materiales orgánicos. La energía proveniente de la biomasa se divide en muchos grupos. La energía de combustión directa se saca de la leña y otros desechos orgánicos, como los  excrementos de animales y la celulosa que se utiliza para obtener calor. La energía por conversión térmica que consiste en la destilación de leña para generar carbón de leña, metanol, alcohol metílico, entre otros. La energía por fermentación alcohólica que consiste en la fermentación de restos orgánicos tales como la caña de azúcar, la yuca y la madera, y se cree que podría remplazar a los combustibles fósiles (el etanol o alcohol etílico, se está usando actualmente como añadido de la gasolina). La energía anaeróbica que consiste en la producción de gas en cámaras cerradas, que se denominan bio-digestores. Esta se logra mediante la fermentación de desechos orgánicos (excrementos, residuos orgánicos, etc.), y el gas así obtenido sirve para el gas de cocina y la iluminación.

Energía solar: es la energía obtenida de la radiación solar, transformándola en calor o electricidad. Los colectores solares transfieren la energía proveniente de la radiación solar al agua y la calientan. Las celdas fotovoltaicas que generan su energía eléctrica de la radiación electromagnética del sol, transformándola en energía eléctrica. Es de mayor costo  pero, nuestro clima templado hace posible su utilización, sobre todo en viviendas individuales o colectivas.

Biofuel: Las plantas usan la fotosíntesis para crecer y producir biomasa y también sabemos que podemos usar esa biomasa para obtener energía directamente de ella o para producir un combustible llamado biofuel. La agricultura puede producir diferentes “fuels” como por ejemplo, biodiesel o etanol. Todos estos combustibles se pueden usar en motores de explosión para producir energía mecánica, la que después se trasformará en eléctrica. El  biofuel es a menudo algún tipo de bio-alcohol, como por ejemplo el etanol o algún derivado de éste, como por ejemplo el biodiesel o aceites de origen vegetal. El biodiesel puede estar hecho a partir de vegetales y de las grasas de algunos animales. Dichos combustibles son capaces actualmente de sustituir a las gasolinas convencionales. Con un mismo coche se pueden usar los dos tipos de combustibles. La gran ventaja de los biodiesel respecto a las gasolinas convencionales es que, usando biocombustibles, se emiten menos gases contaminantes a la atmósfera. En la actualidad, algunas áreas de cultivo de maíz, azúcar y otros vegetales están siendo usados íntegramente para producir etanol. Sin embargo está creciendo una idea critica sobre los biofuels, porque se utilizan alimentos de consumo humano para producir gasolinas y, además, porque contribuye a la deforestación.
Resumiendo, Argentina tiene un futuro promisorio en materia de energía, de producción de alimentos y de extracción de metales valiosos. La mesa está servida y el menú es por demás atractivo. Sólo falta saber si los comensales tendrán suficiente capacidad como para procesar la ingesta. Por ejemplo, sabemos que sólo un 50% de nuestros estudiantes a nivel secundario terminan esos estudios, y que sólo la mitad de ese 50% demuestra capacidad de comprensión de textos. Por otra parte, el 70% de los alumnos que rindieron exámenes (lógica y matemáticas) fueron reprobados, y con el 67% de los maestros ocurrió otro tanto[12].
Si seguimos “africanizando” a nuestra población –y tanto el populismo gobernante como los gremios docentes parecen tener una llave ganzúa para promover esa metamorfosis-, de nada valdrá que nos lluevan dólares, petróleo o proteínas, porque no sabremos como aprovechar esas lluvias, que solamente terminarán beneficiando a unos pocos amigotes del poder. Pero no nos acercaremos –ni ahí- a ser una potencia, sino que continuaremos en el tobogán de decadencia que venimos recorriendo desde hace más de medio siglo.

[1] “Diccionario del siglo XXI”, por Jaques Attali, Ediciones Paidós Ibérica, 1999, pg.27.
[2] www.wikipedia.org.ar
[3] www.greenfacts.org/es
[4] “La contaminación de la atmósfera, al provocar un aumento de la temperatura, llevará consigo una fusión de los hielos y una elevación del nivel de los mares, que contaminará a su vez las capas subterráneas de agua dulce. “Diccionario del siglo XXI”, ob.cit.
[5] Charla del Ing. A°. Gustavo Grobocopatel, en Grupo Sertum, 23-10-2012.
[6] http:/industriaautomotrizdevenezuela.com/, 1.000 millones de vehículos para el año 2010, según consultora alemana R. L. Polk
[7] “Diccionario del siglo XXI”, ob.cit.
[8] www.oilprice.com
[9] www.prospectiva-uces.edu.ar, Energía y Transporte: “El futuro del automóvil”, marzo 2012.
[10] http://.es.wikipedia.org/wiki/Anexo:
[11] http://es.answers.yahoo.com/question/
[12] Sturzenegger, Federico, “Las cifras que le preocupan al Ministro de Educación Esteban Bullrich”, Seminario Bank Magazine, Bolsa de Comercio de Bs. As., 30-10-2012.

(*) Estudio Adolfo Ruiz & Asociados. Artículo publicado por Crónica y Análisis el 31 de Octubre de 2012.