martes, 13 de noviembre de 2012

Breve análisis sobre el 8N

Por Agustín Laje (*)
Más de un millón y medio de argentinos hicieron sentir su malestar el pasado 8 de noviembre, en un día histórico cuya importancia, además del componente cuantitativo, tuvo que ver con una serie de rasgos en muchos casos inéditos a mencionar: organización completamente informal, horizontalidad absoluta entre los concurrentes, reclamos de orden moral y no económico, y carencia total de liderazgos.
Transcurridos ya algunos días, cabe efectuar un breve análisis sobre lo que pasó a conocerse, en Argentina y en el resto del mundo, como el “8N”.
El relato fue herido
Suele decirse, de uno y otro lado, que el 8N puede haber sido significativamente masivo, pero que no fue capaz de producir ningún cambio real. En otras palabras, que el 9N transcurrió de idéntica manera a como había transcurrido el 7N.
Lo anterior es parcialmente cierto si se consideran sólo las consecuencias inmediatas, pero podría ser completamente errado si se analizaran las consecuencias al mediano y largo plazo.
En efecto, el 8N fue una batalla ganada contra lo más preciado del kirchnerismo, su más poderosa arma política: el “relato”. Particularmente, tres fueron las ideas-fuerza del relato que tambalearon (¿o directamente cayeron?) a partir de la movilización en cuestión.
En primer lugar, que más de un millón de argentinos autoconvocados hayan hecho sentir su voz contra el gobierno a lo largo y ancho del país, pone de manifiesto que el kirchnerismo poco y nada tiene de “nacional y popular”. En todo caso será nacional-populista, que es algo completamente distinto.
En segundo lugar, el 8N evidenció que, lejos de configurar un proyecto “democrático inclusivo”, el kirchnerismo configura un proyecto autoritario-excluyente. Autoritario, porque la violación de las libertades individuales constituye la esencia de su modelo; excluyente, porque millones de voces son desestimadas bajo un régimen que, en ausencia de república, deviene en “dictadura de las mayorías”. La arrogancia de Cristina Kirchner al ningunear la colosal movilización, es prueba de lo antedicho.
Y finalmente, en tercer lugar, la multitudinaria manifestación mostró que el kirchnerismo, a su pesar, y contra todo lo que siempre pretendió aparentar, no es el dueño de las calles.
Este desgaste progresivo del “relato” es sumamente importante, porque sobre él se asienta todo eso que conocemos como “kirchnerismo”. Sin relato, el kirchenrismo no sería absolutamente nada. Ellos lo saben bien. Y su insistencia propagandística (sumas exorbitantes en propaganda oficial, intelectuales y periodistas rentados, insufribles cadenas nacionales, entre otras técnicas de adoctrinamiento) dan cuenta de ello. Es así que batallar contra el kirchnerismo es, en última instancia, batallar contra un relato. Y en el 8N la batalla resultó victoriosa.
Un reclamo de orden moral
Siempre suele decirse que la clase media reacciona cuando se le toca el bolsillo. En gran parte, la historia de las manifestaciones de tal sector otorga razón a aquella afirmación. Sin embargo, la reacción del 8N poco y nada tuvo que ver con reclamos del orden económico, sino todo lo contrario: libertad, república, democracia, respeto por la ley, castigo a la corrupción y seguridad, fueron las consignas que más se escucharon.
Los aparatos de propaganda oficial se esforzaron sobremanera, aunque sin éxito, en desinformar, intentando hacer aparecer el 8N como una manifestación “por los dólares”. Lo mismo supieron hacer el 13S, con la diferencia de que esta vez quedó claro para todos que el reclamo nada tenía que ver con el bolsillo; el reclamo era por valores morales.
La sociedad se sigue fragmentando
Si bien la manifestación del 8N fue indiscutiblemente pacífica, reflejó el estado de una sociedad completamente fragmentada que se va resquebrajando día tras día en virtud de un proyecto político fundado en la confrontación permanente.
La hegemonía kirchnerista que postula el “ellos” contra el “nosotros”, ha pasado del plano político al plano social, enfrentando a los argentinos a un punto tal que a menudo nos trae a la memoria trajinados períodos de nuestra historia del siglo pasado.
¿Puede explotar en algún momento toda la violencia contenida que, hasta el momento y sólo hasta el momento, no ha pasado de los dichos a los hechos? Se trata de una pregunta que aún no puede ser respondida con precisión pero que, como atestigua el día a día, se encuentra cada vez con mayor frecuencia en boca de todos.
Lo indudable es, empero, que vientos altamente turbulentos han llegado ya a la  Argentina. Y el 8N fue tan sólo uno de los primeros soplidos.
(*) Agustín Laje. Periodista, escritor y analista político. Autor de “Los mitos setentistas”. @agustinlaje | www.agustinlaje.com.ar Artículo publicado en La Prensa Popular (Director Nicolás Márquez) en su Edición Nº 156 el 13 de Noviembre de 2012.