sábado, 17 de noviembre de 2012

Claves del conflicto político

Por Gabriel Boragina (*)

Las formas y los momentos en que un pueblo determinado toma la decisión de resistir a la opresión, difieren en el tiempo y en el espacio, pero también según las diferentes culturas. Pueblos como los de Europa de la preguerra del siglo XX, han sufrido dictaduras atroces que comenzaron siendo toleradas, ya sea por subestimación inicial o por "convicción" de que esas dictaduras eran los "caminos" mas "aptos" con los que se contaba al momento, para "solucionar" las "crisis" de las democracias. Los terroríficos resultados históricos de esas concepciones son bien conocidos por las experiencias -sobre todo- del nazismo y el fascismo por un lado, y las del comunismo soviético y chino, por el otro.

En Hispanoamérica, no se ha llegado todavía a aquellos extremos vividos en Europa, circunstancia que puede explicar, tal vez en algún grado, la prolongada tolerancia que se le han dispensado a los gobiernos autocráticos, generalmente de tipo militar, o como en el caso de México, de partidos como el PRI, durante la mayor parte del siglo XX. La conformación cultural de esta parte del mundo es bastante homogénea, sobre todo si se la compara con la europea, y explica -de algún modo- una cierta homogeneidad política en las experiencias de la región.

Salvo contados matices, el autoritarismo ha sido un rasgo dominante en la historia política de Latinoamérica y, desde luego, Argentina en modo alguno configuró una excepción. Hasta el concepto de "democracia" que se tiene en Hispanoamérica así lo evidencia, la que -en general- se entiende como el derecho al uso de la fuerza impuesta por el partido o candidato que mayor número de votos obtiene, es decir, una concepción claramente autoritaria de la "democracia".

Si alguna regla puede establecerse con cierto grado de precisión, es aquella por la cual dice que De tales mayorías tales gobiernos, de la cual -sin dificultad- puede derivarse esta otra: De mayorías autoritarias gobiernos autoritarios. Lo que implica que, tanto esas mayorías como los gobiernos que de ellas resulten, entenderán cualquier régimen político conforme a esta "filosofía", e interpretarán del mismo modo lo que llamen "democracia". Ese autoritarismo se dirige invariablemente contra las minorías no autoritarias o anti-autoritarias. El límite que las mayorías autoritarias imponen a sus gobiernos es que el autoritarismo de estos últimos no exceda jamás el de esas mayorías y que se dirija invariablemente contra las minorías. Cuando los gobiernos no comprenden o violan estas reglas implícitas, es entonces cuando comienza la resistencia de la mayoría contra esos gobiernos traidores. Claro que sería excesivo denominar a este último fenómeno como "resistencia a la opresión". Más bien correspondería llamarlo, por ejemplo, "conflicto de opresiones" o "puja de poderes". La auténtica resistencia a la opresión describe preferentemente un escenario disímil, en el cual mayorías liberales se enfrentan con gobiernos que tornan en autoritarios.

Donde las mayorías son autoritarias los gobiernos (de cuyo seno emergen) tenderán lógicamente a ser del mismo signo. Sin embargo, podría ocurrir que un gobierno surgido de una mayoría autoritaria resultara ser un gobierno dócil. En este supuesto, un gobierno así tendrá sus días contados, por no representar estrictamente a dicha mayoría. En el corto plazo tenderá a caer y será reemplazado por otro gobierno más acorde a la mentalidad autoritaria de esa mayoría que lo elija. No obstante, este mismo proceso se verá repetido en el caso de que esa misma mayoría hubiera elegido un gobierno tan autoritario como ella, pero que en el corto, mediano o largo plazo, quisiera sobrepasar en autoritarismo a aquella mayoría que lo ha votado. En este último supuesto, mayorías y minorías se unirán -por diferentes razones- contra un gobierno de tales características. Los motivos de la mayoría serán los de no tolerar a ninguna minoría que pretenda ser más autoritaria que esa mayoría, en tanto que las justificaciones de las minorías para oponerse a ese gobierno serán diferentes a saber: las de la lucha contra el autoritarismo de cualquier signo que fuere y en donde se encontrare.

El antagonismo nace pues de la puja entre dos sectores de la sociedad: la sociedad civil, dividida entre mayorías autoritarias y minorías anti-autoritarias por una parte, contra la sociedad política representada por el gobierno que pretende un grado mayor de autoritarismo que el que la mayoría le hubiera delegado (y tolerado) y que la minoría (objetivo y objeto a la vez de dicho autoritarismo) jamás -por obvias razones- le hubiera otorgado. El conflicto se detona cuando -para peor de males- ese gobierno pretende ejercer su autoritarismo no solamente contra la minoría no-autoritaria o anti-autoritaria (destinataria originaria del mismo) sino contra la misma mayoría decididamente autoritaria que le otorgara el poder.

En el caso argentino, el gobierno del FPV (siglas del Frente Para la Victoria de los Kirchner) ha ido más allá del límite que le hubiera delegado una mayoría para el ejercicio de ese autoritarismo, con el agravante que no se trata de un gobierno elegido ni apoyado electoralmente por ninguna mayoría (pese a la retórica contraria del propio gobierno y de algunos medios afines), sino por una minoría a la cual se ha puesto a su servicio. Ese exceso, no fue evidente –propaganda política intensiva y "relato" mediante- desde el comienzo de su gestión, lo que no significa que el exceso fuera inexistente, sino que estaba camuflado. Esto explica -entre otras cosas- lo tardío de la reacción de esa mayoría en su protesta.

La pugna se resuelve indefectiblemente de dos modos posibles, alternativos y excluyentes: o el gobierno cede en su autoritarismo por encima del de la mayoría, o no cede y cae derribado por dicha mayoría.  No existe otra.

Por supuesto, consideramos que este análisis es exclusivamente aplicable a las sociedades autoritarias o con tendencia a serlo como, en lo personal, no nos cabe duda alguna ocurre con la mayoría de las naciones hispanoparlantes y, casi con certeza absoluta, respecto de la argentina. En culturas con mayorías liberales, este tipo de conflictos no se presenta o lo hace raramente.

(*) Gabriel Boragina. Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas.Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos).Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE).Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía). Artículo publicado en Acción Humana el 15 de Noviembre de 2012.