miércoles, 21 de noviembre de 2012

Con nuevas alianzas y reclamos "muy de clase media", Moyano pasó la prueba del 20N y condiciona al kirchnerismo

Por Fernando Gutierrez (*)
El paro general tuvo alto acatamiento, reconocido tácitamente por el propio Gobierno, que salió a argumentar la incidencia de piquetes e intimidaciones. Para analistas es el inicio de una nueva fase, que encuentra a Cristina condicionada por una puja distributiva en tiempos de vacas flacas  
Todavía "groggy" por los cacerolazos, el Gobierno recibió otro duro golpe, con el primer paro general realizado en los casi 10 años de kirchnerismo. 
Como es tradición, este miércoles habrá una batalla mediática en la cual desde filas oficialesse intentará minimizar el grado de acatamiento a esta medida de fuerza, mientras que losorganizadores tratarán de demostrar que el país se detuvo por completo.
La realidad se ubica en algún punto intermedio. Es cierto que la paralización no fue total, dada la división del movimiento sindical. Pero también es verdad que la detención de actividadessuperó las expectativas del propio Gobierno.
Prueba de ello han sido las declaraciones de funcionarios kirchneristas, quienes -tras acusar recibo- endilgaron a los huelguistas el haber realizado "un piquetazo extorsivo", recurriendo a cortes de rutas y accesos a la Ciudad de Buenos Aires, de forma tal que muchos trabajadores debieron parar contra su voluntad.
Lo cierto es que el centro porteño ofrecía ayer un panorama inusitado para un día de semana, con comercios cerradosempresas que habían dado asueto a sus empleados, transporte en colectivo reducido y prácticamente nadie en las calles.
La actividad se mantuvo en algunas ramas industriales, pero fue nula en el sector agroindustrial, así como en el transporte de mercancías y en los puertos.
Y, más allá del alcance del paro, lo que volvió a quedar en evidencia es que se está materializando una de las peores pesadillas para un gobernante peronista: "perder el control de la calle".
Es un tema que los analistas están percibiendo como un punto de inflexión en el período de gestión de Cristina Kirchner.
Así lo planteó el director de la consultora Poliarquía, Sergio Berensztein, quien recordó que para el fallecido Néstor Kirchner este tema siempre había sido una verdadera obsesión.
El peligro implícito en esta situación es que se quiebra una máxima que forma parte del imaginario social argentino, esa que afirma que el peronismo es el partido que garantiza la gobernabilidad y el orden interno.
"El Gobierno ha perdido la iniciativa en la calle. Evidentemente está haciendo una evaluación de clima social tras los cacerolazos y este paro. Y es que después del 8N cualquier manifestación callejera va a parecer chica", señala Rosendo Fraga, director de Nueva Mayoría.
Y agrega que "por eso ha preferido abstenerse de hacer sus propias convocatorias".
También el politólogo Jorge Giacobbe puso la lupa sobre el tema, al destacar cómo la actual situación genera incomodidad en las filas oficialistas: "Ningún dirigente peronista se puede sentir cómodo con movilizaciones que ponen un millón de personas en la calle. Y, en algún momento, esto va a generar cuestionamientos internos".
Reivindicaciones de un sindicalismo "de clase media"
Para mayor incomodidad de Cristina Kirchner, esta movilización trajo implícita la acusación que más le duele a un gobernante que se precia de "progresista": la de estar realizando un plan de austeridad no muy distinto de los tradicionales, en donde la variable de ajuste son lossalarios.
La propia Presidenta dio pie a estas críticas con sus declaraciones, en el sentido de que losreclamos salariales deben evitar excesos que puedan hacer regresar el peligro del desempleo.
"Quiero convocar a mis compañeros los trabajadores, a un gran ejercicio de responsabilidaden la defensa, no del Gobierno, sino del proyecto político que ha generado más de cinco millones y medio de puestos de trabajo", afirmó Cristina el día previo al paro, ante un auditorio de empresarios y obreros de la construcción.
Ese llamado de la mandataria a una moderación -y a no despreciar el riesgo de un agravamiento en el plano del empleo- no parece contar con una buena receptividad.
Es más, ya no sólo encuentra el rechazo desde la postura clásica del sindicalismo que se niega a los recortes reales de ingreso. También es un mensaje que irrita a la clase media, que sienteque ahora, tras haber disfrutado del boom de consumo, es la variable del ajuste.
"Las últimas cinco grandes medidas de política económica tomadas por el Gobierno buscan unaredistribución por una vía que afecta a los sectores medios y altos de ingresos", observa Julio Burdman, director de Analytica.
Esa coincidencia es lo que transformó a este paro en una experiencia extraña, donde sobrevoló todo el tiempo el fantasma de los dos "cacerolazos" convocados desde las redes sociales.
Y los analistas se preguntan si se está gestando un nuevo estilo de protesta, donde confluyen intereses de sectores diversos.
"El impacto político que pueda tener hacia adelante este paro se debe considerar dentro de uncontexto más grande, que incluye los cacerolazos convocados desde las redes sociales. De hecho, a partir del 13 de septiembre, se inauguró una forma de manifestarse que ahoraincentiva al sindicalismo para activar mecanismos de protesta", afirma Graciela Römer, experta en opinión pública.
Y no tiene dudas sobre cuál es el factor común de todas estas medidas, más allá de los reclamos puntuales: "El objetivo, tanto del 8N como del 20N, fue ponerle un desafío a la gobernabilidad del kirchnerismo".
El paro de este martes parece darle la razón. De hecho, la convocatoria estuvo fundada principalmente en dos puntos. Uno muy concreto: la falta de actualización del Impuesto a las Ganancias. El segundo, más abstracto: la negativa del Gobierno a aceptar el diálogo.
Es decir, reclamos con los que perfectamente se podrían sentir identificados la mayoría de loscaceroleros que participaron en la manifestación del 8N.
Prueba de ello es la adhesión de los pequeños productores rurales agremiados en la Federación Agraria, que protestan por la dramática reducción de sus márgenes de rentabilidad.
Todo un símbolo de los cambios ocurridos en los últimos tiempos: estos dos sectores que hoy coinciden en quejarse contra la política de Cristina Kirchner se enfrentaron duramente hace cuatro años durante el extenso conflicto por las retenciones a las exportaciones de soja.
Nueva etapa, nuevos desafíos
Para Moyano, fue una prueba superada. El sindicalista viene acompañado por una leyenda que afirma que es capaz de paralizar el país.
Es que su dominio completo sobre la logística lleva a que, hipotéticamente, esté en condiciones de dejar a los supermercados sin alimentos, a los cajeros automáticos sin dinero, a los puertos sin soja para embarcar, a las estaciones de servicio sin combustible y a los contenedores de basura sin recolección.
La jornada de huelga de este martes estuvo lejos de mostrar un colapso, pero la paralización de la actividad fue lo suficientemente grande como para que el líder sindical haya podido mandar su mensaje político: que mantiene su poder y que quiere transformarse en un jugador de peso, con vistas al recambio de gobierno que se avizora para 2015.
"Moyano va a jugar un rol importante en el panorama político que viene. Tiene recursos económicos, imagen de duro, está tejiendo alianzas, y sobre todo tiene ambición, en un contexto donde se ve un vacío de liderazgo", observa el politólogo Giacobbe.
El Gobierno, en cambio, parece mucho más enfocado y preocupado por la situación de la economía. Tanto que la Presidenta, en el discurso televisado que dio luego de la conferencia de prensa de la CGT, dedicó más esfuerzo a argumentar sobre el riesgo del desempleo que a las clásicas chicanas políticas.
"Qué salto cualitativo debemos haber dado los argentinos", reflexionó Cristina, al comparar los primeros piquetes de los años '90, cuando el país se encaminaba a una crisis de desocupación aguda, con estas manifestaciones actuales, donde las reivindicaciones apuntan almantenimiento de la capacidad de consumo.
Lo que observan los analistas es que, con el paro de ayer, se abrió una nueva etapa del "modelo K" en la que el centro de la agenda política será -como tantas veces en la historia reciente del país- una dura pelea por los recursos, que condicionará a toda la economía.
"El tema central de este paro fue la actualización de Ganancias y la gran disputa, hay que decirlo, es la puja distributiva. Que en un escenario de desaceleración económica se hace más potente, porque la torta para repartir es más chica", diagnostica Ricardo Rouvier, un encuestador cercano a las posturas del oficialismo.
En otras palabras, lo que se pondrá de manifiesto es la dificultad para continuar -ahora que la "caja" ya no es tan abundante-, con la política que permitió el fenómeno de la nueva "clase media obrera" y los récords de consumo.
Una situación complicada para el kirchnerismo, que el analista Jorge Asis, define como "el jamón del peor sándwich social: entre las capas medias del 8N y la parálisis de la clase obrera del 20N".
Más allá de los discursos, la preocupación en filas oficialistas es evidente. Se deja traslucir enmedidas de celo fiscal antes impensadas para el kirchnerismo, como la baja en el gasto público o la negativa a ceder los ingresos que dejan el 20% de los trabajadores registrados que tributan Ganancias.
No por nada la Presidenta hizo hincapié en el costo fiscal, de $2.162 millones, que tendrá la exención impositiva al cobro del medio aguinaldo, algo que desde la CGT fue considerado como "una migaja".
Y no es la primera vez que Cristina lleva a cabo, a su estilo, un período de ajuste. Ya lo había hecho en 2009, cuando en un contexto de crisis financiera global y caída del precio de la soja,"seteó" su política económica en modo de "preservación del empleo". En aquella ocasión tuvo éxito, y por eso las urnas le dieron un respaldo.
Pero 2009 quedó muy lejos, porque hoy no existen las "cajas" de aquel entonces. Y Moyano ya no es el aliado comprensivo, sino un adversario bien plantado en la vereda de enfrente.
Es la gran duda que se abre tras el paro de ayer: si el Gobierno podrá realizar las ya inexorablesmedidas de ajuste en un contexto de "puja distributiva" -en el cual no sólo debe enfrentar a esta extraña alianza de Moyano y la clase media- sino que además debe realizar concesiones al "sindicalismo amigo" para mantenerlo lejos de la tentación de la deserción.
(*) Fernando Gutierrez. Artículo publicado por iProfesional el 21 de Noviembre de 2012.