lunes, 26 de noviembre de 2012

El Gobierno K no es el de una verdadera democracia

Por Víctor Lapegna (*)
La primera de las 20 Verdades del Justicialismo establece que “la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”, principio que compartimos y que contiene la obvia e implícita noción de que pueblo somos todos los argentinos, seamos pobres o ricos; varones o mujeres; niños, jóvenes o viejos; vivamos en ciudades, en pueblos o en el campo; sin que importe la religión o identidad política que tengamos o que no tengamos ninguna.


Esto es, todos los argentinos integramos por igual el pueblo por encima de las obvias y muchas diferenciaciones que existen entre personas, familias y grupos -de las que las enunciadas arriba son sólo algunas- y aunque ese pueblo es uno e integrado por igual todos los argentinos, hay entre nosotros una amplia diversidad de identidades, situaciones, posiciones e intereses que en muchos casos están contrapuestos entre sí y se reúnen en muchas modalidades organizativas que agrupan y expresan esa diversidad.

En el marco de esa condición biunívoca de agregación y desagregación del núcleo ontológico del pueblo, existen objetivos queridos por todo el pueblo y expresivos de su interés unificado. Es el caso de la voluntad comunitaria de compartir un destino común arraigado en un territorio y extendido en el tiempo.

A propósito de ese objetivo general parece relativamente sencillo para cualquier gobierno hacer lo que el pueblo quiere y defender su interés puesto que, para seguir compartiendo el mismo destino, basta con que no se promueva ni se produzca la disgregación de los argentinos.

Pero las cosas se complican cuando el gobierno debe hacer lo que el pueblo quiere y defender un único interés popular de cara a aquellas diversas identidades, situaciones, posiciones e intereses contrapuestos entre sí que tienen los diferentes segmentos de la comunidad nacional. Ahí el gobierno de una verdadera democracia debe saber buscar equilibrios y aplicar aquello de “todo en su medida y armoniosamente” que decía Perón.

Uno de los muchos temas que permiten ejemplificar el modo de actuar propio del gobierno de una verdadera democracia en esas cotidianas cuestiones controversiales que involucran a sectores diversos con intereses contrapuestos, puede ser la actual demanda del movimiento obrero contra la aplicación del impuesto a las ganancias a los ingresos salariales.

Si el actual gobierno que preside Cristina Fernández de Kirchner hubiese obrado en este asunto conforme a lo que dice la primera de las 20 Verdades del Justicialismo, podría y debería haber hecho, entre otras, las siguientes cosas que no hizo ni parece dispuesto a hacer.

a)   Apelar a un modo de tratamiento de la controversia que haga evidente la voluntad gubernamental de encontrar soluciones que equilibren la satisfacción de lo que es una justa demanda sectorial con la atención de intereses generales.

b)   Disponer que el Jefe de Gabinete de ministros y/o los titulares de las carteras de Economía y trabajo recibieran a los dirigentes de la CGT que lidera Hugo Moyano -con prescindencia del conflicto acerca de la legitimidad de su representación- para tomar debida nota de esa demanda.

c)   Reconocer el equívoco que implica aplicar a los salarios un impuesto a las “ganancias” habida cuenta que el salario no es ganancia y promover que se lo redefina como impuesto a los ingresos, que es como se lo llama en casi todos los países del mundo.

d)   Anunciar un programa de elevación paulatina del monto mínimo de los ingresos salariales exentos del pago de ese impuesto que a la vez tienda a satisfacer el reclamo de los trabajadores organizados y no provoque u agujero en los ingresos fiscales que afecte en modo significativo a las arcas públicas.

Creemos que, si desde la cúpula gubernamental se hubiera adoptado un comportamiento como el expuesto respecto de esa y las otras demandas del programa reivindicativo del Movimiento Obrero Organizado, al mostrar que trata de hacer lo que el pueblo quiere y de defender el interés de ese pueblo, hubiera contribuido a establecer un clima de concordia en la búsqueda de soluciones adecuadas a los problemas y hubiera sido posible evitar el contundente paro general del 20 de noviembre.

Si en este caso y en todos los conflictos internos y externos que se dan en la Argentina de este tiempo el actual gobierno no obra del modo expuesto, no es por errores u omisiones circunstanciales, sino porque el fundamento del ejercicio del poder K consiste en sólo hacer lo que el gobierno quiere y defender el interés de la cúpula gubernamental, comportamiento mesiánico y autoritario basado en la falacia de suponer que siempre y en todos los casos su voluntad particular es la voluntad general debido a que accedieron al gobierno habiendo obtenido un neto respaldo mayoritario en las elecciones.

Ese modo de ejercer el gobierno de los K contradice a la primera verdad del Justicialismo, según la cual la legalidad y legitimidad de origen de los mandatarios por haber sido electos en comicios libres por la mayoría de los votantes, es condición necesaria pero no suficiente para que un gobierno sea el de una verdadera democracia.

A ello debe sumarse la existencia de un sistema de instituciones políticas y una comunidad organizada a través de los cuales se pueda expresar y ser percibido de modo claro y distinto lo que el pueblo quiere, que es lo que el gobierno debe hacer y que se manifieste el interés del pueblo, que es lo que el gobierno debe defender. Así, a la legitimidad de origen dada por el modo de elección de los gobernantes, se añade la legitimidad de ejercicio, complementación que hace a una verdadera democracia.

Vale destacar que entre nosotros en la última década se acentuó la debilidad estructural del sistema político por la inexistencia de partidos que merezcan ese nombre y la escasa representatividad real de instituciones como el Congreso, a lo que se suma la decadencia o desaparición de organizaciones libres del pueblo que eran la trama de la comunidad organizada, que fue causada, entre otras circunstancias, por el deterioro de la cultura del trabajo.

Dada la mencionada debilidad estructural de las instituciones del sistema político, vastos sectores populares apelaron a las multitudinarias marchas del 13-S y el 8-N, medidas de acción directa a través de las cuales expresaron lo que quieren y sobre todo lo que no quieren.

En igual sentido, se manifestó el movimiento obrero -una de las estructuras supérstites de la comunidad organizada- con el contundente paro general del 20-N, medida de acción directa a través de la cual se hicieron elocuentes y estentóreas las demandas de ese sector popular.
Pero el gobierno K no sólo se niega a hacer lo que pueblo quiere y a defender el interés popular manifestado al llenar y vaciar las calles. Ni siquiera presta oídos a esa demanda e insulta o ningunea a quienes reclaman. Con lo cual, conforme a lo que dice la primera verdad justicialista, ha de concluirse que los argentinos no vivimos hoy en una verdadera democracia.

(*) Victor Lapegna. Artículo publicado por Informador Público el 24 de Noviembre de 2012

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=21896