sábado, 24 de noviembre de 2012

Fogonear el consumo y crear cuasimonedas

Por Federico Manrique (*)
Se insiste en instalar al peso en reemplazo del dólar, pero se hace de todo para degradarlo. Se inunda de pesos una economía que no reacciona.
Aunque se proclame a toda voz la defensa de la moneda casi como una cuestión de soberanía nacional, es el propio Gobierno el que insiste en convertir al peso argentino en una cuasimoneda. En un instrumento inútil para el ahorro y el atesoramiento.

Esta contradicción no es menor, ya que tira por el piso toda la estrategia de incentivar el consumo como motor de la economía. El país se inunda de pesos, mientras la economía prácticamente no crece.

La idea venía siendo sencilla: de un lado, alimentar al mercado con una masa creciente de pesos; del otro, ir recortando opciones de inversión (dólares, bonos provinciales, plazos fijos, construcción dolarizada, etc.), de modo que los recursos se canalicen hacia un estrecho brete, con salida sólo a bienes de consumo durable, a reparaciones de propiedades, a inmuebles pesificados, a turismo local, ayudando así a dejar atrás el enfriamiento de la economía.

Pero este plan tiene varias fisuras. Según advierte Jorge Vasconcelos, economista del Ieral-Fundación Mediterránea, más allá del sesgo cortoplacista de la estrategia, se necesita que los receptores de esos pesos tengan alguna confianza en el futuro para aplicar los recursos en la dirección deseada: esto es el consumo.

Con las restricciones actuales para operar en dólares y el mercado de cambios, los pesos que antes se esterilizaban por la fuga de capitales ahora quedan dentro de la economía. Y en ese sentido, la política oficial no demuestra apuro en retirarlos de circulación, por lo que mantiene bajas las tasas de interés bancarias, con la expectativa de promover decisiones de consumo e inversión. Nada de ahorro, sólo consumo y más consumo.

Como muestra basta un dato: la base monetaria al 1 de noviembre de 2012 alcanza los $274.720 millones (dinero circulante y depósitos en cuentas a la vista), esto es un aumento del 39,9% en relación al 1 de noviembre de 2011 ($196.427 millones) y una suba del 89,6% en comparación con igual mes de 2010, según datos del Banco Central.

Pero mientras se inunda la economía de pesos, ésta no responde. La economía argentina, según datos del Indec, se expandió sólo un 0,1% el septiembre y 2,1% en los últimos 12 meses.

Aquí es donde entra en juego la desconfianza y la incertidumbre de empresas y familias sobre el futuro del país y la economía. En el último año, el Índice de Confianza del Consumidor Nacional, que mide la Universidad Torcuato Di Tella, cayó más de 16 puntos porcentuales, ubicándose en niveles sólo por encima de los registrados durante el estallido de la crisis subprime de 2008.

Riesgos de más inflación y deterioro

La economía argentina se ha vuelto inmune a los incentivos monetarios. Pero esto puede ser mucho más grave si se tiene en cuenta el impacto a futuro de las trabas para importar, las nulas vías de ahorro, la apreciación cambiaria y la inflación.

Por ahora, las presiones inflacionarias se mantienen en un andarivel semejante al de 2011 (una inflación real en torno al 25% anual pero con una economía estancada). ¿Pero hasta cuándo esto podrá ser así?

Según advierte Vasconcelos del Ieral, hay riesgos hacia el verano de que se recaliente la inflación, por la combinación de mayor emisión destinada a cubrir baches fiscales y por una expansión más intensa del crédito. Y una mayor inflación, va a generar una mayor presión sobre el tipo de cambio y un deterioro mayor del peso como moneda.

Moraleja: fogonear el consumo con emisión monetaria está deteriorando al peso como moneda y generando más presiones inflacionarias, que terminan elevando al dólar como opción.

(*) Federico Manrique. MDZ  @fede_manrique Artículo publicado por Informador Público el 21 de Noviembre de 2012

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=21744