sábado, 3 de noviembre de 2012

La Plaza es de todos

Por Jorge Enriquez (*)
La manifestación del próximo 8 de noviembre será multitudinaria.
El gobierno, mientras pretende denostarla, está muy preocupado por esa demostración de protesta. Y algunos oficialistas no quieren asumir un rol pasivo.
"El 8 de noviembre no vamos a regalar nada, la plaza es nuestra, no le vamos a regalar nada a los gorilas. Y para eso vamos a estar unidos y organizados haciendo una vigilia", dijo el intendente de Concordia, Entre Ríos, Gustavo Bordet. El "Cuervo" Larroque dio menos precisiones, pero se expresó en un sentido similar.

Hay un concepto trasnochado que a veces se filtra en ciertos sectores del peronismo: la supuesta propiedad que ellos tendrían de la Plaza de Mayo. Esa plaza histórica, en la que se gestó la patria, es de todos los argentinos. Que unos pretendan apropiarse de un bien público de todos es una señal clara de conductas totalitarias.

El gobierno haría bien en desalentar estas extravagancias. No hay que echar leña al fuego. La manifestación del 13 de septiembre fue absolutamente pacífica y la del 8 de noviembre lo será también. ¿Cómo no lo va a ser si sus consignas con la paz, la libertad, la Constitución, la República, la verdad?

Pero si provocadores profesionales intervienen, cualquier fósforo puede provocar un incendio. Sería una tremenda responsabilidad de la presidente de la Nación.
Esperemos que, por lo menos una vez, reflexione.

Fútbol para todos, república para ninguno
 Esa concepción autoritaria, esa visión patrimonialista del poder es la que lleva al kirchnerismo a bombardearnos cotidianamente con la más grosera propaganda partidaria financiada con recursos públicos, es decir, de todos. Tristemente nos hemos ido acostumbrando a soportarla.

 Ese repiqueteo incesante llega a su clímax durante las transmisiones deportivas monopolizadas por el Estado, que comenzaron con el fútbol y se extendieron al automovilismo.
Sin embargo, somos muchos los que aún seguimos indignándonos con esa afrenta a nociones básicas de republicanismo. El domingo pasado, con motivo de cumplirse dos años de la muerte de Néstor Kirchner, la propaganda alcanzó niveles escandalosos. Claro, había un amplio mercado cautivo, porque el plato fuerte era el clásico River-Boca. Los "homenajes" de Fútbol para Todos no nos dieron tregua.

Inclusive, en ese partido se hizo antes del comienzo un minuto de silencio. Aunque "la voz del estadio" señaló que era en recordación a los dos jóvenes riverplatenses que habían muerto hace algunas semanas al caer de un tren, el árbitro Pablo Lunati declaró, antes del partido, que lo haría en tributo a "Néstor". Nadie le preguntó, en tal caso, por qué no hacía lo propio en cada aniversario  del fallecimiento de otros presidentes democráticos.

Ignoramos porque ese señor tomó unilateralmente esa decisión, cuando no hubo directiva oficial alguna en ese sentido ni de las autoridades nacionales ni del órgano rector del fútbol. Vergonzoso fue haberse valido de un homenaje para traficarlo por otro.
Los aficionados al fútbol, que somos legión, tenemos poca escapatoria. La alternativa es no ver los partidos.

El deterioro de nuestra calidad institucional se mide, también, por datos como ese. Nunca hubiéramos creído, en los albores del período democrático que hoy recordamos, que prácticas totalitarias de esa naturaleza habrían de volver a la Argentina.
Fútbol para Todos es República para Ninguno.

A 29 años de una fecha trascendental
También llamó la atención en estos días que, aprovechándose de un nuevo aniversario de las elecciones de 1983 que pusieron fin a la dictadura militar, el gobierno nacional haya intentado apropiarse de la figura de Raúl Alfonsín, mediante las machaconas propagandas de Fútbol para Todos, en  las que se difundió el video de un acto en el que el presidente radical contestó una nota crítica de Clarín. La campaña es de un cinismo sin límites, ya que el presidente radical simplemente expresó una opinión y no hizo absolutamente nada para destruir -como quiere el oficialismo actual- a los medios que no siguieran su línea ideológica. 

Del mimo modo se procuró una operación similar en un acto hecho a las apuradas la semana pasada para conmemorar los 100 años de la ley Sáenz Peña. El aniversario ocurrió en febrero y pasó para el gobierno sin pena ni gloria. Pero se nota que algún asesor presidencial habrá sugerido que era una buena oportunidad para halagar a algunos radicales que por razones oscuras medran al calor gubernamental.

Lo cierto es que nada puede ser más repugnante a los principios fundamentales de la Unión Cívica Radical que el kirchnerismo. Un partido que hace un culto de la Constitución -es decir, de la ley, de los límites al poder, de los controles- es la contracara del decisionismo en el que todo se reduce a seguir la voluntad omnímoda del Conductor.

Hoy, como hace 29 años, la inmensa mayoría de los argentinos seguimos eligiendo la democracia y la república. Por eso es que debemos renovar ese compromiso, porque un poder hegemónico pretende avasallar nuestras más sagradas libertades.

(*) Dr. Jorge R. Enríquez - Abogado - Periodista y ex legislador porteño. Artículo publicado por Crónica y Análisis el 2 de Noviembre de 2012