lunes, 26 de noviembre de 2012

La Revolución que no fue

Por Carlos Salvador La Rosa (*)
El Frente para la Victoria tiene una notable relación con todo aquello que podría haber sido pero no fue. Debería interrogarse acerca de su propia falla que provoca eso. Su agrupación política emblemática se llama La Cámpora, por Héctor J. Campora, a quien se lo conoció como "el Presidente que no fue" (título de un libro del ex cristinista Miguel Bonasso). Y los acontecimientos que se sucedan demuestran que se adjudica una Revolución que tampoco fue...

En los años ’70, los grupos de izquierda argentinos, incluyendo los que militaban dentro del peronismo, creían que en América Latina estaban dadas las “condiciones objetivas” para hacer la revolución, por lo cual lo único que faltaba para llegar a ella era un cambio de actitud en los militantes que no adecuaban su “voluntad subjetiva” a tal situación objetiva. 

 
Explicado en términos actuales, las críticas iban hacia los que dudaban de “ir por todo”, hacia los“derrotistas” que querían avanzar más lento porque no estaban tan persuadidos de que la evolución histórica coincidiera con sus sueños revolucionarios. Esta idea voluntarista de ir por todo fue hasta el final la estrategia de esos grupos.
 
La contraofensiva de 1978/9, cuando la exiliada conducción de Montoneros ordenó regresar a la Argentina a un puñado de inexpertos militantes, se basó en esa lógica: con algunas panfleteadas y unas pocas transmisiones piratas radiales y televisivas, el pueblo se sublevaría contra los militares, porque las condiciones objetivas estaban dadas. Sin embargo, no sólo los que vinieron fueron masacrados en menos que canta un gallo, sino que al año siguiente triunfaba en el mundo una revolución, pero no la que ellos habían previsto, sino la“revolución conservadora americana” (como la llamó Guy Sorman), que llevó a Ronald Reagan al poder. 
 
La izquierda peronista de los ’70 no sólo sucumbió por sus errores tácticos sino por un delirante análisis estratégico que le hizo entender las tendencias históricas nacionales y mundiales al revés de hacia donde marchaban. Fueron por todo hasta el final y se quedaron sin nada porque no entendieron nada. 
 
En una realidad que no tiene nada que ver con los años ’70, algunos sobrevivientes políticos de aquella década pretenden analizar la actualidad con categorías parecidas. La consigna del “vamos por todo” supone que si no se ceja en la voluntad, están dadas las condiciones objetivas para quedarse con todo y dejar a los enemigos sin nada, como los hechos lo demuestran día a día. Aunque se lo demuestren sólo a ellos, que para eso son la vanguardia y ven antes lo que luego todos veremos.
 
Con esta perspectiva ideológica, que la clase media y la obrera protesten masivamente contra el Gobierno confirma que Cristina anda por el buen camino, ya que si los nietos de los “gorilas”que le hicieron el golpe del ’55 a Perón y los sucesores de la burocracia sindical que intentó reemplazar a Perón por Vandor son los enemigos, eso quiere decir que los intereses donde el cristinismo golpea son los correctos. 
 
Si, para colmo, el colonialista juez Griesa decide confiscar bienes y dineros argentinos, ya no queda duda alguna: la revolución está en marcha e indetenible, no tanto porque el pueblo la viva aún en su vida cotidiana, sino porque ya todos sus enemigos, los contrarrevolucionarios, se dieron cuenta de su existencia y se han unido para intentar impedirla. 
 
Eso es porque tienen miedo, máxime cuando el mundo se derrumba, lo que fortalece aún más la hipótesis revolucionaria. Por lo tanto, de lo que se trata es de fortalecer la voluntad hasta las últimas instancias, con la cual se logrará tomar la sede central del poder enemigo, las usinas mediáticas. Y cuando ellas sean ocupadas por las fuerzas revolucionarias, el pueblo sabrá de qué se trata, cosa que aún no sabe porque los medios le lavaron la cabeza. 
 
Pero desde el 7D ya no se la lavarán más. A partir de entonces habrá otros champúes mucho más oficialistas. 
 
O sea, todos los datos objetivos de la realidad nacional e internacional indican que hay que ir por todo, puesto que no hay manera de fracasar, salvo que se afloje con la voluntad, ya que el mundo va en el sentido histórico con que el cristinismo lo ve. Así, todo lo que a primera vista parecen contrariedades, para el Gobierno argentino son confirmaciones de que están en el buen camino, por eso sólo se trata de profundizarlo. 
 
No es que no vean ni escuchen lo que pasa, sino que todo confirma sus prejuicios. No hay, entonces, que cambiar nada, porque eso sería desaprovechar las condiciones objetivas favorables a la revolución. Apenas se desmantele el nido de la contrarrevolución que condujo como zombies a la clase media a las calles, que organizó la primera huelga general de la era K, que le dio los machetes con las preguntas a los chicos de Harvard y que proveyó de los argumentos leguleyos a los fondos buitres para que confiscaran la Fragata Libertad y nos indujeran a un nuevo default... apenas se desmantele la causa de todos los males, el bien se impondrá por sí solo. Y para eso faltan apenas dos semanas, cuando el enemigo callará por siempre. 
 
Palabras más, palabras menos, esta es la lógica política con que hoy piensa el país y el mundo el grupo de poder más cercano a la Presidenta.
 
Ahora bien, para el hipotético caso de que las condiciones objetivas de la revolución cristinista estén tan lejos de ser realidad como lo estaban para la izquierda peronista de los años ’70, las cosas pueden tomar un cariz más problemático.
 
Si el mundo de los países centrales no se está derrumbando sino que se va transformando en otra cosa, la idea política que hegemonizó el accionar político presidencial de este año (la del aislamiento, para evitar que nos caigan encima los escombros de la implosión mundial y para no tener que adaptarnos a ninguna exigencia internacional) nos puede impedir compartir con el resto de los países emergentes el nuevo co-liderazgo mundial que ellos parecen ir asumiendo frente a la crisis estructural de Europa y la gestación de una nueva bipolaridad entre EEUU y China. En particular el vecino Brasil, que, a diferencia de la Argentina, está haciendo de la lucha política contra la corrupción propia y de la lucha económica contra la inflación los ejes de su accionar, a fin de tener listo el frente interno para avanzar hacia el externo. Nosotros preferimos esconder ambos males bajo la alfombra. 
 
Del mismo modo, si la insólita actitud del juez Griesa se debe al colonialismo que el gobierno argentino denuncia, la revolución podrá seguir su marcha, más aún porque en este caso nuestro país tiene muchas razones justas como para defenderse. Embargar una fragata de guerra, por más torpezas que hayan cometido los por demás torpes ministros cristinistas, es una acción jurídica que excede toda razonabilidad, que de haber ocurrido con cualquier otro país ya habría alcanzado algún tipo de solución. 
 
Algo parecido puede decirse de la actitud del juez Griesa exigiendo que se les pague la totalidad de lo adeudado a los pocos acreedores externos que no entraron en el canje de la deuda. Máxime cuando tal ensañamiento se produce contra el país que hizo una de las reestructuraciones más importantes de su deuda externa y que la va cancelando. Existen muchas opciones para forzar un arreglo entre las partes, pero el juez eligió la más dura cuando por años se mostró más conciliador y razonable. No es éste, además, un buen momento para tanta dureza cuando varios países europeos necesitarán reestructuraciones muy importantes de su deuda para sobrevivir.
 
Desde la cumbre de Mar del Plata, cuando Kirchner le organizó con Chávez una contracumbre a Bush, pasando por cuando Cristina llamó “cloaca” a la justicia de EEUU por intervenir en el escándalo de Antonini Wilson, hasta llegar al extremo de confiscar por supuesto espionaje un avión norteamericano con un Timerman devenido síntesis impagable de James Bond y el superagente 86... aún con estas y mil otras chiquilinadas más que presumían de antiimperialistas, jamás la Argentina fue tratada internacionalmente como ahora. Antes se optaba por mirar hacia otro lado o a lo sumo ignorarla, pero hoy parece haber cambiado ciento ochenta grados la actitud, y no sólo por razones jurídicas. 
 
Un hecho que puede haber sido clave para pasar de las palabras a las acciones contra nuestro país, haya o no colonialismo, es la incomprensible decisión del Gobierno argentino de iniciar un diálogo con Irán por el tema de la Amia. 
 
Quizá el más grave error de los diez años de política internacional K. Que hiere hasta el menor atisbo de credibilidad. Los imputados por la Justicia argentina aún siguen siendo hombres claves del actual gobierno de Irán, al punto de que algunos de ellos son candidatos presidenciales de su país. 
 
Por otra parte, negociar de igual a igual con imputados por la Justicia, además de ser un imposible porque jamás el imputado negociará otra cosa que no sea su reconocimiento de inocencia, es un agravio jurídico, político y moral frente a la tragedia de la que son acusados. Y, más allá de todo, al no poder entenderse las razones de una decisión donde todos son costos y nada es beneficio para la Argentina, sólo cabe la interpretación ideológica: que el aislacionismo conceptual haya impedido ver no sólo la gravedad de la decisión, sino las inmensas consecuencias de la misma. Internas y externas. 
 
En síntesis, ojalá que el cristinismo tenga razón y que en vez de estar su gobierno ciego y sordo (mudo, no) ante la realidad nacional e internacional, estemos en las vísperas de una revolución que justifique todas las cosas injustificables que se vienen haciendo, supuestamente en su nombre.

(*) Carlos Salvador La Rosa. Publicado en Diario Los Andes de Mendoza y por Urgente 24 el 25 de Noviembre de 2012.