lunes, 5 de noviembre de 2012

Más indicadores de fraude electoral

Por Gabriel Boragina (*)
Es probable que en un núcleo de personas reducido, como ser una familia, los gustos de sus miembros y las opiniones acerca de ellos, sean bastante similares. También lo es, aunque en un grado menor, que esas coincidencias (u otras no familiares) ocurran entre grupos de amigos. Mas difícil lo será entre compañeros de trabajo u oficina, donde la gente trabaja "junta" no por un aglutinamiento espontáneo, sino impuesto por las circunstancias (en este caso, laborales). Mucho más raro será encontrar "coincidencias" de pareceres entre personas que ocupan un mismo edificio (baste asistir a una reunión de copropietarios de un consorcio para entender lo que decimos) menos aun en una misma manzana de una calle, y ni que hablar si nos extendemos al barrio y mas allá todavía, al municipio, la ciudad y mucho menos siquiera el país.

Aun cuando esos "acuerdos" expresos o tácitos, pudieran ser detectados en determinados y rarísimos casos, la experiencia indica que suelen ser más bien efímeros. Puede haber "concordancias" en ciertos puntos, pero no en otros. Como abogados podemos dar fe de ello, por la cantidad enorme de pleitos en los que hemos intervenido y aun lo hacemos, conflictos desatados -por lo general- en cuestiones nimias. Ante esta realidad humana ¿es racional sostener -con algún mínimo de seriedad- que millones de personas están permanentemente acordes en votar para un cargo político siempre a la misma persona? Nadie niega que pueda resultar altamente probable que, en un igual lugar y hasta en un idéntico día, tal vez, esos millones puedan "coincidir" en la elección del candidato X. 

Lo que resulta a todas luces absurdo, desde cualquier ángulo de visión que se lo observe, es pretender obstinadamente que esa "concordancia" de "elección" se mantiene estática y omnipresente durante mas allá de unas pocas horas, y el ridículo será tanto mayor, cuando más se quiera "convencer" a alguien de que esa "inmutabilidad" de voluntad de elección se prolonga más allá de días, semanas, meses y años. El grotesco de los que dicen eso, crecerá en la misma proporción en que lo hará el transcurso del tiempo en que insistan en el "argumento" (que de tal, como advertimos, tiene muy poco o nada).

Los "acuerdos" (casuales o provocados) de las personas, tienen todos en común su brevedad en el tiempo. Su duración, a su turno, (y siempre dentro de esa brevedad normativa) estará en función del número de personas que "acuerdan" entre si y del grado de afinidad que exista entre las mismas. Por ejemplo, es probable que los miembros del partido "A" voten al candidato "B", pero es mucho menos probable que voten a "B" los simpatizantes del partido "C".  Cuando ese número de gente crece y se diversifica, al tiempo que la afinidad entre las personas se difuma, la posibilidad de "unidad de acuerdos" (expresos o tácitos) se desvanece, y las posibles "coincidencias casuales" se tornan en cuasi utópicas. Ergo, si lo que se pretende "demostrar" es que un/a determinado/a candidato/a "disfruta" del permanente "consenso" de una "mayoría", la posibilidad de que tal "aserto" fuera "correcto" es inversamente proporcional al número de personas que se presume forman parte de esa supuesta "mayoría". O dicho de otra forma, que el alegado "consenso" sea -en realidad- por completo falso.

El crecimiento del número de individuos, la fluctuación de sus intereses y la sucesión de sus problemas personales en el corto, mediano y largo plazo, hace que sus opiniones sobre un mismo asunto y/o persona (o personaje), sufran una dispersión constante que les impida mantener decisiones unificadas o centralizadas en esas cosas o personas. Ello, sin contar con la dificultad de la posibilidad de medición -en grado suficientemente representativo- del verdadero sentir y opinar de cada uno de los integrantes del grupo analizado. Sin embargo, la tendencia general a mejorar de estado, y su acción consecuente, no requiere verificación empírica.  

La llamada "teoría" del mal menor. Podría objetarse que la tesis expuesta se invalida ante lo que, a veces, se suele denominar "la teoría del mal menor", según la cual, no es que gane el "mejor" candidato, sino el menos malo de "todos" ellos. Pero este "argumento" frecuente, no refuta lo que sostenemos. Porque puede contra-argüirse que no conocemos realmente a "todos" los candidatos posibles, y que siempre existe la posibilidad de la búsqueda y descubrimiento de otros candidatos a conocer "menos malos" que los "menos malos" conocidos, con lo que los primeros pasarán a ser los "mejores" del conjunto de candidatos disponibles. Es que en materia de ciencia política, a diferencia de lo que ocurre en las ciencias morales, "bueno" y "malo" son conceptos altamente relativos. En suma, la oferta política de candidatos siempre puede ser ampliada, de allí la importancia de mercados electorales libres. Si el mercado electoral es restringido, la oferta de candidatos será poca, y la calidad de la misma será pobre, lo que hará crecer el índice de abstenciones, ausentismo, votos en blanco, nulos, etc. lo que será señal de una demanda popular insatisfecha.

Es posible que un grupo de personas decidan dejar "las cosas como están" con el gobernante que "ya este", o sea "no innovar", pero no cabe ninguna duda que esta es una tendencia extraña en la naturaleza humana. La historia del mundo es la historia del progreso y del cambio, de la mejora y su perenne búsqueda. No es admisible que se sostenga que, en el campo de la acción política esta regla no se cumple, o que se verifique "escasamente". Es factible que una mayoría apoye la democracia en el largo plazo; menos posible es que esa mayoría apuntale -en el igual periodo considerado- al propio partido en el poder; y mucho menos realista es creer que esa idéntica mayoría podría otorgar el equivalente sostén exclusivamente a una sola persona de ese partidoindefinidamente. Mas descabellado es porfiar que toda esa cadena de presuntos "soportes" sería inmodificable en el tiempo como esgrimen los reeleccionistas. Justamente en materia política los conservadores son minoría.

(*) gabriel Boragina. Abogado.Master en Economía y Administración de Empresas.Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos).Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE).Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía). Gestor de Acción Humana. Artículo publicado el 4 de Noviembre de 2012.