sábado, 17 de noviembre de 2012

Respuesta a un “economista militante”

Por Federico Perazzo (*)

Evidentemente es tal el afán por deslegitimar el 8N que los acólitos al kirchnerismo incurren en garrafales errores de concepto en materia económica. No obstante esto, es válido recalcar lo rayano al absurdo que se hace atribuirle un “plan económico” a una marcha de protesta.
En su nota del pasado Martes, el periodista Ricardo Aronskind se aventuró en hacer un breve catálogo sobre las ideas liberales aparentemente promovidas por distintos economistas, medios de comunicación y empresarios “de derecha”. Lo llamativo no es sólo que presuma por negativos varios de sus enunciados sino que a su vez se explaye en cada punto con premisas falsas. La primera falacia se ancla sobre el hecho de atribuirle a las ideas liberales la confluencia en los años 2001 y 2002. De más esta decir que las políticas económicas de la ante pasada década no fueron en absoluto influidas por un ideario liberal. Pues financiar gasto con deuda, por ejemplo, no se ha leído en ningún manual afecto al liberalismo.
Los ítems propuestos en el diario oficial son los siguientes: Libertad cambiaria – Libertad de precios – Libertad comercial – Eliminación de las distorsiones impositiva – Reducción de la carga fiscal – Reducción del gasto público – Reducción de la inflación – Arreglo con los acreedores externos – Acuerdo de libre comercio – Creación de clima de negocios. Tras ellos el autor presenta una “traducción” un poco difusa, a saber:
1) Libertad cambiaria: Sobre este punto dice lo siguiente: “Venta libre de dólares baratos por parte del Estado hasta agotar las reservas, para todo uso. Resultado: incremento de la fuga de capitales provenientes de la evasión impositiva. Reaparición de la especulación cambiaria como actividad central de la economía. Si se terminan las reservas, megadevaluación y aumento generalizado de precios, con brusca caída salarial y aumento del desempleo. Enriquecimiento de los tenedores de dólares y empobrecimiento del país”.
Lo que no comprende éste periodista, es que nadie llama “libre cambio” a una venta de dólares baratos (ya él, sin darse cuenta, nos dice que el precio del dólar oficial es un eufemismo), sino a que el mercado cambiario se rija- como cualquier otro mercado en sano funcionamiento- bajo le ley de oferta y demanda. Por su puesto que el gobierno teme asumir el hecho de que 1 dólar ya dista mucho de $ 4,50 y de ahí que se apeguen a todo tipo de artimaña para ocultarlo. Como el kirchnerismo priorizó aumentar la base monetaria (Bm) -que devino en inflación- por sobre la libertad cambiaria, la consecuencia ineludible es el presente descontento.
Las opciones que tiene Cristina Kirchner sobre este respecto son dos: bajar la inflación para darle competitividad al tipo de cambio o devaluar (esto último trae implicado un alto costo político). Visto que ninguna le satisface, opta, entonces, por la más rudimentaria: congelamiento forzoso en la paridad dólar-peso y restricción al acceso de moneda extranjera. Consecuencia inmediata: mercado paralelo con dólar alto. Dicho en castellano fácil: devaluación de facto.
2) Libertad de precios: Aquí derrapa: “Eliminación de todo tipo de regulación, indicación o presión oficial para contener el alza de los precios. Resultado: alza generalizada de precios, por las dudas, y porque “todo sube”. Contracción de la demanda y de la actividad económica. Quiebra de pequeñas empresas”. Directamente no explica, simplemente expone una consecuencia antojadiza y sin fundamento empírico ni lógico. Con ironía dice que “todo sube”, como si el perverso productor manejase los precios sin importarle el impacto que esto implique en la demanda.
Lo cierto es que las cosas no suben porque sí, sino porque se esta llevando a cabo una política inflacionaria que se traduce en un alza de precios. El análisis es sencillo: como la creación de bienes en el mercado no crece en concordancia con la creación abismal de dinero, los precios naturalmente tienden al alza. Los consumidores se ven con pesos que no demandan y en consecuencia deciden cambiarlos por bienes en el mercado. De mantenerse los mismos precios frente a este aumento en la masa monetaria, la oferta de productos no va a poder hacer frente a la demanda y entonces habrá escasez de éstos. De modo que no “todo sube” por arte de magia sino debido a que se implementan políticas monetarias nocivas. La riqueza no se crea emitiendo más billetes y sí produciendo más.
3) Libertad comercial: En este segmento el autor da cuenta que desconoce a quienes ejercen el comercio. Los que exportan e importan no son los gobiernos sino los productores, de modo que si quieren un equilibrio en el saldo de la balanza comercial tan sólo deben desregular el sector (Raro en el confeso marxista, Axel Kiciloff, que no haya dado cuenta que el propio Karl Marx estaba de acuerdo con la idea de libre comercio).
4) Eliminación de las distorsiones impositivas: Su conclusión en este punto es surrealista. Defiende  el (coyuntural, en su momento) mal llamado impuesto al cheque (es en realidad a los débitos y créditos bancarios) de Domingo Cavallo porque dice que de lo contrario se estaría desfinanciando al Estado. Lo cierto es que el impuesto al cheque no lo sacan porque se desfinancie solamente, sino porque es el de más fácil y rápido cobro. Por otra parte, fue paradójicamente el mismo Amado Boudou quien sentenció que dicho impuesto era distorsivo. De allí que en su momento planteara la eliminación del mismo (en rigor, nadie en el mercado financiero confió en que eso iba a suceder).
Ya no alcanza con pagar ganancias, ingresos brutos, Iva, etc., sino que también pretenden apropiarse del dinero que uno dispone para su cuenta bancaria. Pues si de financiar al Estado se tratase, que graven el consumo de aire (espero no dar ideas). Sinceramente no conozco muchas sociedades que mantengan en vigencia un gravamen de este tenor, pero sí sé que muchas que no lo tienen aun así mantienen alimentadas las arcas de sus respectivos Estados.
El autor también insiste con la rentabilidad extraordinaria de los productores agropecuarios, que recomienda licuar con las retenciones. Lo que confunden tanto él como el gobierno es que precio extraordinario no es lo mismo que renta extraordinaria. Se focalizan en el precio final sin reparar en los costos, que también aumentan. De todos modos, inclusive asumiendo que exista una renta sustancialmente mayor a la ordinaria (¿quién es el gobierno para determinarlo?), esto no implica que estas condiciones excepcionales vayan a mantenerse “in eternum”, puesto que el mercado se encargará de volver a nivelar dicha renta.
Cuando los demás empresarios lean -gracias a la guía de los precios- que un sector percibe mayores rentas de las “normales”, inmediatamente van a ver una oportunidad en ello e invertirán. Esto generará un aumento en la oferta que terminará agotando esa brecha extraordinaria en la renta. Así pasó con las canchas de paddle en los años 90 al igual que con el sector inmobiliario, que llegó a obtener una tasa de rentabilidad de un 75% en dos años.
5) Reducción de la carga fiscal: Nadie le pide al Estado que deje de hacer políticas públicas, sino que gasten con moderación. Para exponerlo simplemente: Menor tasa impositiva refleja una mayor inversión, lo que implica un aumento en la capacidad instalada para producir y en consecuencia un aumento en el PBI. En lo que se equivoca el gobierno, es en asfixiar a los ciudadanos con impuestos, cercenando así su capacidad de producir más.
Actualmente la tasa impositiva ronda en el 33% del PBI, un tanto elevada. No logran comprender que es mejor recaudar menos sobre un volumen más grande que más sobre un volumen más chico. No es lo mismo apropiarse del 33% de 1000 a apropiarse el 6% de 10000.
6) Reducción del gasto público: En este punto sentencia el autor: “Reducción del gasto público: corte drástico de subsidios a la energía y el transporte; reducción de los planes de obras públicas; congelamiento de las asignaciones universales por hijo y las jubilaciones. Despido de personal del Estado nacional, provincial y municipal. Resultado: brusco incremento de la pobreza, la indigencia y el desempleo. Fuerte aumento de la conflictividad social y la violencia. Contracción del mercado interno. Quiebras en el sector productivo y en la comercialización. Mejoramiento del “clima de negocios”. Se deduce de esta sentencia que el Estado debe estar en una crisis perpetua.
El hecho de suponer inagotables subsidios a la energía(olvidan que ese dinero de algún lado sale),implica que no puede haber un aumento en el flujo energético del país producto a una mayor inversión. Es decir que no podrá concretarse una mejor oferta que provea energía a precios razonables (y no irrisorios). Por otra parte, se me antoja decir que es un contrasentido pedir a una sociedad que gaste menos energía al mismo tiempo que se la proveen a precios bajísimos. Pues no tiene sentido retener en impuestos para subsidiarles la electricidad a los mismos que aportan para dicho subsidio.
7) Reducción de la inflación: En este caso se usa como sinónimos a la inflación y al crédito destinado a producir. En rigor, la existencia de inflación supone menores posibilidades financieras de las empresas a la vez que presenta ingresos ilusorios. Las inversiones a corto plazo se sobrevalorar por sobre las de largo plazo. Así es como las economías inflacionarias engendran una mayor tasa de riesgo que hace caer el nivel de inversión, atentando así contra las perspectivas futuras. Al haber menor inversión, se generan menos puestos de trabajo.
8) Arreglo con los acreedores externos: La problemática sobre los pagos de deuda que debe afrontar Argentina frente a los tenedores de sus títulos son de sustancial importancia a los ojos de un indicador altamente consultado por los inversores de todo el mundo: la prima de riesgo país. A mayor tasa de riesgo, menores inversiones. El hecho que nuestro país acometa la “patriotada” de renegar a sus acreedores, sin dudas no es auspicioso. Esto tiene una fuerte repercusión en el costo que le significará al país poder acceder a los créditos internacionales.
9) Acuerdos de libre comercio: Según esto, sostiene: “Argentina firma un tratado de libre comercio unilateral con Estados Unidos, otro con la Unión Europea y otro con China. Resultado: desaparición de la industria nacional e incremento de la desocupación estructural al 30 por ciento de la población”. Bajo ningún punto de vista un acuerdo de libertades para comerciar es concordante con un deterioro de la industria nacional (debería leer sobre la división de trabajo de Adam Smith).
El perfeccionamiento de las empresas (sean de la nacionalidad que sean) no se da gracias a que un Estado les conceda el favor de transformarlas en beneficiarias de algún privilegio legal, sino compitiendo con las demás empresas. Es en la competencia que los empresarios brindan el máximo de sus potenciales para ganar el favor de los consumidores y no gracias a que un Estado les cautive un determinado mercado.
Argentina ya ha apelado a los privilegios gubernamentales so excusa de priorizar la industria nacional, no veo sin embargo que aquí se haya dado un salto exponencial en en dicha materia. No fabricamos prácticamente tecnología alguna. No solo que no fabricamos, sino que ponemos trabas a aquellos que quieren ofertarnos bienes que acá no producimos.
Resultado: El acceso a la tecnología es bajo; somos cautivos de un sistema que nos provee poco y caro (la industria nacional); debemos recurrir a una maratónica carrera de cuotas para acceder a cosas simples como un plasma, microondas, etc. Las grandes industrias no hunden inversiones directas por estos lares producto de las muchas trabas en materia impositiva y aduanera, lo que implica que no se generan puestos de trabajo.
10) Creación de clima de negociosEste último aditamento si bien importantísimo, no merece mayor análisis. Resulta inconcebible que éste gobierno no comprenda la importancia de un propicio marco de negocios para las inversiones. Esto no es poner al Estado a merced de los empresarios, tal como lo sugiere Aronskind, sino que el Estado, a través de leyes claras y sostenidas en el tiempo, provea la mayor previsibilidad posible dentro de la imprevisibilidad que conlleva montar un emprendimiento. Mofarse de ello, es una viva muestra del porqué de nuestros males.
Conclusión: Si periodismo militante simboliza obsecuencia, desamor por la independencia de criterio y falta de objetividad, entonces auguro un apocalíptico futuro tras el 7D.

(*) Federico Perazzo. Integrante del staff de economía de Perspectivas Políticas. Artículo publicado el 15 de Noviembre de 2012