lunes, 19 de noviembre de 2012

Una cuestión de cantidades

Por María Celsa Rodríguez (*)
Dijo Cristina "gobernar no es una cuestión de cantidades porque te pueden apoyar muchos, pero si no gobernas correctamente podes perjudicar a todos". Aunque ya no podemos hablar de esas cantidades, parte de ese 54% se ha evaporado, hoy muchos de aquellos que le dieron su voto están desilucionados y sienten que ella los defraudó.

Y hay muchísimos perjudicados, con las medidas del gobierno. Por eso el 8N el país salió a la calle, por la falta de oídos de quienes tienen que tomar decisiones, donde impera un egoísmo autista. Sin darse cuenta de los efectos que tendrán en las próximas elecciones 
 Se manejan sobre un proceso de separación entre los que pueblo pide y el control que ejercen sobre nosotros. En que el 7D será absobido por lo que debemos informarnos y lo que nos quieran informar. La dictadura de las ideas  abran triunfado sobre la libertad de expresión y nos someteremos al circuito de la mentira. 

Pero volvamos al tema de las cantidades, gobernar claro que es un problema de cantidades, ya que gracias a ciertas cantidades se logra una mayoría y se gana una elección. Y quien más que los K en valorar las cantidades si se llenan la boca de soberbia con el 54% de los votos.  Acaso el  Diputado Agustín Rossi no dijo "que el respaldo al Gobierno sigue siendo el 54% de los votos obtenidos en los últimos comicios presidenciales". Aunque muchos sigan pensando que la gente que está enojada y que se manifiesta no votó a este gobierno, mientras que aquellos que se sienten cómodamente representados  están conformes con todo lo que se ha hecho. Como  dijo alguien por ahí "La presidente  hace muy bien  de gobernar para quienes la votaron".  Entonces con estos criterios, ¿gobernar no es una cuestión de cantidades? Para sancionar una ley ¿no se requiere de una cantidad de votos afirmativos?  Y para tener esa mayoría en ambas  Cámaras se requiere que cierta cantidad de electores  apoyen un proyecto de gobierno para que sume más legisladores al partido gobernante.
Entonces claramente, gobernar requiere de cantidades.

Bien lo explicó -esto de las mayorías- Arthur Lewis Premio Nobel en Economía, considerándo  que serán los partidos que ganen las elecciones, quienes tomarán todas las decisiones de gobierno.  Mientras los perdedores  podrán colocarse en una posición crítica pero nunca podrán gobernar. Sin embargo excluirlos de toda participación en la toma de decisiones,  va en contra posición al verdadero significado de lo que es la democracia. Pero aquí el problema es que no se quiere a nadie en una posición crítica.

Si hablamos del 8N también hablamos de cantidades ya que  fue un lugar de encuentro para la democracia sin embargo ellos piden un líder.Ya lo dijo Cristina "No se enojen con nosotros, tienen que buscar a algún dirigente que los represente”. Encontrando un líder tendrían la forma de materializar la culpa de tales manifestaciones, responsabilizar a alguien para dirigir   al pueblo. Ese ser en quien corporizar el ruido de tales reclamos, como si ese 1.5 millones de personas son dirigibles a control remoto. Como si todos fuéramos unos tontos irracionales, que nos dejamos influenciar por Clarín, Perfil, Nación, o por algún ser escondido tras las tinieblas de la red que nos ordena a salir a la calle con carteles y cacerolas y nos dice que tenemos que decir. y porque nos tenemos que enojar.

Pero también es verdad que la fuerza de esta marcha no nos da poder de mando por mas que somos el soberano, porque  no tenemos poder de decisión solo tenemos poder de queja, poder de manifestación, donde el hartazgo enciende el fuego de su impulso.

Es que la democracia es un contrato de derechos y deberes en donde se convergen de parte del soberano reclamos que generan conflictos con el gobernante. En este juego de fuerzas ambas partes poseen su derecho de exigir que se cumplan lo que peticionan  y el Estado que se cumpla lo que ordena.

En este juego de deberes y derechos parte de las libertades individuales inalienables se quiebran, cuando los controles por parte del Estado se vuelven arbitrarios y escapan de los límites de la razonabilidad.

Pero ¿que pasa cuando se está transando con un base sustentada en datos falsos, canalizada sobre la mentira? No hay acaso una traición por parte del gobernante que quiere imponer un mensaje que se desvanece ante la realidad demostrándole al pueblo que no hay cepo cambiario, que la inflación es la que dice el Indec, que la inseguridad es una sensación, y que la pobreza se ha reducido. Antes estas falsas verdades hay una rendición de cuenta despareja entre lo que el gobierno dice y el reclamo de la gente. Entonces chocan y termina pareciendo para cada lado, que lo que  dice el otro carece de fundamentos. Y así se hace un dialogo de sordos.

Y ese rechazo a lo que la calle reclama se va haciendo cual bola de nieve mas grande, aumentando el hastío a tanta indiferencia.
 
El ateísmo al kirchnerismo ve un solo culpable de sus desdicha: el gobierno y este busca un culpable a tanto descontento: Clarín, por mentir reflejando un panorama que enardece a la calle y mueve a las masas defendiendo ideas que no quieren que sean enarboladas y a quienes  llaman la derecha golpista.

Pero los asusta que los motive la autenticidad y la espontaneidad. Nadie carga una presión exterior para quejarse, no hay clientelismo que los subordinen. Son las preocupaciones individuales y cotidianas que los impulsan y los colectivizan a unirse a otros, que siente el latido de las mismas pasiones.

(*) María Celsa Rodríguez. Abogada.

Fuente: Comunicación personal de la autora