martes, 18 de diciembre de 2012

Apelación por el año que se nos ha embargado

Por Gabriela Pousa (*)
Si no fuera porque todo esto está sucediendo aquí y ahora, la trama de los acontecimientos bien podría ser el argumento de un film fellinezco. Una ley que mantiene en vilo al país, devenida en un Boca-River con acusaciones cruzadas entre técnicos, barras bravas (“hinchas apasionados“, como le gusta llamarlos a nuestra jefe de Estado), y vigencia de la norma según el día y la hora.


En la misma escena, un funcionario convertido en cartero de la dama – con papelito en mano -, golpeando la puerta de un diario. Y quien debe decidir qué pasará, está con plena conciencia de que según lo haga va a convertirse en demócrata o cipayo. Una situación poco relajada para definir un tema cuyo trasfondo involucra mucho más que la suerte de un determinado grupo mediático.

Así estamos… Se nos ha embargado el año.
Simultáneamente, a menos de una semana de las fiestas navideñas, prevalece el clima de antinomias, descontento, violencia y descaro. No parece ser lo más apropiado para recrear un espíritu cristiano, o meramente festivo para comenzar con ahínco el nuevo año.
Habrá que apostar a esa burbuja donde solemos habitar gran parte del tiempo, para encontrar allí, en los vínculos más íntimos aquello necesario para resistir: el afecto, la esperanza, las ganas…
Es una lástima porque se va otro año desperdiciado insolentemente, oportunidades perdidas que equivalen a dificultades y rigores que a nuestra descendencia podríamos haberle evitado si no fuera por la soberbia y porfía de un gobierno desequilibrado.
Y también, esta claro, por años de adormecimiento negando que todo esto estaba pasando. Porque, si bien se mira, nada nuevo hay bajo el sol. Todos los pasos previamente dados se inclinaban hacia este desenlace de ignominias y vulgaridades.
Caímos muy bajo, demasiado. Regresar de este batifondo de gula y mezquindades acarreará años, y aún no hay garantía de que aquel que está llegando, no vaya a ser maltratado e inutilizado como ha sucedido con tantos ya que hasta es difícil y doloroso contarlos.
No se trata apenas de la corrupción erigida leimotiv de una administración cada día más fraudulenta. Se trata de la ostentación de toda esa putrefacción como si fuera trofeo y orgullo. Si algo se ha ganado es decadencia.
La Argentina es un país saqueado, no únicamente de riquezas, sino sobre todo de moral, buenas costumbres y ética. Se podía regresar del delito marginal quizás, pero no hay retorno del miserable robo de comida a una parroquia, donde estaba preparada para que cientos de familias humildes pasaran Navidad sin hambre ni displicencia. Esa “delincuencia” es un viaje de ida, no hay vuelta.
Del Estado no puede esperarse siquiera su rol benefactor, aún cuando esa beneficencia ate con cuerdas a una pobreza perpetua. El Estado quedó reducido a la figura de una “reina” sin nobleza, auto-coronada e idolatrada por un séquito de oportunistas sin más valor que una cuenta bancaria. El asistencialismo se lo hacen a sí mismos, incapaces de darse cuenta que, a la larga, nadie disfruta aquello que no es legítimo.
Y en definitiva, a donde irán con sus fortunas puede vérselo a las claras si siguen los pasos de quien se supone es su mentor: Néstor Kirchner. Tendrá su película y todo la parafernalia del poder y las riquezas de usurero, pero está desnudo en el Mausoleo…
Si se quisiera hacer una síntesis de lo experimentado en el escenario político coyuntural, se verá que la hipocresía es protagonista. La “recuperación” de la Fragata causó satisfacción en un sector poco afín al oficial. Hoy, a sabiendas de ello, la Presidente busca reparar el “error” de haber satisfecho a un grupo opositor, razón por la cual tantea cambiar el nombre “Libertad” por el de Eva.
No puede subsistir sin propiciar malestar, es su naturaleza.
Ahora bien, juegan con fuego en la puerta de la gasolinera. No es este un momento oportuno para azuzar el avispero. La paciencia mengua y se diluye el tiempo. La incertidumbre de la economía no augura ánimos festivos, y el pueblo – mal o bien – sigue dando prioridad al bolsillo.
¿Hasta adónde tirar de la cuerda? Hay un límite impreciso que puede aparecer de improviso. La paz social pende de un hilo. Ya no cuenta siquiera que sean radicales, frentistas o peronistas. Eligieron la guerra más cruenta: sin banderías, sin localías. Argentinos versus argentinos.
En más de una mesa, durante estas Fiestas, habrá una ausencia por discrepancias políticas: ¡Gracias Cristina! Este gobierno no ha diezmado únicamente ahorros, libertades y calidad de vida; ha hecho trizas lazos de sangre, vínculos de años, amistades. No es factible el diálogo con fanáticos amaestrados. A diario enfatizan diferencias y dividen desesperados: es el único modo de poder manejar algo.
Una pena. Muchos ciudadanos merecían un fin de año más sano. Pero el pus sale por los cuatro costados, innecesario…
A esta altura esperar algún cambio del gobierno es ingenuo. Cada día ratifican el rumbo a contramano del mundo, duplican la apuesta hacia un sistema de afrentas. Lo que resta, en consecuencia, es apelar a la transformación de cada uno para sumar grandeza.
Qué de resucitar Antonio de Oliveira Salazar no pueda volver a sentenciar con tanta certeza que el problema del argentino es su obsesión por estar mejor, y no por sermejor, por superarse a sí mismo.
No será la dirigencia quién bregue en estas fechas por la paz y la grandeza de una Argentina unida, pero en una de esas podemos ser los ciudadanos quienes sumemos a esa apuesta.
En resumidas cuentas, a la hora del brindis, amén de otras manos que alcen las copas, estaremos acompañados por nuestra propia e implacable conciencia.
Al menos, que ella nos absuelva.
¡Salud!
(*) Gabriela Pousa. Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2012.