martes, 18 de diciembre de 2012

La Argentina feudal existe y crece

Por Raúl Acosta (*)
Argentina tiene bolsones de pasado que abochornan. Zonas del Chaco, de Formosa, de Tucumán, de Catamarca, de Salta, que no permiten avizorar un final feliz a la sociedad.
Aparecen libros, ensayos sobre la sociedad ciudadana, la de las grandes capitales del país que avergüenzan. Uno debe sospechar, por rigor intelectual, si no se trata de una especulación del comercio de las grandes editoras. Enfurece a la honestidad que hablen de libertades en mitad de la más oprobiosa ignorancia a la que facilitan con su ocultamiento. Cualquier ensayo chapucero sobre el kirchnerismo y el progresismo encierra una matriz de asesinato del futuro de los pobres, los olvidados, esclavizados, desaparecidos con vida.
 
Los trabajos de investigación, como cuentas de un collar, enhebran denuncia tras denuncia, perlas, mugrientas perlas que la televisión exhibe entre un show de bailarines, una pelea gremial y un discurso de la señora presidente enojándose con alguien. A los investigadores de la Big Manzana su insensibilidad les permite el sueño de los justos en mitad de la injusticia social. Investigan para chantajear, no para denunciar.
 
Cristina es el ejemplo a seguir. Para la pobreza, la inflación, el narcotráfico, las denuncias de corrupción, denuncias que ya atacan a su círculo íntimo; hijo, choferes, vicepresidente, secretarios, la señora parece Herminio Iglesias. La señora mira desde fuera su intimidad. Podría decir tranquilamente la famosa frase del dirigente peronista, como ella. La corrupción es sin migo parece decir la señora, feliz en los remilgos y regates por televisión. El coro de propios y extraños, tal la condición de buena parte de la oposición, no le corregirá el lenguaje para que la frase sea más cercana. La corrupción es conmigo. Con Usted, señora. Nadie la advierte. No tiene sentido.
 
Los corredores de auto se bajan, luego del fracaso en la carrera y dicen: falló el carburador. No se encontrará un corredor de autos que diga conduje mal. Los médicos luego de la cirugía fracasada sostendrán: le falló el corazón. No hay tantas denuncias por mala praxis como muertos por esa razón. Los traductores comerciales de todas las confesiones tienen frases similares: Dios lo ha querido así. Argentina padece el egoísmo del corredor, insensible a su propia  incapacidad;  el desparpajo del cirujano que atribuye la muerte al órgano que debía salvar y la estudiada resignación de los sacerdotes. Tenía que suceder. Revuelve el alma la resignación. Es demasiado imperial la actuación del cristinismo como para aceptarla después de la Revolución Francesa. Chau libertad, igualdad, fraternidad. Estamos por llegar al 18 brumario de Bonaparte. Y será peor. Mucho peor.
 
Argentina no ha entrado en la era moderna. No ha entrado buena parte de su territorio. La edad media y los señores feudales tienen su sitio. Que diferencia a los Romero, los Juárez, los Saadi, los Gioja, los Alperovich, los Insfram, los Capitanich, el caudillaje atomizado de Catamarca y el caudillaje ilustrado de Salta. Nada los diferencia, sólo fechas en el almanaque. 
 
Parecen realmente chistes de humor negro, de torturadores progresistas que se hable de pueblos originarios en las grandes ciudades. Que se les entregue radioemisoras y no vivienda, agua, vacunas, comidas. Parece una tortura, una súper mentira impiadosa. Corrientes, cada vez mas extraña y Misiones, cada vez más brasilera, ya están fuera de circulación. No están integradas a la Argentina central. En ninguno de los territorios mencionados hay justicia. Ni igualdad. Hermandad. Esperanzas. Los filósofos, aprendices de vendedores de cuentas de colores, describen la realidad que los envuelve pensando vaya a saber qué. En la venta de su alma y en la cátedra sesgada, con seguridad.
 
Cuando esos esclavos encubiertos llegan a las grandes ciudades el costado más espantoso los pone en un mundo mejor. La historia de cualquiera que fue esclavo en un bosque chaqueño y es feliz muriéndose de hambre en el fondo de la Villa 31 nos deja desnudos de dignidad. Kirchnerismo infeliz. Malvado. Incompetente para explicarlo en una mesa redonda de seis, siete, ocho contertulios obligados, que en el estudio de televisión piden agua fresca y aire acondicionado. 
 
Corrección: incompetentes no. Cómplices del olvido de la verdadera revolución demorada.Agua potable, vacunas, comida para todos ya. Educación mañana a la mañana. Dignidad para siempre. Fin de los señores feudales. Si no solucionan eso no han solucionado nada, excepto sus economías familiares.
 
Es necesario entender el  paisaje, la escenografía, la cruel realidad que envuelve cada caso de violación, esclavitud, trata de blancas. Por una cuestión de formación, en pueblos de la provincia de Santa Fe sin agua potable, con energía eléctrica de cooperativas, no del Estado, sin cloacas, con el baño fuera (excusado) y el pozo con el aljibe, la tierra tapando el camino y el pan de ayer, muchos entenderán que el pasado está cerca, pero lejísimo el mañana si depende de estos señores feudales. Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Entre Ríos (en parte, hay un costado explotador en ésa provincia) Buenos Aires y Ciudad Autónoma  parecerían alejarse del feudalismo. 
 
En estos parajes y con estos pueblos se gestó Alcorta, la Liga del Sur, el irigoyenismo, el peronismo, las ideas socialistas. Sus comunidades parecerían despegarse de la sodomización. Depende.  Si ofertan el mañana con el mentiroso discurso del ayer vendrá el feudalismo, el diezmo y el derecho de pernada. Si el gobierno central no se define y apaña a los señores feudales el mañana traerá una frase oriental, atribuida por la leyenda a Lawrence Arabia. Si no puedes impedirlo gózalo. Ni el designio de Cristina ni el de un bere bere humillándonos es bueno. Nada. No es lo mejor. No señor.



(*) Raúl Acosta. Escritor y periodista del diario La Capital de Rosario (Santa Fe). Artículo publicado por Urgente 24 el 18 de Diciembre de 2012.