jueves, 20 de diciembre de 2012

Política y economía de la redistribución de la riqueza

Por Eduardo Filgueira Lima (*)
"La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual". J. B. Alberdi (1880)
La historia del pensamiento político nos muestra la compleja relación existente desde siempre entre gobernantes y gobernados. Diversos autores llamados “contractualistas” entendieron que a pesar de diferentes concepciones del “estado de naturaleza”, las sociedades se conformaron, aceptando siempre un contrato tácito, que colocaba a algunos en la situación de líderes, monarcas o reyes – los gobernantes – y a otros plebeyos, en situación de gobernados.

Los gobernantes detentaron el poder en representación de la deidad en sus inicios y luego lo ejercieron por derecho propio, o heredado o ganado por las armas.

Algunas interpretaciones incluso suponen que el contrato se fundó en la necesidad de los agricultores y comerciantes (la plebe) de ser protegidos de las agresiones y robos por los bandidos y contrataron a otros (mercenarios) para que los protejan, a cambio obviamente de una paga: contribución o porcentaje de sus ganancias (lo que se interpreta sería la primera forma en la que se conciben los hoy denominados “impuestos”). Los mercenarios finalmente se convirtieron en gobernantes.

Resulta evidente que la posición de unos y otros resultaba diferente: ventajosa para los que poseían la fuerza, con el compromiso de “cuidar” y mucho menos para los gobernados, que concedieron su libertad ante la necesidad de sentirse seguros.

La historia nos muestra como progresivamente los individuos iniciaron y continuaron sus luchas contra el absolutismo y la discrecionalidad en el poder.

Las banderas que se esgrimieron fueron – desde la ilustración escocesa – el de la libertad, que la suponía como oposición al poder instalado y casi cien años más tarde – desde la revolución Francesa – la referida a “la igualdad”, cuyo aparente sostén era la fraternidad (impreciso término, que parece más incorporado por la vehemencia y expresión de deseos del momento), que además supone complementar y alimentar al de igualdad.

En nuestros países – me refiero a Latinoamérica – estos principios tuvieron gran repercusión fundacional, así como lo fueron los que sustentaron los “Padres Fundadores” – en especial Jefferson y Hamilton[1] – de la Revolución Americana.

Sin embargo los dos procesos siguieron caminos diferentes: la Revolución Americana permitió una irrenunciable “separación en los poderes del Estado”.

Mientras que la Revolución Francesa se inició con la autoproclamación del tercer Estado enfrentando al sistema conocido como Antiguo Régimen, pasó por diferentes períodos de luchas intestinas, se radicalizó llegando a instaurar el denominado “Reinado del Terror” (1793-1794)[2], bajo las directivas de M. Robespierre al mando de los Jacobinos y contrarios a los Girondinos, aunque todo aquel que se supusiera que pensaba distinto al régimen – aún próximo –  era considerado contrarrevolucionario, acusado de traidor y guillotinado.

La Revolución llega a su fin con el golpe de Estado de N. Bonaparte en 1799.
Las ideas de libertad e igualdad llegaron de diversos modos a nuestras tierras y aunque tienen significados diferentes, aún hoy parecen rivalizar en el pensamiento político de nuestros días.

Pero paradojalmente una y otra se incorporan al discurso político en similares condiciones – la clase política las utiliza como los paradigmas deseables en una sociedad – y el ideario colectivo termina por considerarlas complementarias, a pesar de no serlo y que en cierto sentidos la pretensión de igualdad supone a su vez y en gran medida: limitaciones y diversos grados de coerción  a la libertad.

La igualdad supone en si misma que es posible y deseable ante la ley,.. pero el discurso político omite – en muchos países de nuestra región – esta limitación y exacerba el pensamiento de la “igualdad económica”,.. porque ello le sirve para mantener su poder de adhesión de grandes grupos postergados, con lo que a pesar del tiempo transcurrido el poder de los gobernantes se sostiene hoy con falacias aceptables y creíbles para los gobernados, lo que significa una forma y expresión de "absolutismo ideológico": la igualdad que se preconiza presupone que no existen motivos para que unos tengan o posean más que otros.

Y ya sabemos el destino que han corrido aquellas naciones que se embanderaron en el discurso de la igualdad.

Por su parte la defensa irrestricta de la libertad encuentra otros fundamentos a pesar que cada uno encuentre las limitaciones propias a la misma que impone la convivencia social. Por ejemplo: podría circular por una calle en contra mano si hiciera un uso absoluto de mi libertad desconociendo que existen reglas o instituciones que me imponen su respeto, como facilitadoras de la convivencia.

Cuando se habla del ideario liberal se está hablando de un liberalismo político (que incluye las libertades civiles y las individuales) y de un liberalismo económico, los que no pueden escindirse. Cuando hablamos de libertad podemos discutir "los alcances, las formas, los modos y los límites de esa libertad", pero cuando hablamos del derecho a la vida estamos hablando de libertad, cuando hablamos del derecho a la propiedad privada estamos hablando de libertad y cuando hablamos del "derecho individual de cada uno a la búsqueda de lo que considera - en su prelación de preferencias - su propia felicidad", estamos hablando de libertad, cuando hablamos de los derechos civiles estamos hablando de libertad. Y en todos los casos partimos del principio de "respeto por la libertad del otro" y reclamar para nosotros el mismo respeto.

Cuando hablamos de igualdad por el contrario estamos diciendo que debemos transferir recursos de unos a otros, ya que sabemos que de hecho: ni todos somos iguales, ni todos tenemos lo mismo.

El pensamiento Keynesiano (y con él la socialdemocracia) ha penetrado profundamente en nuestra sociedad y muchos "liberales" han tenido temores de sus propias ideas y se dejaron llevar por el preconcepto de "la foto" en la economía, por lo que les resulta difícil su defensa y por ese motivo las ideas colectivistas no encuentran barreras efectivas para su avance o imposición.

Las ideas liberales nos resultan a priori como una manera injusta de asignación de la riqueza. Todos los seres humanos somos diferentes en particular en el orden de prelación de nuestras preferencias. Pero también es cierto que somos iguales o semejantes en muchas otras cosas.
Por ejemplo a todos nos producen el mismo rechazo las acciones o los actos o las consecuencias que consideramos “injustas”,.. Es decir: a todos nos resulta inaceptable la injusticia !!

A todos nos molesta la injusticia,.. y no es malo – sino todo lo contrario – que nuestro deseo sea remediarla,... pero lo malo está en el camino – el medio – que elegimos, sin medir las consecuencias. Así como suponer que son injustos los resultados cuando responden a otras causas que la política no resuelve.

La existencia de grandes grupos de población en situaciones de extremas carencias nos parece un acto de profunda injusticia Y ello ha sido aprovechado por los políticos para incorporar en su discurso y en el ideario colectivo la necesidad de la re-distribución de la riqueza y que además esa situación se da como consecuencia de las ideas liberales: pues es el mercado es el que asigna mal la riqueza !!

Entonces aparece el “papá” Estado que todo lo puede – que como Robin Hood protege a los más necesitados – y sin importar los costos ni las consecuencias alejadas: redistribuye la riqueza (que aunque en lo inmediato pareciera beneficiar,.. en lo mediato destruye y deteriora).

Por supuesto no debemos olvidar que la clase política tiene una alta responsabilidad en este proceso porque – interesadamente – desde el poder pretende distribuir y re-distribuir recursos a su antojo y arbitrario criterio.

Nada más adecuado para mantener y perpetuarse en el poder que adoptar el pensamiento keynesiano[3], quien preconizó el aumento del gasto público para incrementar la demanda agregada, con lo que le dio a los gobernantes los instrumentos y el poder para asignar los recursos y hacerlo indefinidamente desde su posición de poder en el gobierno,.... (....)...... más aún en poblaciones con grandes necesidades y pasibles de ser clientes,... (...) ¿Saben de donde sale la palabra ´clientelismo´?[4]: de los Senadores Romanos que otorgaban ´favores ‘a sus seguidores que llamaban ´cliens´!!!!!

Por supuesto que existen otros elementos facilitadores para este accionar: como contraparte la gente en general, le teme a la libertad.

De acuerdo a la abundante información existente dos procesos contrapuestos que se dan en diferente intensidad en todos los seres humanos.

Por un lado una tendencia a la "diferenciación", a asumir riesgos y a lograr su propio desarrollo[5], con los esfuerzos y riegos que ello supone, pero siempre en ejercicio de su libertad, poniendo en marcha todos los mecanismos que le son propios, sus ideas, su creación, e innovación, etc. Pero siempre con el supuesto de “pasar de una situación dada a otra que de acuerdo a sus preferencias consideren mejor”[6] , y ello supone el pleno ejercicio de su libertad.

 Y por otro lado una tendencia gregaria a la protección en el conjunto (un “colectivismo” de cualquier tipo que sea), y en este punto E. Fromm en "El miedo a la Libertad", ha hecho una referencia puntual a los efectos-causas del nacionalsocialismo.

En sociedades en las que las oportunidades son "un bien escaso" y el colectivo social ofrece la alternativa aparentemente "solidaria" de un supuesto – erróneo – " juntos es mejor!!!" y las dificultades de asumir riesgos que ofrecen altas perspectivas de fracasos individuales inclinan la balanza hacia el refugio en lo “colectivo” (aún a costa de la pérdida de las libertades individuales) pero endulzadas con las ideas de solidaridad, fraternidad, nacional y popular!!

Sin advertir que ello favorece y mantiene el poder centralizado (monárquico-caudillezco).

Mientras que en las sociedades en la que las oportunidades son mayores "muchos más individuos" responden a los criterios de: 1) racionalidad, 2) un orden de preferencias de prelación subjetiva y 3) la permanente intención de "pasar de una situación dada a otra que consideran mejor", asumiendo los riesgos que ello implica (mediante el ejercicio de su libertad,... la necesidad de poner al servicio de su emprendimiento su capacidad e innovación – en forma continua y creciente –,.. asumiendo la competencia y el riesgo presunto – o posible – de "perder" en el intento).

Se parte que la libertad siempre implica riesgos,.. siempre supone que uno elige ante cada opción,.. y lo hace todos los días: ante cada circunstancia por insignificante que sea de su vida. Siempre y en todo momento estamos eligiendo y lo hacemos en libertad.

Entonces, no es solo "miedo a la libertad",.. o miedo al riesgo, también el incentivo está puesto en "¿para qué si todo se nos brinda a la mano casi sin esfuerzo,.. si en el grupo uno está aparentemente protegido,..?" así es que prevalece el pensamiento colectivista y más aún en poblaciones con grandes necesidades y pasibles de ser clientes,..(Cliens)".

Desde lo psico-neuro-biológico: "toda la acción del ser humano se dirige en el sentido del ´ahorro´ o también dicho en el sentido del menor esfuerzo, lo que algunos denominamos el ´by-pass´ del esfuerzo,..

Por ejemplo: si tengo que pensar es un esfuerzo, (entonces miro TV o juego a Play Station); si tengo que mantenerme en forma (Uffffffffffffff,.. el gimnasio y el esfuerzo que implica es una exigencia, así que me quedo en mi casa, me tiro en un sillón y con una cerveza miro futbol),.. si tengo que estudiar me pongo escusas y si tengo que bajar de peso me oculto las “fugas” y esas extras me mantienen igual aunque después me queje que no baja el fiel de la balanza.

Son muy pocos los que superan la idea que sin esfuerzo y riesgo pueden mejorar y crecer,... Además ¿para qué si el riesgo es alto, las oportunidades son escasas y con todos parece que puede obtener todo?,. y es así que resignan su libertad en el falso refugio del conjunto que declama la igualdad!!! 

Por otro lado nos encontramos con el "el binomio supuesta ´abundancia natural vs. escasez artificial´ frente a una realidad contraria de ´escasez natural vs. abundancia artificial´"[7] que es un denominador común en nuestra sociedad.

¿Qué mejor que esa supuesta ´abundancia natural´ (inagotable y que indefinidamente) proveen sin esfuerzo ni riesgos?,… Si en estas condiciones no se necesita hacer nada para recibir un supuesto mínimo – que aunque afecte la libertad y dignidad – es solo a cambio de una libertad cuyo ´valor´ es subjetivamente un bien menor !!!

Por lo mismo desde la psico-neuro-biología: ley ´del menor esfuerzo´ !! lo que es consecuente con una última realidad: ´el mayor fracaso´ (individual y por agregación social) !!

“La discusión en torno a la desigualdad, la idea según la cual si alguien posee ventajas que no son producto de sus "méritos", entonces no las merece y por tanto tiene la obligación de compensar a aquellos de menor fortuna”.[8]

Esta postura es altamente destructiva para todos los individuos de una sociedad y en especial para la libertad individual que debe subordinarse a los supuestos derechos colectivos, porque implícitamente justifica la actitud de coerción sistemática del Estado, que es el que puede y debe quitar a unos para dar a otros.

Pero las consecuencias finales son que tanto pierden los unos como los otros, porque a los primeros les quita incentivos para generara riqueza y a los otros les otorga solo una mínima superación del hoy pero les roba el futuro !!

Si es cierto que es injusto que algunos alcancen apenas a la subsistencia, pero no es injusto que unos tengan más que otros, ya que es el resultado y consecuencia de múltiples decisiones libres, así como del azar, esfuerzos y acciones de cada quien.

El problema central es de las oportunidades que en cada circunstancia podrán ser “facilitadoras” o no, pero si son producto del azar y de las políticas públicas que si el Estado debiera proveer con eficiencia,.. como por ejemplo (y entre muchas otras): salud, educación ,… Que si son capaces de brindar y mejorar las oportunidades, para que cada uno elija en libertad su mejor opción de vida.

Muchos autores han trabajado sobre esta cuestión de las necesidades básicas y su satisfacción, denominadas "de supervivencia" (entre otros D. Braybrooke), pero en ningún caso se menciona que ellas deban ser "provistas", sino "conseguidas a pesar de las diferencias y en la medida que se alcance a satisfacerlas".

El axioma praxeológico que determina que los hombres prefieren unas cosas a otras solo refiere la subjetividad de las preferencias, es decir: no todos desean lo mismo, e implica que no todos deban tener lo mismo y en la misma cantidad. Los hombres tienen preferencias que son subjetivas y no todos se encuentran en igualdad de condiciones para satisfacerlas y no es el Estado quien deba hacerlo porque finalmente desincentiva a todos y asigna peor.[9]

La libertad más grande de la que puede gozar un pobre es la de dejar de serlo. Y esa libertad sólo el liberalismo se la ofrece….”[10] 

Ingresar por esta vía a la interpretación de "las limitaciones a la libertad por la restricción de ingresos" (A. Sen) sería lo mismo que las restricciones a su libertad (como por ejemplo las que eventualmente tiene un propietario de un automóvil antiguo para llegar a tiempo a sus tareas): a nadie se le ocurre re-distribuir automóviles como medida compensatoria,.. si, por el contrario, intentar mejorar su condición para que sus oportunidades de vida le sean más accesibles: generar riqueza y que un día llegue a cambiarlo por uno mejor, si esa es su preferencia,.. sin por ello pretender igualar a los demás.

La redistribución intenta igualar, pero lo hace hacia abajo: la sociedad en su conjunto se ve perjudicada.

Pero no solo nuestra sociedades – en general casi todas – han sabido "vender bien" y la medida del discurso político las ideas “igualitaristas” y en virtud del erróneo concepto de que los intercambios son de suma cero. Es decir que lo que uno gana es porque otro lo pierde.

En ese aspecto cabe pensar que los que tienen más, lo tienen como resultado de transacciones en las que obtuvieron ganancias a expensas de los menos favorecidos y ello supuestamente amerita la redistribución, reafirmando el discurso.

En realidad todo intercambio es de suma positiva ya que cada uno obtiene lo que desea y suma lo que considera su propio beneficio, es decir que en los intercambios cada uno gana en función de su propia perspectiva, deseos y expectativas.

De los intercambios cada quien saca lo que desea o necesita o privilegia: pero ambos ganan lo que quieren.

Por ello: “la libertad no es una implantación exótica y corruptora que una sociedad subdesarrollada no debe permitirse, es una condición previa para crear riqueza suficiente que permita remediar las necesidades básicas y otras crecientes !!!!!!” (T. Nagel)

De esta forma podemos comprender que en una sociedad libre, donde la libertad sea un bien irrestrictamente respetado, cualquier individuo – en libertad (sin coacción) – puede permitirse "la búsqueda" de las satisfacción de sus necesidades básicas inicialmente y con posterioridad ir superando escollos para satisfacer crecientes demandas, expectativas y preferencias. pero ello requiere de su esfuerzo personal y tener las condiciones que le permitan las oportunidades a las que pueda acceder !!

No es el Estado el que debe realizar el trabajo.

Los gobiernos usufructúan por el mecanismo de la intermediación el supuesto beneficio de la re-distribución, se transforman así en “benefactores sociales” (los derechos sociales prevalecen sobre los derechos individuales), porque los costos los pagarán otros a futuro. Asumen que representan el bien común[11] y en realidad, para sostener el gasto en una espiral inflacionaria por lo expansiva, acorde a las demandas, deben incrementarlo echando mano a todos los recursos disponibles.

Nos persuaden con el eufemismo de lo nacional, de lo que nos pertenece a todos, pero lo cierto es que los únicos que hacen uso y abuso de aquello que en teoría nos mancomuna, no es ni más ni menos que el propio Estado.[12]

Cuando se quiere "distribuir equitativamente la riqueza se termina en sistemas totalitarios" (tal como vimos herencia de los principios de la Revolución Francesa). La pretendida igualdad es un mito que solo sirve al discurso de los políticos.

Pero las consecuencias son más graves aún: la intervención del Estado cuando se alteran los incentivos, no se tienen reglas claras y estables – decimos: estabilidad jurídica – no se cumplen los contratos (Ej. se expropian empresas, etc.) las perspectivas de inversión caen, la producción disminuye, el empleo privado entra en riesgo y o crece el empleo no declarado o el Estado incorpora o subsidia al desempleado.

Resumen: la tasa de capitalización (ahorro e inversión) disminuyen y el Estado debe crecer desmedidamente para cubrir todas las brechas. Y el elefantiásico tamaño del Estado aumenta y necesita combustible para seguir funcionando.[13]

Finalmente no es el mercado sino el Estado el que asigna ineficientemente. Y  no tenemos que ir muy lejos para comprobarlo. Baste analizar las políticas públicas, ineficientes, en franco deterioro y que agravan las inequidades cuando se establecen desde el Estado por su fragmentación, distorsión geográfica (algunas regiones tienen todo mientras otras no alcanzan lo mínimo), desfinanciamiento y calidad de sus servicios. etc.

No reniego que el Estado las realice, pero no con criterios de dádiva redistributiva, sino con el de “acercarlas” a las reales necesidades de la gente, lo que si ofrecerían oportunidades de mejora, si su diseño fuera en forma de subsidiar esa demanda. La gente encontrará rápidamente y sabrá entonces encontrar el camino para apropiarse de los beneficios.[14]

Y cuando hablo de ofrecer y acercar oportunidades me refiero a “poner la manzana” cerca del que la necesita y elija comerla. Este solo hecho disminuirá las diferencias y cohesionará la sociedad, en base a un “acto justo”, no desde lo moral, sino desde la satisfacción de la necesidad concreta. Y disminuir la brecha no significa “igualar”, que considero una utopía por lo imposible e innecesario.

Acaso ¿puede pensarse sinceramente que el Estado – en nuestro país – ha asignado bien a pesar de las "cajas de las que se ha apropiado "?,.. ¿O que la situación de los – más desfavorecidos – ha cambiado algo?,.. Para no ir tan lejos: ¿puede pensarse que la re-distribución por medio de los planes sociales ha significado un cambio sustantivo (de mejora) en las condiciones de vida de los más necesitados?,.. solo les permite superar a duras penas "el hoy",.. pero no les permite enfrentar el futuro !!!!

Nuestro país es un enorme desierto que produce menos de lo que potencialmente podría y solo depende de unos pocos bienes primarios de producción y de un pobrísimo intercambio,... y cada vez menor a medida que nos aislamos del mundo y se imponen restricciones en la balanza de pagos.

Las restricciones en los intercambios terminan beneficiando a unos pocos que se convierten en monopólicos, determinan los precios y además son protegidos mediante aranceles o subsidios. Las diferencias en los precios, tanto como el gasto lo pagamos todos los argentinos.

Nuestro país es un claro ejemplo de una economía sin rumbo, con medidas circunstanciales y cuyas consecuencias pretende paliar  mediante la redistribución.

Lo que la clase política no entiende es que la única salida es con seguridad la más difícil: generar más riqueza, que permita a todos apropiarse de ella en diferentes momentos y de diferentes formas, de acuerdo a las posibilidades de cada uno. “Agrandar la torta” es el camino que permite igualar “hacia arriba”.

En vez de las políticas keynesianas de incremento del gasto público – que genera una falsa sensación de bienestar – que se basa en el consumo, en la creencia que la demanda orienta la oferta (contraviniendo la ley de Say). Sin prever que a largo plazo alguien pagará la fiesta.

La inflación es solo un síntoma del camino errado: “….la existencia de inflación supone menores posibilidades financieras de las empresas a la vez que presenta ingresos ilusorios. Las inversiones a corto plazo se sobrevaloran por sobre las de largo plazo. Así es como las economías inflacionarias engendran una mayor tasa de riesgo que hace caer el nivel de inversión, atentando así contra las perspectivas futuras.,,,”[15]

Así pues se hace inevitable la crisis y cierre del ciclo económico: la normalización de la economía sólo puede llegar cuando el nivel de inversiones se ajuste al nivel de ahorro real de la economía.[16]

El comportamiento liberal es el que se corresponde con una democracia: que tal como la entendemos es la facilitación de acuerdos entre grupos e individuos que piensan distinto o tienen diferentes intereses.

Pero para que ello sea posible es necesario prestarse al debate lógico de las ideas, con mutuo respeto, también para las más inverosímiles y aún a sabiendas que existirán quienes – dogmáticos o fanáticos – no procederán de manera recíproca e intentarán imponerse por cualquier medio, por más brutal e irracional que sea.

Es un defecto y no una virtud el que no se concedan espacios para los acuerdos o el debate aún ante opiniones (necesariamente) opuestas o con matices que ofrecen diferentes alternativas. Tanto como desmerecer o descalificar las opiniones distintas por el solo hecho de serlo.

La justicia solo es la que impone la supuesta mayoría (que puede construirse rápida aunque a veces transitoriamente). Pero esa legitimidad se la puede esgrimir indefinidamente porque es para defender las banderas que le dieron origen: la re-distribución de la riqueza, la lucha contra las oligarquías (y entrando en el campo de la devaluación de quienes deberían ser coactivos en el constructo social): los enemigos,... los oligarcas,…  que inevitablemente se los identifica con el liberalismo – en un tan fácil, como interesado análisis – son los anti-patria y lo antipopular !! Afortunadamente hoy no existe la guillotina, aunque si múltiples formas de descalificación y abuso desde el poder.

El liberalismo económico está indisolublemente ligado al político, la confrontación se ha dado porque el pensamiento Keynesiano (y la socialdemocracia) ha penetrado profundamente en nuestra sociedad, muchos "liberales" han tenido temores de sus propias ideas y se dejaron llevar por el preconcepto de "la foto" en la economía, olvidándose que en realidad es una película. Muchos creyeron que el mercado no corregía las injusticias sino que las provocaba y mantenía: se quedaron con la foto y no pensaron en que la libertad de mercado todo funciona como una película que permanentemente tiende de manera asintótica "al equilibrio".

Las sociedades que  mantienen los esquemas redistributivos disminuyen la cohesión social: se incrementan la disgregación y confrontación – tal como vemos en nuestra sociedad – y que fuera preconizado como parte del proceso político.[17]

Esta es la estrategia preferida de los gobiernos populistas.[18] Pero las consecuencias esperadas no son las deseables para maximizar el bienestar general.

Desde la Ilustración Escocesa la lucha por la liberación contra el absolutismo monárquico ha sido una constante. Los tiempos han cambiado y las variantes han sido muchas, pero todavía – a pesar de los ideales liberales de nuestros próceres – no ha sido resuelta la relación entre gobernantes y gobernados. A pesar del tiempo transcurrido el ejercicio del poder por los gobernantes solo ha cambiado el ropaje.

Resulta obvio pero es necesario destacar que resulta mucho más factible poner límites en los países en donde existe un mayor control republicano.

Hoy seguimos luchando porque más allá de los intereses políticos populistas se nos responda con políticas que nos permitan alcanzar las condiciones del país que una vez intentamos ser.

                                                                                             Buenos Aires, 20 de Diciembre de 2012
Referencias:


[1] Morris, R. B. Seven Who Shaped Our Destiny: The Founding Fathers as Revolutionaries (New York: Harper & Row, 1973)
[2] Secondat de Montesquieu, I. “Les politiques de la Terreur” (1793-1794). http://calenda.org/189936 (2005)
[3] Keynes, J. M. “Teoría General del empleo el interés y el dinero” (1936)
[4] Nota: “Clientelismo” relación dióxica (o por intermediación) para obtener beneficios de un dador con poder a cambio de fidelidad en el voto y consideración política. Sistema de protección y amparo asegurado por quienes tienen poder a los que se someten a ellos y sirven a sus fines.
[5] Montaner, C. A. “Las falacias del igualitarismo” (2012)
[6] Mises, L. “La Acción Humana: Tratado de Economía” (1949)
[7] Boragina, G. Comunicación en intercambio via Linkedín “El Liberalismo en la Argentina” (2012)
[9] Nozik, R. “Anarquía, Estado y utopía” (1974)
[10] Boragina, G. Ibíd.
[13] Diaz Villanueva, F. “Más gastos, más impuestos, menos crecimiento” (2012)
[14] Filgueira Lima, E. “El Sistema de Salud en la Argentina y los fracasos en sus intentos de reforma” http://www.academia.edu/1914285/El_Sistema_de_Salud_en_la_Argentina_y_los_fracasos_en_sus_intentos_de_reforma  
[15] Perazzo, F. Íbid
[16] Ravier, A. “El debate entre Hayek y Keynes, actualizado” (2011) (Citando a Hayek)
[17] Schmidt, C. “El concepto de lo político” (1936)
[18] Laclau, E. “Debates y combates” (2008)

(*) Dr. Eduardo Filgueira Lima 
Magister en Sistemas de Salud y Seguridad Social
Magister en Economía y Ciencias Políticas
Director del CEPyS

Fuente: Comunicación personal del autor.