viernes, 21 de diciembre de 2012

Realidades

Por María Celsa Rodriguez (*)
El soberano acto de votar nos coloca a todos los ciudadanos en el momento de decidir a quien queremos que nos gobierne en  un estado de responsabilidad e incertidumbre. Sin embargo  se sabe que eso significa que se ha aceptado un proyecto  con todas sus consecuencias.Y se han puesto las esperanzas en ese gobernante elegido para que satisfaga todas las exigencias. 

Pero   resulta que,  cuando el ciudadano  no encuentra las respuestas en aquel que eligió,  a lo largo del ejercicio del mandato, se da cuenta que esas ausencias de atenciones, a la larga van en perjuicio de su propia seguridad personal. Porque vivir, implica satisfacer las necesidades básicas, pero esto ¿cómo se logra  en una economía absorbida por una latente inflación que día tras día va desvalorizando los salarios? Y en un estado de indefensión constante, por parte de un sistema que los abandona y no los atiende.

La realidad en que se mueve el gobierno dilapidando  los dineros públicos, se contradice con la agobiante necesidad de ciertos sectores que carecen de los elementos más básicos: como agua potable, vivienda, cloacas, caminos, centros sanitarios, escuelas, etc.


Muchos rincones alejados de los centros urbanos son una muestra cabal de tantas carencias al que el Estado da la espalda o los invisibilizan de la realidad. Mientras se gastan millones en el  Fútbol para Todos, en la publicidad oficial, en mantener una aerolínea  de bandera mal administrada.


La realidad del pueblo es de una naturaleza independiente a esa  realidad en que se mueve el poder gobernante. Y para poder entenderlo hay que hacer un análisis separado y totalmente opuesto a lo que el ciudadano que votó un proyecto de país, pretendió.

Hay dos Argentinas que se separan en sus pretensiones y en sus realidades. Una, vive en un mundo mágico y fantástico que se sustancia entre las paredes del poder, la fastuosidad, el despilfarro y lo concheto de Puerto Maderos. Y la  otra totalmente sensible a las carencias, al esfuerzo y  a las necesidades. Inmiscuida en sus propios problemas, que a veces se universalizan, alineándose a colectivizarse con otros en las mismas condiciones.

Pero el poder busca por sobre todas las cosas conservarse en su territorio idealizado y perpetuarse en  él. Ese deseo de perpetuidad solo lo logra con la seducción de aquel que vive  en ese mundo de carencias y que es sustentado por los subsidios que los esclavizan a ser sometidos, para que aquellos se garanticen un triunfo.


Entonces ¿que nos queda al resto? ¿Solo manifestarnos? ¿Callarnos y observar? ¿Seguir gritando y dándole a las cacerolas, aunque no nos escuchen?
Es verdad que existe un anhelo de cambio,  porque lo que hay hasta ahora ha generado  un macro hartazgo, que se extiende como una mancha de aceite sobre la conciencia social. Sentimos que algo se ha roto en el corazón de la república. Y cuando algo se rompe hay que arreglarlo. La pregunta es ¿cómo lo arreglamos?


Se requiere de una revolución de conciencias, de neuronas con interés patriótico, que generen un cimbronazo  lineal. La oposición ¿está en condiciones de tomar la posta y elevar esas aspiraciones, o está apichonada en las faldas del oficialismo?


Hay muchos que entienden la importancia de ese cambio, pero sucede que se carecen de la creatividad intelectual para llevarlas  a cabo.  Y para ello además es necesario de un apoyo de todos los sectores.
Hasta ahora teniendo como elementos comparativos lo que ha pasado el 13S y luego el 8N, ha quedado plasmado que  solo el pueblo libre de banderías,  ha mostrado que tienen el coraje necesario para decir ¡Basta!

Pero ¿cómo termina  el 2012? Parece que el balance  no cierra con una imagen positiva para el cuadro presidencial, los colores  están desteñidos, y los brillos y las pátinas se han resquebrajado.


Muchas cosas quedaron inconclusas y algunas duermen en la agenda sin ni siquiera haber sido  ojeadas, en este año que ya termina. Temas que son tan preocupantes para el ciudadano, pero tan indiferente para la Sra de La Rosada. La inseguridad y la inflación son las cuestiones  que mas preocupan. En cualquier charla es de lo primero de que se habla, pero pareciera que para la Presidente, si de eso no se habla es que eso no existe.  Porque las cosas son prioritarias en tanto y en cuanto  Ella lo decida, cautivada o no  por el humor social.


Un nuevo año comenzará arrastrando los mismos problemas de siempre.
Y mientras los años pasan, las carencias continúan, frente a una realidad  alejada de la visión oficial.


(*) María Celsa Rodriguez. Abogada, periodista y analista política.
www.chacorealidades.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal de la autora