martes, 18 de diciembre de 2012

¿Reforma o re-elección? Un viaje a la perpetuidad

Por Jorge Vanossi (*)
Los círculos áulicos del entorno de la Presidenta lanzaron un desafío a la ciudadanía argentina: la re-reelección y sostienen que quienes se oponen a la reforma lo hacen así porque “… tienen miedo de confrontar en el 2015”. Nosotros aceptamos ese reto y contestamos en consecuencia, que precisamente nos oponemos al reeleccionismo puro y simple que convierte a la reforma en una cuestión electoral, o, más simplemente, en un atajo “electoralero” (sic). La razón: que la reelección de la reelección en el marco de un hiper -presidencialismo (hoy ya cesarista) no resuelve ninguno de los problemas de la sociedad argentina (ya se tiene acumulado bastante “poder” para encararlos) y crea el riesgo concreto del acrecentamiento de la corrupción a través del fortalecimiento de los entornos por vía del continuismo.
De todos los argumentos conocidos, pocos tan convincentes como el expuesto por Octavio Amadeo en “Vidas Argentinas”, hace casi un siglo. Palabras lacerantes: “El enorme poder del presidente, entidad fabulosa, no creada, sólo organizada y domesticada, que viene del clan, de las cavernas, con viejos y obscuros pergaminos. Jefe, caído, emperador de gorro frigio, obra maestra de 1853 para dominar la anarquía y consolidar la unión, de fuerza acrecida en la gimnasia de mandar; han fallado todos sus frenos de contención, menos uno, el de la no reelección, que es nuestra única fortaleza de libertad y debemos defenderla. Nuestro tirano muere a los seis años al dar a luz al sucesor”. En síntesis: la reelección no es peligrosa por sí misma; lo es en la lógica de un régimen deformado de ejecutivismo; y no lo sería tanto en el seno de un sistema más equilibrado de poder. Más controles, más garantías, más responsabilidades: reglas de oro de la democracia constitucional. Mayor es el peligro cuando se trata de un intento de “re-reelección” o de reeleccionismo ilimitado en el tiempo.
El otro argumento que se ha esgrimido en estos días, es el de una supuesta “proscripción” de la actual Presidente, que se consumaría en el caso de no modificarse el Art. 90 de la Constitución para permitir su inmediata re-reelección. A esto basta con responder que la Constitución no “proscribe” a nadie: sólo exige que medie un período intermedio antes de pretender nuevamente el regreso a la titularidad del Poder Ejecutivo. Si ello fuera “proscripción”, deberíamos concluir que el propio acusador es un “proscriptor” (sic), por cuanto su propuesta de admitir la re-reelección inmediata en el marco de tres períodos de cuatro años, traslada el mismo problema a los doce años, al cabo de los cuales estaríamos otra vez ante un caso de “proscripción”.
Por lo tanto, el argumento de marras no es otra cosa que un sofisma …; salvo que propongan volver lisa y llanamente al sistema de la Constitución de 1949 (el reeleccionismo ad infinitum) ¿No será esa la intención? ¿Estaremos regidos por un sistema de “despotismo no ilustrado”?
(*) Jorge Vanossi. Ex Ministro de Justicia de la Nación y Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Artículo publicado por El Cronista y por Libertad y Progreso el 14 de Diciembre de 2012