viernes, 21 de diciembre de 2012

Un piso muy alto

Por Luis Tonelli (*)
“¡Y faltan todavía tres años!” Esa es la frase del momento, que se escucha en los cocktails y despedidas. Dicha compadecidamente pero con interna e indisimulable satisfacción. De nuevo, en el aire esto de que el “kirchnerismo no llega”, o el más brutal: “Esta no termina”.


Aserto notable para decir con tanta confianza, ya que ¿cuántas veces fue dicha y cuantas veces desmentida?. Más que un pronóstico fullero, en realidad, se trata tanto de un deseo como de un santo y seña de los “antikirchneristas” en esta polarización tremenda que cruzó todo el 2012. Polarización en la que el Gobierno, por solo el hecho de ser Gobierno, pero en este caso en especial, tuvo la responsabilidad mayor.

Por supuesto que un pronóstico de renuncia de un Presidente es más creíble en la Argentina que en los Estados Unidos (pese a que en el gran país del Norte se han cargado a unos cuantos, y no precisamente a todos por medios institucionales). Por supuesto que todavía está en el imaginario colectivo el 2001 con la seguidilla de Presidentes caídos. Y también, se estuvo al borde de la renuncia luego del voto no positivo de Cleto Cobos -aunque las versiones dicen que fue CFK la que resistió tomarse el helicóptero al que quería subirse NK.

Pero después, todos estos años nos demuestra que en cada baja hubo alza. Que el kirchnerismo se especializa en eso de “boxear desde el suelo”. Que le va mejor en la recuperación que en la cima: cada vez que alcanza una posición confortable de poder, se ocupa esmeradamente de complicarse, perderse, y cometer los mil errores no forzados.

Tantos que su simple enumeración doblaría al menos la extensión permitida de este artículo. Y más cuando se trata de una año económico que viene mal, y el Gobierno con su mala praxis se ha ocupado de hacerlo peor (compárense con el resto de las economías latinoamericanas) y cíclicamente, lo ha convertido en un mal año político (justo un Gobierno que se considera anticíclico por naturaleza).

Puede decirse que el kirchnerismo ha tocado fondo. No podría ser de otra manera, después de este año horribilis y especialmente este fin de año horribilis. Si, pero se trata de un fondo que está a varios miles de metros sobre el nivel del mar. Y de un mar en el que se encuentra sumergida la oposición. Las encuestas que hablan de una caída en la popularidad presidencial por debajo del 40% están hechas un fin de semana en la intercountries anti K o en el quartier de Palermo Chico.

Las encuestas serias hablan de una intención de votos al oficialismo que supera, y bastante, el 30% (recordemos que según nuestra Constitución de 1994, se es Presidente con solo obtener el 40% de los votos positivos, si el primero le lleva una diferencia de 10 puntos al segundo).
El kirchnerismo tiene un capital político impresionante: semejante caudal de reserva electoral, basado en la fidelización que todos estos años ha trabajado en los sectores menos favorecidos el apoyo de la “progresía” urbana, y no poco peronistas que votan al “compañero/a” con más posibilidades de ganar, cualquiera sea el susodicho/a. Capital reforzado con ingentes recursos estatales nacionales, frente a los cuales, incluso los opositores que gobiernan algún distrito son Gullivers en Lilliput.

Entonces, el kirchnerismo no enfrenta un escenario catastrófico ni económico ni político ni mucho menos. Puede reptar y todavía ser muy competitivo, especialmente con una oposición fragmentada -y que encima compite entre ella y también comete errores no forzados-.

Como están las cosas, el Gobierno no puede ni soñar con la re-re-elección de CFK -aunque tiene que siempre mantener esa llama encendida, según aconseja el manual de la gobernabilidad argentina-. Pero si puede convertirse en el 2015 Gobierno Elector o Deselector, cosa que sabe Daniel Scioli, y por eso no rompe como le piden los exaltados, y se mantiene estoicamente en la ambigüedad, esa zona que mayores éxitos le ha dado. Y cosa que también sabe Sergio Massa, y quien sabe si se anima a romper para pasar a ser un opositor más, poniendo en juego su importante capital solo para ser diputado y dar una señal que puede ser un boomerang.

Aquí se hay que decir “y todavía faltan tres años”, en los que puede pasar tantas cosas. Incluso, el candidato oficial puede no ganar en primera vuelta y complicársele las cosas en la segunda vuelta, en un remedo de lo que sucedió en el 2003.

Las elecciones intermedias del año que viene nos darán algún panorama más certero de donde está parado cada uno y que puede esperar de lo que viene.

(*) Luis Tonelli. Artículo publicado en 7 Miradas (Editor: Luis Pico Estrada), y en Informador Publico el 20 de Diciembre de 2012.

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=23193