martes, 31 de diciembre de 2013

A todos: FELIZ 2014 !!!

Por CEPyS (*)
A todos nuestros colaboradores, a nuestros lectores, a los integrantes del Centro de Estudios Políticos y Sociales, a la sociedad en su conjunto, nuestros deseos de que recibamos el Nuevo Año 2014, en paz y felicidad, con el deseo de que este nuevo año nos permita encontrar el camino perdido del crecimiento, del desarrollo social y que desde la política y los actores sociales, se posibiliten los cambios necesarios para avanzar en el sentido de lograr una sociedad "abierta", es decir una sociedad libre, pujante y en crecimiento que mejore las condiciones actuales, que debieron ser mejores!!

(*) CEPyS El Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPyS) es una herramienta de difusión del conocimiento, sin ningún interés de lucro.
En el participan autores de diferentes corrientes de pensamiento que contribuyen con escritos, opiniones, investigaciones, publicaciones, etc. al enriquecimiento de lectores ávidos de información calificada.
El mismo representa un medio de información para la acción, en búsqueda de que la difusión de las ideas y el pensamiento permitan mejorar la calidad de vida de la sociedad.

A poco de nuestra conformación nos enorgullecemos de informar que hemos superado las 101.000 consultas y que los artículos principalmente consultados fueron:

En el total de las publicaciones:

En el último mes:
  1. Anarco Capitalismo vs Balance Nacional de Masa Monetaria (BNM²)
  2. Hacia un sistema de atención médica focalizado en el subsidio a la demanda
  3. Seminario: Repensando las Políticas Públicas,..
  4. La distribución de la riqueza no vale nada
  5. Importancia de los precios relativos
Es por todo ello que agradecemos a nuestros colaboradores y lectores, ya que entendemos que hacemos nuestro aporte desde el conocimiento para lograr un país mejor!!

Comunicamos a su vez nuestro receso hasta inicios de Febrero de 2014


lunes, 30 de diciembre de 2013

El año que viviremos en peligro

Por Tomás Bulat (*)
Un título de una nota que no incentiva a leer el contenido ni por casualidad, sin embargo creo que refleja el desafío que viene por delante en la economía Argentina. ¿Por qué digo que se trata del año que viviremos en peligro? Porque hay que tomar decisiones que definirán no solo el 2014, sino los años por venir. 
La política económica puede, durante este año, dedicarse a cerrar algunos desequilibrios, o puede patear los problemas para adelante y ampliar las divergencias ya existentes. 

¿Cómo termina el 2013?
El año termina con un diciembre que resume los desafíos del año 2014. Los problemas de la economía argentina no son de demanda, son de oferta. No es que la gente no pueda pagar la luz, es que no hay suficiente energía para todos los que la demandan. No es que no haya dinero para comprar autos o para viajar al exterior, lo que no hay es oferta de dólares para poder hacerlo. No es que no haya gente en condiciones de tomar préstamos hipotecarios, el problema es que no se consigue quien los otorgue. Hay que entenderlo no tenemos problema de demanda, tenemos problemas de oferta.

Entonces si el gobierno sigue fomentando la demanda y castigando la oferta, señores lo único que tendremos será cada vez mayores  problemas. Más inflación, más déficit energético, menos reservas y menos crédito. Es decir los desequilibrios se seguirán ampliando. Eso nos deja diciembre para arrancar enero, más inflación y más déficit, más emisión y un dólar que está despegando.

Vivir en peligro
¿Cuál es el mayor peligro para la economía argentina? Que se quede sin dólares para poder pagar las importaciones que este país necesita para funcionar de manera adecuada. Dado que no tenemos acceso al crédito internacional, y no hay condiciones para que el sector privado incorpore dólares a la economía, el único proveedor es el comercio exterior (las exportaciones) y el BCRA. Como las exportaciones no crecen hace 2 años y las perspectivas es que el año que viene caigan en relación al 2013, está claro que las reservas del BCRA correrán con la carga de financiar las compras al exterior.

Ustedes piensen que el año que viene se estima que se van a necesitar importar unos 15.000 millones de dólares en energía. Eso es cerca del 24% del total que se consume en el país. Si de pronto no hubiera dólares para pagarlas, tendríamos un 20% menos de combustibles, de luz, de gas, etc. Imagínense la economía argentina con un 20% menos de energía que hoy.

O, por ejemplo, que no se pudieran importar las autopartes para producir los automóviles con el consecuente parate en toda la cadena automotriz. O bien que tampoco se pudiera continuar con el ensamble de televisores o de heladeras en Ushuaia por falta de las piezas importadas. O los problemas en el sector salud, si no existieran dólares para vacunas, medicamentos, aparatos de alta complejidad, etc.

Por lo tanto, de seguir el impulso al consumo, sin modificar la oferta, nos comeremos los dólares que se necesitan para seguir produciendo.

Es decir que si en 2014 se continúa con esta política, la situación macroeconómica  que dejará al 2015 será mucho más desequilibrada y con menores recursos acercándose a un parate brusco de la economía. 

A medida que pasa el tiempo, se aleja la posibilidad de un aterrizaje suave de la economía. Piensen que un nivel deseado de reservas para un país que tiene muy complicado el acceso al mercado de capitales es de un año de importaciones. Hoy la Argentina importa por 76.000 millones de pesos, por lo tanto las reservas cubren tan solo cinco meses de importaciones.
Las reservas hoy son como el tanque de nafta de un auto. Con un cuarto de tanque se puede seguir a 140 km por hora, pero si no vamos desacelerando y bajando la velocidad, sin combustible un auto pasa de 140 a 0. Es irresponsable seguir gastando  el combustible, tratando que el auto lo maneje otro cuando sufra el frenazo. 

Es por ello que el 2014 es crucial. No por todo lo que pueda pasar durante el año, sino por los desajustes que puede dejar en el 2015. Esperemos que prime la responsabilidad de largo plazo antes que el relato de corto.

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El Punto de Equilibrio" el 27 de Diciembre de 2013

¿Conocerá Kicillof la teoría subjetiva del valor?

Por Roberto Cachanosky (*)
La teoría  del valor es la que determina, en definitiva, el precio de los bienes en el mercado. Los acuerdos de precios ignoran las valoraciones de los consumidores
Como gran innovación y creatividad en materia de política económica, el gobierno acaba de anunciar un acuerdo de precios para una cantidad de productos. Dudo que tenga algo de acuerdo, en el estricto sentido de la palabra, pero de lo que sí estoy seguro es que no es de precios, sino de números elegidos al azar o porque al burócrata le parece que ese el precio. En materia de precios no hay aplican la ciencia, aplican el “me parece”.
A esta altura del partido queda en evidencia que ni Moreno ni Kicillof parecen haberse tomado el trabajo de estudiar la teoría  del valor, que es la que determina, en definitiva, el precio de los bienes en el mercado.
Se sabe que las cosas no tienen valor por sí mismas sino que son las gentes las que les otorgan valor a las cosas. Es más, una misma persona le otorga a las cosas un valor diferente dependiendo de las circunstancias. Un hombre desesperado de sed en el medio del desierto pagaría fortunas por un vaso de agua. Ese mismo hombre, sentado cómodamente en su casa (no de Argentina porque falta luz y agua) con abundante agua corriente no pagaría una fortuna por un vaso de agua. El valor que le da al vaso de agua una misma persona cambia según las circunstancias.
Además, las personas no valoran del mismo modo el mismo bien. A mí no me divierten las motos y no pagaría por tener una. Seguramente Boudou sí pagaría buen dinero por una moto.
Cada persona valora las cosas de diferente manera que el resto de la gente y también las valora diferente dependiendo de las circunstancias.
Es más, existe lo que se llama utilidad marginal decreciente. ¿Qué es esto de utilidad marginal decreciente? Imaginemos a una persona con hambre. Se sienta en una pizzería y come la primera porción de pizza con muchas ganas. Come una segunda porción también con muchas ganas. Una tercera con algo menos de ganas. Una cuarta de gula. Hasta que llega a la quinta porción y ya no puede más. La sexta le produce rechazo. No quiere saber nada más de seguir comiendo pizza. Bueno, la utilidad de cada porción de pizza es decreciente. A medida que la persona del ejemplo va comiendo cada porción de pizza va teniendo menor utilidad para él. Le otorga menos valor a la cuarta porción de pizza que a la primera.
Bien, imaginemos ahora la cantidad de consumidores que hay en Argentina y la variedad de bienes y servicios que hay en oferta. Ropa, alimentos de diferentes tipos, autos, esparcimientos de toda clase, electrodomésticos, calzado, informática, muebles, artículos de decoración, etc.
Pregunta elemental para Kicillof: dado que los recursos son escasos y la gente valora cada bien de diferente manera, ¿cómo hace Ud. para decidir qué hay que producir, en qué calidades, en qué cantidades y a qué precios hay que vender cada bien? Porque le recuerdo a Kicillof que, encima que la gente valora diferente cada bien, además una misma persona va modificando sus valoraciones. ¿Recuerda Kicillof el ejemplo de la pizza que di más arriba?
Claro, lo anterior es válido si quien se sienta en el sillón de ministro de Economía no se considera un ser superior que cree conocer cada una de las valoraciones que cada una de las personas le otorga a cada bien y servicio que se ofrece en la economía y, además, no se cree un superhombre que tiene la gran capacidad de conocer los permanentes cambios de valoraciones que millones de personas tienen sobre todos los bienes y servicios de la economía. Ni la computadora más veloz podría hacer esa estimación. Dicho más directamente, una planilla Excel no puede reemplazar el sistema de precios que se deriva de la teoría del valor. La economía no es una planilla Excel, es la ciencia de la acción humana.
Vamos a decirlo de forma más sencilla. Como afirmaban nuestros abuelos: en la vida todo no se puede. ¿Qué contenido económico tiene esa frase? Que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Esto quiere decir que uno no puede comprar todo lo que quiere en la vida. Solo aquello que puede. Tiene que asignar los recursos. ¿Y cómo asigna los recursos? De acuerdo al valor subjetivo que le otorga a cada bien. Compra o deja de comprar un bien de acuerdo a su valoración subjetiva de ese momento. El acto de comprar o no comprar determina el precio. Millones de personas haciendo lo mismo determinan los precios de cada bien en el mercado. Por eso se dice que el mercado es un proceso. Un proceso de descubrimiento en el cual los dueños del capital tienen que descubrir dónde hay una necesidad insatisfecha para asignar sus recursos. Si acierta obtiene ganancias y si se equivoca enfrenta pérdidas. Para eso sirve el sistema de precios que se deriva de la teoría del valor subjetiva, para que los empresarios asignen su capital buscando satisfacer las necesidades de los consumidores.
De manera que lo primero que puede decirse de este “acuerdo” de precios es que consiste en una burrada conceptual que, en cualquier facultad de economía merece un bochazo con un cero gigantesco. Tal es el bochazo que basta con revisar la historia económica argentina y del mundo para advertir que los controles de precios no solo fracasan, sino que, además, distorsionan los precios relativos y no permiten asignar eficientemente los recursos productivos porque no se produce lo que la gente quiere, sino lo que el burócrata manda.
Pero doble bochazo y doble cero merece semejante acuerdo de precios, porque con la expansión monetaria que genera el BCRA para financiar al tesoro en su déficit fiscal, la realidad es que no suben los precios, sino que se deprecia la moneda.
¿Cuál es la diferencia entre una suba de precios y la depreciación de la moneda? Por ejemplo, supongamos que hay una sequía y la cosecha de tomates es la mitad de la normal. En ese caso la menor oferta, si  la demanda se mantiene constante, suben los precios. Pero no suben todos los precios de la economía, sino el precio de los tomates. Ahora,  cuando todos los precios suben al mismo tiempo, entonces estamos frente  a un problema monetario,  es decir, frente a un problema de depreciación de la moneda, no de suba de precios. Y ese problema no se corrige con un acuerdo de precios. Se corrige con disciplina monetaria. Pero para tener disciplina monetaria hay que tener disciplina fiscal.
Pero como lo que acabo de explicar es neoliberal y ortodoxo, Kicillof seguirá en la suya. Llenando planillas de Excel que no le servirán para nada, salvo para producir desabastecimiento, productos de peor calidad de los que tenemos ahora y crear mercados negros.
En definitiva, por desconocer la teoría del valor y su influencia en la formación de los precios, Kicillof ya se ha subido al podio de la legión de economistas que fracasaron en Argentina en contener la inflación. Pasará a ser un caso más de la historia de los fracasos en los controles de precios…si es que alguien considera que tuvo tanta relevancia como para citarlo, aunque sea marginalmente, como ejemplo de los que fracasaron.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico. Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 30 de Diciembre de 2013 en la Edición Nº 503

El estado administra casi la mitad del PBI

Por IDESA (*)
El sector público nunca contó con tantos recursos y, paradójicamente, nunca acumuló tanto cuestionamientos de la sociedad a la calidad de los servicios que brinda. Desde familias que migran a la educación, la salud y la seguridad privada, hasta la organización para la auto-defensa o la auto-generación de electricidad con grupos electrógenos. Plantear como principio ideológico el tamaño del Estado es un camino inconducente. La calidad de vida de los ciudadanos depende de una gestión pública inteligente, transparente y profesionalizada.

La experiencia internacional muestra que el progreso de un país no depende del tamaño del Estado sino de la calidad de la gestión pública. Prueba de ello es que en los países más avanzados las dimensiones del sector público son muy variables. Las sociedades más prósperas se distinguen de las más atrasadas por el sentido estratégico en la asignación de los fondos públicos y en la aplicación de técnicas modernas de gestión. En otras palabras, el éxito de las sociedades no depende tanto de la cantidad de recursos apropiados por el Estado a través del cobro de impuestos sino de la calidad de los servicios a través de los cuales los impuestos retornan a la sociedad. 

Según estimaciones recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), el sector público total de la Argentina, es decir, la Nación, las provincias y los municipios, administra aproximadamente el 45% del Producto Bruto Interno (PBI). Esto implica que del total de los ingresos generados por la sociedad poco más de la mitad queda en poder de los privados mientras que el resto es administrado por alguno de los tres niveles del Estado. En el año 2003, el gasto público total representaba el 30% del PBI, es decir que el crecimiento del gasto público total en la última década, en términos del PBI, fue del 50%.

Las estimaciones del FMI también permiten realizar comparaciones homogéneas con otros países. En este sentido, es interesante observar que entre los años 2003 y 2013:
·         En Chile, el gasto público total pasó del 22% al 24% del PBI.
·         En Uruguay, el gasto del Estado creció del 33% al 35% del PBI.
·         En Brasil, el gasto público total aumento del 39% al 40% del PBI.

Estos datos muestran que la tendencia en el Cono Sur fue hacia una mayor asignación de recursos a favor del sector público. Pero la intensidad de los procesos fue muy diferente. En los países vecinos el aumento del sector público se dio por el crecimiento de la actividad económica y un moderado incremento en su participación dentro del PBI. En una década el sector público de esos países creció entre 1 y 2 puntos porcentuales del PBI. En Argentina, en cambio, este nivel de crecimiento se dio en cada año, acumulando en toda la década un salto de 15 puntos del PBI. De un tamaño similar al de Uruguay y por debajo de Brasil, actualmente Argentina es el país con el sector público más grande del Cono Sur.

De todas formas, hay países muy avanzados, como los nórdicos, donde el tamaño del Estado es mayor que en Argentina. La gran diferencia es que en la Argentina el agigantamiento del sector público se dio junto con el empeoramiento en la gestión. De allí la frustración y los legítimos reclamos de la población.

Una de las manifestaciones del deterioro del Estado es la creciente apelación a la inflación como forma de financiamiento. Aunque la presión tributaria creció a niveles récords, no alcanza para financiar el gasto público total. Por eso se recurre a la emisión monetaria sin respaldo a la que se le sumarían las provincias emitiendo cuasi-monedas. La consecuencia es que desde hace 5 años las  tasas de inflación de Argentina son superiores al 20% anual cuando en los países vecinos se ubican entre el 4% y el 8% anual.

Otra manifestación del deterioro es la mala calidad de los servicios que brinda el Estado. Los testimonios son generalizados y en muchos casos dramáticos. La huida de la educación pública es vertiginosa, al punto que 8 de cada 10 nuevos alumnos de primaria y secundaria optaron, en la última década, por establecimientos de gestión privada. En materia de seguridad sigue creciendo la contratación de servicios privados y parte de la población se arma para auto-defenderse de la inseguridad. La insuficiente inversión en infraestructura ha generalizado la auto-generación de electricidad, incluso para el consumo familiar. Lo más paradójico es la elevada proporción de la población que sigue viviendo en la pobreza, cuando el Estado maneja casi la mitad de los recursos de la sociedad.

El debate ideológico sobre el tamaño del Estado es estéril. No es por insuficiencia de recursos sino por insuficiencia de gestión que el Estado fracasa en ofrecer educación, seguridad e infraestructura y no logra eliminar la pobreza. Por eso, el debate relevante pasa por introducir inteligencia, transparencia y profesionalidad en la gestión pública.  
(*) IDESA. Informe Nº 528 del 29 de Diciembre de 2013

sábado, 28 de diciembre de 2013

El disparate del barril sin fondo

Por Alberto Medina Mendez (*)
Algunos acontecimientos aislados de la política cotidiana plantean cada tanto la discusión casi absurda que se sustenta en la opinión, fuertemente arraigada, de que los recursos son ilimitados. En ese contexto, proliferan discursos que instalan la visión de supuestos merecimientos por el esfuerzo que realizan los individuos sin recibir la gratificación adecuada.

Bajo esta exótica forma de razonar, algunos creen haber hecho méritos suficientes y suponen que ese esmero los sitúa en un pedestal ante la sociedad, que sin importar el modo, los debe compensar, eufemismo utilizado para reclamar una retribución económica superior a la actual.

Con cierta descarada actitud, escasa modestia y una inocultable arrogancia, ellos mismo elogian su propia tarea, destacan su valía y con esas razones, poco objetivas por cierto, demandan ser jerarquizados, respetados, léase bien remunerados. Este fenómeno se presenta con diferente intensidad y argumentos según sea el caso de personas que desempeñan su labor en la actividad privada o como servidores públicos.

Quienes desarrollan sus quehaceres en el ámbito privado tienen la intuitiva percepción de que rigen determinadas pautas que vinculan su escala de compensaciones con el eventual éxito o fracaso de la empresa de la que forman parte. Si los vientos son favorables tienen chances de mejorar su situación salarial. Por el contrario, cuando los negocios no encuentran su rumbo, saben que su empleo puede hasta discontinuarse.

Una clase especial de personajes, como el trabajador independiente, el emprendedor, el profesional, esos que hacen de su oficio su forma de vida, advierten que si todo resulta, ganarán; pero si no sale tal cual lo previsto no tienen siquiera su supervivencia asegurada. Todos los meses arrancan desde cero, sin certeza de cómo funcionará y asumen con naturalidad que sus riesgos son incalculables y que casi nada está asegurado.

En el sector estatal las reglas parecieran ser otras. Cierta creencia popular afirma que TODOS merecen cobrar más y que siempre están mal pagados. Es como si esas actividades tuvieran un aura especial por la que policías, médicos, enfermeros, docentes y cualquier otra ocupación dentro del Estado fuera un apostolado, un sacerdocio, una cuestión meramente vocacional. La legislación los protege de modo diferencial, son inamovibles y tienen derechos especiales como la prerrogativa de no ser despedidos porque gozan de una estabilidad laboral plena, pudiendo jubilarse en esos puestos.

Una teoría de gran aceptación, sostiene la ridícula idea de que el Estado puede pagar cualquier cosa, como si el mismo dispusiera de recursos ilimitados, de un don celestial por el cual reproduce el dinero que precisa para abonar lo que sea. En ese esquema los políticos que no aumentan sueldos a estatales son los malos de la película y los que lo hacen son dirigentes con sensibilidad social. En realidad solo se trata de asumir con responsabilidad la gestión de administrar los recursos de los contribuyentes.

Es importante cuestionar esta concepción por la que todos los trabajadores estatales tienen "legitimo" derecho a solicitar incrementos en sus remuneraciones, solo porque "no les alcanza" y "se merecen", siendo imprescindible derribar el mito del Estado que dispone de fondos infinitos.

Por obvio que parezca, algunos aun no han aprendido que las arcas públicas se nutren de impuestos, que son detraídos coercitivamente cuando el Estado se queda por la fuerza con una parte, cada vez más importante, del fruto del esfuerzo de los individuos. Pero también se financia con endeudamiento, cuando el insensato gobernante de turno, decide gastar dinero que no tiene ahora, endosándole a las generaciones venideras la carga de abonar esa deuda contraída. Y claro está, cuando lo anterior ya no alcanza, los funcionarios que haciendo uso de la potestad jurídica de emitir moneda en cualquiera de sus formas, acuden a la reproducción de dinero artificial, ese mecanismo que genera la inflación que todos padecen.

Mientras no se sincere el debate, se seguirá repitiendo en público lo políticamente correcto, afirmando demagógicamente que todos merecen cobrar más, que se gana poco y que los empleados estatales deberían ser mejor compensados. Se debe abordar la cuestión de fondo para entender que las ingresos solo aumentan genuinamente cuando vienen de la mano de la mayor productividad. Mientras tanto se seguirá girando en círculos, sosteniendo ideas que no se condicen con la realidad, y que desilusionan cíclicamente hasta que se advierta que la "fabrica de dinero" tiene un costo y que, como decía un controvertido economista, "en economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias".

Defender ideas equivocadas no es gratis. No es una cuestión reflexiva o filosófica. Cuando se sostienen principios erróneos se toman decisiones desacertadas y el desenlace es predecible. El despilfarro estatal, la irresponsabilidad en la administración de la cosa pública, la corrupción y la inflación son absolutamente indisimulables, pero todo esto sucede porque la ciudadanía sigue creyendo mayoritariamente en el disparate del barril sin fondo.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político. Artículo publicado en INFOBAE el 22 de Diciembre de 2013

Generación de energía creció menos de la mitad que el PBI

Por IDESA (*)
El colapso del sistema eléctrico nacional testimonia las consecuencias de haber perseverado en políticas populistas. Tarifas fijadas en valores artificialmente bajos exacerban el consumo y desalientan la inversión. Las inconsistencias se disimularon durante mucho tiempo gracias a la expansión de la capacidad de generación de electricidad en años anteriores. Pero consumidas las inversiones acumuladas en la década de los ´90 llegaron los cortes. Esto provoca enormes daños en la calidad de vida de las familias y en la productividad de las empresas.
              
Los sistemáticos y prolongados cortes en el suministro de electricidad en la Ciudad y el Gran Buenos Aires y en muchas ciudades del interior del país generan malestar en la población y perjudican la producción. En el diagnóstico oficial se enfatiza las condiciones climáticas adversas que exacerban el consumo. Sin embargo, las características que están mostrando los cortes sugieren un problema más estructural similar al que en otras épocas sufrió la Argentina

Para dilucidar esta importante cuestión resulta pertinente analizar la evolución de la  potencia efectiva instalada. Es decir, la capacidad que tienen las centrales eléctricas de entregar energía de manera continua a las distribuidoras de electricidad. Obviamente que para evitar cortes es necesario que dicha capacidad evolucione de manera consistente con la demanda de electricidad. Planteado de manera aproximada, el ritmo de crecimiento de la oferta energética debería ser similar al crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI).

Según información oficial publicada por CAMMESA (Compañías Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A.) sobre potencia efectiva instalada y el Ministerio de Economía sobre el PBI para los últimos 20 años se observa que:
·         Entre los años 1993 y 1998, el PBI creció a una tasa del 4,7% promedio anual y la potencia instalada de energía al 6,1% promedio anual.
·         Entre los años 1998 y 2003, el PBI cayó a una tasa del -2,3% promedio anual pero la potencia instalada de energía siguió creciendo al 4,0% promedio anual.
·         Entre los años 2003 y 2013, el PBI creció a una tasa del 6,5% promedio anual y la potencia instalada creció apenas al 3,2% por año.  
Estos datos muestran que hasta el año 1998 la capacidad de generación eléctrica creció a un ritmo superior al de la economía. Con la caída en la producción cuyo pico se da en el 2002, se profundizó la holgura en materia de disponibilidad de energía ya que la capacidad de generación siguió creciendo mientras la actividad económica disminuía. Pero a partir del año 2003 las tendencias se revirtieron creciendo la potencia instalada en menos de la mitad que el PBI. Esto inevitablemente, y más allá del clima, derivó en la crisis actual.

El insuficiente crecimiento de la capacidad de generación se explica por la deficiente política de regulación eléctrica. Una arista central es la fijación de tarifas artificialmente bajas compensadas con subsidios. Entre los años 2003 y 2012 el costo de generar electricidad se multiplicó aproximadamente por 9, pero los precios que pagan los usuarios por 3. Para paliar semejante inconsistencia, CAMMESA recibe fondos del Tesoro nacional. Administrados de manera poco transparente se estima que este año se asignaron a esta finalidad $40 mil millones, o sea, la mitad del déficit fiscal. Estos subsidios benefician fundamentalmente a las familias que viven en la región metropolitana. Por eso, en la Ciudad de Buenos Aires, es decir donde vive la población de más altos ingresos del país, se paga por la electricidad menos de la mitad que, por ejemplo, en Santa Fe o en Córdoba.

Los cortes de luz ilustran las consecuencias del populismo. Con irresponsabilidad y demagogia se usaron inversiones hechas en el pasado para sostener tarifas que no compensan los costos de producción. Esto fatalmente terminó en la escasez que son los cortes de luz. El beneficio de las tarifas bajas queda eclipsado por los enormes daños que generan los cortes. Familias y empresas ahora están pagando las consecuencias de esta política con descomposición de alimentos, pérdidas de horas de trabajo y gastos adicionales para proveerse individualmente de electricidad con grupos electrógenos.


La solución estructural es fijar las tarifas acorde a los costos de producción acompañadas por una tarifa social para los hogares de más bajos recursos. Esto va a alentar las inversiones que permitirán evitar los cortes y mitigar las muchas oportunidades de corrupción que generan los subsidios. Tan importante como volver a contar con un sistema eléctrico confiable es que se eliminará la injusticia de que la gente del interior pague impuestos para que las familias de Buenos Aires disfruten de tarifas artificialmente bajas.
(*) IDESA. Informe Nº 527 del 22 de Diciembre de 2013

Los subsidios sirven de caja política y son producto de la corrupción

Por Jorge Luis Vitale (*)
La distribución de los subsidios en trasporte: Es la causa por la cual se generan estos hechos que perjudican a tantos usuarios de los ferrocarriles, causando lesiones y muertes. Si se debe analizar no es si se pagan o no subsidios, si no que el subsidio llegue a quien lo necesita y no a grandes empresarios y funcionarios para que se enriquezcan. La mala distribución de los subsidios en la energía, combustibles, trigo, etc. La falta de pago en los subsidios en el planArgentina Trabaja es producto de la corrupción y el aumento en la caja política.

Son lamentables las declaraciones del Ministro Julio de Vido y del jefe de gabinete Capitanich respecto de la “supuesta culpabilidad” de las empresas. Estas “explicaciones” son similares a lo expresado por el ministro Julio de Vido sobre que la falta de energía podría ser a causa de la responsabilidad de las empresas, y la falta de inversión. El tema es que la falta de inversión fue producto de la corrupción, ya que no se controlaba y además muchos de estos subsidios quedaban y quedan en manos de funcionarios a la causa 366/11 en manos del juez Julián Ercolini a cargo del Juzgado Federal Nº 10. Esta causa fue iniciada en el año 2011 y hoy se encuentra sin ningún tipo de movimiento ni investigación. La denuncia penal la presentó el abogado Jorge Vitale contra la señora Presidente de la Nación, Cristina de Kirchner, el jefe de Gabinete Aníbal Fernández y el ministro Julio De Vido y todos los que resulten responsables por el delito de violación a los deberes de funcionario público.

Esta causa de fondo, que el demandante fundamentó en que la distribución de los subsidios (al sector energético y el transporte) es caja de corrupción y no de inversión ya que afirma son dados con total discrecionalidad, sin controles y sin rendir cuentas. En la demanda se afirma que los subsidios nacionales desde el 2003 hasta la fecha, crecieron el 820%. Son fondos destinados a sectores que poco tienen que ver con la pobreza. Los sectores del transporte y energético absorbieron en conjunto y casi en igual proporción cerca del 85% de este tipo de fondos destinados como estímulos del fisco a diversas actividades.

Que, sin embargo, los números del presupuesto nacional muestran que el gobierno continúa profundizando su política basada en el manejo discrecional de los fondos públicos.

Todo a pesar de las promesas desde la administración Kirchner de que para el 2010 y el 2011 este tipo de transferencias del Estado nacional al sector privado y empresas públicas iba a disminuir progresivamente…

El demandante estimó entonces que el total de subsidios de este tipo para el 2011 eran 31.000 millones, que terminó el año con 38.000 y el 2012 con 60.000 mil millones y para el año 2013, 90.000 millones, y terminan siendo las últimas estimaciones 130.000. millones.

Lo más llamativo es que esta inmensa cantidad de dinero poco tiene que ver con las políticas sociales que se intenta aplicar desde el gobierno o los argumentos que se quieren dar para sostener esta masa de fondos dentro de la órbita del Ejecutivo. Como lo demuestra el estudio realizado por la Universidad Católica, y la denuncia presentada por ante el Juzgado N° 5, Secretaría N° 9 Federal, a cargo del Dr. Oyarbide, que lleva el N° 10.331/12, donde se describe la mecánica de distribución, a través de cooperativas inexistentes, y de personas que en vez de entregarse los fondos que corresponden solo se les entrega un parte y el resto es caja política o de corrupción.

Un trabajo realizado por Ricardo Martner, jefe del Área de Políticas Presupuestarias y Gestión Pública de Cepal,-continúa- destaca en este sentido que el coeficiente estimado de Gini del ingreso en los mercados latinoamericanos antes de impuestos y transferencias es de 0,45, pasando a 0,31 luego de la acción “redistributiva” directa del Estado.

Pero esto no tiene nada que ver con el uso discrecional de los fondos públicos que hace hoy el gobierno a través de los subsidios.

Ya que se afirma que si bien los subsidios nacen como medios para redistribuir riqueza, transfiriendo fondos de los que más tienen a los que menos poseen, a esta altura de los acontecimientos se puede afirmar -al cabo de más de siete años en la Argentina- que la gran mayoría de los subsidios no cumplió su cometido.

Así los subsidios terminan beneficiando a ciertos grupos de interés ligados al poder político de turno y a quienes mayores ingresos tienen.

Afirmándose que los ejemplos que reflejan en forma clara esta situación se dan en los subsidios que reciben la energía, el transporte y empresas públicas como Aerolíneas Argentinas, que absolutamente nada tienen que ver con la pobreza.

En la teoría económica y en la literatura relacionada con los diferentes mecanismos de subsidio-expresa- se propone en primer término que… deben otorgarse solamente mientras persista la condición que dio origen a la transferencia.

En tanto la segunda condición se da en el principio de focalización, es decir que los subsidios deben ser canalizados directamente a las personas necesitadas e identificadas como potenciales receptoras.

Son esas las condiciones destinadas a evitar que otras personas, no necesariamente las más pobres, aprovechen el beneficio de la transferencia. Y porque se afirma que masificar un subsidio y sostenerlo en el mediano y largo plazo es sinónimo de ineficiencia y corrupción. Los casos emblemáticos Entre los subsidios al transporte se destacan los destinados a gastos de explotación y de inversión a favor de los concesionarios de trenes y subtes del área metropolitana, los asignados al Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte para compensar los incrementos de los costos de las empresas de servicios de transporte público automotor de pasajeros de carácter urbano y suburbano y los asignados a las empresas Aerolíneas Argentinas SA y Ferrocarril General Belgrano, entre otros destinos menores.

A su vez, los fondos dirigidos al sector energético se concentran en la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico, que financia el abastecimiento de las centrales térmicas. Le siguen en importancia los fondos para el financiamiento de la empresa Energía Argentina S.A. y, con una incidencia mucho menor, Nucleoeléctrica S.A., Yacimientos Carboníferos Río Turbio S.A. y el Ente Binacional Yacyretá, entre otros destinos.

Si se analiza el grueso de los montos de estos subsidios, queda claro que están más orientados a sostener un modelo económico -necesitado a la larga cada vez más de estos estímulos- que a favorecer a una estructura social que se encuentra totalmente marginada de los beneficios del modelo.

En conclusión se afirma en la denuncia que los subsidios para transporte y energía han sido utilizados por la desinversión que existe en el país y los subsidios sostienen a grandes empresas. Ejemplifica en tal sentido que en el año 2012 se abonó por el trasporte de colectivos (7.738 millones) subtes y trenes (5.604 millones) Aerolíneas Argentinas (4.701 millones) además de 18.043 millones para Vialidad Nacional utilizados con mayor discrecionalidad que los otros subsidios.

Y concluye que esta modalidad discrecional de falta de control nos ha llevado a un sistema de subsidios ingobernables que nos costara desarmar. Toda esta situación se encuentra corroborada por el informe realizado por la Auditoría General de Gobierno, como lo expresó su presidente. Por eso la falta de control, fue connivencia delictual, para poder hacer caja con los subsidios, y ahora pretender trasladar todo este desaguisado a la provincia de Buenos Aires y a la Ciudad Autónoma no es ninguna solución. Lo que hay que hacer es invertir si se subsidia que llegue el subsidio pero no es posible ni con estos empresarios, ni con este gobierno.

(*) Jorge Luis Vitale. Abogado. Artículo publicado en Informador Público el 28 de Diciembre de 2013

El final ya lo conocemos todos

Por Economía & Regiones (*)
El rumbo de la economía argentina es de colisión, con impactos social e institucional. Hay que hacer algo para impedirlo, cuanto antes, maniobrar antes que resulte un esfuerzo tardío. La Presidente de la Nación realizó cambios en su gabinete de colaboradores pero no modificó las políticas, y se marchó a descansar a El Calafate (Santa Cruz) mientras abundan los presagios negativos, tal como si fuese un mérito desafiar a la coyuntura. La consultora Economía & Regiones advierte, tal como ocurre con muchos economistas, sindicalistas, empresarios y líderes de opinión en general, que Cristina Fernández de Kirchner aún está a tiempo de impedir lo peor pero tiene que realizar cambios en el rumbo. Y ya no queda mucho tiempo más... La implosión u explosión de la economía es algo que todos temen porque ya lo vivieron. La aceleración de la inflación, la problemática cambiaria y la pérdida de reservas son problemas de cortísimo plazo y los resultados de las medidas a tomar sólo se plasman en un horizonte temporal más largo.
"Para bajar la inflación, primero y ante todo hay que convencer a la gente que se luchará contra el aumento de precios y que se terminará bajando la inflación." Desde la intervención del INDEC y desde que Moreno estableció cupos de exportación y acuerdos de precios, el aumento de la harina triplicó la inflación y el incremento de la carne y de la leche la duplicó.
El cierre de 2013 se presenta diferente a sus comienzos. La trayectoria de algunas variables (tasa de crecimiento) han cambiado de sentido y la de otras siguen su curso (inflación, tipo de cambio, reservas, desempleo) pero a una velocidad más acelerada.
 
En la actualidad el escenario económico es más negativo que a comienzos de año. Hace 12 meses se sabía que el 2013 iba a ser mejor que el 2012. Por el contrario, hoy se sabe que el 2014 va a ser peor que el 2013 y que la macroeconomía de los próximos meses se va a parecer mucho más a la de 2012 que a la de este año. La tasa de crecimiento del PBI de 2014 (+1.8%) será más débil que la de 2013 (+3.0%), la inflación más alta, el ritmo de devaluación más acelerado, el déficit fiscal y las necesidades de financiamiento del estado más elevadas, mayor emisión del BCRA y mercado laboral más débil con un sector público con cada vez menos capacidad para compensar la falta de creación de nuevos puestos de trabajos privados.
 
El gobierno tiene un problema macroeconómico de cortísimo plazo a resolver: la aceleración de la inflación, los problemas cambiarios y la pérdida de reservas. Sin embargo, éstos son sólo consecuencias y no las causas del problema. La inflación, el dólar paralelo, la brecha cambiaria y la pérdida de reservas son consecuencia las políticas aplicadas hace años y que no se resuelven los problemas de fondo. Estas políticas destruyen las señales de precios y distorsionan los precios relativos.
 
La aceleración de la inflación, la caída de reservas, el dólar paralelo y la brecha cambiaria pueden cesar en forma sustentable sólo si ataca el origen de los problemas y se cambia totalmente la política económica actual. La distorsión de precios relativos y la dominancia fiscal son los principales problemas estructurales detrás de los desequilibrios actuales.
 
Igualmente, la distorsión de precios relativos y la dominancia fiscal están mutuamente relacionadas, ya que los subsidios son el germen de ambas cosas.
 
Los Subsidios aumentaron 38 veces entre 2005 y 2013, pasando de 0% a casi 5% del PBI entre 2005 y 2013. En la actualidad, aproximadamente el 88% de los subsidios corresponden a energía y transporte. Los subsidios equivalen a todo el deterioro fiscal de Nación (bien medido), que asciende a 5% del PBI y explican todo el exceso de pesos que el BCRA emite “de más” para asistir el Tesoro.
 
¿De qué trataría una política macroeconómica integral?
 
Habría que actuar en la esfera fiscal, monetaria, cambiaria y, al mismo tiempo, modificar la política de financiamiento, dejando de lado la política oficial de desendeudamiento que paga deuda con reservas. Hay que retornar lo más rápido posible a los mercados internacionales de crédito. En este sentido, la reciente emisión de deuda de YPF ha sido una señal positiva.
 
Para bajar la inflación, primero y ante todo hay que convencer a la gente que se luchará contra el aumento de precios y que se terminará bajando la inflación.
 
Para sacarle presión al dólar paralelo en forma genuina, hay que convencer a la gente que habrá activos en pesos con mayor rendimiento que el dólar. En otras palabras, es actuar sobre las expectativas inflación y las expectativas de devaluación para revertir su sesgo negativo.
 
Las recientes declaraciones del presidente del BCRA, que asegura que la expansión de base monetaria será menor en 2014, son positivas, pero por si solas no alcanzan para disminuir las expectativas de inflación y devaluación. La política cambiaria, que acelera el ritmo de devaluación, juega en sentido opuesto a las declaraciones del presidente del BCRA. 
 
A medida que se acelera la devaluación, por cada dólar que traigan los exportadores la autoridad monetaria deberá emitir más pesos a cambio. Además, si todos los días el peso se deprecia aceleradamente, las expectativas de devaluación aumentan.
 
Las expectativas negativas se revertirán con menor dominancia fiscal, con menores subsidios y con tasas reales positivas.
 
> El BCRA debería mostrar intenciones firmes de crear instrumentos financieros en pesos con rendimientos positivos, de manera de fortalecer la demanda de pesos para bajar las expectativas de inflación y de devaluación y así quitarle genuinamente presión al dólar paralelo, que fue el activo de mayor rendimiento desde que se puso el cepo.
 
La suba de la tasa de interés debe ser suave para evitar un aumento abrupto del costo de financiamiento al sector corporativo, lo cual sería nocivo para el capital de trabajo y nivel de actividad. En este marco, la política cambiaria oficial es errónea:
 
> La previsibilidad es el principal error de la política cambiaria devaluatoria actual. Todo el mundo espera que el peso se siga devaluando aceleradamente contra el dólar y eso es un error. La actual aceleración sostenida y previsible del dólar oficial incentiva adelantar importaciones y postergar exportaciones, lo cual atenta contra el balance cambiario y no sería positivo para el comportamiento de mediano plazo de las reservas, cuyo ritmo de caída a disminuido en el cortísimo plazo. Esta disminución de la tasa a la cual el BCRA pierde reservas es positiva, pero surgen dudas que pueda prolongarse durante los próximos cuatro cinco meses.
 
La suba de la tasa no debe aplicarse en cualquier contexto, tiene que ser acompañada por una disminución de la dominancia fiscal, un cambio de política cambiaria y acciones tendientes a lograr la vuelta a los mercados de capitales.
 
Un aumento de tasas debe estar combinado con la reducción del gasto público en términos del PBI. Esta reducción del gasto es necesaria e imprescindible para que los pesos que el BCRA retira del mercado por una “ventana”, no vuelvan a la economía por otra “ventana”. En este punto resulta crucial encarar en el cortísimo plazo el desarmando de la actual política de subsidios.
 
Todavía no se ha anunciado alguna medida concreta de política económica que contribuya a disminuir la dominancia fiscal. Tampoco hay señales de que no se pagará deuda con reservas, ni que se dejará de lado la política oficial de desendeudamiento.
 
Desde la política fiscal las pocas nuevas señales muestran que la dominancia fiscal aumentaría en 2014. Los aumentos salariales a las fuerzas de seguridad provincial y los problemas sociales contribuyen a pensar que el gasto público, el déficit fiscal y las necesidades de financiamiento del sector público aumentarían el próximo año.
 
Las necesidades financieras del Sector Público Consolidado aumentarían de 5.4% (2013) a un marco de entre 6.8% y 7.1% del PBI. El 6.8% tendría lugar si el aumento salarial fuera del 30%.
 
El 7.1% se daría con un incremento del 35%. Si finalmente los consumidores comenzaran a financiarse contra el fisco aumentando la evasión (efecto Olivera-Tanzi), con un crecimiento de los ingresos fiscales en torno a 28% interanual, las necesidades financieras totales treparían hasta 8.5%/9.2% del PBI. Con aumento de evasión y sin financiamiento, el BCRA debería emitir más y por ende las presiones macroeconómicas sobre la inflación y el mercado cambiario aumentarían.
 
Con más pesos en el mercado y con un incremento de la relación pesos / reservas, las expectativas de inflación y depreciación aumentarían. Paralelamente, las presiones sobre el mercado cambiario se recrudecerían. En este escenario, la dinámica de las principales variables macroeconómicas continuaría el curso que presentaron los últimos meses. La inflación se aceleraría, el dólar paralelo y su brecha subirían y el crecimiento económico seguiría debilitandose.
 
En el mercado laboral, la demanda de trabajo (empresas) seguiría perdiendo fuerza y no debería sorprender si algunos puestos de trabajo se destruyeran. Para peor, el sector público ya no tendría capacidad de amortiguar ese efecto negativo vía más empleo público. En este marco, el desempleo podría comenzar a subir suavemente. Los números del PBI del tercer trimestre 2013 ya muestran el menor nivel de actividad y pre anuncian un 2014 con menor crecimiento que 2013.
 
¿Por qué se reducirá el nivel de actividad en 2014?
 
Porque las variables (20% de aumento de la cosecha en relación a 2012, buen nivel de ventas de autos al mercado doméstico y a Brasil y el repunte de la Construcción) que explicaron la mejora del nivel de actividad en 2013 tendrán mucho menos fuerza en 2014.
 
Con precios promedios menores y cantidades posiblemente más bajas, el aporte de la cosecha al crecimiento sería inferior en 2014. Por su parte, las expectativas de crecimiento de Brasil no superan el 2,5% para el año próximo, previéndose menor dinamismo de nuestras exportaciones, sobretodo de la industria automotriz. Es decir, el mercado automotor doméstico también sería menos dinámico; de hecho ya lo está siendo. 
 
La industria automotriz pasó del 38% (abril’13) / 30% (mayo’13) al 5.1% (septiembre’13) y -3.1% (octubre’13) interanual. Es más, el nuevo impuesto muy probablemente impactará negativamente en el sector.
 
La construcción también será menos dinámica. Primero, porque la obra pública, perdería fuerza en relación a 2013. Segundo, las obras privadas perderán dinamismo como consecuencia de los efectos del mercado cambiario, ya que durante este año el dólar paralelo y la brecha cambiaria jugaron a favor de la Construcción. Justamente, el “abaratamiento” del costo de construir a un dólar de $ 10 conjuntamente con las tasas de interés reales negativas (ajustadas por inflación) alimentó el dinamismo del sector este año.. Menos obra privada y menos obra pública se traducen en un enfriamiento de todo el sector, que en 2014 crecería menos que en 2013.
 
En resumen, en 2014 habría menos Construcción, menos industria automotriz, menos Brasil y menos soja, por lo que la tasa de crecimiento de 2014 (1.8%) sería más baja que la de 2013 (3.0%).
 
Sin un cambio profundo de políticas económicas (fiscal, monetaria, cambiaria y de financiamiento), que modifiquen radicalmente las expectativas, sería un error esperar una mejora del escenario macroeconómico en 2014. Por el contrario, el crecimiento seguirá debilitándose, la inflación acelerándose y el dólar paralelo subiendo.

(*) Economía & Regiones. Consuiltora especializada en el desarrollo regional argentino. Artículo publicado en Urgente 24 el 28 de Diciembre de 2013

viernes, 27 de diciembre de 2013

Los grandes hitos de la Fed en su primer siglo: 100 años de un error histórico

Por Juan Ramón Rallo (*)
El 23 de diciembre de 1913, hacía ayer justo una centuria, el Congreso estadounidense aprobó una de esas leyes que han marcado decisivamente el curso de la Historia: la Ley de la Reserva Federal, una normativa merced a la cual se creó un banco central monopolístico en Estados Unidos, que ha terminado por convertirse en uno de los mayores enemigos para la estabilidad financiera global.

Entre 1836 y 1913, el sistema bancario estadounidense había funcionado sin necesidad de recurrir a ningún prestamista de última instancia privilegiado por el Estado.

No es que las entidades financieras del país no hubiesen experimentado problema alguno, pero la práctica totalidad de esos problemas derivaban de insensatas regulaciones gubernamentales: por ejemplo, los bancos tenían generalmente prohibido establecerse en más de un Estado, lo que les impedía diversificar territorialmente su cartera de inversiones.
Asimismo, los bancos únicamente podían emitir billetes adquiriendo simultáneamente deuda estatal o federal; una restricción que les ataba las manos para satisfacer la demanda de liquidez de sus clientes y les condenaba a experimentar recurrentes pánicos de desconfianza.
Sin embargo, todos los pánicos (incluido el célebre de 1907) fueron solventados sin necesidad de ninguna distorsionadora intervención estatal: eran los propios banqueros los que se encargaban de separar el polvo de la paja, a saber, de liquidar a aquellas entidades que fueran insolventes y de refinanciar a aquellas otras que, siendo solventes, se hallaban en una situación de iliquidez.

Gracias a ello, y pese a la nefasta influencia de las regulaciones estatales, las crisis económicas anteriores a la Fed exhibían una duración media inferior a la actual y las recuperaciones se desataban con mayor intensidad.

Por supuesto, los banqueros preferirían que el coste de rescatar a sus pares imprudentes no recayera sobre sus hombros, sino sobre los del conjunto de la sociedad.

Así fue cómo las presiones y conspiraciones políticas en la sombra terminaron alumbrando hace un siglo la Reserva Federal, esto es, un monopolio estatal (con participación privada en su capital) sobre la creación de moneda de curso forzoso cuyo propósito declarado es el de refinanciar a aquellas entidades financieras que hayan sido lo suficientemente irresponsables como para no poder hacer frente a sus deudas a corto plazo.

Durante sus primeros días de vida, la operativa de la Fed no eran del todo descabellada: el banco central sólo proporcionaba refinanciación a aquellos bancos que aportaran como colateral activos a muy corto plazo y de muy buena calidad (letras de cambio comerciales). De esta manera se evitaba que estas entidades se aprovecharan de la red de seguridad de la Fed para maximizar sus beneficios a costa de trasladarles los riesgos al conjunto de la ciudadanía.

A los pocos años, empero, el instituto emisor comenzó a ampliar el espectro de activos contra los que proveía crédito, especialmente con el propósito de incluir la deuda pública a largo plazo y facilitar la financiación barata del Tesoro (es lo que hoy se conoce como operaciones de mercado abierto). La banca se frotó las manos: por fin gozaba de una provisión garantizada y lo suficientemente elástica de crédito como para multiplicar alegre e imprudentemente sus inversiones.

Las semillas del desastre

Las semillas del desastre fueron sembradas y, apenas década y media después de la institución de la Fed, la mayor depresión económica de la historia azotó a EEUU. El monopolio estatal creado con el pretexto de estabilizar al sistema financiero del país lo abocó a su completa bancarrota merced a la disparatada expansión crediticia que él mismo había incentivado años antes. Un sonadísimo fracaso del que, por desgracia, no se extrajo la conclusión razonable: que la Fed debía ser cerrada.

Muy al contrario: tras la Gran Depresión, las élites políticas y bancarias siguieron coaligadas para continuar incrementando los poderes de esta institución, hasta el punto de haberla erigido de facto en el banco central de todo el planeta y de haberla liberado de su obligación de redimir en oro sus billetes y depósitos. Una permanente huida hacia adelante que nos ha abocado a sendos desastres macroeconómicos del calibre de la estanflación de los 70 o de la actual crisis deflacionista; ambos alimentados por la artificial expansión del crédito promovida por la Fed.

En suma: grotesca iliquidez bancaria, sobreendeudamiento público y privado, depreciación del dólar en un 95%, extrema volatilidad de los tipos de interés a largo plazo y alargamiento de la duración e intensidad de las crisis económicas. Esos son los grandes hitos de la Fed en su primer siglo de vida: los grandes motivos por los que en 2114 el mundo debería estar celebrando la primera centuria de su desaparición.

(*) Juan Rallo es director del Instituto Juan de Mariana y profesor del centro de estudios OMMA. Artículo publicado en "El economista" el 24 de Diciembre de 2013


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