lunes, 11 de febrero de 2013

Atraso y abandono afecta a mitad de los jóvenes en la secundaria

Por IDESA (*)

En la presentación del Plan Quinquenal de Educación se destacó el crecimiento de la inversión en educación, pero fueron nulas las referencias a los pobres resultados alcanzados. El fracaso educativo, que testimonian las propias estadísticas oficiales, es el resultado de multiplicar los recursos sin sentido estratégico. Para revertir la situación no alcanza con proclamar metas. Es fundamental respetar la responsabilidad de las provincias en la gestión de la educación, redefinir el régimen de coparticipación y crear un sistema de evaluaciones educativas riguroso a cargo de la Nación que induzca a las provincias a mejorar la gestión. 

En el lanzamiento del Plan Quinquenal de Educación, las autoridades educativas resaltaron el crecimiento de los recursos asignados al sector. En concreto, se señaló que entre los años 2003 y 2010 el gasto en educación como porcentaje del PBI pasó de menos de 4% a más de 6% del PBI. La mayor parte de estos recursos fueron destinados a incrementar el salario docente. El aumento de las remuneraciones fue en términos nominales del 665% (que descontada la inflación implicaría una duplicación del salario real). También se destacó la construcción de 1.880 escuelas, la refacción de otras 5.914 y la adquisición y distribución de unos 45 millones de libros y más de 2 millones de notebooks. Indudablemente que se trata de un esfuerzo financiero de relevancia.

El énfasis puesto en destacar el aumento del gasto en educación contrasta con la ausencia de referencias a los resultados obtenidos gracias a esta mayor inversión. De todas formas, apelando a datos publicados por el propio Ministerio de Educación se puede trazar una aproximación. Lamentablemente la información publicada no está actualizada, pero alcanza para analizar el período comprendido entre los años 2003 y 2009 donde se destacan las siguientes tendencias:       
·         El porcentaje de niños en primaria que se encuentran retrasados o que abandonaron la escuela pasó de 25% a 23% por año.
·         El porcentaje de jóvenes en secundaria que se encuentran retrasados o que abandonaron la escuela pasó de 46% a 50% por año.
·         El puntaje que los jóvenes argentinos de 15 años de edad lograron en la prueba internacional PISA, que mide calidad educativa, pasó de 418 a 398.

Los datos son muy contundentes. Si bien en el nivel primario hubo una pequeña reducción de la sobreedad y el abandono, el progreso resulta muy modesto en un contexto en el que la matricula no creció (se mantuvo en el orden de los 4,6 millones de alumnos). En el nivel secundario, el retraso y el abandono aumentaron y se redujo significativamente el nivel de conocimientos de los alumnos. El retroceso en la prueba internacional PISA hizo que la Argentina pasara de ser el país de mejor desempeño educativo en América del Sur en el año 2000 al quinto puesto (detrás de Chile, Uruguay, Brasil y Colombia) en el año 2009.  
 
Con la holgura fiscal generada por la bonanza se multiplicaron los recursos para educación, pero se asignaron de manera indiscriminada y sin sentido estratégico. Además de contar con más recursos a favor de la educación, es fundamental la planificación y una permanente evaluación de cómo se invierten esos recursos. Mejorar la educación requiere construir más escuelas, pero bajo condiciones que lleven a que los jóvenes asistan y no la abandonen; requiere contratar más docentes y mejorar los salarios, pero con formación adecuada para enseñar y reglas laborales que induzcan a la excelencia penalizando la mediocridad; instalar bibliotecas, entregar libros y notebooks, pero con una estrategia pedagógica para que sirvan a incrementar el aprendizaje y los conocimientos.

El testimonio más ilustrativo de mala política educativa es la centralización de la negociación salarial. A nivel nacional se imponen “pisos” de aumentos salariales que tienen que pagar las provincias. Estos aumentos superan las capacidades de las provincias a raíz de las distorsiones en el régimen de coparticipación, pero fundamentalmente tienen el defecto de ser indiscriminados y disociados del esfuerzo y desempeño de cada docente. La actual situación de la provincia de Buenos Aires, que aglutina a más de un tercio del total de alumnos del país, es muy ilustrativa. A nivel centralizado se fijarían aumentos del orden del 20%, pero la Provincia declara no poder pagar más de un 6%. En ambos casos se elude discutir sobre los esfuerzos y resultados que se deberían exigir a los docentes.

Semejante fracaso debería despejar toda duda sobre la necesidad de cambiar de estrategia. Para mejorar los indicadores educativos es imprescindible rediscutir la coparticipación de impuestos, eliminar la paritaria centralizada y crear un sistema de evaluaciones educativas integrales y rigurosas a cargo de la Nación que opere como factor inductor de profundas transformaciones en los estilos de gestión que aplica cada provincia.

(*) IDESA. Informe Nº 480 del 10 de Febrero de 2013.