miércoles, 13 de febrero de 2013

La inflación: figurita repetida

Por Elena Valero Narváez (*)
Desde el Gobierno se repite que los empresarios y los comerciantes son los responsables de la inflación. El pato lo paga la gente.

A pesar de que la Historia les muestra fracaso tras fracaso, se han decidido a comenzar con los controles de precios. No les basta con intervenir en importaciones, exportaciones o el dólar, fustigan con amenazas a quienes, porque no quieren o no pueden, no cumplen con compromisos de precios. La inflación real les muestra sus efectos, por ello intentan controlarlos sin tener en cuenta las causas.

Las guerras mundiales que trabaron el comercio internacional motivaron controles que parecían justificados pero nunca dieron resultado, ni en esas circunstancias, ni después, cuando se utilizó la  emisión monetaria como instrumento de cooptación de masas o para intentar poner velos a una mala política económica.

La Historia argentina desde Victorino de la Plaza, pasando por Yrigoyen, y con más detalle desde 1946 hasta nuestros días, los controles de precios fueron moneda corriente, como parte de políticas intervencionistas. Muchos olvidan que en los primeros gobiernos de Perón varios comerciantes fueron enviados a la cárcel por no cumplir con los controles de precios.
A pesar del fracaso se siguió insistiendo tanto en los sucesivos gobiernos peronistas como radicales. Pero ya no se puede seguir culpando a gobiernos anteriores. Hay que tomar el toro por las astas y buscar soluciones a las causas no a los efectos.

Hemos aprendido, un poco. Los sindicalistas y la gente, como también los comerciantes, saben que no se podrán mantener los controles de precios si no se controlan también las demás variables. ¿Se mantendrán los precios de gas, luz, los alquileres de los negocios, los salarios de los empleados, y las múltiples variables que están ligadas al comercio para que los comerciantes cumplan con la orden del gobierno?

Es imposible solucionar el problema inflacionario con esas viejas recetas fracasadas en todas partes del mundo y en distintas épocas.

El gobierno debería revisar las políticas que se implementaron para combatir la inflación en los países que tuvieron éxito.

No se logra sin un cambio de gran magnitud, con un plan global consensuado con las fuerzas políticas, sociales y económicas del país. Ya que se pide sacrificio, el gobierno tiene que ser el primero en moderar sus gastos, causa principal de la emisión monetaria, si quiere cambiar las expectativas de la gente, factor necesario para bajar la inflación.

El `plan debe basarse en el libre funcionamiento de los mercados para que la gente se anime otra vez a invertir y pueda hacer lo que ahora no puede por la inflación: prever el futuro sin lo cual no es posible pensar cualquier empresa. También se tiene que abandonar estimular el consumo para reactivar la economía que ha dejado pésimos resultados: alza de precios y del costo de vida, matanza de vientres, corrupción, especulación, e imposibilidad de cumplir con las deudas, entre otros igualmente perniciosos.

Una vez que se comienza con los controles siguen otros y otros. Es asi como se está debilitando, peligrosamente, la actividad privada, sin que importe que sea  el factor decisivo de la riqueza del país. Buen ejemplo de ello es el campo, del cual dependen en buen grado.
El clima social se va a envilecer cada vez más:  se percibe, ya, malestar de abajo hacia arriba, como siempre pasa, cuando cuesta llegar a fin de mes: las calles de la ciudad de Buenos Aires lo demuestran, con las manifestaciónes de las centrales obreras pidiendo aumento de salarios. Y esto recién empieza, lo sabemos bien quienes vivimos épocas de índices elevados de inflación.

La salida existe pero, vendrá con un gobierno leal a los valores constitucionales, convencido de que debe ser el primero en respetar las leyes y manejarse con buenos modales ante  la opinión pública nacional e internacional.

Hoy, injustamente, nadie se refiere a un político que intento que los argentinos amaramos la libertad: el Ing. Álvaro C. Alsogaray, quien fue el primero que alertó a los políticos y a la gente sobre las consecuencias de dejar que la inflación se saque el corsé. También sobre la lenidad de los controles de precios y salarios que forman parte de políticas que atacan de plano -como él repetía-  el art 28 de la Constitución: “los principios, garantías y derechos reconocidos en los artículos anteriores (del texto constitucional), no pueden ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”.

 Hoy vale recordar sus opiniones e ideas, porque los hechos parecen repetirse: “El gran dilema argentino en estos momentos reside en saber si nos inclinaremos hacia la regimentación del socialismo o hacia la libertad que promete el liberalismo. El país no podrá escapar a esta crucial decisión”

(*) Elena Valero Narváez. Periodista y analista política. (Autora de “El Crepúsculo Argentino” Lumiere.2006)

Fuente: Comunicación personal de la autora