viernes, 8 de febrero de 2013

La represión del gobierno

Por Gabriel Boragina (*)
El diccionario de la Real Academia Española define:
reprimir.
(Del lat. reprimĕre; de re- y premĕre, oprimir).
1. tr. Contener, refrenar, templar o moderar. U. t. c. prnl.
2. tr. Contener, detener o castigar, por lo general desde el poder y con el uso de la violencia, actuaciones políticas o sociales.[1]

Una función esencial de todo gobierno conforme lo tiene entendido la doctrina clásica en teoría política, es la de reprimir el delito, es decir, la protección de la vida, la libertad y la propiedad de las personas decentes. Provisoriamente (y con fines didácticos) podríamos llamar a esta la represión "buena" o brevemente: RB. No obstante, los gobiernos del matrimonio Kirchner se han caracterizado por una política inversa: la represión de las personas decentes y la virtual inacción ante la delincuencia, lo que deriva directa o indirectamente en una suerte de protección al delito. Con idénticos fines, podríamos denominar a esta la represión mala, o RM.

El auge in crescendo que han tomado los hechos de violencia contra ciudadanos pacíficos durante los tres gobiernos K, a la par que la represión económica y el ataque sostenido contra las más elementales libertades cívicas en el mismo periodo, no tiene antecedentes desde la época del segundo gobierno de J. D. Perón hasta el día en que redactamos estas líneas. Ello deviene en un exceso de RM y -por contrapartida- en una escasez de RB.

No se trata -como dicen los oficialistas- que somos influenciados por los "medios de difusión" que estarían –siempre según aquellos- empeñados en trasmitir "malas noticias" sólo con el ánimo de "molestar" al gobierno. Se trata de que todos, quienes más quienes menos, hemos conocido y presenciado hechos delictuosos como nunca antes habían ocurrido. 

La certeza (no "sensación") de inseguridad tiene su base indiscutible en hechos de inseguridad reales y concretos que, o nos han ocurrido en forma personal, o tomamos conocimiento de ellos porque alguien de nuestro entorno familiar, laboral o simplemente social fue víctima circunstancial de un episodio delictivo. Sin duda alguna, todo esto es fruto de la gestión de los personeros del FpV (Frente para la Victoria).

Al lado de permisibilidad y tolerancia que dicho gobierno ha demostrado ante el delincuente, se alza por oposición, la creciente represión económica, aclarando desde este mismo instante, que dentro del concepto de economía incluimos el de libertad, toda vez que la economía no consiste en otra cosa -y en sustancia- que en uno o muchos actos de elección o de opción. Y sin libertad, no existe posibilidad de optar ni elegir absolutamente nada. De allí que referirse a "libertades económicas" en realidad resulta una redundancia, porque sin libertad no existe economía de ningún tipo, y sin economía tampoco es posible hablar de libertad. A mayor represión económica menor libertad y -viceversa- a menor represión económica la libertad (de todo "tipo") será mayor. En distintas palabras, sostenemos –con otros- el criterio de la unicidad del término "libertad".

Sólo hay una libertad, que se expresa de muchas maneras diferentes y en campos disimiles y a las que usual e impropiamente se designan como libertades "civiles, sociales, políticas, económicas, laborales", etc. Pero estas denominaciones, en realidad, son engañosas, porque todas participan del rasgo común de que su ejercicio sólo es posible mediante el acto de elección, y toda elección implica descartar alternativas más gravosas por otras menos gravosas, rasgo que -por antonomasia- caracteriza a los actos económicos.

En la larga lista de hechos represivos desatados por el gobierno contra la gente decente (RM), encontramos –por ejemplo- la inflación, la presión fiscal, las restricciones bancarias, a las importaciones, exportaciones; controles de precios, cambiarios, de divisas, confiscaciones de ahorros (AFJP), de reservas del Banco Central, etc. Menos libertad, siempre y en todo lugar, significa mayor cantidad de pobres. Y producir pobreza sólo puede hacerlo un gobierno, lo que naturalmente también constituye un acto de represión, posiblemente el más detestable de todos ellos.

La libertad de millones de personas que pacíficamente trabajan y comercian sin molestar a nadie es atacada en forma sistemática, agresiva y destructiva por el gobierno argentino empujando al conjunto a la indigencia.

Y como el insigne prócer Juan Bautista Alberdi alertaba tempranamente, el ladrón privado es el más débil de los enemigos de la libertad, comparado con el ladrón estatal.

Recortar mediante regulaciones intervencionistas, las posibilidades de elección de las personas que trabajan y producen pacíficamente, es clara y netamente un acto de represión, represión que el gobierno no ha parado de ejercer contra la ciudadanía honesta. Por otra parte, reprimir las actividades licitas (como son las transacciones entre particulares libres y voluntarias, que de hecho se penalizan) implica premiar las actividades ilícitas, lo que ocurre cuando el gobierno no protege la vida, la libertad y la propiedad de sus mandantes, quienes han otorgado precisamente un mandato para el cumplimiento de tal cometido.
Naturalmente, y según la teoría clásica en materia política, la función de un gobierno es reprimir el delito (RB), pero si en lugar de luchar contra el delito, lo que se combate es la honestidad y se ataca a personas que trabajan, intercambian y comercian inofensivamente (RM), el gobierno se pone al margen de la ley, se torna ilegitimo y se transforma en una tiranía. Y eso es lo que ha hecho el FpV en Argentina.
Siempre hablando de la RM (la mala), una sociedad se encuentra en estado crítico en cuatro circunstancias, a saber:
1.       Cuando se acostumbra a la represión.
2.       Cuando permanentemente la teme.
3.       Cuando la alienta contra otros.
4.       Cuando se combinan las tres anteriores.
El caso del castrocomunismo cubano, podría ser un ejemplo adecuado de las situaciones nº 1 y 2. El comunismo chavista venezolano quizás podría ser un ejemplo del caso nº 4. Me resulta personalmente claro que el gobierno del FPV apunta en esa misma dirección.  
La sociedad todavía tiene esperanzas cuando resiste las cuatro situaciones precedentes.



[1] (Real Academia Española © Todos los derechos reservados)

(*) Gabriel Boragina. Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas. Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas). Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos).Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE). Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía). Colaborador de "Contribuciones a la Economía"; revista académica de amplia difusión mundial publicada por el Departamento de Economía de la Universidad de Málaga. Columnista de "La Historia Paralela",revista crítica de política y economía internacional. Ex columnista y sponsor de la revista Sociedad Libre y de la revista Atlas del Sud.Ex presidente de ESEDEC (Escuela de Educación Económica). Profesor de Elementos de Análisis Económico y Financiero en la UNBA. Ex profesor de la materia universitaria Política Económica Argentina; de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA; de Finanzas y Derecho Tributario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI).