miércoles, 20 de febrero de 2013

Salario docente superó el nivel de PBI per cápita

Por IDESA (*)
En los países desarrollados se observa que el salario docente tiende a ser similar al PBI per cápita. Este sería, aproximadamente, un nivel razonable de remuneración de los educadores en función de las posibilidades de cada país. Por eso, resulta muy sugerente que en la Argentina el salario docente haya superado el PBI per cápita. El problema es que la situación es financieramente no sustentable en la medida que los docentes son empleados de las provincias, pero la Nación se apropia de tres cuartos de la recaudación. Otro grave desvío es que se remunera con igual salario al docente que trabaja y se esfuerza, y al que ni siquiera da clases.

Nuevamente el comienzo de las clases se ve amenazado por los paros docentes. La conflictividad se potencia por el esquema de doble negociación salarial. En una primera etapa, el Estado nacional y los sindicatos fijan un “piso” remuneratorio para todas las provincias; en una segunda instancia, los sindicatos exigen a cada provincia un incremento adicional. La intervención de la Nación resulta contradictorio con el hecho de que los maestros y profesores son empleados de las provincias y son ellas las que tiene que afrontar los aumentos de la masa salarial docente.  

A los fines del análisis, frecuentemente se toma como referencia la remuneración del maestro de primaria con 10 años de antigüedad. Cuando se trata de hacer comparaciones internacionales, se relaciona esta remuneración con el PBI per cápita de cada país. Si bien cada sistema educativo tiene particularidades, en los países avanzados el salario docente de primaria con 10 años de antigüedad tiende a ser equivalente al PBI per cápita del país

Así, por ejemplo, en el promedio de los países de la OECD, el salario docente de primaria anualizado equivale a 103% del PBI per cápita. Esto da una idea aproximada de una remuneración adecuada a las posibilidades que da el nivel de desarrollo de cada país.
En la Argentina, según datos oficiales de los ministerios de Educación y Economía, entre los años 2005 y 2012 se observan las siguientes tendencias:       
·         El PBI per cápita pasó de $36.400 a $52.400 al año, medidos a precios del 2012.
·         El salario docente de primaria con 10 años de antigüedad pasó de $30.500 a $58.100 anuales, también a precios del 2012.
·         Esto significa que el salario docente de primaria en Argentina pasó desde un 84% a un 111% del PBI per cápita.
Los datos confirman que en los últimos años el salario docente creció de manera importante, incluso por encima del aumento del PBI per cápita. Dentro de las posibilidades que tiene un país de ingresos medios, como la Argentina, la remuneración docente alcanzó en términos relativos un nivel similar al de los países que ponen especial cuidado en priorizar la inversión en educación. Esto da una idea del sacrificio desplegado por la sociedad para ofrecer un reconocimiento monetario a la labor docente. 

Por eso, resulta muy paradójico que, a pesar de semejante esfuerzo, no se logren superar los paros, el desaliento y la mediocridad en los indicadores de calidad en educación.

Parte de la responsabilidad está en la doble negociación salarial. La Nación interviene en la determinación del salario docente, cuando los que deben pagarlo son las provincias. La Nación “colabora” con el Fondo de Incentivo Docente y el adicional estipulado en la Ley de Financiamiento Educativo, pero estos montos representan en promedio apenas un 11% del salario docente. El otro 89% lo pagan las provincias. De esta forma, en un marco donde los salarios docentes representan el principal componente de los gastos provinciales y las provincias reciben apenas un 25% de la coparticipación (la Nación recibe el otro 75%), la doble negociación ensancha la brecha entre las aspiraciones y las posibilidades reales.

La centralización a nivel nacional de la negociación salarial, además, aleja la posibilidad de establecer un esquema de remuneración más justo y eficiente. Bajo las actuales reglas cobra lo mismo el docente que se esfuerza y se compromete con el aprendizaje de sus alumnos que el que utiliza los innumerables vericuetos legales de los estatutos docentes y las deficiencias en los controles para eludir responsabilidades. En este marco, un salario mensual de $4.500 para un maestro de primaria, resulta escaso para los docentes comprometidos, pero excesivo para los que no dan clases. Se podrían pagar mejores salarios a quienes trabajan, si se evitara pagar a los que no lo hacen.

Para no seguir repitiendo fracasos es fundamental encarar transformaciones estructurales. El Congreso tiene que asumir que la mejor y más importante ley de promoción de la educación es una Coparticipación Federal de Impuestos consistente con la organización federal. La Nación debería dejar de intervenir en la política salarial y las provincias dejar de claudicar ante las presiones corporativas para bregar por un esquema de remuneración que premie el esfuerzo y el compromiso. El Poder Judicial, por su parte, tiene para aportar a la reconstrucción educativa, absteniéndose de emitir fallos que incentiven los paros al cuestionar el descuento de los salarios por los días no trabajados.
(*) IDESA. Informe Nº 481 del 17 de Febrero de 2013

Fuente: www.idesa.org