viernes, 15 de febrero de 2013

Una muy engañosa definición de ‘pobreza’

Por Juan Ramón Rallo (*)
Habitualmente escuchamos que en tal o cual país ha aumentado el número de familias que viven por debajo del umbral de la pobreza y rápidamente nos echamos las manos a la cabeza. No es para manos: que en Occidente no sólo siga habiendo pobres sino que estos aumenten cada vez más es algo realmente preocupante. Por ejemplo, se dice que en España una de cada cinco personas viven por debajo del umbral de la pobreza, lo que parece dar a entender que el 20% de la población vaga por las calles muriéndose de hambre. Los de elmundo.es, por ejemplo, lo tuvieron muy claro en 2011, cuando tras conocerse que el 16% de los estadounidenses eran pobres antetitularon que “el 16% [de los estadounidenses] vive en la indigencia”.

Lógicamente, algo falla en estos mensajes apocalípticos tan del gusto del periodismo patrio: no es que no haya personas que no lo estén pasando fatal durante esta crisis originada por el intervencionismo estatal, pero que el 20% de la población española se esté muriendo de hambre significaría que tendríamos a 10 millones de personas mendicantes, y ése evidentemente no es el caso. ¿Dónde está el error?
Pues en que, deliberada o inconscientemente, se confunden dos definiciones de pobreza: la pobreza absoluta y la pobreza relativa. La primera es el número de personas que tienen unos ingresos inferiores a 1 o 2 dólares internacionales (tienen en cuenta el distinto poder adquisitivo por país) al día, y en España se halla prácticamente extinta (no, el 20% de la población no gana menos de 50 euros al mes). La segunda, la relativa, es en realidad una medición de desigualdad: se define como el número o porcentaje de personas que ganan menos del 60% de la renta mediana. Era de acuerdo a esta segunda definición por la que se afirmaba en prensa que el 16% de estadounidenses eran indigentes: indigentes por ganar menos de 24.000 dólares anuales. ¿Alguien con el sueldo medio de España vive como un indigente en EEUU? Parece claro que no. Expliquemos un poco más las trampas del cálculo de pobreza relativa.
La renta mediana (que no renta media) es aquel nivel de renta que permite dividir a los individuos de una sociedad en dos grupos exactamente iguales. Por ejemplo, si tenemos a tres personas que ganan 1 euro, 2 euros y 10 euros, la renta media sería de casi 4,5 euros, pero la renta mediana sería de 2 (la mitad de las observaciones quedan a la izquierda del 2 y la otra mitad a la derecha). Si tomáramos el 60% de la renta mediana en este ejemplo, entrarían en la definición de pobres aquellos que ganaran menos de 1,2 euros (el 60% de 2), es decir, sólo una persona (que representaría el 33% de la sociedad).
Como podemos ver, la definición de pobreza relativa no nos informa de si cada vez hay más o menos pobres en sentido absoluto y, por tanto, si una parte significativa de la gente vive cada vez mejor o peor. Lo único que nos ofrece es una medición muy imperfecta de las diferencias internas de renta de una sociedad, pero esto puede dar lugar a conclusiones muy erróneas. Por ejemplo, supongamos una sociedad de nueve individuos: el primero gana 1.000 euros al año, el segundo 2.000 euros, el tercero 3.000 euros, etc. hasta el noveno, que gana 9.000 euros. En esta sociedad, la renta mediana serán 5.000 euros y el umbral de pobreza se ubicará en 3.000 euros, de manera que los individuos “pobres” serán los los individuos que ganen 1.000 y 2.000 euros; es decir, la tasa de pobreza será del 22% de la sociedad.
Asumamos además que cada año la renta del individuo más pobre se incrementa un 10% (pasa a ser 1.100), la del segundo individuo un 20% (pasa a ser 2.400), la del tercer individuo un 30% (pasa a ser 3.900), hasta la del noveno que se incrementa anualmente un 90% (pasa a ser 17.100). Pues bien, en esta sociedad, al segundo año la renta mediana habrá pasado de 5.000 euros a 7.500, con lo que el umbral de la pobreza se incrementará de 3.000 a 4.500; o dicho de otro modo, el tercer individuo, aunque gana un 30% más que el año anterior, pasará a ser considerado estadísticamente “pobre” (¡cuando ganando un 30% menos no lo era!), de manera que la tasa de pobreza sube del 22% al 33% de la sociedad. Pero es que, siguiendo con esta progresión, en seis años el cuarto individuo también pasará a ser considerado pobre… pese a que haya visto multiplicada por más de cinco su renta anual.
Es decir, esta próspera sociedad (donde el individuo más pobre está ganando un 60% más que seis años antes), las mediciones habitualmente usadas de pobreza indicarían que la tasa de pobreza se ha duplicado del 22% (2 individuos pobres en el año 1) al 44% (4 individuos pobres en el año 6), transmitiendo la imagen de que están retrocediendo y de que se encuentran cada vez en una situación más precaria, cuando es justo al revés. En EEUU ha sucedido algo parecido, por ejemplo.
Por tanto, mucho cuidado con querer extraer conclusiones sobre el nivel de vida de una población sólo a partir de estas engañosas mediciones y, sobre todo, a la hora de establecer comparaciones internacionales. No sería el primer caso donde confundiéramos pobreza con desigualdad: es decir, que concluyéramos que en un país no existen pobres (en su sentido relativo) cuando toda (o casi toda su población) es mucho más pobre (en el sentido absoluto) que los numerosos pobres (en su sentido relativo) de otro país.
(*) Juan Ramón Rallo. Economista de la escuela austríaca española, actualmente profesor en el centro de estudios OMMA y en el centro de estudios ISEAD. Es socio fundador del Instituto Juan de Mariana y su actual director. Es Doctor en Economía y Licenciado en Derecho por laUniversidad de Valencia, y máster en economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Artículo publicado en su página personal el 15 de Febrero de 2013.