miércoles, 20 de marzo de 2013

Cristina no quería a Bergoglio pero ama a Francisco. ¿Ingenuidad opositora o miopía?

Por Rodolfo Patricio Florido (*)
Cristina no quería a Bergoglio pero ama a Francisco. Cristina dio una lección (frente al Papa) de seducción y mohines ante las cámaras y todos o muchos compraron su nueva voluntad dialoguista. ¿Creerle? la historia dice que no y el futuro aún no se ha escrito. En cualquier caso, es increíble la ingenuidad opositora y eso explica la imposibilidad que tienen para comprender lo que pasa en la ciudadanía que se opone al cristikirchnerismo.
Compiten por un espacio progresista y por aparecer con un discurso que se ubique a la izquierda de la Presidente sin darse cuenta que a la izquierda de la Presidente no hay nada excepto la izquierda auténtica no corrompida por la chequera y los planes y la extrema izquierda que no cree en el sistema.
Pretenden mostrar o demostrar que la Presidente es en realidad la derecha, cuando la sociedad ya decidió que es la izquierda nacionalista populista y clientelar. Por ende, correrla por izquierda no hace otra cosa que hacerles tomar distancia del voto opositor.
La sociedad reclama diálogo, consensos, seguridad. La sociedad no quiere sentirse dividida, fragmentada, confrontada. Y, gran parte de la oposición toma la demanda de la necesidad social pero no genera los hechos que la acompañen. Lejos de esto, no hacen otra cosa que expresar sus diferencias. Compiten por el sillón presidencial pero abandonan los propios y así le permiten a la Presidente cambiar de silla según cada ocasión. O sea, vacían el contenido de sus dichos con acciones que van en sentido contrario a la demanda social.
Eso explica claramente el porque el nivel de rechazo a la oposición (65%) es mayor que el nivel de rechazo al oficialismo (60%). En otras palabras, la sociedad está huérfana de referentes, con la excepción de Macri (PRO Peronista), Scioli y Massa, tres expresiones que navegan en una suerte de liberalismo nacional populista. Una suerte de nuevo sincretismo que espera que la oportunidad les caiga en sus manos, antes que ir a buscarla.
Scioli repite una y otra vez que el acompaña a Cristina, mientras Cristina da, una y otra vez, muestras de distanciamiento de él. Cristina no le cree a Scioli, el pueblo no le cree a Scioli, pero Scioli insiste en un verticalismo discursivo que comienza a aburrir. El habla de las 3 P (Paciencia, prudencia y Perseverancia) y muchos ya empiezan a pensar que las 3 P son una fórmula dialéctica para encubrir falta de decisión y una dosis importante de temor.
Ahora, falta que la Presidente, llegue a Buenos Aires imbuida de su nueva fe en el Papa Francisco y le de los fondos a Scioli para que este se conmueva por la bondad presidencial que le dio el dinero que durante años le ha quitado. Y ser entonces Cristina la que desmontó la crispación bonaerense y la abanderada de los maestros y los empleados públicos.  
Es francamente increíble el nivel de incapacidad de una dirigencia opositora que no es siquiera capaz de hacerle pagar el costo al gobierno de un congelamiento que cada vez se parece más a pensar que se puede estar debajo del agua 60 días sin respirar y luego abrir la boca y pretender no morir ahogado.
Es francamente increíble lo obvio que es que todas las medidas de fondo (devaluación, reducción de subsidios, aumentos de tarifas, etc.) se están dejando para después de octubre de manera tal que la ola se transformará en tsunami y no son siquiera capaces de mostrarlo.
Es francamente increíble que estén discutiendo sus matices ideológicos. Los que; en este contexto y con un gobierno que todavía está sentado en la maquinita de hacer billetes, suena a una discusión tan conducente como hablar del sexo de los ángeles.
Dan pena. Hablan en contra de la Presidente pero necesitan que ella escriba el libreto de cada día para poder expresar su contralibreto. Actúan solo por reacción.
La falta de imaginación es abrumadora. Se repiten frente a un gobierno que cambia el libreto impudorosamente aprovechando cualquier circunstancia. Así, la Presidente viajó al Vaticano, hizo mohines, buscó mostrarse más simple y descontracturada aún que el Papa Francisco, mostró ojos amorosos y así buscó sepultar 10 años de ninguneos, ofensas y agravios que incluyeron hasta el intento de denuncias penales sobre el Cardenal Bergoglio y planificadas campañas en su contra.
Así, aprovechó el protocolo de su condición de Jefa de Estado para, con 3 minutos de televisión y algunas caritas de emoción contenida, transitar entre el perenne desasosiego de su luto y la presunta alegría nacional de un Papa al que ahora reclama como Argentino y Peronista. Obviamente también uso la auténtica bonomía del Papa Francisco de manera tal de intentar sacar provecho de una designación que la sorprendió con desagrado primero y a la que tuvo que dotar de cálculo después. Sobretodo porque cuando éste viaje a Argentina antes de las elecciones de Octubre, la Presidente tratará de mostrarse como una admiradora del Papa.
Y la oposición compró a esta Cristina a la que le conviene el olvido y el perdón. Así, se entiende porque la última medición mostró que el 60% de la sociedad desaprueba a Cristina, pero el 65% desaprueba a la oposición. La oposición no entiende que la sociedad no quiere un cambio de programa, quiere un cambio de dial. Porque la oposición se da cuenta que la gente no quiere escuchar lo mismo pero no acierta a darse cuenta que es lo que quiere escuchar.
Y, eso, es un merito de Cristina. Ha convencido a la mayoría de la oposición a que den la lucha en su terreno. Está convencida que el que elige el campo decide la batalla. Y Cristina no retrocede. En realidad porque no sabe como hacerlo. Y, cuando lo hace, siempre es una finta para dar una nueva lucha.
Leer los comentarios de las redes sociales muestra un país. Leer las declaraciones de la dirigencia opositora muestra otro. La distancia, todavía es abismal.

(*) Lic. Rodolfo Patricio Florido. rodolfoflorido@hotmail.com Artículo publicado en Punto de Equilibrio Digital el 20 de Marzo de 2013