miércoles, 20 de marzo de 2013

El Progresismo y el Papa

Por Claudio Chaves (*)
El progresismo es la última versión decadente y vergonzante del marxismo. Derrotado y aherrojado del mundo luego de 1989, este régimen inhumano, que sometió a millones de seres humanos a una de las peores dictaduras de la historia de la humanidad, desde Asurbanipal hasta nuestros días, cambió de nombre, muta, y ahora se denomina progresismo.

Pero al igual que aquél, no ha perdido las mañas ni sus ideas fundantes. La lucha de clases es para los dos -el marxismo y el progresismo- el motor de la historia.

Independientemente de si esta lucha existe o no, como ley objetiva de la historia, el progresismo cree que sólo su desarrollo, su impulso y su aliento promueven el progreso. Abre las puertas del futuro. De modo que el desenlace de este cruel enfrentamiento devendrá, finalmente, en un bien para la humanidad.

Amigo-enemigo, explotados y explotadores, clase dominante o dominada son antinomias que hay que fortalecer y profundizar para alcanzar una sociedad más justa, solidaria, rica y bienhechora.

Esto es lo que está en cuestión en algunos países de América Latina que han abrazado doctrinas que esconden este principio. Promueven desde el poder el enfrentamiento social para alcanzar la utopía del socialismo del Siglo XXI. Naturalmente no se trata del viejo comunismo estalinista, pero…

El Papa, la Doctrina Social de la Iglesia y el Peronismo

Bergoglio ha venido promoviendo desde siempre el acuerdo y la armonía social, en contraposición a la Teología de la Liberación. Como Papa, continúa y profundiza esta senda. 

Al enviar un mensaje a los argentinos reunidos al frente de la Catedral el día de su consagración, nos dijo:
“Cuidémonos los unos a los otros. Caminemos todos juntos. Cuídense entre ustedes, no se hagan daño. Cuiden la vida, la familia, la naturaleza, los niños, los viejos… Que no haya odio, que no haya pelea. Dialoguen.”

¿Hay algo más contradictorio con el progresismo que estos valores?

Será por eso que Carta Abierta, a través de Horacio González, se enoja y dice “no puede ser que compañeros del kirchnerismo celebren la elección de Bergoglio. No puede ser que entren en esa superchería. Es un retroceso político trascendente, inútil, criticable y riesgosísimo, lleva el mito de la Nación Católica al límite de la estupidez.”

No hay dudas que para un sector del kirchnerismo la llegada de Bergoglio al papado es una tragedia. Por un lado, como signo de los Cardenales al mundo y por el otro, para los argentinos y los iberoamericanos, puesto que el ideario de Francisco es contrario a la idea de lucha de clases. Horacio González llegó a afirmar que es el cierre y el definitivo triunfo del capitalismo.

Cierto o no, la llegada de Francisco con su mensaje de cuidarnos entre todos es una fuerte valoración de la democracia y la república, como formas de organización política donde los intereses encontrados de toda sociedad, pueden y deben armonizarse. En este sentido es un llamado de atención al progresismo iberoamericano que promueve la fractura y los abismos sociales.

También, Francisco ha generado un grave conflicto al interior del kirchnerismo, lo cual es muy saludable.

Finalmente, la idea de armonía y consonancia entre los distintos sectores sociales que promueve Francisco, aspecto fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia, es equivalente a los fundamentos filosóficos del peronismo. Veamos:
“Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado” (Perón, 1 de Mayo de 1944.).
“Nuestra casa (la Secretaría de Trabajo y Previsión) pretende abolir, con esta nueva orientación, la lucha entre el capital y el trabajo, que no conduce a crear valores, sino a destruirlos. A ello llegaremos cuando se consigan, con la intervención del Estado, los acuerdos que asegurarán la justicia, dando al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Perón, ante los obreros portuarios 4/8/1944).
“No dividimos al país en clases para lanzarlas a la lucha, unas contra otras, sino que aspiramos a su organización, para que puedan crear un sistema que permita una más ajustada cooperación, a fin de alcanzar nuestro objetivo fundamental, que es el de promover y realizar el engrandecimiento de la patria. Así es como concebimos una sociedad organizada” (Perón, 11/8/1944)

Sería recurrente continuar citando discursos de Perón, al inicio nomás de su vertiginosa acción política, pero ellos revelan la coincidencia del General con Bergoglio y la Doctrina Social de la Iglesia.

A Horacio González se le antoja que toda esta monserga es el mito de la Nación Católica. ¡Que Dios lo perdone!

(*) Claudio Chaves. Periodista. Artículo publicado por Informador Público el 20 de Marzo de 2013.

Fuente: http://site.informadorpublico.com/?p=28060