viernes, 8 de marzo de 2013

La triste realidad del dólar oficial y cómo pasó de "director" de la economía a un simple "actor de reparto"

Por Fernando Gutierrez y Federico Kucher (*)
Fue "ancla"e hizo que el resto de las variables se supeditaran a él. El Gobierno podía plancharlo o subirlo a "piacere". Todo esto cambió. Ya no hay margen para que se siga atrasando frente a la inflación y ahora corre más de prisa. Mientras se cuida el valor oficial, el mercado ya devaluó
Si hay algo de lo que Cristina Kirchner siempre se ha manifestado orgullosa es que su política cambiaria podía graficarse como una recta con una pendiente suavemente ascendente y una evolución siempre previsible.

En su visión, lo que la sociedad argentina necesita y aprecia como un valor superior, que hay que preservar, es la estabilidad y previsibilidad en el tipo de cambio. 

Para la mandataria, la idiosincrasia nacional hace que los argentinos reaccionen con extremo nerviosismo ante movimientos bruscos en las pizarras de cambio, lo que marca una clara diferencia cultural respecto a lo que ocurre en países vecinos.

"Ustedes van a Brasil y ahí nadie les habla de dólares. Hablan de reales, piensan en reales, gastan en reales, sueñan en reales y quieren ganar reales (...) Y a nadie se le mueve un pelo ni pierde una ojota por ir a comprar dólares, siguen yendo a la playa. Acá en Argentina, una oscilación de cuatro o cinco centavos de un día para el otro produce un efecto estampida, la gente se agolpa frente a las casas de cambio", decía tiempo atrás en un discurso ante exportadores agrícolas.

También, en una recordada exposición ante la Unión Industrial Argentina, pocos días después de haber sido reelecta, les explicaba a los principales empresarios que era preferible una devaluación lenta pero segura, antes que hacer como otros países vecinos, donde los movimientos de apreciación y depreciación del billete verde "son de tipo serrucho".

En aquella ocasión, fue muy comentado por todos los analistas el hecho de que la Presidenta haya pronunciado la palabra tabú, es decir, "inflación".

Y lo hizo para justificar tácitamente su política de usar al dólar como "ancla cambiaria". Dio a entender con claridad que si ella cedía a las presiones de buscar competitividad por la vía de una devaluación, ello traería el correlato de más aumentos de precios.

"No me vengan a hablar de inflación después, porque si yo no tengo controlada también la variable dólar, vamos muchachos, dos más dos es cuatro. Y todos sabemos que ustedes terminan referenciando los precios de los bienes y de los servicios en dólares", había sido la advertencia de Cristina a los empresarios.
Apenas un año después, la relectura de este discurso podría dar pie a reflexiones sobre cómo las palabras pueden adquirir el comportamiento de un boomerang y volverse contra quien las profirió.

Aquella pendiente suave que remarcaba la jefa de Estado se aceleró notablemente, pero aun así no fue suficiente para detener la pérdida de competitividad que aqueja a la economía.

Los precios, tal como ella misma había pronosticado que podría ocurrir, comenzaron a recibir una presión extra. Al punto que hoy los economistas esperan una inflación en torno al 30% anual, bien lejos del 22% que se registraba hace un par de años. 

Y ni siquiera queda el consuelo de que al menos los argentinos disfrutan en las playas con la misma calma que los brasileños.
Porque si bien es cierto que el Gobierno resistió la presión del "club de los devaluadores" -en lo que respecta al tipo de cambio oficial- no pudo evitar que el mercado haga su "propia devaluación" en el paralelo y así se disparara el dólar blue, que genera el mismo nerviosismo que caracterizaba a los años '80.

En definitiva, un Gobierno que tiempo atrás se jactaba de tener al tipo de cambio como "variable controlada" ya no logra:
  • Ni que el dólar sea eficiente como "ancla" de la inflación.
  • Ni que los empresarios dejen de preocuparse por la pérdida de competitividad.
  • Ni que los argentinos dejen de obsesionarse con las noticias sobre el billete verde.
Menos margen de maniobra
¿Qué ocurrió desde el momento en que la Presidenta se vanagloriaba de tener controlado al dólar hasta la situación de hoy, en la que todo es incertidumbre?
En pocas palabras, se redujo notablemente el margen de maniobra del Gobierno, que ya no tiene tanta autonomía para manejar la política del tipo de cambio a su antojo.

Es más, hasta da la sensación de que después de haber estado en el centro de la escena, "dirigiendo la batuta" de la economía, ahora al billete verde no le queda otra que hacer de "actor secundario". En efecto:
  • Antes, se hablaba del poder de fuego del Banco Central y de sus reservas. El Gobierno podía "darse el lujo" de hacer subir poco el tipo de cambio o de acelerarlo "a piacere".
  • Ahora no. Si el alza es pequeña, la divisa se retrasa aun más frente a la inflación y a los salarios, el país se encarece aún más en dólares y a las empresas se les hace más cuesta arriba vender al exterior.
En buen romance, ahora el Gobierno no puede hacer "lo que quiere" con el billete verde, sino que se ve obligado a que éste acelere el tranco para así no perderle pisada al resto de las variables (inflación, competitividad cambiaria, entre otras).

Algunos memoriosos recuerdan, por ejemplo, cómo Néstor Kirchner en 2008 (en pleno conflicto con el campo) usó al dólar para "castigar" a los especuladores, bajándolo de un saque de $3,20 a $3,05O cómo Martín Redrado aguantó cinco minicorridas vendiendo reservas, "planchando" al billete verde y calmando las aguas.

¿Hoy eso podría hacerse? Todo indica que no. Que ahora la divisa sólo está "condenada" a subir y de forma más rápida.

Las primeras señales se vieron a mediados del 2012, cuando ya con el "cepo" bien instalado y con un dólar blue que levantaba vuelo, el Banco Central -obligado por las circunstancias- comenzó a acelerar la tasa devaluatoria.

"Hubo un giro de la política monetaria que se va a intentar mantener de ahora en adelante", señala el economista Ricardo Delgado, de Analytica.
Uno de sus colegas, Ramiro Castiñeira, de la consultora Econométrica, razona que las causas de semejante cambio se vinculan con el atraso cambiario que se fue acumulando en estos últimos años.
En su visión, "se terminó la etapa del ‘todo sube menos el dólar'".
Los analistas dan cuenta, además de las cuestiones ya mencionadas, de otras que se leen"entrelíneas" y que explican la acelerada del billete verde oficial.
Para algunos, es un reconocimiento del atraso cambiario. Para otros, una reacción ante la escapada del blue. En tanto, un tercer grupo hace referencia a la intención oficial de hacerse de un "colchón" que luego permita planchar al dólar cuando se acerquen las elecciones legislativas.

Por lo pronto, los empresarios hacen sus propias cuentas. Observan que luego de muchos meses en los que la inflación le ganara a la devaluación, en el último trimestre de 2012 esa ecuación se dio vuelta.
Ahí es donde asoma una pregunta: ¿hasta qué punto esto puede mantenerse sin que -tal como decía antes la Presidenta- la aceleración (obligada) del dólar oficial no se traslade a una mayor inflación? 

El difícil camino del medio
Este es, quizá, uno de los mayores desafíos del Ejecutivo para este año: el de transitar el "camino del medio", evitando los dos extremos.
Es decir, que no se profundice el atraso cambiario y, a la vez, que no se dé una aceleración inflacionaria y una mayor escapada del dólar blue.

A juzgar por lo ocurrido en los últimos meses de 2012, parecía que se había tenido éxito en transitar este delicado camino intermedio. Pero los economistas no dudan en señalar que esto fue posible "gracias" al enfriamiento de la economía.

Como resume Miguel Bein, un especialista con reputación de acertar pronósticos, "la moderación de los consumidores, mechada con la desaceleración del PBI, no permitió convalidar el salto de precios que se hubiera esperado por la corrección cambiaria oficial".
Paradójicamente, esta "ayudita"que significó que el país haya crecido menos, se transforma ahora en un gran dilema, ya que se espera un relativo repunte de la economía.
Por lo pronto, el Gobierno ratifica que el mayor ritmo devaluatorio, a pesar de haberse frenado en este arranque de 2013, se incrementará durante el resto del año. 
Así parece indicarlo el "anticipo" de Guillermo Moreno sobre un precio de $6,00 para el dólar a fin de 2013, lo que implicaría una tasa devaluatoria del 20 por ciento.

Con un ojo en el blue
La escapada del blue puso en evidencia el escaso margen de maniobra que enfrenta el Ejecutivo

Por un lado, el tipo de cambio paralelo nació como expresión de que el mercado percibía un atraso cambiario.

Pero, por otra parte, es en sí mismo un termómetro del humor social y un referente para muchos precios de la economía.
Eso implica que devaluar más rápido no necesariamente achicaría la brecha, sino que generaría una situación de nerviosismo que la podría agravar.
Oscar Liberman, economista de la fundación Mercado, piensa que "seguir con una suba progresiva del dólar oficial termina recalentando las expectativas sobre el valor futuro de la divisa, lo que es igual a decir que el blue comienza a escaparse ampliando la brecha".
Otro analista de peso en el mercado, Pablo Rojo, también considera que "más devaluación oficial, a un ritmo como el de 2102, seguramente impactará en la cotización del paralelo, de modo que irá para arriba si bien lo hará recorriendo el trayecto de una montaña rusa".
Este consultor se juega a decir que "tendremos más brecha, no menos".

Y señala que esto será así "porque una medida aislada sólo empeora las cosas. Es claro que el blue es una muestra cabal del desequilibrio de los precios relativos, el exceso del gasto y los desajustes de la política económica".
En definitiva, lo que los analistas perciben es que ya no resulta tan claro que el resto de las variables de la economía sigan al dólar sino, más bien, que éste empezó hace tiempo a moverse en función de otras necesidades. Por ejemplo, las fiscales, además de las ya mencionadas.

"El secreto es transformar el ancla cambiaria en un ancla fiscal. Porque la realidad es que en la Argentina la inflación se mueve a la par del financiamiento que recibe el Gobierno por parte del Banco Central", argumenta Castiñeira, de Econométrica.
En tanto Delgado, de Analytica, cree que lo más probable es que el Ejecutivo intente compensar la mayor velocidad del dólar con una contención de los salarios, amenazados ahora en quedar "relegados" y a tener que cumplir el rol de nueva ancla de la economía.

El pronóstico en el cual todos los analistas coinciden es que, sea cual fuere la política para el billete verde, ésta fracasará si es que no se adoptan, simultáneamente, otras medidas para corregir las inconsistencias del modelo.

De no ser así, ocurrirá el "síndrome del parche", algo que el ex ministro Martín Lousteau ilustra con una escena de Los Tres Chiflados: "Hay un capítulo donde tratan de arreglar una ducha; se les rompe un caño y ponen otro, y así hasta que terminan encerrados dentro de su propia ducha".
(*) Fernando Gutierrez y Federico Kucher. Artículo publicado por iProfesional el 5 de Marzo de 2013