sábado, 23 de marzo de 2013

Los pobres

Por Arturo Damm (*)
“La pobreza se supera, no redistribuyendo la riqueza, sino creando riqueza; nueva riqueza que la deben crear los pobres.”
El Papa Francisco se ha ganado a más de uno al manifestar su preocupación (no creo que la palabra correcta sea preferencia: el Papa y la Iglesia no deben tener preferencia de unos sobre otros) por los pobres, lo cual ha llevado a más de uno a preguntar y qué hará el Papa, en particular, y la Iglesia, en general, para ayudar a los pobres, sin faltar quienes proponen que la Iglesia lo venda todo y destine esos ingresos a dicha ayuda, ayuda que sería de una sola vez y, por ello, ineficaz.

Con relación al tema de la pobreza hay que tener en cuenta lo siguiente: 
1) la condición original del ser humano en este planeta es la pobreza, y una de las partes más interesantes de la historia es la relacionada con los esfuerzo para superar esa condición, esfuerzos que han dado buenos resultados: en términos relativos la pobreza es hoy menor que ayer;
2) la causa de la pobreza no es la injusta o desigual distribución de la riqueza, sino la incapacidad de los pobres para, por la vía del trabajo productivo, generar un ingreso suficiente que les permita satisfacer correctamente sus necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan en contra de la salud y la vida, necesidades entre las que hay que contar el ahorro; 
3) la incapacidad de los pobres para, por la vía del trabajo productivo, generar ingreso suficiente se supera, primero, desarrollando capital humano, definido como los conocimientos teóricos y habilidades prácticas que le permiten a la persona desarrollar trabajos productivos, es decir, ser capaz de hacer más con menos y, dos, invirtiendo, definida la inversión como todo gasto destinado a producir más y mejor, inversiones que pueden realizarse, por ejemplo, en instalaciones, maquinaria y equipo (inversión fija bruta), sin lo cual el capital humano sale sobrando: el capital físico (instalaciones, maquinaria, equipo, etc.) es complementario del capital humano (conocimientos teóricos y habilidades prácticas para desarrollar trabajos productivos); 
4) la pobreza se supera, no redistribuyendo la riqueza (lo cual no pasa de ser un robo: el gobierno les quita a unos para darles a otros), sino creando riqueza (produciendo bienes y servicios que los consumidores aprecian y por los cuales están dispuestos a pagar un precio), sin olvidar que esa nueva riqueza la deben crear los pobres, para lo cual se requiere lo ya dicho: desarrollo de capital humano e inversión fija bruta, debiendo señalar que, si dicha inversión no va a donde están los pobres (por ejemplo: comunidades pequeñas y aisladas en las sierras), entonces los pobres deben ir a donde se encuentran dichas inversiones (por ejemplo: los centros urbanos, que hoy por hoy, sobre todo en economías en las cuales los servicios pesan cada vez más como proporción del PIB, son los polos de generación de riqueza).

No se trata de que alguien (por ejemplo: la Iglesia vendiéndolo todo) le regale riqueza a los pobres, sino de que los pobres sean capaces, gracias al trabajo productivo, de generarla.

(*) Arturo Damm. Economista y filósofo; liberal (casi anarcocapitalista); profesor universitario y periodista. Colaborador de La Crónica y Asuntos Capitales.
Ciudad de México. Artículo publicado en Asuntos Capitales el 22 de Marzo de 2013 @ArturoDammArnal