sábado, 2 de marzo de 2013

¿Que es el populismo?

Por Gabriel Boragina (*)
En su ya celebrado diccionario, el Dr. C. Sabino, al definir el populismo (latinoamericano), expresa:
"Los populismos de nuestra región -el plural resulta apropiado, dada la diversidad de las experiencias- se caracterizan por sus imprecisiones ideológicas y por su dependencia de liderazgos personales fuertes y determinantes, lo cual los complementa y a veces hasta los hace indistinguibles de otro fenómeno muy característico de América Latina, el caudillismo, más identificado con la historia del siglo XIX. Esto impidió que llegaran a alcanzar el grado de estructuración ideológica de otros movimientos, por lo que la relación líder-masa adquirió un valor fundamental. En ausencia de una línea política clara y precisa el líder se asemejó al caudillo de otros tiempos, llevando al movimiento por las aguas turbulentas de la cambiante política, acercándose a la derecha o a la izquierda según lo aconsejaran las cambiantes circunstancias de la hora." [1]

Cabe señalar que las imprecisiones ideológicas no implican ni quieren decir que el populismo carezca de ideología. Sino que -por el contrario- la tiene, y la imprecisión reside en que la va modificando o cambiando conforme a sus conveniencias e intereses propios. Esa ideología no es otra que la del caudillo. El populismo es un sistema en el que la masa (no el pueblo) rinde un culto idolátrico a un líder, convirtiéndolo en un semi-dios humano.

Continúa C. Sabino así:
"Entre las primeras manifestaciones del populismo latinoamericano se cuentan las de Brasil y Argentina, donde aparecen dos poderosas personalidades políticas, Getulio Vargas y el Gral. Juan Domingo Perón, que llegaron a dominar la escena de sus países durante muchos años. El mensaje de estos y otros líderes, si bien teóricamente confuso y hasta manifiestamente contradictorio, se distinguió sin embargo por dos rasgos notables: a) lo que podríamos llamar el tercerismo y, b) una vocación de cambio que respondía de algún modo al momento que se vivía en cada país.[2]

Ese tercerismo o Tercera Vía (como se la ha denominado últimamente) no es otra cosa que el intervencionismo estatal, que tanto daño ha hecho y hace a la región, explicado magistralmente por el profesor Ludwig von Mises. Agregamos que el mensaje populista es deliberadamente confuso y manifiestamente contradictorio, y que a la fecha de la redacción de esta definición (1991) el Dr. C. Sabino aun no conocía el comunismo chavista venezolano, que advino al poder mas tarde.

Y sigue exponiendo C. Sabino:
"En un contexto en el que capitalismo y socialismo se enfrentaban de plano en un combate ideológico incesante y donde las dos grandes potencias del mundo estaban comprometidas en la Guerra Fría, el mensaje populista trató de navegar entre las aguas de los sistemas contrapuestos, elaborando fórmulas que, si bien carecían casi siempre de un contenido preciso o aún de viabilidad práctica, resultaban impactantes y capaces de movilizar los sentimientos y las energías latentes en amplios sectores de la población."[3]

En suma, aquí se habla del empleo de la demagogia como instrumento del populismo. Este promete el paraíso en la tierra y esto capta siempre a las mentes más ingenuas o retrogradas. El elemento cuasi religioso, es un componente fundamental en cualquier populismo, lo que lo transforma en una secta mas, que predica una suerte de misticismo terrenal, generoso en la producción de "milagros" que "sólo puede obrar" su líder y ninguna otra persona más. No obstante, recordemos que todas las "terceras vías" o "terceras posiciones" o "tercerismos" fracasaron estrepitosamente, tanto en lo político como en lo económico.

Y agrega el profesor C. Sabino:
"Los populismos latinoamericanos se opusieron al capitalismo existente con una fraseología ardiente que apelaba al pueblo, a los "oprimidos", los "descamisados" y los trabajadores, contra los capitalistas, los terratenientes o los dueños de la riqueza. De allí la verdadera raíz del término, la idea de que el pueblo podía por fin llegar al poder derrotando a la oligarquía y al sistema conservador, y el tono izquierdista y encendido que en muchas ocasiones usaron sus líderes, coqueteando con el comunismo y llegando en ocasiones a establecer ciertas alianzas tácticas con él, aunque poniendo cuidado en diferenciarse siempre de la ortodoxia marxista-leninista. Por eso, aun cuando todos los populismos se opusieron decididamente a la economía de mercado libre y abogaron en consecuencia por una fuerte intervención del estado, tampoco afirmaron que hubiese que estatizar todo el aparato productivo o guiar la economía mediante un sistema de planificación centralizado como el de los países socialistas. 

El populismo, en síntesis, fue más nacionalista que clasista, más antinorteamericano que prosoviético, más apegado a las grandes fórmulas vacías que a programas claros de gestión económica, con lo que se acercó en muchas de sus manifestaciones, indudablemente, al fascismo".

Lo que reafirma la idea de la deliberada ambigüedad del mensaje populista, cuya estrategia consiste en el manejo del líder, mediante el instrumento de la confusión conceptual y que -en suma- mas tarde o más pronto está destinado en convertirse en fascismo, tal y como las experiencias actuales de la Argentina de los Kirchner, la Venezuela chavista, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Morales, etc. lo han demostrado ampliamente. Se tratan de burdas demagogias disfrazadas con el bonito ropaje de la "democracia", pero cuyo culto al líder demuestra a las claras que no son más que ritos cuasi divinos, que ofrecen liturgias y sacrificios a una "deidad" terrena, tan humana y tan falible como sus fanáticos seguidores.

El elemento personalista (esencial de todo populismo) es un infalible caldo de cultivo para la corrupción más rampante, como también lo demuestran los ejemplos dados.

En suma, las conclusiones son evidentes: el populismo se traduce en un cruel sistema de explotación y de miseria agobiante, donde gente ignorarte es manipulada y expoliada impiadosamente por líderes sin escrúpulos ni moral de ninguna laya, y que lo único que buscan satisfacer son su ambiciones personales a costa de sus seguidores.

Referencias:

[1] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz "populismo (latinoamericano)
[2] C. Sabino, Diccionario....ob. cit. Ver cita anterior.
[3] Ídem cita anterior.

(*) Gabriel Boragina. Abogado.Master en Economía y Administración de Empresas. Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas). Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos). Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE). Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía).Colaborador de "Contribuciones a la Economía"; revista académica de amplia difusión mundial publicada por el Departamento de Economía de la Universidad de Málaga. Columnista de "La Historia Paralela", revista crítica de política y economía internacional. Ex columnista y sponsor de la revista Sociedad Libre y de la revista Atlas del Sud.Ex presidente de ESEDEC (Escuela de Educación Económica). Profesor de Elementos de Análisis Económico y Financiero en la UNBA. Ex profesor de la materia universitaria Política Económica Argentina; de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA; de Finanzas y Derecho Tributario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Artículo publicado en "Acción Humana" el 2 de Marzo de 2013.