martes, 30 de abril de 2013

La libertad y su eterna vigilancia

Por Alberto Medina Méndez (*)
Una retorcida interpretación de la democracia actual sigue haciendo de las suyas en el mundo. La oligárquica corporación política viene por más, y en algunos sitios, su soberbia les permite decir sin pudor, que vienen por todo.

Esa casta de dirigentes cree pertenecer a una privilegiada lista de seres humanos especiales, iluminados que todo lo saben, que son capaces de darle a la gente lo que quiere. Aspiran a apropiarse del poder y usar lo logrado para provecho propio. Para mantenerse allí, necesitan secuestrar a la sociedad, arrebatarle su poder de decisión, acorralarla a diario, suprimir su autoestima, sus derechos y fundamentalmente su libertad.

Los populismos contemporáneos, su perseverante e hipócrita discurso del socialismo del siglo XXI y su aliado circunstancial, el Estado del bienestar, vienen trabajando duro, hace mucho, en quitar las libertades una a una.

La dinámica de destrucción de las libertades ahora no ha elegido las armas y la violencia como mecanismo como lo fue en tiempos del comunismo. Bajo la influencia de Antonio Gramsci, algunos comprendieron que la lucha es cultural y siguieron al milímetro aquello que afirmaba este pensador cuando decía “La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”.

Buena parte de los que detentan el poder actual, intentan ese camino. Se han adueñado del lenguaje, de las ideas, instalando nuevos paradigmas, para de este modo garantizarse contar con un constante apoyo popular.

Afirman desear democracia, libertad, prosperidad, diversidad. Hablan de amor, de luchar contra la pobreza. La evidencia muestra todo lo contrario.

Ellos pretenden discurso único y hegemónico, por eso quieren eliminar la crítica y el disenso. Defienden la existencia de una verdad única, y desde allí pretenden silenciar a todo el que piense diferente, con normas que diseñaron para limitar el poder de la sociedad. Por eso crearon una legislación que regula la libertad de expresión, siempre bajo la amenaza del latente intento sedicioso, esa fuerza confabuladora que a la sombra de sus intereses económicos y políticos, conspira siempre.

El odio es el emblema que los moviliza. Instalan la idea de una sociedad dividida, clasifican a la gente como en grupos enemigos del sistema. La riqueza del idioma les aporta esa chance de etiquetar con una sola palabra a todos los que desean combatir, como cipayos, vendepatrias, oligarcas, golpistas, imperialistas, en una interminable lista de términos que usan para poner en la vereda de enfrente a un sector de la sociedad, y así fustigarlos.

Ellos saben que para lograr sus fines, precisan limitar y eliminar cada una de las libertades vigentes. El combate político del presente, les impone una tarea gradual, sistemática, metódica, pero perseverante. Se trata de ir despojando a la sociedad de sus libertades, sin que los ciudadanos se den cuenta, o generando solo pequeñas molestias que no sean consideradas relevantes como para resistirse y de ese modo puedan seguir contribuyendo con su complicidad funcional a alimentar el poder del sistema.

Para lograrlo, bajo el paraguas de esta parodia democrática, van buscando aliados. Por un lado están sus seguidores más leales, esos que comparten el objetivo político, que  coinciden en el proyecto, y lo conocen en detalle.

A estos se suman los intelectuales, que diseñan el relato, para construir la estructura argumental que sostiene el esquema político. Algunos aportan ideas solo por migajas y un reconocimiento mínimo. Otros mercantilizando su contribución, como intelectuales a sueldo, que construyen un endeble, pero aparentemente sólido, soporte a cambio de algo de dinero para su supervivencia cotidiana, ese que no obtendrían de otro modo.

El componente clientelar nunca falta a la cita, porque aporta masa crítica y electoral. En este grupo no solo están los que menos tienen que reciben dádivas del asistencialismo, sino también una inmensa lista de personas de baja autoestima y excesivo resentimiento.

Finalmente se identifica  al grupo de los que hacen negocio con el régimen. Se trata de pseudo empresarios, que pretenden obtener ventajas económicas, constituyéndose en colaboracionistas. Por un lado dicen en privado que se dan cuenta de lo que está sucediendo, pero su codicia e incapacidad evidente,  les impide poner en la balanza ciertas cuestiones, y eligen así el camino de enriquecerse de modo poco convencional.

Quienes creen que todo está perdido y no vale la pena resistir, se equivocan. La libertad siempre tiene un costo para los que creen en ella sin matices.  No se trata ya de un simple derecho, sino de una posibilidad que hay que ganársela, que debe ser defendida con convicción y determinación, sabiendo que el adversario es astuto y que se ha apropiado de los recursos de todos para poner de rodillas a los individuos.

No se llegó hasta aquí por casualidad. Ellos fueron contaminando las mentes de todos y avanzando en este proceso con la anuencia legitimadora, sumando la aprobación de muchos que hoy se espantan con lo ocurrido.

Definitivamente, la estrategia es destruir lo que se conoce como libertad. El plan es terminar con ellas, en forma secuencial, gradual, y en cada paso que dan construyen un planteo que justifica quitar ese derecho.

Siempre, existirá en su vocabulario, el bien superior, el interés común, la importancia de lo colectivo por sobre lo individual. Con esa línea argumental fueron robando la libertad de cada persona. Y para ello, legitimaron cada decisión con la caricatura democrática del poder de las mayorías.

La libertad está en peligro. Ellos vienen avanzando en firme y decididamente van por más. Cada uno de los integrantes de la sociedad debe tomar la decisión adecuada y elegir de qué lado está y como serán sus próximos pasos, en este ejercicio de convivir en sociedad.

Es por no custodiar la libertad que se llega a este estado de situación. La negligencia y distracción de su momento, el priorizar el presente por sobre el futuro, hizo creer a tantos que todo estaba bien, y validar así cada avance. Se prefirió no escuchar cuando se advertía lo que venía. Esto que está pasando es el precio de hacer oídos sordos.

Ser libre tiene un costo. Hoy, como siempre, la frase atribuida a Thomas Jefferson tiene más vigencia que nunca, “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

(*) 
Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político.
albertomedinamendez@gmail.com
www.albertomedinamendez.com

Fuente: Comunicación personal del autor


El Congreso, la multitud y los que se quieren ir,...

Por Jorge Raventos (*)
El gobierno se debilita pero al mismo tiempo intensifica sus desafíos y de ese modo parece estar dinamitando cualquier eventual puente de plata. En un clima de tanto estrés, ¿cómo no comprender piadosamente el "Yo me quiero ir" de Hernán Lorenzino? Seguramente no es el único.
Salvo ese signo de clemencia, el oficialismo aplicó sin anestesia la mayoría que aún conserva en la Cámara baja y votó las leyes que le habían pedido. La Presidente quería dar una señal de poder, en momentos en que siente rodeada su ciudadela: viene replegándose en batallas que definió como centrales (por caso, la aplicación de la Ley de Medios), la economía le da malas noticias, su principal aliado regional -el chavismo venezolano- perdió a su líder y está empantanado, no tiene un buen candidato para pelear la elección en la decisiva provincia de Buenos Aires y, last but not the least, el programa televisivo de Jorge Lanata obtiene audiencias formidables para seguir "la ruta del dinero K", un itinerario que ya pasó por Lázaro Báez, un amigo muy cercvano de la familia Kirchner, sigue este domingo con Julio De Vido y es muy imaginable cuál será su estación final. El gobierno necesitaba una buena noticia.

La bancada que preside Agustín Rossi se la proporcionó; eso sí, estuvo sometida a una fuerte tensión y debió hacer un gran esfuerzo, porque los votos no le sobraban. Rossi entró en pánico y estalló de rabia cuando creyó que había perdido su menguada (pero disciplinada) mayoría en una de las votaciones en particular. El estrés lo traicionó: el eficaz jefe del bloque sabe que desde la Casa Rosada le están serruchando el piso en su distrito, Santa Fé, inclinando la cancha en favor de Jorge Obeid para que encabece la oferta electoral oficialista. Rossi, que ha sido un fiel operador de la Casa Rosada teme que el pago por tanto servicio prestado no sea compensatorio, pero está forzado por las circunstancias a exhibir la debida obediencia a la jefatura suprema.

La ajustada victoria del cristinismo, recibida con alivio y algarabía por la propia tropa, no alcanza, de todos modos, a ocultar que diputados de origen oficialista que simpatizan con dirigentes bonaerenses del peronismo bien parados en la opinión pública -Daniel Scioli, Sergio Massa- votaron en el recinto contra los proyectos de la Casa Rosada, en lo que puede interpretarse como una mayor toma de distancia por parte de sus referentes. Empeñado en conseguir sus objetivos a cualquier costo, el gobierno hace más intenso su divorcio de la sociedad y, en consecuencia, ensancha las brechas que surcan la coalición oficialista. Se debilita en los dos planos.

Encerrados en la propia burbuja
Con mirada honda, los obispos transmitieron su preocupación por "las situaciones de crispación que dificultan llegar a consensos". El presidente de la Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano, criticó que "normas tan importantes para la República (como las que hacen a la Justicia del país) no cuenten con el debate suficiente". Lozano sealó que la Iglesia considera que el tema de la Justicia requiere "mayor diálogo" y, agudamente, recordó que el papa Francisco "nos advierte" sobre los problemas que plantea "estar encerrado en el propio mundo". La evocación de la palabra papal es oportuna: el solipsismo oficial, la insistencia en el "vamos por todo" está muy lejos de la exhortación al encuentro y la reconciliación que predica Francisco, con lo que los aprontes oficiales de aproximación al Papa (o "apropiación" del Papa) quedan como meros gestos por contraposición con hechos que actúan en sentido exactamente inverso.

Al concluir la llamada Revolución del Parque de 1890 derrotada por el entonces presidente Miguel Juárez Celman, el senador cordobés Manuel D. Pizarro diagnosticó: "La revolución está vencida, pero el gobierno está muerto". Esta semana, la oposición fue vencida en el Congreso pero, ¿está el oficialismo más saludable que una semana antes?

Aplastada ajustadamente la oposición parlamentaria, ¿adónde se dirige ahora el gobierno?

Si sus planes pudieran cumplirse, marcharía sin escalas a colonizar el Poder Judicial, politizándolo facciosamente y manejando a su placer el sistema de premios y castigos que, en su quimera, distribuiría un Consejo de la Magistratura monitoreado a control remoto desde Balcarce 50.

Pero esa utopía cesarista difícilmente se cumpla sin sobresaltos. El gobierno sabe que las leyes que ha empujado en el Congreso transgreden la Constitución en varios aspectos y serán (en rigor ya han empezado a ser) denunciados ante la Justicia. Conjetura también (y no va mal encaminado) que más de un juez dictaminará la inconstitucionalidad de esas normas y paralizará legalmente su aplicación. Sabe, en una palabra, que está activando un conflicto de poderes.

La multitud y el conflicto de poderes
¿Cómo se resuelve un conflicto de poderes cuando una de las partes es un oficialismo que no tiene reparos en saltar vallas normativas y que ya ha demostrado su reticencia para colaborar con decisiones de la Corte?
Los jueces pondrán freno al intento gubernamental de modificar la Justicia (y con ella, el orden republicano): ¿acatará el gobierno las decisiones de esa Justicia que quiere cambiar y dominar?

Si bien se mira, la ascendente tensión entre el oficialismo y la Justicia corre paralela con la creciente movilización ciudadana y social: la opinión pública independiente ha ganado la calle y también lo hacen las organizaciones gremiales. Ambos actores defienden a la Justicia de los embates oficialistas. El gobierno motoriza el conflicto de poderes, pero el arbitraje se corre a la calle.

La presencia de este árbitro social -la multitud- actúa sobre todos los personajes. La coalición oficialista se resquebraja, porque cada vez son más los que, en su seno, juzgan que la conducción puede estar llevándolos a una catástrofe. Las repetidas denuncias de corrupción, que en las últimas semanas encuentran millones de oídos receptivos (síndrome Lanata), constituyen un factor que activa esas fracturas.

Frente a la idea ramplona de “democratización” que procura imponer el gobierno, según la cual todos los poderes de la República (y la sociedad en su conjunto) deben alinearse y disciplinarse detrás de la mayoría electoral (que se sintetiza en la Presidencia), conviene tomar en cuenta perspectivas más refinadas de la democracia como, por caso, las que ha desarrollado el cientista político Pierre Rosanvallon, un pensador francés ligado políticamente a la socialdemocracia.

Explica Rosanvallon: “Hay dos escenarios fundamentales de la actividad El primero es la vida electoral, la confrontación de programas. En otras palabras, la vida política en el sentido más tradicional del término: su objetivo es organizar la confianza entre gobernantes y gobernados. Pero también existe otro escenario, constituido por el conjunto de las intervenciones ciudadanas frente a los poderes.
Esas diferentes formas de desconfianza se manifiestan fuera de los períodos electorales (...) se trata de un ejercicio democrático no institucionalizado, reactivo, una expresión directa de las expectativas y decepciones de una sociedad. Junto al pueblo elector, también existe -y cada vez más- un pueblo que vigila, un pueblo que veta y un pueblo que controla. El buen ciudadano no es únicamente un elector periódico. También es aquél que vigila en forma permanente, el que interpela a los poderes públicos, los critica y los analiza”.

Para el autor francés, además del resultado electoral, cuenta la capacidad de generar confianza entre la sociedad y el poder político, pero “hoy, en nuestras sociedades, la desconfianza ocupa un lugar cada vez más estructurante.Hay cada vez más formas de soberanía negativa. La gestión de la desconfianza triunfó o, al menos, tiende a triunfar sobre la organización de la confianza”.

El diagnóstico de Rosanvallon describe con bastante precisión el estado de la democracia argentina, con un sistema político desmantelado en el que el partido mayoritario -el peronismo- se encuentra en estado de hibernación y ha sido sustituido por un “partido del Estado”, cuyo órgano exclusivo es el Poder ejecutivo del país, mientras una oposición atomizada demora en encontrar formas de convergencia y acción eficaz. En ese contexto, la sociedad se moviliza para defenderse: lo hizo fuertemente en 2008 alrededor de la la lucha del campo y lo viene haciendo en los últimos meses, con varios objetivos simultáneos: detener el avance despótico del Ejecutivo, reclamar por la impotencia y la desastrosa gestión del Estado (viciada por la corrupción) e impulsar a las fuerzas políticas no oficialistas a convergencias y acuerdos básicos para recuperar la concordia y la convivencia.

En su libro “Contrademocracia”, Rosanvallon analiza por qué “el ciudadano contemporáneo se conforma cada vez menos con otorgar periódicamente su confianza en el momento de votar. Ahora pone a prueba a sus gobernantes. Esta actitud se ha transformado en una característica esencial de la vida democrática actual. Para ello, ejerce antes que nada una acción de vigilancia. El hombre moderno sabe que el espacio común se construye día a día y que debe estar atento al riesgo de corrupción del proceso democrático. La segunda función de la desconfianza es la actitud crítica: el ciudadano analiza la distancia que separa la acción de las instituciones del ideal republicano. Esa crítica impide que la sociedad se duerma sobre una idea de la democracia sólo concebida como “el menor de los males”. El ideal de la ciudadanía debe ser, en efecto, organizar el bien común. Por fin, la tercera dimensión de la ciudadanía contrademocrática es la apreciación argumentada: la vida de la democracia no es la charla en el café de la esquina, es hallar una forma argumentada de discutir y de juzgar a los poderes”.

Juan Perón decía que la argentina es una sociedad politizada pero de baja cultura política. Capaz de movilizarse y vigilar así sea espasmódicamente los poderes constituidos, todavía no ha enraizado una” forma argumentada de discutir y de juzgar a los poderes”, es decir, todavía no ha alcanzado las formas organizadas partidarias e institucionales que le otorguen a la sociedad política equilibrio, flexibilidad, historia y capacidad de cambio en orden . Este es quizás el mayor desafío de este momento en el que acaba un ciclo: proyectar lo que viene.

La desconfianza organizada
La sombra de la multitud vigilante también opera sobre los tribunales: lo que la sociedad espera de los jueces ya está muy claro. También está claro que las expectativas a menudo enmascaran la desconfianza de una sociedad reacia a repetir desengaños.

En ese contexto de desconfianza puede interpretarse la sospecha de contubernio entre el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y el gobierno central que disparó la diputada Elisa Carrió. En un orden político donde lo fáctico prevalece y donde lo que Yrigoyen llamaba "efectividades conducentes" y "patéticas miserabilidades" lubrica fallos judiciales o votos parlamentarios y alienta cambios de casaca o movimientos tácticos inopinados, el escepticismo parece una vacuna contra la decepción. La diputada se sorprendió ante el hecho de que el Ejecutivo cediera en un proyecto que amputaba a a la Corte el manejo político, administrativo y -subrayó ella- los recursos financieros de la Justicia. De esa sorpresa derivó la sospecha de alguna promesa de contraprestación.
Con el paisaje de fondo de las multitudes movilizadas, ese recelo no parece razonable.

Una mirada no conspirativa puede aceptar plausiblemente que la censura en que incurrió el presidente de la Corte (al transmitir al Ejecutivo y al presidente de Diputados sólo un fragmento del memorando de los camaristas, el que aludía a los recursos administrativos y presupuestarios de la Corte) se debió a su deseo de que el ámbito judicial no fuera imputable de prejuzgamiento en temas sobre los que sin duda los magistrados deberán pronunciarse. En cualquier caso, la denuncia de la diputada Carrió (no acompañada por otras fuerzas políticas) acentúa la presión objetiva que se ejerce sobre Lorenzetti y sobre el conjunto de los jueces, a quienes las cacerolas movilizadas el 18 de abril les reclaman fortaleza, temperamento e independencia.

La atmósfera multitudinaria también impulsa a las fuerzas opositoras. Empiezan a constituirse grandes espacios que tienden a construir boletas electorales comunes (uno que puede reunir a radicales, socialistas y corrientes de centroizquierda; otro, con eje en el peronismo no K y alianzas con el macrismo y otras corrientes afines). Con ese diseño el oficialismo se encontrará con una competencia más fuerte que la que tuvo en 2011. Las encuestas indican ya que la oposición ganará en cuatro de los grandes distritos (Capital, Santa Fé, Córdoba y Mendoza) y que probablemente también consiga la victoria en la provincia de Buenos Aires, donde el Frente para la Victoria no consigue un candidato atractivo. Para poder aspirar a que el próximo Congreso vote una convocatoria a la reforma constitucional destinada a permitirle la reelección a la Presidente, el oficialismo necesita obtener más del 42 por ciento de los votos en la provincia. Hoy ese resultado es inalcanzable (y el futuro cerca no no se entrevé más promisorio).

Dinamitan los puentes de plata
Pero la influencia de la multitud no se da sólo en ese terreno, sino en el de la dureza conceptual. El senador por Mendoza Ernesto Sanz, un hombre moderado que en 2015 será candidato presidencial de un partido sereno y apegado a lo institucional como la UCR, se comprometió esta semana a impulsar la reapertura de la causa por enriquecimiento ilícito contra Néstor y Cristina Kirchner, que el juez Norberto Oyarbide cerró con precipitación hace unos años. Ese compromiso de Sanz supone enfrentar el principio jurídico de la cosa juzgada. Sanz está convencido de que se puede hacer invocando la figura de la "cosa juzgada írrita" para declarar nulo el fallo de Oyarbide, lo cual procede cuando la cosa juzgada fue lograda con vicios intrínsecos (dolo, prevaricato, cohecho, fraude, etc.). El fallecido jurista Germán Bidart Campos escribió,por cierto: "Sería ritualismo fatuo, exceso procesal manifiesto, vicio instrumental y negatorio del derecho fondal —sobre todo constitucional—, apegarse y aferrarse a la formalidad vacía de la autoridad de la cosa juzgada en una sentencia viciada de nulidad. ¿Para qué es la sentencia? Para administrar justicia. La justicia como valor, como servicio, como función del poder, no es cosa de meras formas, de apariencias.Destronar a la cosa juzgada nula o írrita es una de las batallas constitucionales y procesales más elocuentes y necesarias para dar prioridad a la verdad objetiva, y, con ella, a la justicia".

En cualquier caso, una cosa son los tratados y otra la acción política. El compromiso del radical Sanz prueba cuánto se ha calentado el clima en la Argentina al ritmo de la actitud confrontativa constante del gobierno y de la paulatina reacción de la multitud. El gobierno se debilita pero al mismo tiempo intensifica sus desafíos y de ese modo parece estar dinamitando cualquier eventual puente de plata.

En un clima de tanto estrés, ¿cómo no comprender piadosamente el "Yo me quiero ir" de Hernán Lorenzino? Seguramente no es el único.

(*) Jorge Raventos. Artículo publicado por Diana Ferraro en "Peronismo Libre" el 28 de Abril de 2013.

Estímulos públicos, lucro privado

Por Juan Ramón Rallo (*)
Les voy a contar un secretocuando los keynesianos de todos los partidos hablan de que “hay que estimular laeconomía” a lo que en realidad se están refiriendo es a que quieren hinchar las cuentas de resultados de algunosempresarios ineficientes a costa de los contribuyentes.  que jamás se lo han vendido de este modo quesiempre que les han dicho que sólo es cuestión de “crear empleo”“relanzar la economía”“fomentar el crecimiento”,“evitar la fractura social” o “ayudar a los más desfavorecidos”Pero la cruda realidad es ésasiempre que usted estéapoyando los déficits públicos masivos está defendiendo la socialización de las pérdidas de aquellos empresarios que nohan sabido invertir correctamente.

En honor a la verdad, hay que decir que no todos los keynesianos han tratado de ocultar lo evidente. Uno de sus más brillantes representantes, Hyman Minsky, tenía bien claro en qué consistía todo el teatrillo keynesiano: endeudar al contribuyente para engordar al capitalista. Lean sus palabras en uno de sus libros más importantes, Estabilizando una economía inestable: “Si el déficit público se incrementa cuando la inversión privadas y las rentas están decreciendo, los beneficios empresariales no se reducirán tanto como lo habrían hecho en su ausencia. En efecto, el Gran Gobierno sirve para consolidar los beneficios de las empresas”. Tal cual. Sin trampa ni cartón.
La verdad es que el hallazgo no tiene mucho misterio. El Estado, cuando gasta con cargo a déficit, puede hacer dos cosas: por un lado, contratar a una empresa privada para que haga cualquier barrabasada que los consumidores no habrían contratado por sí mismos, de manera que los beneficios de esas compañías concesionarias reciben una inyección en vena de dinero público; por otro, puede ejecutar sus dispendios a través de alguna sociedad pública, pero en tal caso se generan toda una serie de rentas privadas (a favor de los trabajadores, proveedores, clientes, etc.) que constituyen los ingresos que ulteriormente serán gastados por sus receptores en provecho de las empresas privadas con las que se relacionen.
No hay otra: cuando el Estado se endeuda y gasta lo que en última instancia está haciendo es derivando lucrativos dividendos a empresarios que deberían haber quebrado o que deberían haberse reestructurado. Nada demasiado distinto a rescatar bancos o a conceder la gestión de la sanidad pública a alguna empresa privada en régimen de monopolio, salvo que en estos dos casos vemos con claridad cómo se transfieren las rentas desde los contribuyentes a algunos capitalistas concretos, mientras que con los planes de estímulo muchos se limitan a aplaudir sin entender qué se está cociendo.
Ah, paradoja de las paradojas: los malosos neoliberales defensores del austericidio son los que, al final, reniegan de socializar las pérdidas y de enriquecer a torpes capitalistas varios expoliando al contribuyente, mientras que los intervencionistas austerófobos devienen los principales aliados de unos altos directivos que, a pesar de su mala gestión, necesitan cobrar su millonario bonus anual por la vía de vender más mercancías estropeadas a una economía que incrementa su gasto total gracias al despilfarrador déficit público. Lo dicho: estímulos públicos, ganancias privadas. Lástima que algunos todavía no se hayan enterado en qué campo juegan y qué intereses de fondo están defendiendo. 
(*) Juan Ramón Rallo es doctor en Economía con Premio Extraordinario de fin de carrera y licenciado en Derecho también con Premio Extraordinario de fin de carrera por la Universidad de Valencia, así como master en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Actualmente es profesor en esta última universidad y en los centros de estudios OMMA e Isead. Asimismo es director del Instituto Juan de Mariana. Artículo publicado en VLC News el 28 de Abril de 2013.

Y ahora ¿que?

Por Malú Kikuchi (*)
Los argentinos hemos sobrevivido una semana excepcional hasta para nosotros, especialistas en excepcionalidades. Nos pasó de todo. Hasta nos cambiaron la Constitución Nacional, sin aclararnos que la estaban cambiando. Todo un logro del gobierno y un desastre para la nación, que ya hacía tiempo había dejado de ser república, pero sin hacerlo tan explícito.

Boris Vian decía que “el humor es la gentileza de la desesperación” (1). ¿Los argentinos debemos reír a pesar de todo? ¿Y qué es todo después de la extraordinaria marcha del 18 de abril? Todo, son las respuestas malignas del gobierno a la marcha. Y alguna disparatada respuesta de la oposición.
El 23/4/13, la mujer, el hijo, la suegra y una sobrina de Mariotto, vice gobernador de la provincia de Buenos Aires, son asaltados por delincuentes. Por suerte, nadie sale herido, ni es tomado de rehén. Sólo robados.  Ante el periodismo, Mariotto define el hecho como “habitual”. Sin comentarios.
María Lucía “Pimpi” Colombo, subsecretaria de defensa del consumidor, dice que: “el congelamiento de precios ha sido excelente. La gente lo percibe bien”. No soy gente. Lo único que me han congelado son las entradas. El resto sube. ¿Y congelados a partir de qué precios? NS, NC.
Dicen que la Corte amenazó con renunciar en bloque. La amenaza, ¿fue antes o después de la denuncia de Carrió en diputados sobre Lorenzetti? La diferencia es importante. Lástima que nunca lo sabremos.
Para evitar el descalabro judicial que implica la creación de las cámaras de casación; so pretexto de aliviar el trabajo de la Corte, en realidad para alargar los juicios (en particular de los jubilados, esperando que se mueran antes del fallo), Zaffaroni propone una Corte de 19 miembros. “¿Why not?”.
Mientras, el fiscal federal Guillermo Marijuan denuncia a su superior en el ministerio público, la Dra. Alejandra Gils Carbó, procuradora general de la nación, por nombrar fiscales de manera irregular. ¡Todavía hay fiscales! ¿Pero por cuánto tiempo después de someter al poder judicial el 26/4/13?
Dicen que Moreno le propuso a Cristina expropiar Shell. Es una buena idea. De hacerse realidad sería un original regalo para la coronación el 30/4 de los nuevos reyes de Los Países Bajos. La Royal Dutch Shell, es holandesa.
Por algo la presidente prohíbe a sus funcionarios hablar con la prensa. El ministro de economía (¡teníamos uno! y ¡se llama Hernán Lorenzino!) se entrevistó con una reportera griega. Ante la inevitable pregunta sobre la inflación, después de balbucear lastimosamente, pidió apagar las cámaras y pronunció palabras que quedarán en la historia: “me quiero ir”. Yo también. Pobre Lorenzino, debería saber mentir con convicción, si no, no se puede formar parte del gabinete. Y agregó: “la inflación es un tema sensible”. Que se lo cuente a Pimpi Colombo que no se enteró.
Dicen que a Lorenzino lo va a reemplazar Kicillof. ¿Cómo le explica Kicillof a Cristina que mediante la brillante labor llevada a cabo en economía, el US$ paralelo haya cerrado esta fatídica semana a $9,34? Complicado.
Moreno y su mujer, Marta Cascales; Kicillof, Daniel Reposo, Alejando Vanoli (pte comisión de valores), funcionarios y guardaespaldas varios, periodistas de C5N, TP y 678, irrumpieron en la asamblea de memoria y balance 2012 de Clarín, en representación del 9% de las acciones que ANSES posee del multimedio. Como las ganancias fueron menores a las del 2011 (tenían permitida la publicidad de supermercados y electrodomésticos), Moreno les gritó: “si no saben gerenciar, que se vayan”. Sabias palabras que aplicaremos al gobierno, si no saben gerenciar, y es obvio que no saben, que se vayan.
El inefable INDEC, ese que le atraganta la mentira a Lorenzino, y hace que se quiera ir, asevera que en La Rioja capital, no hay indigentes. Y en el resto del NOA y NEA,  la indigencia oscila entre el 0,1 y el 0,3. Se ha hecho realidad el eslogan del presidente muerto, “Argentina, un país en serio”.
El 25/4/13, Gerónimo “el Momo” Benegas, secretario general de UATRE, presentó en sociedad su partido político FE … en el ¡hotel Plaza! Bienvenidos, ya no combatimos más al capital. Dediquémonos a construirlo.
El gobierno de la ciudad equivocó los tiempos. Lo del Borda, no tiene explicación, ni perdón. Regalarle al gobierno nacional tamaño escándalo por no esperar el momento correcto, el kairós, ha hecho que se deje de lado el precio del dólar, el lavado de millones que son nuestros y la inutilización del poder judicial, por ley del congreso de la nación.
Esto último, que debe ser lo primero, depende de que haya jueces dignos y que la Corte falle como debe fallar: estas leyes son inconstitucionales. Pero la mayoría de las veces los jueces presionados, cuando fallan, fallan.
Una mañana de estas vamos a leer en el Boletín Oficial un decreto de necesidad y urgencia, algún disparate fuera de toda lógica, diciendo “porque es nuestra graciosa voluntad” y firmado por: “nos, Cristina I”. Aclarando que el inventor de la frase y de la monarquía absoluta, fue Luis XIV, un gran rey que también heredó el trono, pero que dejó para la posteridad Versalles, en vez de Tecnópolis y creó un cuerpo de diplomáticos profesionales, en vez de reemplazarlos por obsecuentes políticos de cuarta, y formó un ejército permanente, en vez de destruir al que existía. Era el siglo XVII. Y ahora, en el siglo XXI, ante un poder absoluto, ¿qué? Millones de ciudadanos unidos, dueños de la calle y de los votos, hasta que gobierno y oposición entiendan, que fuimos una república y exigimos seguir siéndolo.
(1) ”La espuma de los días”, 1947, Boris Vian.
(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política. Artículo publicado el 28 de Abril de 2013 en "La Caja de Pandora".
Fuente: Comunicación personal de la autora y en http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=7826

Juntando Fósforos

Por Enrique G. Avogadro (*)
“Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. ¡Estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo!” Gabriel Celaya
Detrás de los telones del bochornoso espectáculo montado por el cristinismo en el Congreso para aprobar, en tiempo record, a libro cerrado y con fraude la orden de asesinar la República, quedaron ocultos los muertos de Once y de las inundaciones de La Plata, la multitudinaria marcha del 18A y, en alguna medida, hasta el juego de corrupción desaforada que Kirchner patentara y que Lanata pusiera en nuestras hogareñas pantallas; en este caso, es menos grave, ya que el periodista volverá a hacer impacto, esta misma noche, bajo la línea de flotación del “relato”.
Sin embargo, como pasó con todas las batallas que el oficialismo ha encarado, revistiéndolas de una épica que la injustificable riqueza de sus generales desmiente, más temprano que tarde ésta terminará en un fracaso, y sólo habrá servido para que doña Cristina gane unos días en su inexorable camino hacia el derrumbe final. El 7D, la Rural, la 125, el derrocamiento de Scioli y de Peralta y, sobre todo, la irresponsable e ineficaz manera en que se conduce la economía, han sido los hitos que han marcado ese derrotero, que tendrá un trágico costo para la Argentina del futuro inmediato.
En agosto deberíamos concurrir a las urnas para votar en las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, que este año –salvo que la Corte Suprema lo impida- implicarán elegir también a los candidatos a futuros miembros del Consejo de la Magistratura (con el país como distrito único, otra trampa electoral del kirchnarismo). En la Argentina, y el 2011 fue una demostración, las PASO funcionan como primera vuelta; recuerde el lema “Cristina ya ganó”. Si en cualquiera de las provincias “seguras” el oficialismo no pudiera exhibir una abismal ventaja numérica sobre el segundo más votado, lo natural sería que éste nucleara tras de sí a toda la oposición, repitiendo así lo sucedido en 2003, cuando Menem venció a Kirchner pero desistió de presentarse a la segunda vuelta.
Como el Gobierno es consciente de estos detalles, está muy preocupado, en especial porque carece de personajes convocantes, a punto tal que en la Casa Rosada se baraja la posibilidad de que doña Cristina encabece, por supuesto en forma testimonial, la lista de candidatos al Consejo de la Magistratura, con lo cual su nombre estaría en las boletas de todas las provincias. La oposición ha entendido el riesgo de este artilugio, y está intentando unificar también su oferta electoral en esta materia.
Debemos reconocer, en el Gobierno, una cuota de locura extraña: está en medio de un año que, sin dudas, será el más complicado de su vida política y, pese a ello, no hace más que castigar y agraviar, sin escrúpulos, a su propia base electoral. Divorciado, ya sin remedio, de las clases medias, su natural refugio debería encontrarlo en el mundo de pobreza e indigencia que ha creado para cautivarlo con sus dádivas clientelísticas y, sin embargo, quienes lo habitan son apaleados diariamente a través de la inflación y del fracaso rotundo del “modelo” económico implementado desde la chiquitísima mesa de Olivos.
La escasez de recursos financieros ha llevado a una marcada incapacidad de la Casa Rosada de mantener a salvo de ese deterioro a los planes sociales, ya que los pocos que aún existen se utilizan para subsidiar el consumo de los más ricos –combustibles, pasajes aéreos, dólar turista, automóviles importados, etc.- y la ya alucinante corrupción de la cual la televisión ha exhibido sólo una pequeña muestra. Y el inocultable agravio llega de la mano del Indec, que esta semana se dio el inexplicable lujo de sostener que la miseria ha desaparecido en varias provincias argentinas; tal vez se deba a la reticencia moral del pobre Lorenzino, nuestro invisible Ministro de Economía, el demoledor papelón que protagonizó ante la prensa internacional.
Como estuve presente en las tres protestas que protagonizó la ciudadanía el 13S, el 8N y el 18A puedo sostener, sin temor a equivocarme, que fue la última la que mayor componente de sectores humildes mostró, sobre todo a partir de la confluencia de las diferentes columnas en el Obelisco porteño, antes de marchar hacia la Plaza de Mayo, primero, y el Congreso. Sin colectivos, dinero o choripán, muchos marginados del conurbano salieron a manifestar su repulsa a un régimen que enriquece a sus funcionarios y a sus amigos, que exhiben con grotesca impudicia sus aviones, sus fiestas y sus automóviles y “pesan” el dinero porque resulta más práctico que contarlo; el merecidamente envidiable aparato de comunicación del Gobierno cometió, esta vez, un incalificable error cuando, para intentar reducir su impacto, llevó el escándalo a las pantallas de quienes, habitualmente, no ven programas políticos, por más cómicos que éstos sean.
El mismo individuo que fue el instrumento utilizado por don Néstor (q.e.p.d.) para llevarnos a la terrible crisis de energía en la que nos encontramos, para cobrar monstruosos sobreprecios en la obra pública, para armar los monumentales negociados con Venezuela y, al menos en los papeles, ser responsable del crimen de Once, con sus cincuenta y un muertos y más de setecientos heridos, el inefable Julio de Vido, que será el nuevo blanco de Lanata esta noche, sin siquiera ponerse colorado atribuyó a los deseos a viajar a Miami que más de dos millones de argentinos salieran a la calle.
El 24A, mientras la sucesiva presencia de los gremios y de la ciudadanía en general gritaba ¡basta! en la plaza, el oficialismo destruía a la República y a la democracia en el interior del Congreso, demostrando un imperial desprecio por el clamor de sus gobernados; resultó por ello muy acertada la frase de Oscar Aguad al resaltar que la bancada oficialista tenía miedo a la masa y vallaba el edificio, demostrando así que no era peronista a pesar de su disfraz.
Preguntas básicas se imponen: si usted fuera nuevamente candidato a algo, sea presidente de un club, de una asociación vecinal o a diputado, ¿dedicaría toda su actividad diaria a insultar a sus votantes y a despreciar su inteligencia?; cuando quienes integran su capital político sufren por alguna razón, ¿demostraría usted que mediosnon sanctos le permiten estar al margen de ese sufrimiento?; mientras todos protestan, ¿utilizaría una visible maza para derrumbar el edificio de su club? Evidentemente, si lo hace es porque los votos han dejado de importarle y ya está pensando en otra forma de conservar el poder; sólo tendrá dos alternativas: el fraude o la violencia.
Como todos somos conscientes de lo que ocurrió en la elección tan cuestionada de Venezuela, presumo que los partidos políticos de oposición se pondrán de acuerdo para contratar a un equipo informático que pueda imposibilitar el fraude. Sólo resta saber, entonces, como hará el Gobierno para incendiar Roma.

Buenos Aires, 28 de Abril de 2013 
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com


Fuente: Comunicación personal del autor

lunes, 29 de abril de 2013

La ilusión mayoritaria

Por Gabriela Pousa (*)
Si de algo puede estar se seguro en esta coyuntura nacional es de la inefabilidad de las cosas que pasan. Todo esta revestido de misterio, hay comienzo de los hechos, desarrollo quizás pero nunca parece haber final. Siempre se está a medio camino. Así, estamos a medio camino de la Ley de Medios, a medio camino de la reforma judicial, a medio camino del lavado de dinero, a medio camino de un periodo que, sin embargo, muestras síntomas de terminar. Pero todavía no termina.

A muchos argentinos les cuesta ya, comprender que aún le faltan tres años a este periodo presidencial. Y es que no es fácil dilucidar de qué manera puede transitarse ese tiempo, en un estado de confrontación creciente y con una dirigencia que, directamente, desprecia a un sector social cuya magnitud no puede, sin embargo, determinar.
¿Qué pasaría hoy si el gobierno llama a una consulta popular sobre algunos de los temas que generan polémica? Falta esa respuesta. La supuesta “democracia directa” que fascina a la Presidente no es, en consecuencia tal. Cristina habla de mayorías y se vale de ella atendiendo exclusivamente a aquel 54% antiguo. Antiguo y obsoleto aún cuando no se sepa a ciencia cierta en qué porcentaje ha menguado.
Ese enigma desvela a las huestes kirchneristas. Sospechan que el caudal electoral perdido es mayor que el que la jefe de Estado quiere aceptar. Pueden vivir en una ilusión pero no pueden apostar a corroborar un número que, a la vista salta, no existe ya. Y el 54% no está más.
Esa realidad enfrenta al gobierno en medio de una campaña electoral atípica. Atípica porque la misma comenzó hace diez años, no ha habido más que proselitismo en la era K. No hubo políticas de Estado, sólo artilugios para consolidar la dádiva y el clientelismo social.
La incertidumbre del número es pues lo que acosa a Cristina Fernández. Esa duda se contagia a sus funcionarios y explica entonces, la fútil conducta de Agustín Rossi a la hora de votar la reforma judicial en la Cámara de Diputados. El miedo a un “arrepentido” ocasional se transforma en pánico. Y ese pánico hace que no existan más los límites legales. Los legítimos han desaparecido ya mucho antes.
En ese contexto, comienzan a escucharse los primeros rumores de fraude. Si bien nadie se atreve a fundamentar, la actitud del kirchnerismo permite avizorar que no aceptarán derrotas así no más. ¿Qué implica eso?
El gobierno se aleja sustancialmente del sistema democrático. La mayoría es apenas una nostalgia del pasado que intentan recrear en el presente valiéndose de la imposición y el relato. De no lograr una victoria sustancial en las elecciones legislativas, la Argentina tendrá una Presidente que gobernará por decreto aún cuando no sea urgente ni necesario.
Estamos entrando en cuenta regresiva. Cristina Kirchner debe llamar a elecciones legislativas para Octubre antes del 12 de Mayo próximo. La sociedad votará, de no haber modificaciones, los primeros días de Agosto en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Y no se prevén resultados favorables a la jefe de Estado.
Por esa razón es que, amparada en la ficción mayoritaria, Cristina elabora su propia teoría de la voluntad popular. Una voluntad popular que suena a causa noble pero que esconde la falacia del pueblo soberano cuando quién gobierna tiene la suma del poder público, y a los dos poderes republicanos bajo su manto.
En ese marco, un “tweet” del intendente de Florencio Varela, Julio Pereira, debería servir para entender cuál es la próxima jugada del Ejecutivo, y cómo han de intentar manejar un escenario que no les está siendo afable a su objetivo.
En 140 caracteres está la exégesis del pensamiento político predominante. La Constitución Nacional de no poder reformarse será dejada de lado como ha sucedido en varios casos que sirvieron como ensayo.
Quizás ya no se trate de una reforma de la Carta Magna sino de la institucionalización de una voluntad mayoritaria tan inexistente como lo está siendo el gen democrático en la Presidente.
Con las instituciones usurpadas, un resultado electoral se convierte en amalgama. ¿Quién ha de controlar un escrutinio final? Esta parece ser ahora la pregunta crucial. Si no se pudo controlar 257 votos electrónicos en el Congreso Nacional, ¿cómo se controlarán 20.000.000 aproximadamente de votos manuales en 2.780.400 kilómetros cuadrados? 
Además, la legitimidad de ayer puede no ser la de hoy, máxime cuando en el camino la ley se ha viciado de imparcialidad. Si se manipula la Justicia, ¿por qué no se manipulará un organismo como el Correo Argentino o la Cámara Electoral?  Lamentable sería dejar a la Argentina en manos de la jueza María Romilda  Servini de Cubría, otra vez más.
Si la democracia se ausenta de la dirigencia, al pueblo le queda defender su vitalidad. La última semana fue una radiografía de lo que vendrá: trampas, patoterismo, pactos espurios, confusión, desprecio, corrupción, impunidad. De algo hay certeza: ellos están dispuestos a avanzar.
La oposición no está para frenarlos, todavía. Es pues la ciudadanía quien debe aglutinarse no ya para que el gobierno entienda (han demostrado no querer darse cuenta ya), sino para que del otro lado comiencen a dar respuestas.
Después será tarde hasta para llorar, y la única salida volverá a ser Ezeiza, no más…
(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 28 de abril de 2013


Inconsistencia: el ladrón estable no puede usar las reglas del ladrón errante

Por Roberto Cachanosky (*)
El destartalado modelo lleva al gobierno a comportarse cada vez más como ladrón errante pretendiendo ser un ladrón estable
Hasta el miércoles pasado, en que el oficialismo logró sancionar en forma irregular la ley que destruye la república, el gobierno basó su accionar en no acatar las sentencias de la Corte o bien avanzar sobre los derechos individuales, en base a la construcción del relato típico del líder o caudillo que quiere tener todo el poder.

Todos sabemos que la famosa “democratización” de la justicia no es ni democrática y mucho menos justicia. Como dice Hayek en su libro Camino de Servidumbre refiriéndose a los sistemas autoritarios: “de manera gradual, a medida que avanza este proceso, todo el idioma es expoliado y las palabras se transforman en cáscaras vacías, desprovistas de todo significado definido, tan capaces de designar una cosa como su contraria…” El kirchnerismo ha apelado a desvirtuar el sentido de las palabras. 

Al autoritarismo lo llama democracia, al fraude en las votaciones problemas con los botones de votación, los derechos humanos se transformaron en un negocio y la inflación no existe o es una conspiración de los grupos concentrados. La asignación universal por hijos en vez de ser un fracaso del modelo para crear puestos de trabajo es una forma de evitar la explotación, y el listado sigue. Lo cierto es que cuando el gobierno no desvirtúa las palabras, inventa estadísticas para mostrar que todo crece como nunca creció en la Argentina.

Ahora bien, ese famoso relato oficial, donde el que se opone es un traidor a la patria o forma parte de la cadena del desánimo, tambalea frente a los ojos de la gente con la inflación que se dispara, la falta de trabajo, la ausencia no ya de inversiones sino de empresas que se van del país y mil problemas económicos más que el común de la gente desconoce.

Mi impresión es que el gobierno ha acelerado el vamos por todo, que no es otra cosa que hago lo que quiero con el poder, porque necesitará más herramientas autoritarias para tratar de frenar el descontento popular por el creciente deterioro de la economía. Es decir, por un lado, necesita más autoritarismo para evitar que el desmadre se acelere. Pero, por otro lado, son tantos los casos de escandalosa corrupción que han saltado en los últimos tiempos que necesitan tener cobertura jurídica para no ser juzgados. Si ellos controlan la justicia, están a salvo de toda investigación. Pero los habitantes seremos controlados por el Estado y sin ningún tipo de defensa. Por el contrario, seremos sometidos a tribunales controlados por el mismo Estado. El acusador nos juzgará. Lo cual implica transformar los derechos de los ciudadanos en un delito y el delito de abuso del poder en un derecho del kirchnerismo.

Para decirlo directamente, aquí no hay ningún fundamento filosófico, equivocado o no sobre la concepción del poder. Lo que tenemos frente a nosotros es una muy mala caricatura de democracia para esconder un proyecto autoritario que les otorgará todas las garantías para hacer del poder un negocio particular.

Varias veces cité el cuento de Mancur Olson sobre los ladrones errantes y los ladrones estables que asolaban un pueblo en China. Los ladrones errantes era un grupo de ladrones que iban pasando por los pueblos y robaban y destruían todo lo que había. Como no tenían por objeto quedarse a vivir en los pueblos, saqueaban hasta el último centavo que había y luego se iban a otro pueblo a seguir saqueando. Vivían de saqueo total, en saqueo total.

Esto ocurrió hasta que llegaron los ladrones estables, que les propusieron a los habitantes del pueblo protegerlos de los ladrones errantes, pero a cambio ellos se iban a quedar con buena parte de lo que producían los habitantes del pueblo.

En términos relativos los habitantes estaban mejor con los ladrones estables que con los ladrones errantes, porque estos últimos les robaban todo, en tanto que los otros les robaban una parte menor. No estaban en su óptimo, pero, insisto, sí mejoraban en términos relativos.
El kirchnerismo, con su ambición de poder absoluto y acumulación  de riqueza, ha utilizado un modelo que lo va transformando de ladrón estable en ladrón errante, pero, al mismo tiempo, quieren ser ladrones estables, lo cual es inconsistente.

Al margen de los escándalos de corrupción, el modelo no solo necesita cada vez de mayores recursos para tratar de sostenerse, sino que, además, destruye todo a su paso como en el caso de los ladrones errantes.

Moreno ha demostrado ser un simple patotero ineficiente que obstruye la capacidad de producción de la economía. Han destrozado el sistema energético, las rutas, el transporte público, el patrimonio del BCRA y encima no dejan trabajar en paz a la gente.

¿Qué hace un ladrón errante? Roba todo y destruye todo a su paso porque no piensa quedarse.

¿Qué hace un ladrón estable? Deja que la gente produzca porque a él le conviene que cada vez produzca más para poder apropiarse de la mayor riqueza creada. Dentro de su mentalidad de delincuente, el ladrón estable usa lógica en su modelo. Los dejo producir en paz para poder quitarles más.

El kirchnerismo actúa como el ladrón errante pero quiere ser un ladrón estable perpetuándose en el poder. Y eso lleva a una inconsistencia fenomenal porque la riqueza generada por la sociedad será cada vez menor y, por lógica consecuencia, habrá menos para que ellos se apropien o “redistribuyan”.

Obviamente que durante un tiempo podrán utilizar el monopolio de la fuerza para exprimir a la gente hasta la última gota. Y para eso necesitan impunidad. Y la impunidad se las otorga la destrucción de la justicia.

El gran interrogante es hasta qué punto la gente tolerará ser explotada y sometida por un régimen autoritario como el que quiere imponer el oficialismo.

Y también queda una duda. Si el gobierno no está dispuesto a respetar  las reglas de juego violando la Constitución, ¿por qué la gente los va a respetar y reconocer como gobierno legítimo si han perdido legitimidad en ejercicio del monopolio de la fuerza?

Por supuesto que antes de la existencia de algún conflicto social de envergadura, queda la posibilidad que la justicia le ponga un freno ejemplar y categórico al gobierno. En caso que el gobierno, utilizando ese vaciamiento de las palabras al que hace referencia Hayek, no respete el límite impuesto por la justicia, entonces sí puede producirse un conflicto social con final abierto. Un gobierno no aceptando las reglas de juego y un pueblo no reconociendo a un gobierno sin legitimidad en el uso del poder.

Y a esa situación se puede llegar, porque lo que pretende el gobierno es inconsistente: quiere tener los beneficios del ladrón estable comportándose como el ladrón errante. Es más, el destartalado modelo lo lleva a comportarse cada vez más como ladrón errante pretendiendo ser un ladrón estable. Si no van a dejar nada como hace el ladrón errante y encima van a entorpecer a los que trabajan, el ladrón estable no tendrá nada que saquear y la gente estará en una situación en la que no tendrá nada que perder si se rebela contra la opresión y el saqueo.

Este es el riego que está asumiendo el kirchnerismo al lanzarse desaforadamente al vamos por todo, que no es otra cosa que el voy por todo el poder y la impunidad.

(*) Roberto cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico. Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 29 de Abril de 2013 en su Edición Nº 468