martes, 9 de abril de 2013

10 veces más plata a aerolíneas que a evitar inundaciones

Por IDESA (*)

Las imágenes de la gente, en desesperación y soledad, tratando de paliar los daños de las inundaciones desnudaron un Estado ausente. Resulta muy paradójico, porque la consigna del “Estado presente” está en boca de casi toda la clase dirigente. La explicación es que se derrochan recursos públicos en áreas donde las soluciones privadas pueden funcionar correctamente, en desmedro de funciones donde la intervención estatal es insustituible. La falta de bienes públicos esenciales se manifestó en las inundaciones, pero también aparece cotidianamente en el deterioro de la educación y la salud pública, la seguridad y la justicia. 

Las inundaciones de las ciudades de Buenos Aires y La Plata han tenido consecuencias dramáticas. Una enorme cantidad de vidas perdidas y altos quebrantos patrimoniales para miles de familias. La causa primera ha sido la irascibilidad del fenómeno climático, pero también suma la falta de infraestructura apropiada para mitigar este tipo flagelo.

En el Presupuesto Nacional hay tres programas de control de inundaciones urbanas. Uno es el de “Atención del Estado de Emergencia por Inundaciones” que se originó para paliar daños de inundaciones en varias provincias. El otro se llama “Recursos Hídricos” que, entre múltiples objetivos, tiene el de la prevención de inundaciones. Finalmente, el programa “Apoyo para el Desarrollo de Infraestructura Urbana en Municipios”, con objetivos amplios, pero que contempla equipamiento urbano incluido desagües pluviales. Luego está el “Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica”, que se nutre de un impuesto a las naftas y al Gas Natural Comprimido, pero está destinado a control de inundaciones rurales y periurbanas.

Analizando los recursos asignados a los tres programas de control de inundaciones urbanas, se puede cuantificar el grado de compromiso del Estado con el problema. Según el Ministerio de Economía y ASAP entre los años 2007 y 2012:
·         El presupuesto asignado a los tres programas de prevención de inundaciones urbanas pasó de $861 millones a $411 millones a precios del 2012.
·         En el mismo período, los subsidios otorgados a Aerolíneas Argentinas pasaron de de $1 millón a $4.120 millones a precios del 2012.
·         Es decir, el Estado nacional le otorga 10 veces más subsidios a Aerolíneas Argentinas que a los programas de mitigación de inundaciones urbanas.

Estos datos muestran que las inundaciones constituyen otro testimonio de los enormes perjuicios que provoca la centralización extrema de recursos fiscales en la Nación. Mientras el Estado nacional asigna recursos a finalidades no estratégicas –como subsidiar los déficits de la aerolínea estatal–, las provincias, amparadas en la falta de recursos coparticipables, se desentienden de inversiones altamente estratégicas y socialmente impostergables, como las obras para prevenir inundaciones. Para defender la centralización, se señala que desde la Nación los recursos vuelven a las provincias en obras. Esto, además de ser contrario al régimen federal que adopta la Constitución, no está ocurriendo como lo revelan los propios datos oficiales que señalan que los fondos del presupuesto nacional para control de inundaciones cayeron 52% en términos reales.

La tragedia enseña que las malas políticas devienen en un Estado ausente. Se destinan fondos públicos a una empresa pública inviable, mientras los ciudadanos, en soledad y desesperación, apelan a ayudarse entre ellos mismos frente al avance del agua. A pesar de que en el discurso se declama con firmeza el compromiso con un Estado presente (de hecho, la estatización y los subsidios a Aerolíneas Argentinas se justifican en la consigna del “Estado presente”), la gente sufre el abandono por la falta de servicios públicos esenciales.

En el drama de las inundaciones, el Estado ausente queda al desnudo en la falta de inversiones y el deterioro de la infraestructura. Pero se trata de un problema mucho más generalizado. El Estado ausente también se manifiesta en el deterioro de la educación pública, donde la gente debe recurrir en soledad a pagar una escuela privada; en la salud pública, donde debe comprar un plan de mutual o prepaga; en la falta de seguridad, donde debe contratar, individual o auto-organizadamente con otros vecinos (como en las inundaciones), empresas de seguridad privada.

A ningún ciudadano común le va a cambiar la vida no contar con una aerolínea estatal. Si alguna región quedara sin servicios, con subsidios acotados se podría garantizar la misma o mayor cobertura que en la actualidad. Pero enormes daños sociales genera un Estado ausente en la provisión de bienes públicos esenciales, como el control de inundaciones, educación pública, salud pública, seguridad y justicia. Por eso, el punto de partida para construir un Estado presente y comprometido con el progreso es dejar de dilapidar recursos públicos en áreas donde las soluciones privadas pueden funcionar. 
(*) IDESA. Informe Nº 488 del 8 de Abril de 2013

Fuente: www.idesa.org