lunes, 29 de abril de 2013

Argentina tiene dos reinas: la reina de Holanda y la reina de los ladrones.

Por Raúl A. Weinstabl (*)
Pocos países tienen el privilegio de una connacional princesa y futura reina de una tradicional monarquía europea. Es el caso de Máxima Zorreguieta, actual esposa del príncipe heredero de los Países Bajos, Guillermo Alejandro.
Estudió el bachillerato en el colegio Northlands egresando en el año 1988. Posteriormente curso la licenciatura de Economía en la Universidad Católica Argentina. La universidad pontificia que pertenece al Vaticano, está regida por un directorio de obispos locales, entre los que se encontraba el actual Papa Francisco, quien por aquellos años era el Cardenal primado y Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio.
Posteriormente, ya egresada trabajó en diferentes empresas financieras y bancos nacionales y extranjeros finalizando su etapa laboral, como vicepresidenta de ventas institucionales del Deutsche Bank en la metrópolis estadounidense y como representante del mismo banco ante la Unión Europea.  Su educación y formación fue casi la ideal.
De carácter dulce, de temperamento perfectamente equilibrada, simpática, modesta y humilde, después de su casamiento sedujo inmediatamente a los holandeses  y seguramente también a los argentinos y todos que de alguna manera la conocieron personalmente o a través de los medios.
La futura reina constituye sin duda alguna, un verdadero orgullo para nuestro país, similar al Papa Francisco, a varios personas que fueron acreedores al premio Novel  y en otro orden de cosas y salvando las distancias Messi, (no Maradona), Fangio y otros argentinos que nos hacen conocidos en este mundo por sus cualidades o aptitudes por encima de lo normal. 
Pero también los argentinos somos poseedores de justamente el polo opuesto a lo mencionado en los párrafos anteriores. De alguien que nos avergüenza por su conducta, personalidad y fundamentalmente por sus actos y acciones gubernamentales.
Entre ellos,  la actual presidente de nuestro país: Cristina Fernández de Kirchner.
Nació en Tolosa, un pueblo suburbano del Partido de La Plata. Nunca fue claro quien fue su padre, sobre lo cual hay varias versiones. Cursó la secundaria en dos colegios de La Plata para luego ingresar en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) tras cursar el primer año de la carrera de Psicología.
Dice que es abogada, pero al respecto hay muy fundadas sospechas que no llegó a terminar la carrera y que no recibió el título correspondiente. No solo por estas, sino, por el desconocimiento sobre el Derecho que evidencia en sus numerosísimas discursos y decisiones políticas.
La supuesta “Dra.” es una mujer de carácter fuerte, intolerante, autoritaria, obsesionada por su imagen y con una oratoria fluida pero vulgar, dispersa e insustancial . Contrajo matrimonio con Néstor Kirchner, un hombre de aspecto chaplinesco, desaliñado  y de cara graciosa a causa de un ojo fuertemente desviado.
Desde su radicación en el año 1976 en Rio Gallegos en la provincia de Santa Cruz, comenzó su ascenso político y económico. Inicialmente como inversores en negocios inmobiliarios, pero su exponencial desarrollo económico comenzó cuando Kirchner en el año 1987, accedió a su primer cargo político como intendente de Rio Gallegos.
A partir de ese momento y tal vez aún antes, Néstor implantó su semilla de corrupción, sometió y disciplinó despóticamente, a través de extorsiones y amenazas a su gobierno y a toda la provincia.
Esa lamentable experiencia provincial luego la llevó al plano nacional.
Ante su inesperado fallecimiento, su esposa, heredó prematuramente los conflictos no solucionados y todos aquellos problemas que Kirchner había postergado sin fecha, la matriz venenosa de la corrupción y las “sociedades” con empresarios amigos.
Ante la notoria incapacidad, gruesos errores y escandalosas torpezas de la Sra. Fernández en toda su gestión, lo que siempre se sospechó, ahora sale masiva y contundentemente a la luz y al conocimiento de todos los argentinos: una ambición desmedida y enfermiza hacia el dinero y los escandalosos e indisimulados actos de corrupción para lograr este objetivo.
Hay cuatro personas emblemáticas en la delictuosa relación con Néstor Kirchner: Lázaro Báez, Rudy Ulloa, Enrique Esquenazi y Cristóbal López. No obstante casi todos aquellos que rodeaban al matrimonio presidencial, incrementaron su fortuna en proporciones inusuales.
Simplemente en un aspecto tan elemental  como las declaraciones juradas, podemos observar de un año a otro, los mismos involucrados, declararon incrementos cercanos o mayores al 100 %. Si es así con las declaraciones, queda a la imaginación de los lectores los montos de aquellas cifras no declaradas.
Desde el humilde chofer, el asistente o sus secretarios y ministros, fueron beneficiados por el clima de rapiña y saqueo imperante en el kirchnerismo.
Y para cualquiera que sepa atar cabos, aparece un principal responsable: La presidente Cristina Fernández.
Hay un dicho en los Boys Scout que dice “el Grupo será lo que el Líder quiera”, en las escuelas hay uno similar. “Los alumnos serán lo que la Maestra se proponga”, también en la milicia, “La tropa será lo que el Comandante quiera”.
Siguiendo con este razonamiento no cabe ninguna duda que el “Gobierno es lo que el Presidente quiera…o permita”. Y más con una persona tan autista y autoritaria como lo es Cristina.
Los argentinos saben que la mandatara nunca hizo referencia a la corrupción. No solo ello, sino que sigue rodeada de individuos sobre los que caen fundadas sospechas de mega corrupción y que están absolutamente descalificados por la opinión pública.
Además en los casos que actualmente se ventilan o investigan las sospechas de esta multimillonaria escandalosa mega corrupción no solo señalan al ex presidente, desde inclusive antes de su inicio en la vida pública, sino a la misma mandataria y al bobalicón de su hijo Máximo.
Seguramente porque es evidente el resquebrajamiento de la dinastía Kirchner y el final agónico de su gobierno, muchas personas recobraron el valor y la dignidad y dicen y cuentan aquellas cosas que saben.
Es como un recipiente donde el óxido destruyó el contenedor y el líquido se derrama por infinidad de agujeros.
Analistas, escritores, ex allegados, ex funcionarios, periodistas, personas que trabajaron cerca o para el matrimonio o que simplemente se enteraron, cuentan su versión sobre este matrimonio de megacorruptos.
Resumiendo la Argentina tiene un raro privilegio, tiene dos Reinas: la Reina de Holanda, Máxima Zorreguieta, mujer fina, elegante ilustrada y preparada intelectualmente, de un temperamento y carácter equilibrado y agradable que supo conquistarse en poco tiempo a todos los ciudadanos de un país extranjero y muchos otros de otras latitudes del mundo.
Y otra Reina, la Reina de los Ladrones, Cristina Fernández con una personalidad conflictiva y torturada, vulgar y ordinaria, que se hace detestar con su verborragia exasperante, con escasa preparación académica, con un dudoso título profesional, que reina impunemente sobre la red de corrupción estructural ideada por su difunto marido, que en poco tiempo logró un profundo rechazo en su propio país y en otras latitudes del mundo.
No obstante, el momento de rendir cuentas está cada vez más cercano, pero la Reina de los Ladrones sigue gobernando...y el país hundiéndose en las tinieblas.

(*) Alfredo R. Weinstabl. Doctor en Ciencias Políticas.

Fuente: Comunicación personal del autor