lunes, 29 de abril de 2013

Democracias descompensadas

Por Osiris Alonso D’Amomio (*)

El Ejecutivo usa al Legislativo para debilitar al Judicial y cargarse la Prensa adversa.

1.- La lección de Lorenzino

Tanto a los oficialistas compulsivos, como a los opositores explicablemente desequilibrados, les vino de maravillas el oportuno papelón griego del ministro Hernán Lorenzino.
Posibilitó -incluso- que la rescatable sinceridad del frágil ministro se malinterpretara. Para quedar, apenas, como un insolvente, o un simple tonto.
Vaya como primera evaluación: a Lorenzino lo entregaron.
Hubo piedra libre hasta en la prensa adicta para demolerlo. Convenía, porque atenuaba la inmolación parlamentaria de la madrugada.
Cualquier mediocre aficionado al ajedrez sabe que debe entregarse, a veces, un alfil. Para salvar a la reina.
Para Oximoron, al contrario, resulta invalorable la reticencia del sobrepasado Lorenzino para entregarse al arte de la sarasa.
La sarasa que otros exponentes del cristinismo en decadencia cultivan con relativa eficacia. Para aventurarse en la exaltación oral de la interminable caravana de indicadores ilusoriamente favorables.
Se persuaden que la inflación es irrisoria, que “el modelo” creó “millones de puestos de trabajo” y casi culminó con la desocupación. La pobreza extrema es parte del pasado. Como la pobreza ordinaria.
La lección que brinda el pobre Lorenzino con su tardío ridículo sirvió para simular la magnitud de la espeluznante arremetida sobre el Poder Judicial.
Derivó en la fatal muestra de declinación, en vivo y en directo. Termina por colocar, a la Argentina, entre los países menos confiables del universo.
Sin garantías jurídicas para nadie, ni reglas estables para ningún juego.
La barbarie de la arremetida justifica que el dólar sea, en definitiva, aún barato.
Entre tanta incompetencia e incertidumbre, el dólar representa algo real. Admite aferrarse.

2.- El límite de la Justicia

“Si la Argentina no es como Bolivia, Venezuela o Ecuador, es porque su gobierno no pudo controlar totalmente a la Justicia”.
Es el límite. Lo explicó JCC. Trátase del académico especializado en la “América Latina”, reside en París. En enero inspiró cuatro o cinco twits que fueron subidos al Portal.
Supo definir la región de referencia como “Pródiga en democracias descompensadas”.
Que no derivan, necesariamente, en “populismos autoritarios”, como lo aparentan.
Populismos -si no imposibles- dificilísimos de vencer. Electoralmente.
Por la peligrosa identificación que suele producirse entre el Gobierno y el Estado.
Patología habitualmente instalada que se toma -lo peor- como natural.
Que la Política se haga, y lo más grave, se financie, desde la gestión.
Por consiguiente, en una “democracia descompensada”, el generalmente devaluado opositor que se atreva a desafiar “este tipo de poderes”, debe saber que no se enfrenta sólo a una fuerza oficialista. Al partido o coalición de gobierno.
“Tiene que luchar electoralmente contra un Estado”.
Que el titular de la “democracia descompensada”, como buen cretino, no vacila en “arrojárselo por la cabeza al desafiante”. A través de persecuciones judiciales, hostigamientos impositivos. O carpetas cargadas de datos que no resiste la explotación en cualquier medio adicto.
En la Argentina, el ajado 54% signa la legitimidad de la “democracia descompensada” que preside La Doctora. Un calco de otros desastrosos procesos del subcontinente. Distan de ser facciosos, o dictatoriales, por la legitimidad de origen. Aunque aplican, con virulencia menor, el recetario de Vladimir Putin. Ensayado en la Rusia que, en materia de manejo de poder, cambia poco. Sea con los zares, el Pepe Stalin del socialismo real, o Putin, el nuevo Zar (leer Helene Carrere D’Encausse).
La coacción de la “mayoría propia” tiende a asegurar la intrascendencia del Poder Legislativo. Para imponer como ley lo que al zar se le ocurra.
Sea en La Duma, tan próxima al Bolshoi y a la KGB, o en el Congreso gris de Entre Ríos y Rivadavia. Frente a la extinguida Confitería El Molino, de las “almendras azucaradas” que cantaba Oliverio Girondo.

3.- La orgullosa soledad de Salazar

“El Ejecutivo utiliza al Legislativo para inutilizar al Judicial y cargarse la Prensa”, editamos ayer.
Lo que le queda enfrente es el hartazgo de la sociedad.
Es precisamente el hartazgo socialmente movilizado lo que diferencia la situación Argentina, en la actualidad, de las otras “democracias descompensadas” (incluida Rusia).
El resto entra en el calco. La Doctora carece hasta de originalidad.
Es el Ejecutivo fuerte que se pone al hombro el Legislativo para llevarse puesto al Judicial. Y avanzar más armado en el objetivo de devastar la prensa adversa (conste que se prescinde de la facilidad del adjetivo “independiente”).
Arrancó Putin con apresamientos, tácitas expulsiones y un par de asesinatos. Sin muertos lo imitó Chávez, el extinto bolivariano que dejó a los populistas autoritarios en banda.
Siguió Correa, El Impresentable, con la producción de exilios e indemnizaciones.
En cambio Evo Morales convive con la prensa, aunque muy mal. Como La Doctora, Morales también considera a la prensa como la principal oposición a vencer. El mero planteo reduce a los opositores, cada vez menos significativos.
Justamente es la obsesión por el descuartizamiento del Grupo Clarín -el antiguo aliado- lo que induce a La Doctora a profundizar catastróficamente el aislamiento también interno. Inspira la evocación del Portugal de Oliveira de Salazar. Cuando se jactaba de su “orgullosa soledad”.
La imagen del triunfo triste por los 130 votos reiteraba la idea de aquella “orgullosa soledad”. Complementada, para colmo, con el festejo imperdonable de la Marcha Peronista.
“Perdónelos, General, ni saben lo que votan”.

4.- El desafío de contener el rencor

La mayoría transitoria, en su desesperación, lleva a la “democracia descompensada” a la situación límite. Forzarla hasta el máximo.
Si se lo analiza con detenimiento, no están, de ningún modo, estos muchachos, para “cantar victoria”.
Ganaron una batalla decisiva ante una oposición voluntarista. Ineludiblemente fragmentada.
Pero confrontan con un testigo más sustancial, y no está en el Senado.
En estado de asamblea, el pueblo -como se lo llamaba en la cercana antigüedad- aguarda la oportunidad para convertirse en protagonista. En sujeto.
El pueblo que padece, en su interior, la riesgosa consolidación del agotamiento.
Abundan y se multiplican los que ya casi no los pueden ver, ni escuchar, más.
El gran desafío, para quien herede el colapso, consistirá en contener el divisorio rencor.
(*) Osiris Alonso D’Amomio, Director de Consultora Oximoron. Artículo publicado en Jorge Asís Digital el 25 de Abril de 2013