miércoles, 17 de abril de 2013

Desigualdad política y económica

Por Armando Ribas (*)
Cada vez es más preocupante la mística ética de la desigualdad supuestamente causada por el capitalismo. Esa mística se constituye en el factor por antonomasia de la demagogia que lleva al poder al socialismo. Apartarse de ella aparece como el pecado capital del egoísmo frente a la virtud del altruismo. Esa parece la disyuntiva presente en el denominado mundo Occidental que virtualmente se considera como democracia capitalista. Tanto así que aun la crisis europea, indudablemente el resultado del estado de bienestar, basado en un gasto público insostenible, que diera lugar a una deuda impagable, se considera como la crisis del capitalismo.

En un artículo reciente de Foreign  Affaire, “Desigualdad y Capitalismo”, Jerry Muller plantea que “el debate político en Estados Unidos y otras democracias capitalistas ha estado dominado por dos planteamientos: el crecimiento de la desigualdad y  la escalada de la intervención del gobierno para enfrentarla” Ya comenzamos mal, pues no se cuales son las democracias capitalistas a las que se refiere el autor. Pienso que ya cayó en el error de considerar a la Unión Europea capitalista, y me pregunto que pensaría la Sra. Merkel de esta definición de su gobierno. Pero siguiendo con el planteo inicial, Mr. Muller comienza por reconocer que el capitalismo crea riqueza, pero que al mismo tiempo genera desigualdad.

Debo comenzar por decir que la desigualdad la creó la naturaleza, y solo fue a partir de lo que considero mal llamado capitalismo, que comenzó la creación de riqueza en el mundo. Como bien dijera Ayn Rand “el capitalismo no creó la pobreza sino que la heredó”. Muller señala, a mi juicio correctamente, que “la desigualdad que hoy existe no depende de la falta de oportunidades, sino de las distintas habilidades para explotar la oportunidad”.  No obstante que reconociera la verdadera causa de la desigualdad, insiste en la posibilidad de corregirla. 

Continúa el ataque al capitalismo y sostiene que la desigualdad y la inseguridad son el carácter perenne del capitalismo. Por tanto promueve la necesidad del reparto, que considera que ya se hace en Estados Unidos a través del Medicare y otros medios y en la Unión Europea vía el estado de bienestar. En ese proyecto ignora la verdadera causa de la crisis económica actual. Crisis que en Estados Unidos ha sido causada por la violación de principios fundamentales del sistema, en tanto que en Europa es causada por el sistema.
Dado que Habemus Papa, creo procedente recordar las palabras de León XIII en su encíclica Rerum Novarum, publicada en 1891, y más tarde aparentemente olvidada o aun negada: “En la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánanse en verdad por ella los socialistas; pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas, porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni las fuerzas; y a la necesaria desigualdad de estas cosas sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna. La cual es por cierto conveniente a la utilidad de los particulares como de la comunidad”.

Perdón por la longitud de la cita pero la misma me parece trascendente al momento en que vivimos. León XIII no solo acepta el realismo del origen de la desigualdad, sino que al mismo tiempo ha aceptado el rol de la mano invisible tal como la describiera Adam Smith: “El individuo persiguiendo su propio interés frecuentemente promueve el de la sociedad más efectivamente que cuando el realmente intenta promoverlo”: Ya debiéramos haber aprendido que en la actualidad la desigualdad económica, se ha convertido en la mayor excusa moral para lograr la desigualdad política. Es decir el poder político absoluto para violar el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. Ese principio fundamental de la libertad tal como lo expusiera John Locke. Consecuentemente viola el derecho de propiedad y crea la riqueza de la nueva clase-Chávez; Los Castro et al. y mayor pobreza en la sociedad.

Ya Alberdi se había percatado de esta realidad y al respecto escribió: “El egoísmo bien entendido de los ciudadanos, es solo un vicio para el egoísmo de los gobiernos que forman los estados”.Me atrevo a decir que fue en función de ese criterio que el principio del derecho del hombre a la búsqueda de su felicidad fuera reconocido subliminalmente el artículo 19 de la Constitución Nacional que dice;
Art 19. Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y la moral pública, ni perjudiquen a tercero, están solo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación está obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”. Así surge la importancia del poder judicial para determinar que es la ley, y no se violen los derechos que garantiza la Constitución. 

Al respecto igualmente Alberdi dice: “La constitución debe dar garantías de que sus leyes orgánicas no serán excepciones derogatorias de los grandes principios consagrados por ella”.En los tiempos en que no se violaba la Constitución, la Argentina competía por los primeros lugares del mundo. Me atrevería a considerar que si el referéndum de las Malvinas hubiese sido hecho durante la presidencia de Roca, Pellegrini et al, los kelpers habrían preferido ser argentinos. Pero llegó Perón en la búsqueda de la igualdad, desconociendo el derecho a la búsqueda de la felicidad, y a los hechos me remito.

Me pregunto entonces hasta cuando vamos a seguir creyendo que el capitalismo es un sistema económico, producto del mercado, e ignorar que la economía es el resultado de un sistema político basado en una concepción antropológica y ética, e implementada vía un sistema jurídico basado en la constitución. Es decir el Rule of law. Los supuestos son la inmutabilidad de la naturaleza humana, el derecho a la búsqueda de la felicidad, la mano invisible y la necesidad de limitar el poder político a través de la separación de los poderes. Y en última instancia el rol fundamental del poder judicial para determinar que es la ley y no se violen los derechos individuales que garantiza la Constitución.

(*) Armando Ribas. Abogado de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en la Habana. En 1960 obtuvo un Máster en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Filósofo. Escritor. Artículo publicado por Crónica y Análisis el 17 de Abril de 2013.