jueves, 25 de abril de 2013

El Rey vestido

Por Luis Tonelli (*)
Al revés del cuento infantil, el Rey (el gobierno y su reina) no está desnudo sino que está vestido con oros y diamantes, en Palacios rebosantes de dólares y euros negados al trabajador que quiere conocer el mundo allende nuestras fronteras o ponerse a resguardo de la inflación galopante.
En algún momento a uno le caen las fichas. Algo que hasta ese momento era interpretado de una manera, pasa a serlo de otra. Lo que era bueno, se convierte, de la noche a la mañana, en malo. Algo a lo que no se le prestaba atención, se transforma súbitamente en insoportable. Es lo que está pasando con la corrupción en el kirchnerismo.
La trama y los personajes que el periodista Jorge Lanata presentó en estos días ya era plenamente conocida por la prensa y la política el día que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ganó las elecciones con el 54%. Que el “capitalismo de amigos” era el modelo económico real del kirchnerismo fue algo que denunció Roberto Lavagna, apenas se fue del gobierno nacional. Pero no supimos, no quisimos o no pudimos ver la imagen completa.
O la comprendimos dentro del contexto en el que nos había dejado la crisis del 2001. Golpeados por el horror del vacío de poder, todo lo interpretábamos en términos de la “gobernabilidad” y el “crecimiento”. Los negociados, y la corrupción fueron considerados impuestos menores a ser pagados que, de todas maneras y por definición, no podían ser mayores a los que habíamos pagado durante el menemismo. Esta gente venía del sur. Esta gente era diferente. Ellos eran progresistas solidarios no neoliberales egoístas.
Más sotto vocce, se hacían cálculos increíbles. Se tomaban las obras públicas, se le aplicaba un índice de coimas, (10, 15 20%) y la cifra resultante no podía ser captada dada su magnitud irreal. Se tomaban los subsidios que representan un tercio del gasto público, se le aplicaba el índice de coimas, y el número resultante rankeaba entre esas fortunas increíbles de la Revista Forbes. La corrupción a la altura de la Uganda de Idi Amín.
Pero como pasa con todos los fenómenos políticos, el inevitable ciclo de la ilusión y el desencanto se cumple también para el kirchnerismo. Y es particularmente nociva para el gobierno la hipocresía de un discurso que legitima los controles gubernativos en términos de militancia nacional y popular, que estigmatiza a los que los sufren como clase media gorda, estúpida y desagradecida, mientras la elite del poder kirchnerista tiene carta blanca para violarlos en números escalofriante.
Los problemas de gobernabilidad –más que en clave de gestión política, en términos de gestión estatal- y la estangflación económica han comenzado a develar que, al revés del cuento infantil, el Rey (el gobierno y su reina) no está desnudo sino que está vestido con oros y diamantes, en Palacios rebosantes de dólares y euros negados al trabajador que quiere conocer el mundo allende nuestras fronteras o ponerse a resguardo de la inflación galopante.
Pero todo esto sienta las bases de un cambio de ciclo político, pero no lo consuma necesariamente. La negatividad y la protesta no son mayoritarias (todavía). Más bien asistimos a un empate, que se transforma en saldo a favor del kirchnerismo, que se erige como una primera minoría, dada la fragmentación de la oposición. En la época del bipartidismo, el desencanto con una fuerza llevaba al ascenso natural de la otra. En esta época del “Partido de los gobiernos” vs los “personajes-mediáticos-que-aspiran-a-ser-gobierno”, la mufa contra el oficialismo no encuentra canal relevante por donde encausarse.
Frente a esta atonía, el kirchnerismo realiza su penúltima fuga hacia adelante, esta vez, ya cruzando el Rubycon de un cambio de régimen: la Justicia, el código democrático consensuado desde 1983, se legitimó en una imparcialidad –aún cuando fuera negada en los hechos- que pretender ser trocada en abierta y pornográfica parcialidad.
De consumarse, estaríamos ante un nuevo escenario donde todo puede pasar; y no debería extrañar, de seguir creciendo el escándalo de corrupción, que el temido “que se vayan todos” se haga escuchar de nuevo con fuerza. Solo que ahora en clave del Mani Pulite italiano.
(*) Luis Tonelli. Artículo publicado por "7 Miradas" (Editor: Luis Pico Estrada) el 24 de Abril de 2013.