martes, 23 de abril de 2013

¡Gente!

Por Malú Kikuchi (*)
“Gente”, palabra fácil, usada y abusada, a veces casi despectiva, que según el DRAE significa, pluralidad de personas. Hay muchas clases de gente: buena gente, mala gente, gente hipócrita, gente honrada, gente ladrona y se le pueden aplicar todos los adjetivos calificativos existentes.

Y está la increíble gente de mi país, de mi Argentina, de esa que a pesar del gobierno, se niega a desaparecer. Gente fuera de serie, gente huérfana de dirigentes, huérfana de representantes, de defensores de sus derechos duramente adquiridos. Y frente a esa orfandad, y a pesar de ella y de un gobierno que trata de aplastarla y someterla, la gente sola, sin laderos, se lanzó a las calles del país a gritar sus verdades. Respetuosamente.

El 18 A no fue igual al 13S, ni al 8N, y no es sólo porque hubo más gente, es porque hubo gente “bien vestida” y obreros; villeros y pequeña clase media, niños, jubilados, jóvenes, muchos jóvenes; sindicalistas y algunos políticos que se mimetizaron con la gente. Una sociedad representada en casi todos sus estamentos. Faltó el  lumpen que vende paco en las esquinas de las escuelas, y los que todavía creen en “el modelo” y se enriquecen con él.

Gente que salió de sus casas y trabajos a defender ¡la Constitución Nacional, la Justicia, las libertades individuales, la propiedad privada! Dejaron de ser “cosas” abstractas, se corporizaron, tuvieron peso y volumen, pasaron a formar parte consciente de la vida de los manifestantes.

Quizás este increíble hecho haya que agradecérselo a los pésimos gobiernos K. La gente habla del artículo 29, el de “los infames traidores a la patria”, de medidas cautelares y amparos necesarios para su defensa, ante el avance del estado sobre sus derechos. A pesar del gobierno,  en contra de él y ¡ojo!  de la oposición,  la gente sabe. Y la gente que sabe es muy difícil de engañar.

Mientras la gente, nuestra gente llenaba plazas, calles y avenidas en todo el país, después de las evitables inundaciones de hace 20 días (donde el gobierno ausente permitió que un pueblo que paga impuestos para no inundarse, ayudara con lo poco o mucho que tuviera a los inundados ¡el colmo del cararrotismo!). Gente que trataba de digerir las denuncias de Lanata del domingo pasado (la punta del iceberg). Gente que intentaba entender que se puede, a pesar de tener todos los resortes del poder durante 14 años en una dictadura como la venezolana, ganar una elección,  aunque tuvieran que hacer fraude para evitarlo. Mientras todo eso sucedía, Cristina, en el aire, tuiteaba.
 
Estaba en el aire, no es una figura metafórica, volaba hacia Lima, para asegurar el fraude hecho a Capriles y apoyar la ilegítima presidencia de Maduro. 60 tuits. Todos ellos frívolos, innecesarios, estúpidos. De la gente en las calles, ni una palabra. Justo a ella que le sobran más palabras que euros. La gente que no la aplaude, para Cristina no existe.
Mientras la gente, nuestra gente, llenaba plazas, calles y avenidas en todo el país, exigiendo respeto por la justicia, la reina Cristina tuiteaba que es bueno llegar a vieja (sobre todo si no se depende de una jubilación mínima),  y los senadores nacionales, sordos y ciegos ante el pedido de la gente,  votaban medidas del tiempo de Onganía, para desamparar a las personas.

Hay que exigir los nombres de los 39 senadores que apoyaron el proyecto del ejecutivo. Deja inermes a los ciudadanos frente a un estado que es mantenido por los impuestos que pagan esos mismos ciudadanos. Un estado  que cada día le cercena más derechos a la gente. Lo de los senadores es de una falta de respeto hacia las personas, que no tiene antecedentes en la historia de los gobiernos electos en Argentina.

Necesitamos conocer los nombres de esos senadores que traicionaron a la gente. Hay que hacerles un vacío total. Que sepan que sabemos. Que no los queremos en los lugares que frecuentamos. Que sientan vergüenza. La obediencia debida debe tener un precio, que no sólo los militares de los 70 deben pagar.

Y necesitamos igualmente, y para ayer, que los opositores se pongan de acuerdo. Centro derecha y centro izquierda. Todos bajo el paraguas aunque solo sea del preámbulo de la Constitución Nacional. No deben olvidar que los ciudadanos ya la conocen y quieren que se la respete. Con un mínimo de generosidad, haciendo el esfuerzo de achicar los egos y agrandar el patriotismo, esperamos una unión de principios, para poder elegir.

Y ya que la maravillosa gente del 18A defiende ese ejemplar contrato social que aún (y muy a pesar de Cristina) es nuestra Constitución Nacional, tienen que estudiar los artículos 53 y 59, los que establecen las normas para hacerle un juicio político al ejecutivo. Una vez que los sepan, se los podrán explicar a los diputados y senadores opositores, que parecen no conocerlos.

Y no importa que el número requerido no alcance, importa que lo intenten. En algún momento, después de octubre, el número puede darse. Y es la única manera legal, legítima y constitucional que tiene Argentina para dar por terminada una presidencia sospechada de PESAR billetes (nuestros), que roban y sacan del país, o guardan en bóvedas escondidas en sótanos de  Santa Cruz. 
Una verdadera pesadilla, que por desgracia, es real.

(*) Malú kikuchi. Periodista y analista política. 

Fuente: Comunicación personal de la autora.