lunes, 29 de abril de 2013

La ilusión mayoritaria

Por Gabriela Pousa (*)
Si de algo puede estar se seguro en esta coyuntura nacional es de la inefabilidad de las cosas que pasan. Todo esta revestido de misterio, hay comienzo de los hechos, desarrollo quizás pero nunca parece haber final. Siempre se está a medio camino. Así, estamos a medio camino de la Ley de Medios, a medio camino de la reforma judicial, a medio camino del lavado de dinero, a medio camino de un periodo que, sin embargo, muestras síntomas de terminar. Pero todavía no termina.

A muchos argentinos les cuesta ya, comprender que aún le faltan tres años a este periodo presidencial. Y es que no es fácil dilucidar de qué manera puede transitarse ese tiempo, en un estado de confrontación creciente y con una dirigencia que, directamente, desprecia a un sector social cuya magnitud no puede, sin embargo, determinar.
¿Qué pasaría hoy si el gobierno llama a una consulta popular sobre algunos de los temas que generan polémica? Falta esa respuesta. La supuesta “democracia directa” que fascina a la Presidente no es, en consecuencia tal. Cristina habla de mayorías y se vale de ella atendiendo exclusivamente a aquel 54% antiguo. Antiguo y obsoleto aún cuando no se sepa a ciencia cierta en qué porcentaje ha menguado.
Ese enigma desvela a las huestes kirchneristas. Sospechan que el caudal electoral perdido es mayor que el que la jefe de Estado quiere aceptar. Pueden vivir en una ilusión pero no pueden apostar a corroborar un número que, a la vista salta, no existe ya. Y el 54% no está más.
Esa realidad enfrenta al gobierno en medio de una campaña electoral atípica. Atípica porque la misma comenzó hace diez años, no ha habido más que proselitismo en la era K. No hubo políticas de Estado, sólo artilugios para consolidar la dádiva y el clientelismo social.
La incertidumbre del número es pues lo que acosa a Cristina Fernández. Esa duda se contagia a sus funcionarios y explica entonces, la fútil conducta de Agustín Rossi a la hora de votar la reforma judicial en la Cámara de Diputados. El miedo a un “arrepentido” ocasional se transforma en pánico. Y ese pánico hace que no existan más los límites legales. Los legítimos han desaparecido ya mucho antes.
En ese contexto, comienzan a escucharse los primeros rumores de fraude. Si bien nadie se atreve a fundamentar, la actitud del kirchnerismo permite avizorar que no aceptarán derrotas así no más. ¿Qué implica eso?
El gobierno se aleja sustancialmente del sistema democrático. La mayoría es apenas una nostalgia del pasado que intentan recrear en el presente valiéndose de la imposición y el relato. De no lograr una victoria sustancial en las elecciones legislativas, la Argentina tendrá una Presidente que gobernará por decreto aún cuando no sea urgente ni necesario.
Estamos entrando en cuenta regresiva. Cristina Kirchner debe llamar a elecciones legislativas para Octubre antes del 12 de Mayo próximo. La sociedad votará, de no haber modificaciones, los primeros días de Agosto en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Y no se prevén resultados favorables a la jefe de Estado.
Por esa razón es que, amparada en la ficción mayoritaria, Cristina elabora su propia teoría de la voluntad popular. Una voluntad popular que suena a causa noble pero que esconde la falacia del pueblo soberano cuando quién gobierna tiene la suma del poder público, y a los dos poderes republicanos bajo su manto.
En ese marco, un “tweet” del intendente de Florencio Varela, Julio Pereira, debería servir para entender cuál es la próxima jugada del Ejecutivo, y cómo han de intentar manejar un escenario que no les está siendo afable a su objetivo.
En 140 caracteres está la exégesis del pensamiento político predominante. La Constitución Nacional de no poder reformarse será dejada de lado como ha sucedido en varios casos que sirvieron como ensayo.
Quizás ya no se trate de una reforma de la Carta Magna sino de la institucionalización de una voluntad mayoritaria tan inexistente como lo está siendo el gen democrático en la Presidente.
Con las instituciones usurpadas, un resultado electoral se convierte en amalgama. ¿Quién ha de controlar un escrutinio final? Esta parece ser ahora la pregunta crucial. Si no se pudo controlar 257 votos electrónicos en el Congreso Nacional, ¿cómo se controlarán 20.000.000 aproximadamente de votos manuales en 2.780.400 kilómetros cuadrados? 
Además, la legitimidad de ayer puede no ser la de hoy, máxime cuando en el camino la ley se ha viciado de imparcialidad. Si se manipula la Justicia, ¿por qué no se manipulará un organismo como el Correo Argentino o la Cámara Electoral?  Lamentable sería dejar a la Argentina en manos de la jueza María Romilda  Servini de Cubría, otra vez más.
Si la democracia se ausenta de la dirigencia, al pueblo le queda defender su vitalidad. La última semana fue una radiografía de lo que vendrá: trampas, patoterismo, pactos espurios, confusión, desprecio, corrupción, impunidad. De algo hay certeza: ellos están dispuestos a avanzar.
La oposición no está para frenarlos, todavía. Es pues la ciudadanía quien debe aglutinarse no ya para que el gobierno entienda (han demostrado no querer darse cuenta ya), sino para que del otro lado comiencen a dar respuestas.
Después será tarde hasta para llorar, y la única salida volverá a ser Ezeiza, no más…
(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 28 de abril de 2013