viernes, 26 de abril de 2013

Una dictadura es dictadura con votos o sin votos

Por Roberto Cachanosky (*)
Ya quedó claro qué querían decir con el vamos por todo. Era ni más ni menos, establecer una dictadura disfrazada de democracia
Ya quedó claro qué querían decir con el vamos por todo. Era ni más ni menos, establecer una dictadura disfrazada de democracia utilizando el falso argumento de que una mayoría circunstancial puede decidir sobre los derechos individuales. Pueden anularlos porque el voto popular así lo permite. Este es el argumento que, en el fondo, utiliza el gobierno para sancionar leyes que se levantan contra el orden constitucional.

El punto es muy claro, la Constitución establece límites al poder del Estado para que no viole los derechos individuales. Como la Justicia es la que en última instancia defiende a los habitantes del abuso de poder del Estado, el kirchnerismo busca controlar la justicia para que no le ponga obstáculos a su poder absoluto al estilo monarquía absolutista.

Por otro lado, los escándalos de corrupción que supuran continuamente desde el poder requieren de una justicia que los proteja. En definitiva, lo que busca el gobierno es impunidad para actuar como una dictadura y protección para no ser investigados.

Ahora bien, siempre dije que la forma en que se eligen a los gobernantes es discutible, lo que no puede discutirse son los derechos individuales. Con esta frase lo que quiero significar es que primero están las reglas de juego que le ponen límites al gobierno para defender los derechos de la gente y luego viene la forma de elegir a quienes van a administrar la cosa pública subordinándose a las reglas de juego establecidas. Dicho de otra manera, desde mi punto de vitas primero están los derechos individuales y luego el voto. El voto no pude o no debe vulnerarlos.

Estamos frente a una situación inédita, un gobierno que llegó con votos al poder utiliza el monopolio de la fuerza que le delegó la población para defender sus derechos, para imponer una dictadura, lo cual genera un problema serio. El problema es que tenemos un gobierno que desconoce la Constitución con lo cual habilitaría, en una primera instancia, a que la Corte Suprema de Justicia declare la inconstitucionalidad de las leyes que intentan someter a la Justicia para tener el poder absoluto. Si esta situación no se diera, entonces habrá que ver cómo reacciona la población, porque, hasta donde se sabe, nunca el oficialismo propuso en su campaña política levantarse contra el orden Constitucional. Es más, aun si lo hubiese hecho, los derechos individuales están por encima de los votos, con lo cual también invalidaría el abuso de poder.

En los 70, bajo el gobierno de Perón, el terrorismo quiso imponer una dictadura a sangre y fuego. Ahora, pretenden imponer una dictadura simulando legalidad.  Pero una dictadura es una dictadura con votos o sin ellos.

La Justicia tiene en sus manos la posibilidad de frenar un enfrentamiento civil porque no creo que la gente vaya a aceptar mansamente este proyecto de dictadura.
Y si finalmente prevalece la dictadura, entonces, generaciones de argentinos estarán condenados a la pobreza y la opresión.

Estos no son momentos de ser tibios. El kirchnerismo no quiere el diálogo. Solo imponer su poder hegemónico avasallando los derechos individuales y no está dispuesto a negociar su objetivo dictatorial. Ellos no negocian. Van por todo. O  el poder absoluto o nada, lo cual fuerza al enfrentamiento civil.

Una encrucijada que nunca pensé que iba a ver en Argentina. El kirchnerismo quiere llevar al país al enfrentamiento entre hermanos.

(*) Roberto cachanosky. Economista (UCA, 1980). Asesor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 25 de Abril de 2013