lunes, 27 de mayo de 2013

10 años de destrucción económica e institucional

Por Roberto Cachanosky (*)
Si la crisis del 2001/2002 fue una explosión que conmovió a la sociedad, estos diez años de kirchnerismo se caracterizaron por ser una constante, metódica y diaria destrucción del sistema republicano y de la economía.
Si la crisis del 2001/2002 fue una explosión que conmovió a la sociedad, estos diez años de kirchnerismo se caracterizaron por ser una constante, metódica y diaria destrucción del sistema republicano y de la economía.
¿Cómo pudimos llegar a tal grado de degradación económica e institucional? En mi opinión hubo una combinación de suerte para los Kirchner, indiferencia de la gente, buena parte de un periodismo complaciente e irresponsabilidad de buena parte de la dirigencia política opositora.
La suerte de los Kirchner fue encontrarse con un precio de la soja que duplicaba el precio promedio que tuvo De la Rúa, que les permitió obtener recursos fiscales que no tuvo el derrocado dirigente radical. No voy a hacer la defensa de De la Rúa porque cometió muchos errores, los que dejé por escrito en mis artículos de aquella época, pero es obvio que si De la Rúa hubiese tenido los precios de la soja que tuvo el matrimonio tal vez hubiese llegado al fin de su mandato.
Por otro lado, la brutal forma en que Duhalde salió de la convertibilidad le dejó a Kirchner un tipo de cambio real muy alto, lo cual le permitió iniciar un proceso de sustitución de importaciones sin necesidad de obtener más inversiones. Solo había que pasarle el plumero a las máquinas que estaban sin funcionar, comprar materias primas y otorgar algunas horas extras para empezar a producir. No hubo crecimiento en todos estos años, hubo reactivación, que no fue otra cosa que poner en funcionamiento una capacidad instalada que no estaba funcionando.
Pero ojo que el kirchnerismo no se valió solamente del precio de la soja y del tipo de cambio alto para impulsar una artificial fiesta de consumo. En su proyecto de poder hegemónico fue destruyendo el stock de capital acumulado para mantener feliz a la gente con más consumo. El kirchnerismo destruyó el sistema energético, el transporte público, las rutas, el stock ganadero, nuestros ahorros en las AFJP y la moneda. Seguramente me debe quedar algo en el tintero.
¿Por qué pudo destruir tanto? Porque guste o no la gente estaba feliz comprando televisores, celulares, electrodomésticos y todo tipo de bienes gracias a que el gobierno impulsaba el consumo artificial consumiendo el stock de capital.
Hasta aquí uno podría decir que es normal que la gente no tenga por qué saber cómo se financia el consumo artificial. Es decir, así como en los 90 se decía que las privatizaciones era como vender las joyas de la abuela, en la era k el consumo de stock de capital fue como dilapidar la herencia de la tía, pero la gente no lo sabía o no le importaba. Podía consumir.
Con una lectura muy clara del comportamiento de la mayoría de la oposición, el matrimonio dijo: quieren fiesta de consumo, les damos fiesta de consumo y mientras tanto nos cargamos la república, que en última instancia es lo que nos interesa. El poder absoluto. Cuanta más borrachera de consumo artificial, mejor porque la gente no va a ver ni la destrucción del orden republicano ni los casos de corrupción que hoy brotan como hongos. ¿Por qué hoy la gente hoy se indigna con la corrupción y no se indignó antes? Porque hoy el modelo económico flaquea, la inflación destroza el nivel de vida de la población y el miedo a perder el trabajo ya es palpable.
Si uno ve la trayectoria de los Kirchner, se encuentra con que en 1976 se fueron al sur. En 1987 Néstor Kirchner es elegido intendente de Río Gallegos, luego gobernador y posteriormente presidente. Es muy raro que dos jóvenes abogados hayan hecho una fortuna en tan poco tiempo. Puede ser, pero no es lo común que dos jóvenes profesionales logren acumular un importante capital, como el que declara el matrimonio. Si uno hace cuentas, estuvieron solo 10 años en la actividad privada y 26 en la función pública. Cae de maduro que, si un funcionario es honesto, resulta sospechoso que pueda acumular fortunas durante la función pública.
Como al pasar, me pregunto: ¿no sabía Duhalde quienes eran los Kirchner cuando en 2003 eligió a Néstor para apoyarlo como su delfín para la presidencia?
También como al pasar, me pregunto: ¿dónde estaban la mayoría de los medios y periodistas que hoy se desgarran las vestiduras ante la corrupción y la destrucción de la república? Hay cosas que no hace falta ver para saber que existen. Y hay cosas que no hace falta que avancen para saber cómo van a terminar.
Pueden revisar este portal y encontrarán notas mías advirtiendo sobre la importancia de las instituciones. Argumentando que el que tiene la mayor cantidad de votos y llega al poder, se le delega el monopolio de la fuerza para que defienda el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. Y que aquél que llega al poder con el voto y luego usa el poder para avasallar esos derechos se levantan contra la constitución pero, sobre todo, contra los derechos individuales.
Obviamente, hablar de instituciones y del errado rumbo económico que se estaba siguiendo en los años de fiesta de consumo era como hablar en el desierto. Nadie escucha cuando está emborrachado de consumo. Y así estaba la gente. Los Kirchner tuvieron la habilidad de emborrachar a la gente con un consumo artificial, aún a costa de destruir su sistema económico, para ir acaparando poder. Hicieron lo que puede hacer un habilidoso ladrón o ladrona. Drogan a la gente con algo en su casa para luego robarles. Eso es el kirchnerismo. Drogaron a la gente con consumo artificial y les robaron la república y destruyeron la economía.
Ahora la gente parece haber despertado de la droga del consumo y empieza a ver el desastre que dejó el matrimonio. A tal punto llegaron que la preocupación llega hasta temer por las libertades individuales más elementarles. Pero ahora es tarde. Porque tienen el monopolio de la fuerza y van a destruir todo lo que tengan que destruir con tal de intentar retener el poder como sea. Luego se verá. Y si no logran retener el poder más allá del 2015, dejarán tierra arrasada. Que se arregle el que venga.
Inflación descontrolada, ausencia de inversiones, fuga de capitales, destrucción de la moneda, déficit fiscal a pesar de la carga tributaria asfixiante a que se somete a los que trabajan en blanco y demolición de la infraestructura son algunos de los destrozos económicos del kirchnerismo.
La destrucción institucional era el objetivo último del matrimonio para tener el poder hegemónico y, en todo caso, no tener que responder ante la justicia por los escándalos de corrupción.
Nunca hubo un plan económico consistente, solo la subordinación de la política económica a sus ambiciones de poder. Y esto es lo que hoy le está fallando al oficialismo. Resto para seguir emborrachando a la gente con la fiesta de consumo mientras se roban la república y esconder los escándalos de corrupción.
Desde mi punto de vista, queda una primera instancia decisiva para saber si vamos de cabeza a una dictadura disfrazada de democracia o tenemos la oportunidad de revertir el proceso. Esa instancia decisiva es que la Corte Suprema de Justicia le ponga un límite al gobierno en su  proyecto de reforma de la justicia. Si eso se frena, entonces viene la segunda parte. Lograr que en las elecciones de octubre el oficialismo tenga una derrota categórica, para evitar que el Congreso siga siendo una simple mesa de entradas en la que se votan las leyes según los caprichos del momento de la presidente.
Si se dan esas dos condiciones: la Corte Suprema frenando el ataque a la justicia por parte del gobierno y luego quitarles el control del Congreso, entonces podemos empezar a pensar como reconstruir el país luego del incendio económico e institucional que ha hecho el kirchnerismo en estos 10 años. Primero apagar el incendio y luego ver cómo se reconstruye todo lo que destruyeron.
El tiempo es un bien escaso. No se puede comprar, ni alquilar ni pedir prestado. El tiempo que se pierde, se pierde irremediablemente. Nos han robado 10 años de nuestras vidas. Demasiado para lo que vive un ser humano.
Esperemos que la Corte Suprema ponga un primer límite. Luego la gente de un categórico castigo en las urnas en octubre y, como deseo fina, cuando recuperemos algo de la república, establecer un Nuremberg de la corrupción y el avasallamiento de las instituciones para que ningún político se anime en el futuro a destruir un país como lo hizo en estos 10 años el kirchnerismo.
(*) Roberto Cachanosky. Economista (UCA, 1980). Consultor económico y Director de "Economía para todos". Artículo publicado el 27 de Mayo de 2013 en la Edición N° 472

Involución del mercado de empleo argentino

Por Economía & Regiones (*)
"El desempleo, la falta y la pérdida del trabajo, es un fenómeno que se está extendiendo en amplias zonas de Occidente y que está propagando de forma preocupante los límites de la pobreza", considero el papa Francisco, en el Encuentro internacional bajo el título "Repensar la solidaridad para el empleo: los desafíos del siglo XXI" de la Fundación Centesimus Annus Pro Pontífice. Él agregó que "no hay peor pobreza material, me apremia subrayarlo, que aquella que no permite ganarse el pan y que priva de la dignidad del trabajo". Jorge Bergoglio dijo que "algo que no funciona" ya que no sólo afecta a los países de Sur sino a todo el planeta y de ahí la exigencia de "repensar el concepto de solidaridad, ya no como simple asistencia a los más pobres, sino como un replanteamiento global de todo el sistema. A esta palabra 'solidaridad' no muy bien vista por el mundo económico, como si fuera una mala palabra, hay que volverle a dar su merecida ciudadanía social", añadió el pontífice católico. Al respecto, hay malas noticias en la Argentina.
La demanda laboral cae a partir del enfriamiento de la inversión y del nivel de actividad; y la oferta laboral se incrementa porque la gente sale a buscar trabajo. En otras palabras, en una economía que reduce su capacidad de generar puestos de trabajo y en la que la gente sale a buscar empleo, el mercado laboral ajusta aumentando la desocupación.
Según la encuesta permanente de hogares del INDEC, la tasa de desempleo del primer trimestre del 2013 se ubicaría en torno al 7.9%, lo que implica un aumento con respecto al dato del mismo trimestre de 2012 (7.1%). 
 
Paralelamente, la tasa de empleo9 ascendería a 42.2% durante el mismo período, lo que indicaría una leve reducción con respecto al mismo período del año anterior (42.3%). Y la tasa de actividad se ubica próxima a 45.8%, lo que implica un incremento marginal respecto del primer cuarto del año pasado (45.5%).
 
Es decir, si bien a simple vista los datos del mercado laboral se muestran sólidos con una tasa de desempleo relativamente baja y cercana al pleno empleo, se observa una caída de la demanda de trabajo (tasa de empleo), acompañada de un (leve) aumento de la oferta que se traduce en un incremento del desempleo (de 0.8 puntos porcentuales). 
 
La demanda laboral cae a partir del enfriamiento de la inversión y del nivel de actividad; y la oferta laboral se incrementa porque la gente sale a buscar trabajo. En otras palabras, en una economía que reduce su capacidad de generar puestos de trabajo y en la que la gente sale a buscar empleo, el mercado laboral ajusta aumentando la desocupación.
 
Uno de los pilares del modelo económico actual fue solucionar el principal déficit de la convertibilidad: el desempleo. 
 
A partir de 2002-2003, Argentina fue incorporando la mano de obra ociosa en su proceso de crecimiento económico, incluso a costa de generar una expansión del PBI de baja productividad. Entre 2003 y 2011, el empleo se incrementó un 30% aproximadamente, lo que implica un aumento promedio anual en torno al 3.4%. 
 
Lógicamente este avance del empleo no fue constante en el tiempo; sino que se fue reduciendo a medida que nuestra economía se acercaba a su frontera de posibilidades de producción, se aminoraba la acumulación de capital y el salario aumentaba; incluso por encima de la inflación y de la tasa de devaluación. Es decir, con menos crecimiento, menos inversión y salarios caros (tanto en términos de bienes domésticos como en dólares), la capacidad de generar empleo se fue diluyendo paulatinamente.
 
Ya en los últimos años, la capacidad de generar nuevos puestos de trabajo se redujo significativamente; es decir la elasticidad empleo-PBI11 del 2010-2012 (0,33%) fue la mitad que la del promedio 2003-2006 (0,65%). En otras palabras, la demanda de trabajo no sólo crecía menos que proporcionalmente en relación a la expansión del producto, sino que cada vez respondía menos frente al incremento del nivel de actividad.
 
Los resultados del primer trimestre del año corroboran la tendencia que se venía vaticinando para el mercado de trabajo: La economía ha perdido la capacidad de generar puestos de trabajo necesario para mantener el desempleo en los mínimos que se habían alcanzado. 
 
La falta de inversión y el estancamiento del nivel de actividad que atraviesa nuestra economía han generado un incremento del desempleo, que nos ubicaría como uno de los países con mayor desocupación para períodos venideros.

(*) Economía & Regiones. Consultora especializada en el desarrollo regional Argentino.Artículo publicado por Urgente 24 el 25 de Mayo de 2013

Tiempo de juzgarlos

Por Alberto Medina Méndez (*)
La política está muy desprestigiada y eso ya no admite discusión. Las evidencias son demasiado abrumadoras. No cabe enojarse con quienes piensan de ese modo, como algunos intentan. Si la actividad política no goza de credibilidad es por mérito propio y no por un complot cívico.

La tarea es, en todo caso, resolver las causas reales y no enfadarse con las consecuencias. Las enfermedades se curan cuando se resuelven las cuestiones que la originaron y no cuando solo se atienden sus síntomas.

Buena parte del enojo de la sociedad civil con la política, transita por aspectos como la corrupción, la falta de transparencia, la voracidad de poder y la escasa idoneidad de sus actores, para solucionar problemas.

Es, probablemente, cierto que la política sea una de las mejores herramientas, o tal vez solo la más institucional, para encauzar energías que propicien cambios positivos en la forma de vida de las comunidades, para garantizar la vigencia de la libertad y el progreso que ello conlleva.

Pero hasta que no consiga vencer su mala fama, su descrédito, poco se podrá hacer al respecto. Su depuración entonces resulta imprescindible. La purga consiste en descartar a los corruptos, a los indignos, a los ladrones.

Es por eso indispensable que las sociedades modernas, recuperen sus instituciones, tengan el coraje cívico de instalar una agenda que incluya a la honestidad como valor y abandonen el letargo de la cándida resignación.

Es patológico convivir con personajes que se apoderan de las arcas públicas como si fueran propias, que dilapidan los recursos de la gente, que obligan a pagar impuestos altísimos a individuos que se esfuerzan, para luego quedarse sin reparos, con el fruto de su trabajo derrochando esos dineros en dádivas, favores y fraudulentos negocios que los enriquecen.

Con esa casta de depravados de la partidocracia, que son demasiados por cierto, y no precisamente la excepción a la regla, es imposible recrear la política, ni hacer de ella un instrumento realmente útil para la sociedad.

Resulta vital encarcelar a los delincuentes de escritorio. Si estos sujetos no están entre rejas, el sistema no puede generar los anticuerpos necesarios para evitar que la historia se repita. No hacerlo no solo es inmoral, sino que estimula a esta plaga de corruptos, los invita a repetirlo hasta el cansancio y los multiplica al infinito, para que sigan asfixiando a los honestos.

La perversidad de esta lacra, no se agota en robar el dinero de todos, sino también en manipular las mentes de gente de bien, en usarlos para hacerles creer que son personas honradas, que solo han prosperado por sus habilidades y talentos para administrar correctamente su patrimonio.

Para rescatar la política es esencial lograr un “gran juicio”, un espacio republicano, en el que las instituciones funcionen como corresponde, donde los funcionarios del poder judicial y especialmente los jueces, recuperen el coraje de hacer lo que deben y entiendan su rol heroico en este tiempo.

Con políticos indecentes recorriendo tribunales, dando cuentas de sus andanzas y con ciudadanos asegurándose que el sistema funcione como fue previsto por quienes lo crearon para garantizar derechos a los ciudadanos y no impunidad a los corruptos, la historia cambiará. Antes no.

La sociedad necesita volver a creer, pero es la misma voluntad individual de los ciudadanos, la que debe generar esta epopeya. No se producirá en forma espontanea o por casualidad. No será la misma corporación política, ni oficialistas, ni opositores, quienes impulsarán esta secuencia de hazañas. Las pruebas están a la vista. No se presentan a juzgar a sus pares. No son ellos lo que se ocuparán de destruir las bases estructurales de la corrupción. De hecho han votados leyes, unos y otros, que concentran poder y recursos en pocas manos quitando institucionalidad a la república.

Es la sociedad la que debe llevar adelante esta proeza, y hacerles sentir a los políticos que descarriaron, que todos serán juzgados, que estarán en el banquillo, y que allí no los salvaran ni sus pares, ni sus aliados, ni siquiera aquellos a los que enriquecieron o favorecieron en su estrategia clientelar.

No resulta preciso que se trate de una masiva cantidad de individuos los que tomen la iniciativa de esta gesta, pero sí, de un incorruptible grupo de ciudadanos, comprometidos, decididos, determinados, con el coraje suficiente y sabiendo que en su intento está el futuro de varias generaciones, inclusive de los que cacarean en privado y dicen estar en la vereda de enfrente, cuando en realidad se han aprovechado de las debilidades del sistema y lucraron con sus socios corruptos.

Los políticos contemporáneos deben saber que sus fechorías no son interminables, y que su ambición de poder, de progreso con recursos ajenos, tiene límite. La confiscación a los que trabajan, el saqueo a los ciudadanos debe terminar. Y son los mismos votantes, los que dirán basta.

Mucho de los políticos de este tiempo han usurpado dinero, pero también intentan robarse los sueños. Depende de los ciudadanos y no de la política clásica, que eso no suceda. No existe otro final posible, si se quiere cambiar la historia, que juzgar a los corruptos y reconstruir la república, con la gente de bien, con los honestos, con los que solo quieren producir, trabajar en libertad y que les permitan disfrutar del fruto de su esfuerzo.

Estos forajidos han abusado de su suerte, han tirado de la cuerda más de lo tolerable, su gula de poder y ambición económica les ha jugado una mala pasada. Los ciudadanos deben poner límite a tanto atropello, y tal vez, ya sea el tiempo de juzgarlos.


(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político.
albertomedinamendez@gmail.com
www.albertomedinamendez.com

Fuente: Comunicación personal del autor

La verdadera democracia

Por Gabriel Boragina (*)
Las continuas tergiversaciones sobre el término democracia han obligado a autores muy importantes a aclarar continuamente su significado. Vamos a examinar ahora someramente algunas pocas pero substanciales aclaraciones de tan distinguidos escritores. Por supuesto, el análisis de la democracia puede hacerse desde diversos ángulos: político, filosófico, económico, jurídico, etc.

El insigne profesor L. v. Mises explica el origen de la democracia política como derivado de la democracia económica con estas palabras:
"En efecto, los consumidores determinan no sólo los precios de los bienes de consumo, sino también los precios de todos los factores de producción, fijando los ingresos de cuantos operan en el ámbito de la economía de mercado: Son ellos, no los empresarios, quienes, en definitiva, pagan a cada trabajador su salario, lo mismo a la famosa estrella cinematográfica que a la mísera fregona. Con cada centavo que gastan ordenan el proceso productivo y, hasta en los más mínimos detalles, la organización de los entes mercantiles. Por eso se ha podido decir que el mercado constituye una democracia, en la cual cada centavo da derecho a un voto. Más exacto sería decir que, mediante las constituciones democráticas, se aspira a con­ceder a los ciudadanos, en la esfera política, aquella misma supremacía que, como consumidores, el mercado les confiere. Aun así, el símil no es del todo exacto. En las democracias, sólo los votos depositados en favor del candidato triunfante gozan de efectiva trascendencia política. Los votos minoritarios carecen de influjo. En el mercado, por el contrario, ningún voto resulta vano. Cada céntimo gastado tiene capacidad espe­cífica para influir en el proceso productivo. Las editoriales atienden los deseos de la mayoría publicando novelas policiacas; pero también imprimen tratados filosóficos y poesía lírica, de acuerdo con minoritarias apetencias. Las panaderías producen no sólo los tipos de pan que prefieren las personas sanas, sino también aquellos otros que consumen quienes siguen especiales regímenes dietéticos. La elección del consumidor cobra virtua­lidad tan pronto como el interesado se decide a gastar el dinero preciso en la consecución de su objetivo.”[1]

 A veces, el verdadero significado de la democracia se deduce por exclusión, como lo hace el Dr. C. Sabino al definir al fascismo de este modo:   
"fascismoMovimiento político de gran importancia entre las dos grandes Guerras Mundiales que surgió en Italia, en 1922, bajo el liderazgo de Benito Mussolini. El fascismo se caracterizó por su oposición a la democracia liberal y al comunismo, por su nacionalismo, su culto a la violencia""[2]

Desde otro ángulo, nuestro tocayo, el profesor Zanotti, en el contexto de su respuesta a católicos que rechazan el liberalismo, echa luz en cuanto a que el liberalismo incluye a la democracia constitucional dentro de sí, con estas palabras:
"el liberalismo con­denado por León XIII en la Libertas no hace referencia ni a la democracia constitucional ni a la defensa de los derechos humanos fundamentales frente al despotismo del Es­tado". Y más adelante: "La cuestión pasa por reafirmar, como hemos hecho muchas veces, que el liberalismo político, como un modo concreto de limitar el poder político (democracia constitucional, división de poderes, control de constitucionalidad, etc.) es una opción temporal totalmente opinable en relación a la Fe, por ello mismo legítima para cualquier católico que por razones no derivadas directamente del depositum fidei opte por dicha postura." [3]

El profesor Alberto Benegas Lynch (h) alerta sobre la llamada "democracia de los números" de esta manera: "El eje central del cuento [de Nozick] alude a la degradación de la idea de la democracia, lo cual vemos ocurre en muy diversos lares hoy en día. Es decir, una grotesca burla al espíritu de un sistema establecido para asegurar la alternancia en los cargos de gobierno y cuyo aspecto medular reside en el respeto a las minorías tal como contemporáneamente lo señala Giovanni Sartori en su tratado sobre la materia....Sin embargo, observamos con alarma y estupor que en nombre de la democracia no solo no se renuevan los cargos ya que las reelecciones son frecuentemente indefinidas, sino que se atropellan los derechos de las minorías. He repetido muchas veces la sabia ilustración que hace de esta degradación Juan González Calderón en cuanto a que los llamados “demócratas de los números” ni de números saben puesto que se basan en dos ecuaciones falsas: 50% más 1% = 100% y 50% menos 1% = 0%."[4]

 Esta degradación alcanza también a la Argentina de los Kirchner, quienes se han amparado en la misma para cometer toda clase de tropelías, desfalcos y trapisondas contra el orden constitucional a lo largo de tres dilatados periodos de gobierno, con miras a perpetuarse en forma indefinida.

 Con razón enseña al Dr. A. Benegas Lynch (h):
"En realidad ¿qué importa que la prepotencia, la invasión a la privacidad y el desmembramiento de los derechos provengan de uno o de muchos? ¿Acaso la dignidad del ser humano depende de la aritmética? El derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad son anteriores y superiores a cualquier construcción, diseño y disposición de los hombres. Constituyen parte de las propiedades, características y naturaleza de un ser humano que no pueden ser borrados por ningún decreto." [5]

Sin embargo, y con toda la verdad que entrañan las palabras antes citadas, no es un dato menor que los modernos autoritarismos que se escudan en la "democracia" echan mano recurrentemente al fraude electoral -como lo viene advirtiendo la prensa-, con lo que hasta se torna harto dudosa la falsa "mayoría" (probablemente inexistente) a la que tan ardorosa y sospechosamente apelan.

Referencias:

[1]  Ludwig von Mises, La acción humana, tratado de economía. Unión Editorial, S.A., cuarta edición. Pág., 417
[2] Carlos Sabino, Diccionario de Economía y Finanzas, Ed. Panapo, Caracas. Venezuela, 1991. Voz "fascismo".
[3] Gabriel J. Zanotti. "BENEDICTO XVI, PECADOR". Para Instituto Acton. Diciembre de 2008. www.institutoacton.com.ar
[4] Alberto Benegas Lynch (h)."NOZICK Y EL CUENTO DEL ESCLAVO". Diario de América. New York, marzo 17 de 2009.
[5] Alberto Benegas Lynch (h)."NOZICK Y EL CUENTO DEL ESCLAVO". Diario de América. New York, marzo 17 de 2009.

(*) Gabriel Boragina. Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas. Egresado de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas). Presidente del CFi (Centro de Estudios Económicos,Filosóficos y Políticos). Director del curso sobre Escuela Austriaca de Economía,dictado por el Centro de Educación a Distancia para los Estudios Económicos (CEDEPE). Director del Departamento de Derecho Financiero del INAE (Instituto Argentino de Economía). Colaborador de "Contribuciones a la Economía"; revista académica de amplia difusión mundial publicada por el Departamento de Economía de la Universidad de Málaga. Columnista de "La Historia Paralela",revista crítica de política y economía internacional. Ex columnista y sponsor de la revista Sociedad Libre y de la revista Atlas del Sud. Ex presidente de ESEDEC (Escuela de Educación Económica). Profesor de Elementos de Análisis Económico y Financiero en la UNBA. Ex profesor de la materia universitaria Política Económica Argentina; de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA; de Finanzas y Derecho Tributario de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Artículo publicado en "Acción Humana" el 25 de Mayo de 2013

Fuente: http://www.accionhumana.com/2013/05/la-verdadera-democracia.html

El 25 de Mayo de un país disfuncional

Por José Benegas (*)
Pudimos ver el 25 de Mayo el significado real de la referencia a una “década ganada” con la que el kirchnerismo define su paso por el poder. La fecha que celebra un acontecimiento nacional, se utilizó para un acto partidario con las acostumbradas fantasías y auto-sobreseimientos que se conocen como “el relato”. Los que ganaron la década saben que los demás la perdimos, por eso que no hicieron otra cosa que convocar a empleados, proveedores y clientes de su sistema y excluirnos a todos los demás. Demuestran con esa actitud su plena consciencia de que si ganaron la década fue a costa de todos los demás.

Lo que nos muestra el espectáculo que el kirchnerismo nos ofrece al borde del abismo es el rompimiento de vínculos sociales generales. Es la liberación que ellos ven como heroica de toda responsabilidad de ese poder que ostentan derivado de una legalidad que nos debería amparar a todos. Significa dar muerte a la legitimidad en función de la oportunidad que la legitimidad ofreció.
El negocio durará mientras fuera del oficialismo se tenga una visión autoritaria y opresiva de la idea de democracia como poder ilimitado de quién se impuso en las urnas. Si a esta privatización de los fines de la autoridad constituida se le sigue reconociendo justificación por un día en el que se realizaron unas elecciones, asimilando la asunción de un gobierno electo a la unción de un Nerón, entonces habrá que aguantársela o unirse a ellos.
Desde fuera del kirchnerismo se sigue compartiendo la posición de la mujer golpeada que permanece en el hogar en el que se dan las hostilidades. Que se queja y hasta denuncia, pero no cree que sea legítimo romper el pacto que no existe porque ya ha sido roto por el violento. Como el caballo que cree que sigue atado al palenque aunque las riendas estén sueltas.
Gobiernan para ellos y festejan el botín en nuestra cara. Al identificarse con el todo, decretan directamente nuestra inexistencia, pero existimos con toda claridad a la hora de pagar sus fiestas. No quieren deshacerse de nosotros, como el golpeador no tiene interés en deshacerse de su víctima.
Cuando se los critica, se llama a otra forma de convivir o se reclama que no se siga robando ni mintiendo, el aparato estatal tilda al disconforme de enemigo. Es decir nos coloca la supuesta legalidad en un vínculo con ella similar al que John Locke describía como “estado de guerra”.
Es entonces cuando viene la estocada final de esta perversión. Repasemos lo que ha pasado con todos, desde Mirtha Legrand, al campo, Clarín, Blumberg o cualquiera de los demás enemigos señalados del gobierno; esto es la deslegitimación de la víctima y el denunciante por medio de una segunda línea del aparato de propaganda: la de los neutrales que se dicen a si mismos los serios. Unos que no denuncian al gobierno, por lo tanto tampoco lo padecen, porque denunciarlos sería ser enemigos (dado que las alternativas han sido reducidas a eso) y ellos quieren mostrarse “serios”. Los serios serán el estilete con el que se terminará de asesinar la reputación de los enemigos. No solo serán atacados por el gobierno, sino también por la seriedad bienpensante, lo que los deja sin posición legítima alguna que puedan exhibir después de haber sido puestos a la parrilla.
El gobierno faccioso y autoritario produce este panorama sumamente patológico: Agrede, explica las reacciones como enemistad y obtiene la colaboración de un ejército de tibios que para estar en el medio evitarán las críticas y demostrarán su neutralidad asimilando crítica o el ejercicio de la defensa a una hostilidad y ceguera que sólo cabe asignar al gobierno.
Así pasan de a poco a convertirse en marcados y muertos civiles cada uno de los elegidos, de la mano de los que repiten cosas como “no estoy ni con Clarín ni con el gobierno”, “acá hay una pelea en la que no tengo nada que ver”.
O si no su variante más miserable: “no hay que hacerle el juego a la derecha”, lo que es lo mismo que decir “hay que mentir para que no ganen los otros” o “que no se sepa así podemos seguir siendo de izquierda”. Todos perciben que el poder y su liturgia es un lugar de privilegio y que lo perderán si dejan correr la verdad así como así sin censura o autocensura.
El kirchnerismo es enfermo, pero deja también una sociedad profundamente enferma. Eso es lo que hemos ganado.
(*) José Benegas. Abogado, periodista y ensayista. Artículo publicado en su blog personal el 25 de Mayo de 2013

Cuando los ‘pungas’ vienen marchando

Por Enrique G. Avogadro (*)
“A pesar del tradicional individualismo y narcisismo de los argentinos, las principales motivaciones de sus tragedias no son tanto de orden individual como colectivo. Las responsabilidades de los acontecimientos, también”. Héctor Ricardo Leis

La inmunda, gigantesca, de lesa humanidad y genocida corrupción que ahora han hecho trascender Jorge Lanata y los demás periodistas hasta los últimos rincones de la Argentina, me lleva a preguntarme hasta cuándo toleraremos, pacíficamente, que esta banda de delincuentes a los que hemos entregado el poder más omnímodo siga encabezando nuestro Estado. A todas las denuncias, que sin duda la involucran tanto como a su finado marido, doña Cristina ha respondido con un silencio que sólo consigue indignar más a la ciudadanía, cada vez más empobrecida por la galopante inflación que el oficialismo genera por su vocación por el latrocinio y la recaudación.
Más allá de algunos episodios que, precisamente por pocos, llaman la atención en nuestra historia, debemos confesarnos que somos un pueblo manso y sufrido, capaz de soportar, en estupefacto silencio, las consecuencias de nuestros propios actos, sin intentar corregirlos. Hemos aceptado, con ese ánimo pasivo, la transformación de nuestra democracia representativa en la democracia “delegativa”, como la definiera Guillermo O’Donnell; esto significa que, como nos ha exigido la señora Presidente muchas veces desde su atril, nuestros derechos se reducen a emitir el voto cada vez que somos convocados a hacerlo.
Cuando camino por las calles de mi ciudad, la pregunta generalizada es: “Esta vez, ¿pasará algo?”; es decir, los argentinos seguimos esperando que la Justicia se quite la venda que la ha transformado, durante toda la década, en tuerta. Pero la mansedumbre sigue imperando, mientras todos tratamos de sobrevivir como mejor podemos, pagando impuestos escandinavos para recibir servicios africanos.
La viuda de Kirchner ha dado un paso importante para avanzar en su tentativa de permanecer en el poder al anunciar, siempre por cadena nacional, que a “las organizaciones juveniles, sociales y políticas” se les encomendará la vigilancia popular sobre el precio de los quinientos productos que fueran, al menos en teoría, incluidos en el congelamiento acordado por Patotín y los supermercados. Como se lo mire, es un nuevo avance hacia el chavismo terminal del Pajarito Chiquitico y aún, si se lo observa con más atención, hacia la provecta dictadura de los Castro; ambos regímenes han creado milicias populares, por fuera de las estructura militares tradicionales, para sostener sus alucinados proyectos de poder.
En ese cuadro, ¿hasta cuándo los argentinos soportaremos impávidos este desmadre? Nunca, en toda nuestra historia, habíamos entregado el poder a una banda de ladrones como la que hoy encabeza la señora Presidente. Ni siquiera los años de Menem resultan comparables, ya que entonces se robaba sólo dinero, aún cuando fuera mucho, mientras que en la “década ganada” los objetos de estos delitos son nada menos que empresas y actividades económicas enteras; es más, sostengo desde hace mucho tiempo que el deseo de don Néstor (q.e.p.d.) de quedarse con YPF fue la causa esencial de la pérdida del autoabastecimiento energético, que dejaba muchos dólares en el país, y de la creciente necesidad de importar gas y derivados, origen de nuestra pavorosa inflación.
La maniobra fracasó cuando Kirchner murió y sus testaferros –Enrique Eskenazi y su familia- negaron esa condición al ser interrogados personalmente por doña Cristina, y ello llevó a la confiscación del 51% de las acciones de la empresa y a la consecuente ruina de sus tan curiosos administradores. En los episodios de corrupción no hay, ni puede haber, papelitos y recibos, y la forma en que se comportaron cada uno de los que tenían a su nombre los bienes mal habidos cuando “Él” murió ha determinado que permanecieran en el círculo áulico de Olivos o fueran desterrados y, en algunos casos, fulminados por la venganza imperial de su viuda.
¿Por qué los argentinos no reaccionamos tomando la calle todos los días, hasta expulsar a estos delincuentes, que tanto daño producen, del poder? Un muy somero inventario de los perjuicios que causa su permanencia debe incluir la inseguridad, la inflación, la droga, las muertes derivadas del robo en las obras públicas, la pobreza y la indigencia de un tercio de nuestros compatriotas, el aislamiento internacional y, ahora, la violencia anunciada. ¿Cómo no nos ponemos de acuerdo para una gran resistencia civil, dejando de pagar nuestros impuestos cuando sabemos que éstos terminan convertidos en pisos, estancias, countries, aviones, autos y motos lujosos, billetes de € 500 o fiestas babilónicas en Punta del Este y Miami?
¿Cómo no nos manifestamos, todos los días, frente a los tribunales de Comodoro Py hasta obligar a los jueces federales penales a desempolvar todas las causas de corrupción cajoneadas? ¿Cómo no nos presentamos masivamente ante la AFIP para impedir que el Gobierno continúe expoliándonos? ¿Cómo no vamos, por millones, al Congreso para que los infames traidores a la Patria que votan proyectos inicuos con obsecuencia debida dejen de habitarlo? ¿Cómo no exigimos que la Corte Suprema pida el juicio político de la señora Presidente por ignorar sus fallos?
¿Cómo permitimos que continúen representando a los argentinos dos imputados por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero como doña Cristina y Guita-rrita Boudou? ¿Ignoramos que nuestro país se ha transformado en el hazmerreír de toda la prensa mundial? ¿No nos impresiona, al punto de reaccionar, cuando todo el planeta nos mira con asombro y desprecio cuando nuestra moneda la imprime Ciccone y el Vicepresidente? ¿Sabemos que las cadenas de noticias internacionales sólo hablan de nosotros para criticar los avances del Ejecutivo contra la prensa y la Justicia o las ridiculeces discursivas de la señora Presidente?
Pero el campo minado que el kirchner-cristinismo dejará cuando, finalmente, sea desalojado del poder exigirá a quien lo suceda tomar medidas poco simpáticas –por ejemplo, la supresión de los subsidios generalizados para reemplazarlos por la protección a los más necesitados- y, para concitar la adhesión popular, le será necesario demostrar que encabeza un cambio ético y moral; un cambio que sólo podrá ser comprendido si la cabecilla y toda su banda pública y privada terminan en la cárcel con todos sus bienes confiscados. Ellos, por su parte, lo saben, y es por eso que no se entregarán pacíficamente.
Entonces, finalmente, caerá la máscara de “socialismo del siglo XXI” tras la cual el "modelo de acumulación de matriz diversificada con inclusión social” -¡qué nombrecito inventaron!- ha ocultado su verdadero propósito: apoderarse del país y de todos los resortes de su economía para robar a mansalva. Tal vez, sólo tal vez, ese 20% de los argentinos que, de buena fe, aún creen en él, dejarán de hacerlo y comprenderán que deben los costados más tristes de sus vidas a la corrupción generalizada.

Bs.As., 26 May 13
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
E.mail: ega1avogadro@gmail.com
Site: www.avogadro.com.ar
Blog: http://egavogadro.blogspot.com

Fuente: Comunicación personal del autor

Ellos me vigilan

Por Malú Kikuchi (*)
Sabemos, sé que nos vigilan las comunicaciones, los teléfonos, los mails y los  portales. Sé que pueden dejarnos por horas, o días, o semanas, incomunicados. Sabemos que hay personas contratadas para hacer este trabajo  sucio. Y que se manejan desde el estado.

Sabemos, sé que la inseguridad nos mata, nos roba, nos viola, nos ataca en cualquier tiempo y lugar. Ahí no nos vigilan, son permisivos con los delincuentes, quizás tengan más afinidades con ellos, que con nosotros. Pero todo tiene un límite, y esta vez la presidente lo cruzó.
Sabemos que la inflación real ronda el 30%, pero según el gobierno, que es el responsable de la misma, es sólo del 10,8%. La presidente cree que ellos no tienen nada que ver con el problema. A pesar de lo cual, con generosidad conmovedora, se va a hacer cargo del asunto. De los 10.000 productos promedio que ofrecen los supermercados, congelan por 60 días, 500.
¡Gracias presidente! Es realmente conmovedor. Quizás fuera más efectivo dejar de distorsionar el mercado, dejar de emitir $, levantar el cepo, abrir fronteras, exportar, importar; cumplir contratos y dejar de mentir.
Supongo que es pedir demasiado. Me arriesgo, hay un sensacional libro que sería recomendable que leyeran sus economistas de cabecera, se llama “4000 años de control de precios y salarios” (2). Desde Sumeria a Babilonia, China y la India antigua, hasta el edicto de Diocleciano (d.C 301) que acusó de avaros a los mercaderes y especuladores, penándolos con la muerte.
El resultado fue previsible: Diocleciano tuvo que abdicar y la inflación siguió gozando de buena salud. Los romanos rogaban por la llegada de los bárbaros. Llegaron.
Durante la Edad Media los controles tuvieron visos religiosos. La revolución francesa impuso la “ley de máxima”, que terminó con la cabeza guillotinada de “Máximo” Robespierre, pero no con la inflación. Y así siguió, es más, acá sigue. El resultado va a ser el mismo. 2+2 sigue siendo 4, desde hace 4.000 años. Inevitable.
Cristina, que detesta ostensiblemente todo lo que tenga ver con el ámbito militar, nos promete “desplegar” (1) (hacer pasar las tropas o los buques del orden cerrado al abierto), jóvenes “militantes”, que viene de “militar” (¿La Cámpora, La Kolina, La Tupac Amaru, Hijos, Movimiento Evita?), para vigilar que se cumplan los precios pactados. Ahora vienen las preguntas.
¿Cuáles son los precios pactados? Dicen que los existentes al 2/2/13. ¿Alguien los recuerda? Cuándo Moreno lo tenga claro, ¿cómo nos vamos a enterar? Por los diarios no se puede, por lo menos por los que yo leo. No lo veo fácil. Siguen las preguntas.
Estos vigilantes, ¿tendrán poder de policía o de inspectores y en qué va a consistir? ¿Tendrán chapas, tarjetas, algún tipo de identificación, uniformes quizás? ¿Cómo los vamos a reconocer nosotros y los vendedores? ¿Cómo estar seguros que no van a coimear al comerciante que cobra por fuera del convenio? ¿Quién va a vigilar a los vigilantes? ¿Van a trabajar ad honorem o además les vamos a tener que pagar?
Y ahora, como frutilla del postre, la pregunta más importante: ¿cómo empezaron las milicias bolivarianas, para vigilar qué? ¿Cómo habrán empezado las juventudes hitlerianas, o la STASSI, o cualquiera de los grupos de “vigilantes” desplegados sobre un territorio aparentemente con un objetivo pequeño, casi sin importancia? Sabemos en qué se convirtieron.
Por supuesto que estoy totalmente paranoica, no puedo ni debo pensar como lo estoy haciendo. Pero no puedo evitarlo. Recuerdo las libertades que me asegura la Constitución Nacional y de las que he disfrutado en otros tiempos, y veo lo que han hecho de mi Argentina (y yo lo he permitido), y tiemblo.
Ayer, hace 203 años, nacía la patria. La están demoliendo, entre la pérdida de la independencia del ex poder judicial; la ley de blanqueo para chorros, narcos, coimeros, tratantes y otras escorias; la corrupción más escandalosa amparada por el gobierno; mientras los ciudadanos honestos, son vigilados. Por jóvenes militantes.  Afines al gobierno. No sé porqué recuerdo una frase de Woody Allen: “que yo sea paranoico no quiere decir que no me persigan”.
Referencias:
(1) DRAE: Diccionario de la Real Academia Española. 
(2)”4.000 años de control de precios y salarios- Cómo NO combatir la inflación”,  Robert Shnettinger – Eammon F. Buttler. Ed. Atlántida.
(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora y en http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=8118

sábado, 25 de mayo de 2013

Donde todo vale

Por Jorge H. Santos (*)
Se cumple una década de la llegada de los Kirchner a la presidencia de la Nación (mayo de 2003), y si se tomaran en cuenta los antecedentes de estos en Santa Cruz, nadie podría sorprenderse que la historia se haya vuelto a repetir. Todo ha sido un calco amplificado de lo que Néstor y Cristina hicieron durante largos años en aquella provincia sureña. Usando el poder se llevaron la institucionalidad por delante. Convirtieron la ley en letra muerta y por ende transformaron a la Argentina en el país de ambos; donde todo vale.
"La democracia es una práctica electoral que le permitió a Néstor en su momento y a Cristina, luego llegar al poder pero no para ser respetada, salvo cuando juega a favor de sus intereses particulares."
Néstor Kirchner durante sus cuatro años como intendente y sus doce años como gobernador de Santa Cruz fue autoritario, arrasó con todos los poderes del Estado provincial, consideró como propios los recursos públicos, eliminó los medios críticos y fue un funcionario corrupto.  Su esposa, Cristina Fernández, su socia en esa empresa familiar, se desempeñó durante cuatro años como diputada y otros cuatro años como senadora de aquella provincia argentina; convertida en feudo.
 
Por qué entonces Néstor y Cristina iban a comportarse de manera diferente en la forma de gestionar el país durante la década que ahora ella, en soledad, extiende  hasta el presente.
 
Esa forma K de entender el Estado como parte de su patrimonio personal fue certeramente recogida el 6/10/2010 por ‘Bild’, el diario alemán más leído, cuando definió a la presidente como la mujer que maneja "la empresa familiar más grande del mundo: ¡Argentina!".
 
La democracia es una práctica electoral que le permitió a Néstor en su momento y a Cristina, luego llegar al poder pero no para ser respetada, salvo cuando juega a favor de sus intereses particulares.
 
El pasivo de los 3.650 días transcurridos  de la familia K en la Rosada supera con creces a un escuálido activo.
 
El país atraviesa uno de los momentos más sombríos de su historia.
 
En 2003 se inició uno de los ciclos más favorables para la economía argentina, en el cual el país logra vender a precios altos lo que produce y puede comprar a precios ventajosos lo que consume o requiere para invertir.
 
El resultado -donde todas las variables jugaron a favor del país- arroja un fuerte quebranto en todos los órdenes:
 
-Las reservas de gas se esfumaron, cuando en 2003 eran de 25 años.
 
-Se perdió el autoabastecimiento de combustibles y las cifras a destinar para importarlo son en parte las restricciones que tienen los argentinos para acceder a la compra de moneda extranjera.
 
-Se dilapidaron fondos presupuestados para construir 25.000 kilómetros de autopistas y estos no llegan a 500.
 
-Se perdieron 12 millones de cabezas de ganado y el país pasó a ser el último en la región en exportación de carne.
 
-Terminaron con muertos y dificultades diarias para miles de argentinos diez años de subsidios al transporte que fueron y siguen siendo una fuente de inagotable de corrupción.
 
-La falta de realización de obras de infraestructura anunciadas  se cobra muertos en forma constante y surgen con mayor elocuencia en tragedias como las inundaciones en La Plata.
 
-Las inversiones que buscan países donde radicarse, omiten y huyen de este destino.
 
-La inflación ha devorado una vez la moneda.
 
En el orden social la deuda desborda:
 
-La pobreza afecta al 39% de los chicos y adolescentes, que suman cerca de 5 millones, de los cuales 800 mil son indigentes (no pueden cubrir siquiera la alimentación básica).
 
-Vale decir que 4 de cada 10 chicos menores de 18 años no poseen lo necesario para comprar los bienes y servicios necesarios para su vida.
 
-Estas cifras serían aún mayores si el Estado no pagara la Asignación Universal por Hijo ni la pensión prevista para madres de siete o más hijos. La pobreza y la indigencia entre los menores llegarían a 42,9 y a 15,9%, respectivamente.
 
-La pobreza en la Argentina, tras años de crecimiento a tasas chinas, llega a 26,9% de todos los habitantes. La indigencia alcanza la vida de 5,8% de las personas.
 
-Para el Gobierno, la pobreza y la indigencia afectan apenas al 5,4 y al 1,4% de los habitantes de la Argentina.
 
-También se paralizó la creación de empleo y se destruyeron puestos en la actividad privada. En un trimestre se perdieron 255.000 empleos: de este total, 85.000 dejaron de buscar trabajo y 170.000 engrosaron  la lista de desocupados que ahora suma 1.300.000 desempleado, según cifras oficiales.
 
Mientras tanto, todos los argentinos sin distinción de bolsillo, subsidian a los clubes de fútbol para que el gobierno emplee horas de televisión para difamar y mentir con publicidad engañosa.
 
En cuatro años de Fútbol para todos el gobierno nacional habrá invertido cerca de 3.500.000.000 pesos, además del costo de producción.
 
 
Los casos de corrupción se convirtieron en moneda corriente. Basta hacer memoria para que aparezcan, entre otros:
 
-Las supuestas coimas en el caso Skanska.
 
-La valija de Antonini Wilson con  los US$ 800 mil.
 
-La bolsa con dinero en el baño de la ex ministra de Economía Felisa Miceli.
 
-El caso que involucra al propio vicepresidente Amado Boudou y la expropiación de la imprenta ex Ciccone.
 
-Los medicamentos truchos que terminó con la salida de Graciela Ocaña del propio gobierno.
 
-El caso de los hermanos Schoklender y los fondos para la construcción de viviendas sociales en el programa Sueños Compartidos.
 
-Ahora, la ruta del dinero K y las presuntas bóvedas en las residencias de los Kirchner.
 
 
La mentira es la consigna que instaló como premisa la familia huésped de Olivos, mientras por otro lado vendía la construcción de “un país en serio” .
 
No importa si la mentira oculta muertes, damnificados o hechos que violen la ley. En la  Argentina no vale la verdad, hay que destruir a quien ose decirla si que esta va en contra de los intereses de los gobernantes y su séquito de lacayos obsecuentes.
 
Vale la difamación, vale la calumnia, vale todo aquello que pueda descalificar a quien diga algo que se parezca a la verdad y que perjudique a la poderosa señora que ejerce el poder que los argentinos le dieron.
La mentira subió a escena para desplazar la verdad que hasta el más desprevenido de los argentinos conoce, aunque no quiera decirlo, porque no le conviene a sus intereses personales.
 
Hay algunos que se benefician con la mentira. El pueblo, en cambio, pierde. Ahora o más tarde pero pierde.
 
Las tantas mentiras en las que vive el país destroza la credibilidad del mismo, trastorna la vida de sus habitantes, esconde verdades que más temprano que tarde se deberán afrontar a costos muy altos, deteriora el tejido social, posterga la solución de problemas que se viven acumulando y lesionan aún más los valores éticos y morales de una sociedad que está empachada de odios y rencores alimentados por el propio gobierno.
 
El totalitarismo que ejerce la presidente ha partido a la sociedad en dos. Los fanáticos que la siguen, exaltan su figura y pretenden eternizarla en La Rosada; y, del otro lado, los que detestan esta forma de ejercicio del poder político.
 
El totalitarismo gobernante no escatima en ninguno de los matices que revisten al mismo.
 
Desde el uso masivo de la propaganda oficial y de la formación del mayor multimedio a su servicio abastecido con dineros públicos; hasta la implementación de distintos mecanismos de control social para todos aquellos que no se alineen con el pensamiento “único”.
 
El gobierno de Cristina con estas particularidades considera al Estado como propio y como un fin en sí mismo. Por tanto lo maximiza, y como consecuencia un Estado más grande le da un poder más grande.
 
De esta forma el gobierno totalitario lo puede todo, lo abarca o pretende abarcar todo.
 
Toda la estructura de poder está puesta en torno al liderazgo de Cristina; la que pretende absorber hasta el Poder Judicial, ya que el control del Parlamentario lo tiene.
 
Cristina goza del poder, el cual lo esgrime en forma desafiante y provocativa.
 
Esa adicción a usar el atril y la cámara de TV para ostentar el mando, funciona como una droga. Demanda cada día más.
 
Cuando el fanatismo se apodera del poder político, acostumbra desplegar todo un andamiaje para imponer su dogma, reprimiendo a los opositores, castigando a los que no piensan lo mismo que ellos, incluso con la cárcel o la muerte.
 
Para el fanático no cabe el debate o la búsqueda de la verdad ya que el fanático cree ser dueño de ella de forma terminante.
 
El fanático está convencido de poseer todas las respuestas y, por lo tanto, no necesita indagar por medio del cuestionamiento de las propias ideas que encarna la apreciación del otro.
 
El fanático se caracteriza por:
 
> Ser un considerable enemigo de la libertad.
 
> Ponerle freno al conocimiento.
 
> Alejarse de la verdad, al menospreciar la parte verdad que está presente en los demás. Carece de espíritu crítico.
 
> Ser dogmático, es decir que cree en ciertas verdades que no cuestiona ni razona, en relación con la autoridad de alguien.
 
> Encerrar la diversidad humana en dos estratos: buenos y malos. Los matices no tienen cabida.
 
> Odiar la diferencia; desprecia y rechaza lo que difiere de determinados modelos y encasillamientos.
 
> Su autoritarismo.
 
> Su lenguaje de odio.
 
 
Por consiguiente, el precio que paga el fanatismo resulta costoso; así como el que le hace pagar al no fanático, al convivir en sociedad.
 
El fanatismo, lamentablemente, es culpable de muchos males, por no aceptar las diferencias, por vivir ajeno al sentido fraternal de la vida.
 
El fanatismo invariablemente ha llevado a conflictos, enfrentamientos y a graves desgracias.
 
La terquedad del fanático es de difícil manejo y equilibrio para los defensores de la tolerancia.
 
Los fanáticos carecen de la capacidad de pensar por sí mismos, siguen las ideas, en el caso argentino de Cristina, con fe ciega.
 
Para el fanático lo bueno del que no comulgue sus ideas, no existe.
 
El lenguaje que utiliza el fanático es un lenguaje de odio.
 
Ese odio que baja como catarata de arriba hacia abajo e invadió a la sociedad.
 
Ese odio que hoy genera tanta violencia y precipita al país a un abismo muy complejo.
 
 
Para ejercer su autoritarismo, Cristina necesita que sean muchos los fanáticos que la sigan.
 
El fanático se aleja de la realidad y la verdad, se encierra en su propio mundo; al igual que la presidente.
 
Desgraciadamente el fanatismo puede traer desventajas devastadoras no solo para el fanático sino para un país entero.
 
Si nada cambia, en ese camino se marcha.


(*) Jorge H. Santos. CPN. Artículo publicado por Urgente 24 el 25 de Mayo de 2013