jueves, 2 de mayo de 2013

Corrupción, gobernabilidad y dólar blue

Por Tomás Bulart (*)
Ya sabemos todos que la corrupción está siempre presente, en menor o mayor grado. También sabemos lo procíclico respecto a la economía que es. Así tenemos que durante el crecimiento económico las denuncias de corrupción no tienen demasiada repercusión política: sin embargo cuando la actividad económica es complicada las denuncias de corrupción tienen un gran impacto en la sociedad. 

Pero la corrupción tiene un efecto muy grave en la gobernabilidad, sobre todo si un gobierno comienza a perder poder político por la economía, ya que le va restando legitimidad. Ante esta conducta los gobiernos pueden tener dos actitudes. 

La primera es él mismo atacar su propia corrupción. Reconocer su existencia primero, para luego liderar los despidos y las presentaciones ante la justicia.  Esto normalmente sucede cuando un gobierno recién comienza su gestión y tiene que legitimarse, tal fue el caso de Dilma Rouseff en Brasil. La segunda opción es  negarla. En general se trata de gobierno que ya cumplieron su ciclo y tratan de ignorar las denuncias creyendo que así pueden retener algo prestigio.

En ese caso, el gobierno ante cada denuncia de corrupción confirmará a los involucrados y contraatacará a los denunciantes. Pero esto significa un incremento constante en las hostilidades dentro de la política y de la sociedad, que terminan afectando a la economía.
La primera baja es la inversión de largo plazo, y luego la de corto plazo. Se sigue fomentando la fuga de capitales debido principalmente a la certeza que la conflictividad va a subir y los problemas económicos solo tienden a agravarse. 

Por lo tanto hoy las denuncias de corrupción no son importantes por lo que la Justicia decida o investigue, sino por la repercusión que tiene en la sociedad. La corrupción en Argentina no manda a nadie a la cárcel, a lo sumo lo hace a los tribunales. Pero lo que muchas veces logra la denuncia es que se termine con el poder político. 

Esa es la pelea de hoy. Si las denuncias tuvieran un crecimiento continuo afectarían la economía y con el consecuente incremento de la crisis, y -por lo tanto- la facilitaría la receptividad por parte de la sociedad a los escándalos de corrupción.

Este círculo vicioso  en el que estamos metidos sumado a la actitud del gobierno de confrontaren lugar de resolver los problemas, solo ira perjudicará a la economía en general y a cada habitante en particular. 

(*) Tomás Bulat. Economista, periodista y docente universitario. Artículo publicado en "El punto de equilibrio" el 29 de Abril de 2013