viernes, 3 de mayo de 2013

El imperio de la Ley

Por Elena Valero Narváez (*)
Las personas por medio de la socialización indispensable para poder vivir en sociedad incorporan en su mundo psiquico normas, derechos y obligaciones tornando su conducta de alguna manera previsible. Si no lo grabamos en nuestro mundo psíquico y violamos las normas necesarias para la convivencia social y es por eso que las fuerzas policiales tienen la función de imponerlas y reprimir cuando se hace necesario.

El imperio de la ley es un concepto moderno que contiene normas formales basadas en la etica. El estado de derecho implica un sistema formal para castigar la violación de las normas.

El cuerpo policial es parte fundamental del estado de derecho y tiene la obligación de mantener el orden , función esencial aunque a veces cometan algún acto arbitrario cuando el sistema político no tiene la eficiencia necesaria para controlarla o aumentar su rendimiento.

El estado cuyo centro es el gobierno tiene la función de  imponer las normas y hacerlas respetar. Para ello tiene el monopolio de la fuerza, para mantener el orden y la paz.

Esta pequeña introducción está destinada a buscar explicación a un hecho reciente: hace unos días, un grupo heterogéneo de personas, entre ellos algunos encapuchados, salió a la calle muñido de piedras, intentando oponerse a la construcción del centro cívico que la mayoría aprobó en la Legislatura de la Ciudad. Trataban de hacer justicia por sus propias manos. 

La policía   reprimió con balas de goma y gases a quienes agredian  a varios de sus miembros hiriendo en la refriega a algunos periodistas.

Los legisladores porteños opositores al gobierno de la Ciudad,  como la gente que tiraba piedras a la policía, desconocieron que los castigos a la violación de las normas están codificados y que la represión se ajustó a lo que ellas permiten.

El ministro de Seguridad y Justicia, Guillermo Montenegro justificó la represión, con la ley en la mano y la explicó, no olvidando decir que se castigaría algún posible exceso. Respondió cada pregunta y con paciencia soportó  calumnias e insultos hacia su persona. Evidenció su inteligencia y aptitudes para el cargo, lo que molestaba a quienes les destruía los interesados argumentos. El reiterado pedido de renuncia, mal escondía la frustración de dichos legisladores ante la claridad exponencial del Ministro. El jefe de la Ciudad, Mauricio Macri no se desprenderá de uno de sus mejores funcionarios porque sería injustificado pedirle la renuncia a quien cumplió con su deber.

La sociedad sin orden no puede subsistir y ese orden puede ser mejorado por lo que el poder político debe conceder al cuerpo policial los poderes necesarios para defenderlo, como también, bajarle la dosis si aumentan las arbitrariedades.

En La Argentina la mitad de la sociedad se ha manifestado hace algunos días pidiendo que el Gobierno Nacional no siga violando la Constitución. Ello permitiría  que haya menos arbitrariedad y que funcione mejor la Justicia y ,consecuentemente,  los organismos destinados a imponer el orden. 

 No es el gobierno de la ciudad quien no cumple con la Ley, por el contrario, se ve asediado por grupos que intentan impedir las obras que está haciendo para mejorar la Ciudad. Tienen por objeto que no le siga haciendo sombra a la presidente.

Macri fue el primero que dio ejemplo de civilidad intentando bajar el tono violento tanto del Gobierno Nacional como de algunos jefes de la oposición pidiendo que se respetaran unos y otros.

La democracia es necesaria, justamente, para que los conflictos se hagan manifiestos, se resuelvan en paz sin la destrucción de bienes ni personas. Esa es la lógica de este sistema. Oponerse con piedras y palos no es la manera de peticionar cuando existen otros medios pacíficos para hacerlo y que conservan el orden dentro del marco de la Justicia.

Somos también responsables del gobierno, aunque no cogobernemos, por ello necesitamos libertades para evitar el abuso del Estado pero no,  para hacer –imitando al gobierno nacional- demagogia, y para atacar con piedras a los encargados de mantener la paz.

(*) Elena Valero Narváez. Periodista y Analista política. Historiadora.

Fuente: Comunicación personal de la autora.