lunes, 27 de mayo de 2013

Ellos me vigilan

Por Malú Kikuchi (*)
Sabemos, sé que nos vigilan las comunicaciones, los teléfonos, los mails y los  portales. Sé que pueden dejarnos por horas, o días, o semanas, incomunicados. Sabemos que hay personas contratadas para hacer este trabajo  sucio. Y que se manejan desde el estado.

Sabemos, sé que la inseguridad nos mata, nos roba, nos viola, nos ataca en cualquier tiempo y lugar. Ahí no nos vigilan, son permisivos con los delincuentes, quizás tengan más afinidades con ellos, que con nosotros. Pero todo tiene un límite, y esta vez la presidente lo cruzó.
Sabemos que la inflación real ronda el 30%, pero según el gobierno, que es el responsable de la misma, es sólo del 10,8%. La presidente cree que ellos no tienen nada que ver con el problema. A pesar de lo cual, con generosidad conmovedora, se va a hacer cargo del asunto. De los 10.000 productos promedio que ofrecen los supermercados, congelan por 60 días, 500.
¡Gracias presidente! Es realmente conmovedor. Quizás fuera más efectivo dejar de distorsionar el mercado, dejar de emitir $, levantar el cepo, abrir fronteras, exportar, importar; cumplir contratos y dejar de mentir.
Supongo que es pedir demasiado. Me arriesgo, hay un sensacional libro que sería recomendable que leyeran sus economistas de cabecera, se llama “4000 años de control de precios y salarios” (2). Desde Sumeria a Babilonia, China y la India antigua, hasta el edicto de Diocleciano (d.C 301) que acusó de avaros a los mercaderes y especuladores, penándolos con la muerte.
El resultado fue previsible: Diocleciano tuvo que abdicar y la inflación siguió gozando de buena salud. Los romanos rogaban por la llegada de los bárbaros. Llegaron.
Durante la Edad Media los controles tuvieron visos religiosos. La revolución francesa impuso la “ley de máxima”, que terminó con la cabeza guillotinada de “Máximo” Robespierre, pero no con la inflación. Y así siguió, es más, acá sigue. El resultado va a ser el mismo. 2+2 sigue siendo 4, desde hace 4.000 años. Inevitable.
Cristina, que detesta ostensiblemente todo lo que tenga ver con el ámbito militar, nos promete “desplegar” (1) (hacer pasar las tropas o los buques del orden cerrado al abierto), jóvenes “militantes”, que viene de “militar” (¿La Cámpora, La Kolina, La Tupac Amaru, Hijos, Movimiento Evita?), para vigilar que se cumplan los precios pactados. Ahora vienen las preguntas.
¿Cuáles son los precios pactados? Dicen que los existentes al 2/2/13. ¿Alguien los recuerda? Cuándo Moreno lo tenga claro, ¿cómo nos vamos a enterar? Por los diarios no se puede, por lo menos por los que yo leo. No lo veo fácil. Siguen las preguntas.
Estos vigilantes, ¿tendrán poder de policía o de inspectores y en qué va a consistir? ¿Tendrán chapas, tarjetas, algún tipo de identificación, uniformes quizás? ¿Cómo los vamos a reconocer nosotros y los vendedores? ¿Cómo estar seguros que no van a coimear al comerciante que cobra por fuera del convenio? ¿Quién va a vigilar a los vigilantes? ¿Van a trabajar ad honorem o además les vamos a tener que pagar?
Y ahora, como frutilla del postre, la pregunta más importante: ¿cómo empezaron las milicias bolivarianas, para vigilar qué? ¿Cómo habrán empezado las juventudes hitlerianas, o la STASSI, o cualquiera de los grupos de “vigilantes” desplegados sobre un territorio aparentemente con un objetivo pequeño, casi sin importancia? Sabemos en qué se convirtieron.
Por supuesto que estoy totalmente paranoica, no puedo ni debo pensar como lo estoy haciendo. Pero no puedo evitarlo. Recuerdo las libertades que me asegura la Constitución Nacional y de las que he disfrutado en otros tiempos, y veo lo que han hecho de mi Argentina (y yo lo he permitido), y tiemblo.
Ayer, hace 203 años, nacía la patria. La están demoliendo, entre la pérdida de la independencia del ex poder judicial; la ley de blanqueo para chorros, narcos, coimeros, tratantes y otras escorias; la corrupción más escandalosa amparada por el gobierno; mientras los ciudadanos honestos, son vigilados. Por jóvenes militantes.  Afines al gobierno. No sé porqué recuerdo una frase de Woody Allen: “que yo sea paranoico no quiere decir que no me persigan”.
Referencias:
(1) DRAE: Diccionario de la Real Academia Española. 
(2)”4.000 años de control de precios y salarios- Cómo NO combatir la inflación”,  Robert Shnettinger – Eammon F. Buttler. Ed. Atlántida.
(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora y en http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=8118