lunes, 20 de mayo de 2013

La corrupción, la impunidad y la república

Por Alfredo R. Weinstabl (*)
Se puede afirmar que la honestidad, constituye entre otros muchos aspectos, la piedra basal de un exitoso liderazgo de cualquier gestión que implique conducción de una entidad.
Y muy especialmente si esa conducción es una entidad tan compleja, dificultosa y de una dimensión tan vasta y grande como lo es un país.
Los intereses sectoriales, la ideología, los anhelos individuales son tan diversos, muchas veces contrapuestos, que liderar una Nación con éxito pareciera una misión casi imposible.
Por ello la honestidad constituye un elemento esencial en la dirigencia para permitir avizorar un fin exitoso en la gestión.
La corrupción es por ello un elemento absolutamente negativo y contrapuesto a lo mencionado precedentemente.
No obstante en el mundo, en todos los países, en mayor o menor medida, existe la corrupción. Dicen los especialistas que la diferencia en los países centrales, los más desarrollados y avanzados con respecto al resto, radica en dos aspectos esenciales.
El primer aspecto, es que en los países centrales, la corrupción es fuertemente combatida y cuando es descubierta, es duramente sancionada. El funcionario corrupto pasa a ser repudiado por la sociedad y seguramente no tendrá una nueva oportunidad en tener acceso a un cargo público. Consideran que la honestidad es un factor esencial en cualquier dirigencia. Inclusive en algunos países, la corrupción estatal se considera como un delito de tal gravedad, que el infractor es pasible de ser sancionado con la pena de muerte.
En cambio en otros países, si bien se considera como un grave delito, es tolerada por la sociedad que se acostumbra casi con naturalidad y laxitud, a los excesos de sus dirigentes. Son pocos los condenados por estos hechos y muchos de los delitos investigados, prescriben por el tiempo transcurrido por la demora en su diligenciamiento o por fallas de una Justicia  cómplice o incompetente. 
El segundo aspecto a considerar, es que en los países más desarrollados el monto de la corrupción o retorno oscila entre un 3 y 5% de promedio de los casos investigados, mientras que en algunos del resto de los países, en oportunidades supera holgadamente el 100%.  
Es fácil imaginar que en una institución u organismo que pierde un 5% de su presupuesto, mal que mal, puede seguir funcionando con su misión específica, mientras que en el segundo caso, en la cual la pérdida es de un porcentaje tan elevado, simplemente no podrá lograr ni remotamente el objetivo que tiene asignado.
En nuestro país, por lo que informan la mayoría de los medios, no se recuerda en nuestra Historia, una corrupción estatal tan escandalosa, de tal magnitud, tan descarada y tan insultantemente evidente para la opinión pública.
No se entrará al detalle, ni siguiera a la enumeración de los numerosísimos hechos o sospechas de corrupción de la cual están incursos miembros del gobierno, inclusive el matrimonio Kirchner, desde el mismo momento de su asunción a la primera magistratura en el año 2003, ya que estos fueron tratados y actualmente son tratados exhaustivamente por los medios.
Lo que se quiere destacar es que si realmente se confirman estas informaciones y noticias, estaríamos casi en un estado mafioso. Si los Kirchner tal como parece, están involucrados en esta mega corrupción, se explica por sí solo el porque nunca permitieron o impulsaron que la Justicia avance sobre los numerosos casos de corrupción en sus gobiernos, como por ejemplo, lo hizo la presidente de Brasil en los casos de corruptela sospechados de sus propios funcionarios.
La presidente Cristina Kirchner y su difunto esposo serían los principales responsables de toda esta situación de corrupción estatal generalizada.
Llama la atención que de todos los analistas políticos, los informadores públicos, los periodistas especializados, los formadores de opinión, solamente unos pocos, que casi se pueden contar con los dedos de una mano, se atrevan a señalar como responsable primaria a al mandataria. Asimismo que solo un puñado de jueces y fiscales hayan tomado la decisión de investigar a fondo las numerosas sospechas de corrupción y corruptela.
Pareciera que el temor es tan fuerte que condiciona a la Justicia y a los medios.
 Solamente una dirigente política, la Sra. Nelita Carrió, devaluada pitonisa política, con todo su egocentrismo  y entre sus auto ponderaciones,  expresó en sus destellos de lucidez con toda claridad, la responsabilidad no solo de la mandataria, sino también  de todos los dirigentes del oficialismo y de la oposición. Todos los nombrados tienen conocimiento de la escandalosa corrupción que está devorando al país y que es conducida desde lo más alto del poder desde ya diez años.
 Expresó entre otros conceptos, “Cristina Kirchner es Nerón incendiando Roma.”; “…“Acá hubo y hay una complicidad de todo el sistema. No hablan porque el sistema ya sabía todo esto, se escondía todo...”; no hay un político de la oposición que no forme parte de los que robaron al país”; “Si la alternativa son los mismos que formaron parte de ese sistema, el sistema siente que se siente avalado para seguir robando.”; “Empresarios y sindicalistas formaron parte de estos negocios…”.   
Obviamente son exageraciones y generalizaciones de las que Carrió ya nos tiene acostumbrado. No obstante sus expresiones, son las que en esta ocasión están más cerca de la verdad.
  Otro aspecto que llama la atención de los analistas políticos y de los dirigentes políticos en que todos acuerdan que hay que esperar las elecciones de octubre. El país se hunde día a día más en esta maloliente ciénaga y la mayoría de las decisiones de la presidente nos lleva cada vez más rápido al fondo del abismo. . Vaya a saber si llegamos a octubre en paz. Realmente nos caemos del mundo y somos modelo de lo que no hay que ser o hacer.
¿Por qué esperar hasta octubre si hay mecanismos institucionales en nuestra Constitución para someter a juicio política a esta mujer enferma y de manifiesta y probada incapacidad?
Después de este largo introito pasaremos al meollo de este artículo.
Cuando existe corrupción en un país significa, ni más ni menos, que una o más instituciones o parte de estas, no existen, están anuladas  o  no funcionan adecuadamente.
De confirmarse fehacientemente lo que se sospecha o lo que difunden los medios, todo indica que la corrupción se entronizó en el país con todas sus nefastas y perniciosas  consecuencias. Y además que está extendida y ramificada desde lo más alto del poder.
Del análisis de la política comparada surge que cuando se realiza la entrega de un gobierno que padece el flagelo de la corrupción  a una nueva gestión de gobierno, sin haberse investigado adecuadamente los hechos sospechados de la gestión anterior, la corrupción se contagia como una grave enfermedad a la nueva administración.
Es absolutamente indispensable si se pretende fundar un nuevo país, tal como lo establece nuestra sabia Constitución, y como es el anhelo de la mayoría de los argentinos, con un nuevo gobierno a partir del 2015, es imperioso que aquellos funcionarios que hayan delinquido o estén sospechados de ello, pasen por los tribunales a efectos de clarificar su situación.
En otras palabras, que se termine con la impunidad de los funcionarios que tantas veces hemos visto en nuestro país. Sin más, que se cumpla con “…sino que Dios y la Patria me lo demanden” párrafo final del juramento de los funcionarios públicos. Solo así podremos refundar la República que todos queremos.
 16-May-13     
(*) Dr. Alfredo Raúl Weinstabl. Doctor en Ciencias Políticas.                                                                                                                                   
Fuente: Comunicación personal del autor