domingo, 5 de mayo de 2013

Ni el tiro del final …

Por Enrique G. Avogadro (*)
“Desde el punto de vista de tales militantes (los kirchneristas), si de perder el poder se trata, sería más digno que fuera después de protagonizar una lucha épica que como consecuencia de algo tan banal como una elección”. James Neilson

Haciendo uso y abuso de una reprochable autoreferenciación digo: Sólo cabe agregar a este –un casi de mal gusto ‘yo les avisé’- comentario una terrible premonición: a Kirchner no lo sacarán ni los votos ni los carritos de supermercado de las amas de casa; todo me indica que será capaz de cualquier cosa para conservar el poder, incluido un golpe de estado, el armado de los piqueteros adictos, etc.. La frase, como puede comprobarse en mi blog, corresponde a una nota -“Lo Inexplicable …”, que escribí en un ya lejano marzo de 2007, cuando aún don Néstor (q.e.p.d.) se encontraba entre los vivos.
Hoy, cuando han pasado seis años y ya estamos en el segundo período presidencial de su conyugal heredera, esa posibilidad ya ha entrado en los escenarios probables de los analistas políticos, tal como lo demuestra la cita que encabeza este artículo, extraída del que escribiera su autor en la edición de ayer de la revista Noticias. Siempre aclaro que no cuento con una información distinta a la que poseemos todos, y que me limito a imaginar qué puede suceder trabajando sobre esos datos, y lo haré también esta vez.
Como no creo en la existencia de un pacto espurio entre doña Cristina y don Lorenzetti como el que denunció Lilita Carrió, estoy convencido que la Corte Suprema declarará inconstitucionales las leyes que modifican la composición y la forma de elección de los miembros del Consejo de la Magistratura y alteran el sistema cautelar en perjuicio de los más débiles. Respecto a la creación de las nuevas cámaras de Casación, creo que lo único que resolverá es que el Poder Ejecutivo no puede cubrir las vacantes generadas con jueces subrogantes, elegidos a dedo entre sus más fieles. Sin embargo, también creo que esa estrepitosa denuncia resultó útil porque, como dicen quienes practican el salto a caballo, “levantó las vallas” a los miembros del supremo Tribunal; resultará imposible que ahora éste resuelva en sentido contrario a lo dicho, toda vez que esa actitud confirmaría, a los ojos de todos, la veracidad de las afirmaciones de la Diputada.
Entonces, la pregunta de oro es qué hará el Gobierno con una decisión judicial de tamaña importancia, sobre todo cuando ésta tendría su correlato nada menos que en la duras críticas que formularon la Relatoría Especial sobre la Independencia del Poder Judicial de las Naciones Unidas y una enorme cantidad de ONG’s que luchan contra este tipo de prácticas. La respuesta también me parece obvia: la acatará y la utilizará como excusa para dejar sin efecto -“por única vez”- las primarias abiertas (PASO), que tan perjudiciales le resultarían ahora, ya que mostrarían un cuadro similar, en cada distrito, al que protagonizaron don Carlos Menem y el fallecido Kirchner en 2003.
En mi opinión, doña Cristina tratará de llegar directamente a octubre esperando lo imposible: una nueva bonanza económica que convenza a los votantes que, con el bolsillo más tranquilo, es mejor malo conocido –aún con esta genocida corrupción- que bueno por conocer. Ninguna de las reales variables –cosecha, brecha cambiaria, empleo, inflación, reservas, combustibles, Brasil, China- permiten soñar con algo así; antes bien, todas ellas, dada la notoria impericia de los funcionarios que, además, tienen opiniones encontradas acerca de las recetas a aplicar, tenderán a deteriorarse.
Entonces habrá llegado el momento de la decisión crucial, de la mano de las encuestas que el Gobierno encomienda diariamente a la Secretaría de Informaciones y a las consultoras privadas de todo pelaje. La viuda de “Él” no aceptará gobernar sin un Congreso obsecuente, con una Justicia capaz de hacer que ella misma y todos sus cómplices terminen tras las rejas, y transformada en un pote de yoghurt, con fecha de vencimiento inamovible.
Creo que optará por renunciar, intentando negociar alguna forma de inmunidad que, mal que le pese, sólo don Lancha Scioli podría prometerle pero le resultaría casi imposible concretar, porque la ciudadanía entera, incluidos muchos integrantes del propio Gobierno, está llena de odio y harta de las humillaciones a las que el matrimonio imperial la ha sometido; además, necesitará condenas ejemplares para lavar la gran responsabilidad colectiva que, como sociedad, tiene en la actual situación: los argentinos siempre preferimos encontrar culpables a los que echar la culpa de nuestros propios desaguisados.
Ese análisis me lleva, naturalmente, a descreer en una solución electoral y democrática para la monumental crisis a la que ambos Kirchner nos han permitido llegar otra vez, después de haber arruinado la mejor década que tanto ha favorecido al resto de la región, con la obvia excepción del cachivache bolivariano. El peronismo (Poder S.A.), tan experimentado la lucha por el control de la calle, debe prepararse para lo que vendrá, ya que no hay en esta rara Argentina de hoy otras instancias defensivas a las que recurrir y ya mismo hacerse cargo de sacarnos de encima al siniestro régimen que su permanente interna partidaria nos ha legado.
Para concluir, dos recomendaciones: 1) re-vea el tramo final del programa de Lanata del último domingo, cuando el periodista le rogó a doña Cristina, en nombre de sus más de cinco millones de espectadores, que desmintiera sus denuncias de corrupción; y 2) lea –como lo he hecho esta semana- “El inventor del peronismo”, de Silvia Mercado, que desnuda el asombroso parecido entre el gobierno de 1946-1955 y el actual; sólo cabe preguntarse, al respecto, si Marx tuvo razón, cuando dijo que la historia se repite, la primera vez como tragedia y, la segunda, como comedia.

Carmelo, 5 de Mayo de 2013
(*) Enrique Guillermo Avogadro. Abogado
E.mail: ega1@avogadro.com.ar
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Fuente: Comunicación personal del autor