jueves, 23 de mayo de 2013

Una desperdiciada oportunidad para la argentina

Por Alfredo Raul Weinstabl (*)
Podemos afirmar que la tremenda crisis del año 2001, probablemente una de las más graves de nuestra Historia, hizo que la economía prácticamente tocase fondo y hundieses a millones de argentinos en el desempleo, en pérdida de sus acreencias, en una disminución real en sus salarios e ingresos y en un desánimo generalizado. El futuro se presentaba muy oscuro y lleno de incertidumbre.
Eduardo Duhalde, quien después del colapso y luego de cuatro presidentes en trece días, asumió la gestión presidencial, para completar el período cuatrienal de De La Rúa, pudo frenar la caída y revertir la tendencia negativa de la economía y volver a encausarla positivamente.
Al finalizar su gestión, en unos polémicos y discutidos comicios, salió triunfador el ignoto gobernador de la provincia de Santa Cruz, Nestor Kirchner, del que se poseían escasas referencias y que  fuera elegido candidato por descarte de otros postulantes, por el presidente saliente.
Asumió con el más bajo porcentaje de votos de nuestra Historia. Escasamente el 22% de los votos, de los cuales mucho más de la mitad fueron “prestados” por el presidente saliente.
Kirchner con discutidos y polémicos procedimientos restauró la autoridad presidencial y continuando la política económica instalada por su antecesor, permitió que la economía del país creciera varios años a tasas de los países asiáticos. Ello le permitió incrementar su escasa legitimidad de origen y con otras medidas, incrementar la alicaída autoridad presidencial.
No obstante, ese verdadero record de crecimiento, se debe más a factores totalmente ajenos a las medidas gubernamentales. Entre ellos, a una creciente y expansiva tendencia positiva de la economía mundial, al bajísimo nivel al que había alcanzado la economía argentina en la crisis del año 2001 (era difícil caer más abajo), a la depresión de los salarios y a la cada vez más creciente demanda de los productos tradicionales que exporta nuestro país, en particular de granos y cereales.
En otras palabras, una situación mundial excepcionalmente favorable. Probablemente la más favorable en la historia de nuestro país.
Pero lamentablemente, ese crecimiento sostenido de los primeros años, no se tradujo en inversión de infraestructura productiva, desarrollo de la economía y reformas administrativas, porque fue demagógicamente dilapidado y despilfarrado y las urgentes y prioritarias medidas que el gobierno debería haber adoptado, fueron postergadas “sine die” y luego de su gestión, heredadas por su cónyuge.
Cristina llegó al Gobierno de la mano del poder construido por su esposo. El acceso a la primera magistratura de la Sra. Kirchner fue impuesta por su voluntad, en medio de un escándanlo con acusaciones de fraude electoral y financiamiento de la campaña presidencial con fondos espurios.
Es así que Cristina, recibe de su esposo problemas tan acuciantes de solución en la economía nacional, como los subsidios a las empresas públicas y la falta de inversión en energía, fundamentalmente en gas y petróleo, entre otros temas igualmente perentorios.
Las tres gestiones de los Kirchner tuvieron algunas características distintivas comunes: el autoritarismo, la prepotencia, la falta de diálogo, el atropello a las instituciones, la ausencia de transparencia de los actos de gobierno, la mentira y el engaño y una corrupción abierta, descarada y generalizada.
   Desde que se anunció que la Sra. de Kirchner iba a ser la candidata presidencial los analistas y politicólogos  preanunciaban las dificultades que Cristina iba a tener por su falta de experiencia en gestión pública.
   Al poco tiempo de las predicciones de los analistas se cumplieron abiertamente. Cristina no sabía gestionar y Néstor Kirchner mostró una verdadera incapacidad de ocupar un segundo plano. Tanto es así que en la práctica se estableció un gobierno de doble cabeza. Las riendas del poder seguían en manos del ex presidente  que es el que realmente gobernaba, limitándose Cristina a retransmitir las “disposiciones gubernamentales” y a aspectos meramente protocolares y de menor importancia.
    Los medios lo han denominado gobierno de “doble comando”.
 No es el caso de un “monje gris” que gobierna detrás de bambalinas. Néstor Kirchner no ocultaba que él era el que gobernaba. Lo hizo abierta y descaradamente, sin tapujos, usando todos los medios y facilidades del Estado que necesitaba para ello.
El primer período presidencial de la Sra. de Kirchner siguió en este “doble comando”, pero con agrias y violentas discusiones de cómo conducir las riendas del gobierno, que ya había entrado en una tendencia francamente declinante.  En una de esas fuertes discusiones, en ocasión del decreto 125 sobre las retenciones, el matrimonio presidencial se fue a las manos y en un rapto de locura, la Presidente le habría dicho “…si volves a tocarme te pego un tiro en la boca...”.
    Luego del fallecimiento del ex presidente se presentó una querella en los Tribunales Federales de Buenos Aires en la cual se culpa a madre e hijo. de “homicidio simple” y se pide al juez federal que ordene la exhumación del cadáver para saber las causas de su muerte. Según dos testigos reservados aseguran que Kirchner fue “asesinado de un tiro en la nuca”.
No obstante, la mandataria, gracias a su política populista y demagógica y el verdadero derroche de los fondos públicos y el  abuso de publicidad y propaganda oficial, en las elecciones presidenciales de octubre del 2011, volvió a imponerse con un 54% de los votos.
Pero la suerte ya estaba echada. Cristina debería saber que las segundas partes nunca fueron buenas. Su impericia y su absoluta ineptitud, más la pesada herencia que le dejó su difunto esposo, empezó a surgir con toda claridad, haciéndose evidente ante toda la ciudadanía, su falta de condiciones para liderar un país al cual el ex presidente llevó a un callejón sin salida. Y a ello hay que sumarle la falta de fondos, con el cual tanto ella como su esposo, “endulzaban, domesticaban y  disciplinaban” a sus seguidores, funcionarios nacionales y provinciales.
El país entró en una declinación muy pronunciada de la cual era difícil salir.
La administración de la Nación entró en un verdadero aquelarre.  Un caos de acciones desesperadas, sin rumbo definido, muchas veces contrapuestas, verdaderos manotazos de ahogado, tratando de encontrar alguna salida que les permita zafar del negro final que seguramente les espera. Un sinfín de medidas sin sentido y sin coherencia, muchas veces contrarias a la Constitución Nacional y a las leyes vigentes.
Todo el esfuerzo oficialista en estos últimos tiempos fue destinado a acallar los medios independientes y lograr “someter” a la Justicia.
Mientras esta irracional lucha tiene lugar, el país se fue deteriorando rápidamente. El federalismo pasó a ser simplemente una palabra vacía.  Las instituciones funcionan a media máquina, algunas mal o muy mal y otras simplemente no funcionan. Por ejemplo, las FF. AA.  del octavo país del mundo en superficie territorial, están reducido al mínimo, sin ninguna capacidad operativa y el país se encuentra en una indefensión total.  El oficialismo ha degradado social e institucionalmente a la Nación, instalando una violencia creciente y una impunidad total con una corrupción política, económica y social insólita. Estamos en conflicto con nuestros países vecinos y en tensas relaciones con nuestros tradicionales amigos de Europa. Obviamente también con los EE.UU. 
Y ahora al filo de los diez años de gestión, aparecen firmes testimonios y evidencias de lo que muchos siempre sospecharon: una corrupción colosal de magnitudes aún incalculables que comenzó en el mismo instante, y aún antes, en que el tortuoso ex presidente asumió la primera magistratura. Los “capitalistas cercanos al régimen” y los muchos colaboradores cercanos del matrimonio ahora son multimillonarios o se enriquecieron enormemente. Tenemos que reconocer que los Kirchner siempre fueron muy generosos… con los dineros públicos.
No es objetivo de esta nota enumerar la infinidad de equivocaciones, errores, torpezas, atropellos, disparates y acciones reñidas con la ética y moral pública y demás desmanes cometidos por este singular matrimonio, que nos descolgaron del mundo y nos sumergieron en muchos aspectos en el pelotón de los países más atrasados del planeta.
Pero para sintetizar podemos resumir todo este desmanejo gubernamental en tres aspectos centrales.
·         Haber perdido el tren de la Historia más favorable que tuvo nuestro país en todos sus doscientos años de existencia, dilapidando los ingentes ingresos recibidos por las exportaciones, por la extraordinaria situación netamente favorable para la Argentina en la economía mundial.
·         Haber debilitado a las instituciones republicanas, contrariando sus frecuentes promeses iniciales de fortalecerlas y apuntalarlas, llevando a algunas prácticamente a su disolución o su absoluta inoperancia.
·         Haber instalado como política oficial la confrontación permanente, la descalificación, el agravio, fracturando así a la ciudadanía en dos fracciones antagónicas y casi irreconciliables. El antagonismo y la polarización son hijos de esta política demencial.
Ya al comienzo de su gestión Cristina expresó que le iba a ser difícil por el hecho de su género. En realidad la dama de negro nuevamente se equivoca. No le fue difícil…le fue imposible. Pero no por ser mujer, sino por su falta de condiciones y su ineptitud para gestionar y liderar.
Definitivamente el gobierno de esta falsa “Doctora”, termina como terminó la otra mujer que fue presidente y que fuera seleccionada para ese cargo, en las intimidades de la cama matrimonial.
   El país perdió con esta mujer, por su inoperancia, sus falsedades y mentiras, torpemente una década, ampliamente favorable para la Argentina, en la cual toda la región creció excepto nuestro país.

22-May-13     

(*) Dr. Alfredo Raúl Weinstabl. Doctor em Ciencias Políticas                                                                                                                                   
Fuente: Comunicación personal del autor