viernes, 28 de junio de 2013

El sentido correcto de la Democracia

Por Aynd Rand (*)

(*) Ayn Rand, seudónimo de Alisa Zinóvievna Rosenbaum (San Petersburgo, Imperio ruso, 2 de febrero de 1905  Nueva York, Estados Unidos, 6 de marzo de1982), filósofa y escritora estadounidense de origen ruso, ampliamente conocida por haber escrito los bestsellers El manantial y La rebelión de Atlas, y por haber desarrollado un sistema filosófico al que denominó «objetivismo». Rand defendía el egoísmo racional, el individualismo, y el capitalismo laissez faire, argumentando que es el único sistema económico que le permite al ser humano vivir como ser humano, es decir, haciendo uso de su facultad de razonar. En consecuencia, rechazaba absolutamente el socialismo, el altruismo y la religión.

Decálogo del populismo iberoamericano

Por Enrique Krauze (*)
El populismo en Iberoamérica ha adoptado una desconcertante amalgama de posturas ideológicas. Izquierdas y derechas podrían reivindicar para sí la paternidad del populismo, todas al conjuro de la palabra mágica: “pueblo”. Populista quintaesencial fue el general Juan Domingo Perón, quien había atestiguado directamente el ascenso del fascismo italiano y admiraba a Mussolini al grado de querer “erigirle un monumento en cada esquina”. Populista posmoderno es el comandante Hugo Chávez, quien venera a Castro hasta buscar convertir a Venezuela en una colonia experimental del “nuevo socialismo”. Los extremos se tocan, son cara y cruz de un mismo fenómeno político cuya caracterización, por tanto, no debe intentarse por la vía de su contenido ideológico, sino de su funcionamiento. Propongo 10 rasgos específicos.

1) El populismo exalta al líder carismático.
No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. “La entrega al carisma del profeta, del caudillo en la guerra o del gran demagogo”, recuerda Max Weber, “no ocurre porque lo mande la costumbre o la norma legal, sino porque los hombres creen en él. Y él mismo, si no es un mezquino advenedizo efímero y presuntuoso, ‘vive para su obra’. Pero es a su persona y a sus cualidades a las que se entrega el discipulado, el séquito, el partido”.
2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella.
La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, “alumbra el camino”, y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios. Weber apunta que el caudillaje político surge primero en los Estado-ciudad del Mediterráneo en la figura del “demagogo”. Aristóteles (Política, V) sostiene que la demagogia es la causa principal de “las revoluciones en las democracias” y advierte una convergencia entre el poder militar y el poder de la retórica que parece una prefiguración de Perón y Chávez: “En los tiempos antiguos, cuando el demagogo era también general, la democracia se transformaba en tiranía; la mayoría de los antiguos tiranos fueron demagogos”. Más tarde se desarrolló la habilidad retórica y llegó la hora de los demagogos puros: “Ahora quienes dirigen al pueblo son los que saben hablar”. Hace veinticinco siglos esa distorsión de la verdad pública (tan lejana a la democracia como la sofística de la filosofía) se desplegaba en el Ágora real; en el siglo XX lo hace en el Ágora virtual de las ondas sonoras y visuales: de Mussolini (y de Goebbels) Perón aprendió la importancia política de la radio, que Evita y él utilizarían para hipnotizar a las masas. Chávez, por su parte, ha superado a su mentor Castro en utilizar hasta el paroxismo la oratoria televisiva.
3) El populismo fabrica la verdad.
Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino “Vox populi, Vox dei”. Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno “popular” interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla. En la Argentina peronista, los diarios oficiales y nacionalistas -incluido un órgano nazi- contaban con generosas franquicias, pero la prensa libre estuvo a un paso de desaparecer. La situación venezolana, con la “ley mordaza” pendiendo como una espada sobre la libertad de expresión, apunta en el mismo sentido: terminará aplastándola.
4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos.
No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado que puede utilizar para enriquecerse y/o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión. La ignorancia o incomprensión de los gobiernos populistas en materia económica se ha traducido en desastres descomunales de los que los países tardan decenios en recobrarse.
5) El populista reparte directamente la riqueza.
Lo cual no es criticable en sí mismo (sobre todo en países pobres hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo una parte del ingreso, al margen de las costosas burocracias estatales y previniendo efectos inflacionarios), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia.
“¡Ustedes tienen el deber de pedir!”, exclamaba Evita a sus beneficiarios.
Se creó así una idea ficticia de la realidad económica y se entronizó una mentalidad becaria. Y al final, ¿quién pagaba la cuenta? No la propia Evita (que cobró sus servicios con creces y resguardó en Suiza sus cuentas multimillonarias), sino las reservas acumuladas en décadas, los propios obreros con sus donaciones “voluntarias” y, sobre todo, la posteridad endeudada, devorada por la inflación. En cuanto a Venezuela (cuyo caudillo parte y reparte los beneficios del petróleo), hasta las estadísticas oficiales admiten que la pobreza se ha incrementado, pero la improductividad del asistencialismo (tal como Chávez lo practica) sólo se sentirá en el futuro, cuando los precios se desplomen o el régimen lleve hasta sus últimas consecuencias su designio dictatorial.
6) El populista alienta el odio de clases.
“Las revoluciones en las democracias”, explica Aristóteles, citando “multitud de casos”, “son causadas sobre todo por la intemperancia de los demagogos”. El contenido de esa “intemperancia” fue el odio contra los ricos: “Unas veces por su política de delaciones… y otras atacándolos como clase (los demagogos) concitan contra ellos al pueblo”. Los populistas latinoamericanos corresponden a la definición clásica, con un matiz: hostigan a “los ricos” (a quienes acusan a menudo de ser “antinacionales”), pero atraen a los “empresarios patrióticos” que apoyan al régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita a sus agentes y los manipula a su favor.
7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales.
El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece “Su Majestad El Pueblo” para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra “los malos” de dentro y fuera. “El pueblo”, claro, no es la suma de voluntades individuales expresadas en un voto y representadas por un Parlamento; ni siquiera la encarnación de la “voluntad general” de Rousseau, sino una masa selectiva y vociferante que caracterizó otro clásico (Marx, no Carlos, sino Groucho): “El poder para los que gritan el poder para el pueblo”.
8) El populismo fustiga por sistema al “enemigo exterior”.
Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de fuera. La Argentina peronista reavivó las viejas (y explicables) pasiones antiestadounidenses que hervían en Iberoamérica desde la guerra del 98, pero Castro convirtió esa pasión en la esencia de su régimen, un triste régimen definido por lo que odia, no por lo que ama, aspira o logra. Por su parte, Chávez ha llevado la retórica antiestadounidense a expresiones de bajeza que aun Castro consideraría (tal vez) de mal gusto. Al mismo tiempo hace representar en las calles de Caracas simulacros de defensa contra una invasión que sólo existe en su imaginación, pero que un sector importante de la población venezolana (adversa, en general, al modelo cubano) termina por creer.
9) El populismo desprecia el orden legal.
Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la “ley natural” y una desconfianza a las leyes hechas por el hombre. Por eso, una vez en el poder (como Chávez) el caudillo tiende a apoderarse del Congreso e inducir la “justicia directa” (“popular, bolivariana”), remedo de Fuenteovejuna que, para los efectos prácticos, es la justicia que el propio líder decreta. Hoy por hoy, el Congreso y la Judicatura son un apéndice de Chávez, igual que en Argentina lo eran de Perón y Evita, quienes suprimieron la inmunidad parlamentaria y depuraron, a su conveniencia, al Poder Judicial.
10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.
El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la “voluntad popular”. En el límite de su carrera, Evita buscó la candidatura a la vicepresidencia de la República. Perón se negó a apoyarla. De haber sobrevivido, ¿es impensable imaginarla tramando el derrocamiento de su marido? No por casualidad, en sus aciagos tiempos de actriz radiofónica, había representado a Catalina la Grande. En cuanto a Chávez, ha declarado que su horizonte mínimo es el año 2020.
¿Por qué renace una y otra vez en Iberoamérica la mala yerba del populismo? Las razones son diversas y complejas, pero apunto dos. En primer lugar, porque sus raíces se hunden en una noción muy antigua de “soberanía popular” que los neoescolásticos del siglo XVI y XVII propagaron en los dominios españoles y que tuvo una influencia decisiva en las guerras de Independencia desde Buenos Aires hasta México. El populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente “moderada” o “provisional”: no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.
Para calibrar los peligros que se ciernen sobre la región, los líderes iberoamericanos y sus contrapartes españolas, reunidos todos en Salamanca, harían muy bien en releer a Aristóteles, nuestro contemporáneo. Desde los griegos hasta el siglo XXI, pasando por el aterrador siglo XX, la lección es clara: el inevitable efecto de la demagogia es “subvertir a la democracia”.
(*) Enrique Krauze es un intelectual, empresario cultural, ingeniero, ensayista, historiador, biógrafo, crítico y editor mexicano, director de la Editorial Clío y de la revista cultural Letras Libres. Artículo publicado en "Hacer Latin American News" el 25 de Junio de 2013

El nuevo tiburón blanco del peronismo

Por Jorge Fernández Díaz (*)
En una rara tarde de invierno, luego de la resaca del triunfo del 54% y en pleno duelo por la muerte de su esposo, Cristina Kirchner recibió en la Casa Rosada a un viejo compañero de ruta y estuvo un largo rato hablando de Néstor. El ex ministro nunca fue amigo de la pareja presidencial. Tuvo, incluso, algunos roces en el ejercicio de la función pública, pero amnistió para ser amnistiado, para seguir adelante y para no sacar los pies del plato. A Cristina se le llenaron los ojos de lágrimas recordando las luchas políticas, y en un momento dado se recompuso y le confesó, con firmeza: "Mirá, hay tres personas con las que no hay arreglo ni retorno. Magnetto, Alberto y Massa". El ex ministro se quedó helado frente a aquella aseveración vengativa. El odio por Héctor Magnetto no necesitaba explicación, y la bronca con Alberto Fernández, su antiguo hombre de confianza, era claramente producto del despecho. Pero, ¿qué había hecho Sergio Massa para merecer un lugar central en ese exclusivo podio de la inquina? El ex ministro no se atrevió a preguntar. Tal vez fueran sus famosas y desmentidas críticas a Néstor ("psicópata", "perverso" y "cobarde") reveladas por WikiLeaks. O los recurrentes dichos del ex presidente, quien secretamente reconocía en Massa la peligrosidad, la capacidad de gestión y traición, y la sed de poder que él mismo llevaba en la sangre. Y que todo líder peronista tiene.

El alcalde de Tigre acaba de producir un cataclismo en la política argentina. Su electrizante postulación, que es un desafío a la hegemonía de la Presidenta, puso a tirios y troyanos en estado de alerta, nerviosismo y confusión. Massa se presentó con un nuevo partido, que cita y homenajea a la vieja "renovación peronista" y que implícitamente quiere dar por terminado el ciclo del Frente para la Victoria. Les propone a los peronistas, puertas adentro, reemplazar al caudillo endogámico que los está llevando a sucesivas derrotas políticas, y le sugiere a la sociedad, puertas afuera, que no se vence a Cristina desde el antikirchnerismo puro, sino desde un poskirchnerismo que reconozca lo positivo, elimine lo tóxico y proponga un futuro unificador que cierre la grieta. Massa se encuentra, por ahora, al tope de las encuestas en la provincia de Buenos Aires, y su lema es "no estamos en Bagdad ni en Disneylandia". La mitad de la gente que lo votaría, según muestran esos sondeos, está conforme con muchas cosas del kirchnerismo y la otra mitad está abiertamente en contra. Pero ambas parecen buscar a alguien que no destruya todo, que no sea pendular, y que, por lo contrario, edifique un nuevo progreso sobre lo ya conquistado. Que los saque además del encono y la división. Que les permita volver a comer un asado con el cuñado que durante estos diez años estuvo en la otra orilla y que ha dejado de hablarles.
Presuponen algunos massistas que sin un crac económico el antikirchnerismo no tiene chances reales. Y aseguran que afortunadamente no existe un solo economista serio que pronostique ese abismo. Es inquietante que quienes tanto se equivocaron prediciendo el Apocalipsis estén ahora unánimemente seguros de que no ocurrirá. Pero este pensamiento no logra apartar al Frente Renovador de la idea de proponer a un mismo tiempo continuidad y ruptura.
Massa es hijo de la eterna indecisión de Daniel Scioli, que se mantiene sobre el catre del faquir, y de la imposibilidad narcisista de Cristina Kirchner, que no puede generar un heredero político que la supere. Massa ocupa de prepo, en ese sentido, los sillones vacantes que le dejaron el gobernador y la jefa del Estado, que lo han parido con su ceguera. Si Massa triunfa en la provincia de Buenos Aires, posiblemente, decretará el fin de la carrera del Gandhi justicialista y de la Eva posmoderna. Si pierde, Cristina irá por la re-reelección, y Scioli, por el albur o por el ocaso.
La ingeniería electoral armada por el intendente de Tigre se asemeja a las astutas estrategias que Menem y Kirchner adoptaron al comienzo: alegres transversalidades pragmáticas conviviendo bajo un liderazgo ideológicamente abarcador. Un significante vacío, diría Laclau, que puede llenarse con significados a la carta. Un juego libre que, bajo el imperio de la unidad nacional, le permite virar y avanzar sin obstáculos ni normas por un tablero lleno de jugadores prejuiciosos y conceptos rígidos. Intendentes del conurbano, referentes del justicialismo histórico, un dirigente industrial, un militante de la CGT y otro de la CTA, un radical, un conservador, un progresista. Es muy injusto: a cualquier cacique peronista toda diversidad le sienta bien. A la centroizquierda cualquier acuerdo pluralista le queda forzado e incoherente.
En términos del PRI argentino, los líderes son abiertos cuando alcanzan el apogeo. O tal vez sea al revés: alcanzan el apogeo gracias a la amplitud de su propuesta. Y en todos los casos, se van cerrando con el correr de los años y van optando por los alcahuetes y por el voto ideológico cuando sienten la declinación. Cuando no pueden sobreponerse a la idea de que la sociedad no les reconoce todo lo que hicieron por ella. Le pasó a Menem y le está pasando a Cristina.
Un encuestador extranjero, que desde hace ocho años viene psicoanalizando al argentino promedio, afirma que electoralmente hoy vale más ser joven que ser peronista. Quiere decir con esto varias cosas. Que una cara relativamente fresca con una gestión detrás puede cautivar mucho más que un dirigente reconocido y reconcentrado en su obra, su identidad y su congruencia discursiva. También que el peronismo ya no existe, algo que los operadores todoterreno confirman. Esta conclusión no deja de ser paradójica, en un país donde el espíritu de Perón parece inundarlo todo. Claro, el todo es la nada. No existe la ideología peronista. Sólo existe el Estado, que es el lugar en el mundo de cualquier dirigente que se precie. En la Argentina no hay lucha de clases, ni pulseadas ideológicas ni modelos en pugna. Todo eso sólo ocurre en el "círculo rojo", el pequeño penthouse de los politizados, donde sólo se habla de la literatura de la política. Porque la política real está en otro lado. Lo que sí existe en la Patria peronista, después de tantos años de copamiento de las administraciones públicas y de las cajas, es una lucha encarnizada por el Estado. Por retenerlo o por ganarlo.
Es el Estado, con su infinita posibilidad de financiación, el único botín que hace reyes a los que ganan y mendigos a los que pierden. El escritor Jorge Asís, que es el Dante de los círculos infernales del peronismo, me invitó una vez a almorzar en el Club Francés. Cuando entramos juntos, nos topamos de frente con tres viejos cuadros peronistas. Luego de saludarlos, mientras avanzábamos hacia la mesa, Asís me dijo en voz baja: "Medialuneros". Yo no entendía qué significaba ese extraño apelativo. Hasta que Dante sentenció: "Se quedaron afuera de todo y andan con la medialuna en alto viendo dónde pueden mojarla".
Esa picaresca representa exquisitamente el combustible espiritual de una dirigencia voraz que sólo respeta al jefe que encabeza las encuestas y que les puede garantizar el triunfo en las urnas, y también al que puede repartir bien las tajadas. Manhattan para los Tattaglia y Brooklyn para los Corleone. Expertos en semblantear quién puede darles el queso y quién no es confiable, para las pirañas Scioli y Massa pasan la prueba, pero Macri y De Narváez están todavía sospechados. Así funciona el imperio romano peronista. No el que figura en los libros ni en los programas de televisión, sino el que se reparte el poder estatal en los despachos, en las unidades básicas y en las calles.
El nuevo tiburón blanco del Frente Renovador conoce muy bien ese organismo biológico. Una vez, hace tres años y durante la inauguración de las muestras del escultor Rubén Locaso y del pintor Enrique Burone Risso en el Museo de Arte Tigre, dio una clase práctica de peronismo esencial. Fue cuando un funcionario de Cultura de la embajada de Francia le preguntó en qué consistía el peronismo. Massa sonrió ampliamente, y le contestó: "El peronismo es como un avión. Tiene una cabina de mando, un ala derecha y una izquierda. Dentro del avión van todos, sólo que algunos se sientan a la derecha, otros a la izquierda y otros en el centro. Y el que conduce el avión elige en qué dirección lo lleva y hacia dónde lo inclina".
El francés, un tanto perplejo, le preguntó entonces si los que estaban a la derecha no se mezclaban con los que estaban en la izquierda. A lo que el intendente precisó: "Bueno, a veces hay sacudones, turbulencias, y los que empezaron sentados en un lado terminan en el otro. También hay clases, como en cualquier avión: están los que viajan en primera, los que van en business y los de clase turista".
Una periodista cultural, que presenciaba la escena, le preguntó: "¿Y usted en qué clase se ubica ahora?". Massa lo pensó unos segundos, y respondió: "Digamos que yo salí de la cabina de mando y me senté en el primer asiento de business, pero estoy haciendo un curso intensivo de piloto". La chica le insistió: "¿En el primer asiento cerca de la salida de emergencia?". Massa se rió, y le dijo: "¡No, la salida de emergencia no es necesaria porque el avión no se cae nunca! Cada tanto abren la puerta y tiran a alguno afuera, eso sí, pero el avión nunca se cae".
Estudioso de Capriles y tan parecido al primer Kirchner, el candidato a diputado nacional juega con la errónea superstición popular de que no se puede gobernar el país sin el peronismo. Y, por lo tanto, sin decirlo, propone en la política la vieja fórmula que se utiliza para conjurar el mal de amores: un clavo saca otro clavo. Puede ser una buena táctica. El problema es que así los argentinos siempre nos quedamos con un clavo.
(*) Jorge Fernández Díaz. Columnista de La Nación. Artículo publicado el 28 de Junio de 2013

Liberalismo o Socialismo

Por Guillermo Lascano Quintana (*)
Últimamente se ha comenzado a hablar de socialismo democrático y de socialismo cristiano como las dos únicas alternativas políticas al oficialismo gobernante. Quienes introducen esta distinción (el gobernador de la Sota y el filosofo Abraham, por ejemplo) no aclaran que ideología abraza el kirchnerismo, limitándose a apuntar que se trata de una gestión populista, demagógica y autoritaria. 
Tampoco queda claro cuál es la ventaja de cualquiera de las dos alternativas señaladas -salvo que al menos una es republicana- frente a otras existentes en el mundo civilizado y que han demostrado éxito, entendiendo por tal la generación de riqueza y prosperidad material y moral.
Despojado de todo ropaje propagandístico el gobierno actual es intervencionista en lo económico, subsidia el consumo y limita las libertades económicas, además de cometer otra serie de tropelías que no vienen a cuento.
La referencia del párrafo anterior es al sistema liberal o como quiera ser llamado, que rige en varios países de Europa, América Latina, Asia, Oceanía y África y especialmente, en los EE. UU., que sigue siendo el motor del mundo, cabeza de innovaciones científico-tecnológicas, principal actor en el comercio internacional, guardián de la libertad y ejemplo de autentica democracia republicana. El otro actor principal del momento (China) es socialista en ciertas aéreas pero fanático del libre comercio, lo que lo ha colocado en una posición preeminente en el mundo.
Hay una expresa tendencia a ignorar a aquella manifestación de progreso y desarrollo, ligándola con una tergiversada visión que condena a la derecha (que no es socialista sino partidaria de la libertad), como expresión de totalitarismo y cuanto otro calificativo negativo que se le quiera adicionar (capitalismo salvaje, sinarquía internacional, imperialismo, etc.).
Para conocimiento de los jóvenes y los adultos ignorantes o sometidos a los efectos de la propaganda, conviene recordar, que con todas las lacras que se le puedan imputar, el capitalismo fue el promotor del más formidable crecimiento de los últimos dos siglos. Hacia comienzos de 1800 la humanidad era básicamente pobre. Hoy no lo es, aunque subsistan inequidades que siempre será mejor combatir con más desarrollo y más libertad que con limitaciones a la esta. La expectativa de vida se ha triplicado, la medicina ha hecho progresos formidables. La industrialización, hija de la libertad, ha generado aviones, barcos a vapor, naves espaciales, ferrocarriles, automóviles, electricidad, telefonía e internet (que ha producido una revolución en las comunicaciones, de futuro abierto). La libertad permite estudiar y capacitarse en lo que cada uno quiera realimentando el círculo virtuoso.
Todo aquel progreso se hizo en libertad, sin cortapisas. Naturalmente hubo abusos y errores, propios de la condición humana, pero la misma libertad, la democracia y la república, los han ido corrigiendo y enmendando.
En cambio los gobiernos que, cercenando la iniciativa privada y la libertad, intentan y han intentado regir naciones, han fracasado estrepitosamente. Piénsense en la Unión Soviética y sus países satélites, o en Cuba,  Corea del Norte y Venezuela y compárense con Canadá, o Gran Bretaña o Alemania. Aun aquellas naciones que asumen posiciones socialistas (Francia, Dinamarca, Suecia, entre otras) lo hacen con un amplio respeto por la libertad y la iniciativa privada. Esto último sin considerar la eficiencia y ecuanimidad con la que se administran los fondos públicos, lo que no sucede en ningún “paraíso” socialista.
Es lamentable que quienes dicen defender la libertad (todas las libertades, en realidad) admitan, con su silencio, el falso dilema con el que comencé esta reflexión y no proclamen su compromiso con aquella, aunque sean calificados de derecha. Algunos  líderes prefieren ocultar su adscripción a las libertades sin proclamar su compromiso con ellas por temor a ser considerados reaccionarios. ¡Que tiene de incorrecto reaccionar contra la demagogia, el populismo, el intervencionismo estatal en la economía, en la educación y en la cultura!  Más bien todo lo contrario: se trata de la conducta adecuada frente a los fines que proponen los socialismos.
(*) Guillermo Lascano Quintana. Profesional independiente en el sector Servicios jurídicos. Artículo publicado por la Fundación Atlas en su Newsletter semanal del 28 de Junio de 2013

Melpomene y Thalia

Por Armando Ribas (*)
"El fascista es un liberal asustado". Lenin
  El mundo occidental y cristiano inmerso entre la comedia y la tragedia, o sea la triste colaboración de Melpomene y Thalia. En la misma medida que la izquierda apoderada de la ética, mediante el llanto por los pobres y las desigualdades supuestamente creadas por el capitalismo, para lograr la risa de la riqueza mediante el poder, el vocabulario político plagado de juicios de valor a priori, deja mucho de desear. El Diccionario de la Real Academia Española, que limpia, fija y da esplendor al idioma, así define la Democracia: “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno; Predominio del pueblo en el gobierno político del Estado”. Al respecto The American Heritage Dictionary dice: “Democracia, gobierno por el pueblo ejercido directa o a través de representantes electos… Una condición social de igualdad y respeto por el individuo dentro de la comunidad”.

   Me voy a permitir sostener que en el orden de la política, las anteriores definiciones nos dejan tan ignorantes como antes de haberlas leído. En primer lugar déjenme recordar que en La Política de Aristóteles encontramos algunos juicios  que valen la pena rescatar a fin de comprender la realidad que está viviendo el mundo occidental. Y dicho sea de paso en tanto que no lo comprendamos, estamos más lejos de comprender la evolución del mundo oriental. Dice Aristóteles: “Los principios democráticos conducen directamente a la injusticia; porque la mayoría, soberana a causa del número, se repartirá bien pronto los bienes  de los ricos”. ¡Que! ¿Los pobres, porque están en mayoría, podrán repartirse  los bienes de los ricos; y esto no será una injusticia, porque el soberano de derecho propio haya decidido que no lo es?  ¡Horrible iniquidad! ¿Que otra cosa significa el elevar el gasto público y consiguientemente los gravámenes a los ingresos a más del 50% del PBI?
   Evidentemente Aristóteles antes de conocerlo, había descalificado éticamente al socialismo en nombre de la demagogia. Por ello insisto que socialismo fue la denominación dada por el Iluminismo, que considero el oscurantismo de la razón, a la demagogia. Y evidentemente como antes dijimos cuando el gasto público alcanza al 50% del PBI supuestamente los pobres se están repartiendo los bienes de los ricos, pero en la realidad son los supuestos representantes del pueblo los que se quedan con el dinero que reparten.
   Por ello vallamos a otra definición política. ¿Qué es el pueblo? El pueblo es  supuestamente una entelequia, en la realidad es un universal. Y recordemos igualmente que cuando los universales son reales, sus componentes no tienen entidad. Fue por ello que David Hume determinó que el problema no eran las mayorías, sino las asambleas que pretenden actuar en su nombre. Fue por ello que Jefferson tomó conciencia y escribió: “Un despotismo electivo no fue el gobierno por el que luchamos”.
   A partir de los anteriores conceptos creo que se hace evidente la diferencia entre la democracia mayoritaria y lo que se conoce por el Rule of Law, que parte del principio fundamental de que las mayorías no tienen derecho a violar los derechos de las minorías. Ignorar esta dicotomía conceptual impide reconocer la propia historia de Occidente, y confundir la Europa Continental con el mundo creado del otro lado del Canal de la Mancha, a partir de la Glorious Revolution de 1688. Fue allí donde se impusieron límites al poder del rey y se reconocieron los derechos individuales. Ese mundo atravesó el Atlántico y se aposentó en Norte América a la luz de un concepto ético fundamental en la lucha por la libertad que es el derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad. (John Locke)
    Ignorar esa diferencia no nos permite siquiera comprender la entrada del fascismo en Europa, que no se olvide que no se instituyó por la fuerza sino en nombre de la mayoría. Hoy parece estar de vuelta la discusión sobre el fascismo, y al respecto me voy a permitir una cita de Stanley Payne en su obra: “What do we Mean by Fascism?” (¿Qué queremos decir con Fascismo?): “Fascismo es probablemente  el más vago de los términos políticos contemporáneos”. Creo que esa vaguedad se encuentra en la mayoría de los términos políticos, tales como capitalismo, liberalismo, neoliberalismo, conservadurismo, socialismo, comunismo y ya nos referimos a la democracia.
    Pero voy a insistir en el fascismo pues la izquierda lo pretende descalificar como derecha, obviando sus orígenes socialistas y confundiendo al capitalismo con el nazismo. Desde mi punto de vista el fascismo se origina a partir del ensayo de Lenín “La Nueva Economía Política” donde escribió cuando se percatara del fracaso del marxismo implementado por él: “Los capitalistas están operando entre nosotros. Están operando como ladrones, hacen ganancias, pero ellos saben cómo hacer las cosas”. Fue en función de esa noción que Mussolini pasó del socialismo al fascismo y lo acordara con la Iglesia en el Concordato de Letrán.. De Italia pasó a Alemania donde como señala Nolte adoptó las nociones de la cultura nacionalista alemana, y por supuesto el antisemitismo. Y al respecto escribió: “El fascismo es antimarxista, que pretende destruir al enemigo mediante el desarrollo de una radicalmente opuesta pero a la vez relacionada ideología, y mediante el uso de casi idénticos y a la vez modificados métodos”.
   No obstante el evidente fracaso del Estado de bienestar en Europa, la virtud del altruismo en la búsqueda de la igualdad sigue triunfando políticamente. Así el socialismo se ha apropiado de la ética política y todo intento de proteger la propiedad privada es considerado el fascismo. En esas circunstancias desparece la seguridad jurídica de los derechos de propiedad, que hace aparecer una suerte de fascismo, al que los americanos denominan capitalismo de amigos. La realidad es que ante la inseguridad jurídica los capitalistas no tienen otra alternativa que pactar con el gobierno, a fin de que no le nacionalicen sus propiedades.
   Ante los hechos podemos ver el fascismo democrático en Europa, social democracia mediante, y en América falazmente democrático, pues el fraude prevalece en las elecciones en muchos casos (Venezuela). La política se desarrolla entre Thalia, la comedia de la democracia socialista mayoritaria, y Melcomene, la tragedia del fascismo implícito en la ausencia de seguridad de los derechos de propiedad. Y Clio (La Historia)  llora ante los ojos miopes de un mundo que envuelto en la farsa de la falacia igualitaria ignora su razón de ser y se enfrenta al riesgo de su desaparición.

(*) Armando Ribas. Abogado de la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en la Habana. En 1960 obtuvo un Máster en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Filósofo. Escritor. Artículo publicado por la Fundación Atlas 1853 en su Newsletter semanal el 28 de Junio de 2013

Informe Datamática

Por Datamática (*)
Este reloj de arena de la política se avizorará en los últimos meses del 2014  y en los primeros del 2015. 
Este estudio se realizó en toda Argentina en forma telefónica entre el 26 y 27 de Junio de 2013.
N. de la R.: Saque Ud. sus propias conclusiones

(*) Datamática. Consultora dirigida por Julio Pizetti. Desde 1989 se establece como una empresa dedicada a la Investigación de Mercados y Opinión Pública. Informe suministrado por Evidencias (Director: Luis Pico Estrada), en su Ficha Técnica 733 del 28 de Junio de 2013

Fuente: Evidencias <7miradas@gmail.com> a través de s11.dptagent.net

Triturando los fragmentos

Por Diana Ferraro (*)
Que importantes analistas políticos, en los días previos al cierre de las listas a competir en las próximas elecciones legislativas de octubre, hayan encumbrado la figura de un accesorio intendente como la nueva esperanza blanca de la oposición, sólo se explica por la escasa comprensión del derrotero profundo de un peronismo que aún permanece invisible bajo una multitud de engañosos disfraces. 

Las instituciones vencen al tiempo, subrayó el General Perón al dejar bien establecido que el Partido Justicialista sería, de ahí en más, en la nueva etapa institucional que se avecinaba post-1973, el instrumento de expresión electoral del peronismo. Un instrumento que resultó fiel y apto hasta para impedir una nueva modificación a la Constitución y habilitar un tercer mandato a Carlos Menem en 1999, pero que hoy, y desde hace más de una década, se encuentra secuestrado por el kirchnerismo en el poder, con la interesada participación de aquellos que pretenden ya enfrentarlo, como es el caso de la centro-izquierda, ya liquidarlo para sustituirlo, como es el caso del PRO. Por lo tanto, para leer correctamente la realidad política, convendría recordar que el instrumento natural del peronismo—ese que debería asegurar una afiliación plena e internas limpias entre las diversas líneas aspirantes—hoy no existe como tal, aunque sí su sello cooptado por el grupo gobernante, como se ve, ladrón también de instituciones. 

Lo que sí existen son los fragmentos dispersos de esas líneas compitiendo como partidos separados, fragmentos afines que continúan intentando sobrevivir dentro de la cáscara sin significado peronista del kirchnerismo y fragmentos que ya se ven como parte, ya como sustitución, como es el caso del siempre oportunista aliado y cada día menos peronista PRO. Consideradas estas líneas sueltas, lo mejor que se puede esperar de ellas es que consigan en octubre una mayoría en ambas cámaras que debilite y limite al kirchnerismo, y que lo hagan junto a la ya organizada coalición del centro-izquierda—que haciendo honor republicano al espacio tradicionalmente radical se muestra leal opositora a todos los peronismos, como le corresponde, y también a los aspirantes a sustituirlos. Lo que no se puede esperar, con internas abiertas o sin ellas, es que de estas elecciones surja un líder peronista conductor del centro y del centro-derecha: el drama del PJ secuestrado continuará muy posiblemente hasta 2015 y aún más allá, si la conciencia colectiva no repara en la gravedad de esta situación. 

Frente al colectivo de argentinos peronistas y no peronistas existe una ausencia: que alguno de los aspirantes a líderes del peronismo pueda presentar a la población una lectura renovada del peronismo y su herencia en la era global. Un líder que pueda, además de reafirmar el republicanismo necesario para preservar y continuar la institución partidaria en el tiempo, explicar con claridad las bases de una nueva economía peronista que deberá ser liberal por la fuerza de las circunstancias del mundo y totalmente federal y descentralizada por fuerza de la condiciones de atraso de la Argentina, y también las bases complementarias para una nueva e importante resignificación y misión de las organizaciones de trabajadores. 

El peronismo ha tenido siempre una apariencia según los ojos de quien lo mirase—y de ahí el mito de que el peronismo es un movimiento proteico, capaz de cambiar su esencia según la conveniencia del momento—y un verdadero derrotero invisible allí donde la profundidad de la realidad lo ha moldeado siempre dentro de su misma esencia. Por eso, hay que mirar este proceso electoral con ese corazón que entiende tanto mejor qué es apariencia y qué es realidad, y comprender que, en estas elecciones, sólo se trituraran aún más finos los fragmentos dispersos en que ha quedado el peronismo sin institución que los ordene y fortalezca, sin que esta apariencia signifique su liquidación sino, muy por el contrario, el necesario paso por las cenizas antes de la resurrección. 


(*) Diana Ferraro. Escritora, periodista y analista política. Artículo publicado en "Peronismo Libre" el 27 de Junio de 2013

Fuente: http://peronismolibre.wordpress.com/

jueves, 27 de junio de 2013

El Heredero

Por Gabriela Pousa (*)
Jugó Sergio Massa. Casi se podría decir que es un éxito de todos y todas, ¿o quién ha solventado cada paso del intendente devenido candidato? Años en el ANSES le permitieron al ex UCeDe aceitar los contactos necesarios con el establishment para situarse adonde finalmente se ha situado, años repartiendo estratégicamente pauta publicitaria para que muchos medios no se hicieran eco de inconvenientes en sus pagos y rescatasen las bondades.

Hoy, Massa disfruta las consecuencias de haber cooperado a vaciar los fondos jubilatorios de un sinfín de ciudadanos, muchos de los cuales, si no quedara claro esta maniobra, irán incluso a votarlo. Indiscutidamente hábil – Cristina también lo fue hasta caer en la voracidad de una supervivencia inútil -, rápido de reflejos e inexcrupuloso hasta el punto de presentarse como opositor siendo parte de lo actual. Lo nuevo de lo viejo que es como decir lo menos viejo pero no lo novedoso.

Massa es fruto del oportunismo y de una característica poco frecuente en nuestra dirigencia: el coraje. Y es también portador de otro dote inexorable en esos lares: el caradurísmo. Recuérdese que es el mismo Sergio Massa que se presentara en las legislativas de 2009 sin llegar a asumir nunca su banca…

En contrapartida, yace agónica la figura de Daniel Scioli, endeble, frágil, amorfa. Pensar que hasta hace poco se probaba el sillón de la Presidencia respaldado en las ventajas que le otorgaban las encuestas… Paradojas de la dinámica política. Una dialéctica entreverada, donde los tiempos no se miden con la común cronología.

Detrás de ambos, se teje una indescifrable trama de negociados a conveniencia. Sin ser triunfadora en los pronósticos, Cristina Kirchner sale de todos modos y en cierta manera ilesa. De la impunidad que persigue afanosamente, con Massa está más cerca. 

Es muy probable que el heredero de Néstor no le vote una reforma constitucional pero difícilmente le suelte la mano a la hora de juzgar su gestión presidencial. Hay razones que unen aunque también es verdad que las lealtades en este ámbito son similares al hallazgo de una aguja en un pajar.

Lo cierto es que las cartas se han jugado aunque aún hay naipes que no aparecen en el tapete. ¿Quién guarda más ases en la manga? La jefe de Estado ha demostrado hasta el hartazgo (literalmente) sus dotes en ese arte. Massa es todavía un enigma a medio develarse. Más oscuridad arroja quizás el actuar de Mauricio Macri que ha dejado liberada la provincia de Buenos Aires al tiempo que debió bajar a Carlos Melconian y a Guillermo Montenegro por capricho de Felipe Solá.

Sobre este último sería interesante hablar. Una figura gastada en la porfía de saberse nada: ni menemista, ni kirchnerista o tal vez todo eso junto sintetizado en una palabra: desvergüenza. Y hay demasiada.

Por momento, algunas listas parecen verdaderas asociaciones ilícitas. Es la dirigencia argentina en su faz más impía. No hay ideas, apenas ambiciones desmedidas y borracheras de poder que no se justifican ni a sí mismas. Podría resumirse el parecer en un titulo de cinematografía: “Los sospechosos de siempre“.

Harto conocidos, parásitos del Estado, incapaces de conseguir un puesto de trabajo en el sector privado. Verdaderas garrapatas prendidos a lo público, aplaudidores de folletín, en definitiva una escenografía muy barata quizás, porque aún no hemos podido demostrar cuán cara nos sale la Argentina del “qué me importa” y del “déjalo para mañana”.

Cuánto tiempo puede estar el cuadro montado es un dato que no aporta demasiado. Antes o después, se corre el maquillaje. Y allí está detrás del intendente de zona norte, Darío Giustozzi, su par de Almirante Brown que llegó a ese cargo de la mano del Florencio Randazzo. A propósito del ministro del Interior, está claro que al no figurar, asumió implícitamente su responsabilidad frente al choque de trenes en Castelar. ¡Hasta qué punto hablan los silencios y las ausencias en la política nacional!

Asimismo, se alista con Massa, Sandro Guzmán, alcalde de Escobar, confeso admirador de Cristina y de su modelo de inclusión nacional y popular. Posiblemente se trate incluso de una candidatura testimonial que, sin eufemismos, no significa sino un fraude electoral, otra burla para la sociedad, y van…

¿Qué decir de Ignacio De Mendiguren? Probablemente deba volver en breve a refugiarse en su casa de San Isidro como le sucediera en el 2002, cuando participó activamente de la pesificación asimétrica en contra del pueblo, y muy a su favor. En aquellos días le estaba vedado salir a la puerta siquiera porque la gente estaba allí afuera, y no precisamente para agradecerle su gestión. Un exponente más de la impertérrita genuflexión empresaria que ha hecho y hace tanto daño a una Argentina desvencijada.

Posiblemente más que de listas, se trate de una enumeración caótica de radiografías argentinas. Todos y cada uno son emergentes de esta sociedad, no llegan desde atrás de las fronteras. En ese sentido, la crítica se hace casi impertinente sin una introspección moral. Porque si no son reflejo, están usurpando un lugar que por alguna razón hemos dejado librado al azar.

El Frente Renovador parece ser el botox de un kirchnerismo trasnochado intentando disimular las ojeras de los vicios y los años. Si Sergio Massa no resultara electo, no podría asombrar a nadie que irrumpa luego en la escena nacional como un Martín Sabbatella más. ¿O acaso este no compitió también con Kirchner en las elecciones legislativas de 2009? ¿Y cómo terminó? Como un soldado del Frente para la Victoria más.

Si Massa no es Sabbatella es apenas porque tuvo en sus manos los fondos estatizados de las AFJP, los favores de varios banqueros, empresarios, y a Amado Boudou de aliado. Otras diferencias no hay.
Quién quiera entender que entienda…

(*) Gabriela Pousa es Analista Política en Medios, Licenciada en Comunicación Social y Periodismo (Universidad del Salvador), Analista Política y Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE). Directora de “Perspectiva Políticas”. Artículo publicado el 25 de Junio de 2013

Fuente: http://www.perspectivaspoliticas.info/el-heredero/

Una autocracia sin pudor

Por Alberto Medina Méndez (*)
No es novedad que los adalides del populismo demagógico hayan llegado al poder con la encubierta intención de apropiarse de él por tiempo indefinido. A estas alturas no quedan dudas de que, no creen en la democracia, sino que solo la utilizan para acceder al poder y la exacerban temporalmente porque les permite cierta legitimación que les ayuda a guardar las formas.

Cuando los apoyos populares empiezan a mermar, cuando el acompañamiento electoral disminuye progresivamente y la sociedad percibe la presencia de un incipiente esquema autoritario, intentan prolongar su presencia en el poder, quebrando la esencia del equilibrio republicano.

En ese momento buscan inclinar su capital electoral hacia atractivas transformaciones profundas que suenan interesantes a los oídos de muchos, pero que esconden sus verdaderas pretensiones de consolidar su arraigada vocación hegemónica, de poder concentrado y control absoluto.

Es bueno recordar que se trata de los mismos personajes que defendieron, en el pasado, inaceptables métodos de llegada al poder en otras naciones, convalidando la violencia como dinámica política y festejando la actitud de quienes detestan la democracia y apuestan a las armas como sistema.

Nunca ocultaron su adhesión por esas ideas y se ocuparon de tergiversar la historia para maquillar su posición. Antes lo decían en privado y ahora lo hacen a cara descubierta. Aplauden a los que usaron metodología violenta décadas atrás, elogian a quienes asesinaron a cualquiera que se interpusiera en su recorrido, olvidando que esos pretendían tomar el poder, inclusive luchando contra gobiernos elegidos democráticamente. No creen en la democracia, la conciben solo como un medio, ya no para dirimir diferencias circunstanciales, sino para lograr sus perversos fines.

Son déspotas por convicción, solo pretenden conformar una autocracia, donde puedan controlar la totalidad del sistema. Es el camino inevitable al que conduce el socialismo o cualquier otra forma totalitaria.

Durante algún tiempo pueden compartir poder y convivir en ese contexto, pero luego, para sostenerse, precisan monopolizarlo. Eso explica cómo se van quedando con todo, con la economía primero, pero luego con los medios de comunicación, el control de la gente, sus acciones y libertades.

El sistema que engendran los empuja invariablemente hacia allí. De otro modo el régimen no se puede sustentar en el tiempo. Ellos lo saben, solo que mienten descaradamente para imponer su modelo gradualmente, usando la democracia cuando les sirve y los mecanismos dictatoriales cuando ya no alcanzan los anteriores.

Este perverso presente que combina caudillos sin escrúpulos, que intentan acumular poder, pero al mismo tiempo riquezas personales, con discursos de izquierda, aparentemente preocupados por los más pobres, pero que en el fondo generan más pobreza, son la moda del momento y proliferan en tiempos de abundancia económica lograda bajo escenarios favorables.

Las sociedades en las que vivimos, pagarán demasiado caro este tipo de decisiones políticas colectivas. Creer en las bondades de un régimen que no las tiene, que simula lo que no es, con una hipocresía cada vez más evidente que se confirma a diario en cada acción, tiene un final predecible.

Definitivamente van por todo, y ahora incorporan una dinámica adicional, la de la pérdida del decoro, del recato, de la vergüenza. Se han convertido en un régimen ya no solo autocrático, sino plagado de impudicia, ingresando a una fase en la que ya no disimulan ni sus modos, ni sus inmorales intenciones.

No son republicanos y no lo pueden disimular más. Tampoco son demócratas. No quieren disidencia alguna, solo pretenden discurso único. Por eso les sirve cualquier mecanismo que acalle a los que piensan diferente. Hasta hace algún tiempo atrás, al menos guardaban las formas y les quedaba algo de recato, pero lo viene perdiendo y la careta desaparece, para mostrar su verdadero rostro, cruel y fundamentalmente despótico.

La máscara de la democracia popular, les servía para simular lo que no eran. Hoy ya no les resulta suficiente y no les queda otro sendero posible que ir por todo, porque no solo precisan seguir por más, sino que si no profundizan este proceso, el mismo puede convertirse en su enemigo.

Ahora es el turno de la impunidad, por eso necesitan un poder centralizado, donde lo ejecutivo, legislativo y judicial sean lo mismo, del mismo color. Si no lo logran, corren el riesgo de que lo engendrado se vuelva en su contra.

Ya no se puede dudar ni de sus pérfidos métodos, ni de sus voraces propósitos. Empezaron a mostrar su costado más autoritario, menos prolijo y más burdo, el de decir lo que realmente piensan. Quieren la Justicia porque la necesitan para seguir adelante con sus fechorías y cuentan, por ahora, con la complicidad de una sociedad que no despierta, que no reacciona y que aun cree ingenuamente en su retorica lineal y emotiva.

La dictadura busca perfeccionarse. La tiranía precisa de más ingredientes. Ahora ya perdieron el decoro y por eso van por una autocracia sin pudor.

(*) Alberto Medina Méndez. Periodista y analista político.
albertomedinamendez@gmail.com

www.albertomedinamendez.com

Fuente: Comunicación personal del autor

2013, vísperas de la transición

Por Jorge H. Santos (*)
La sucesión de problemas, conflictos, cortinas de humo, dificultades de la vida cotidiana conforman un presente tan complicado para el habitante de este país que imaginar el día siguiente muchas veces resulta complicado. Sin embargo, en esta nota, se pretende avizorar una Argentina cuando el apellido Kirchner no habite más en la Casa de Gobierno. La puerta de ese futuro está abierta, observemos parte de la intricada ruta que habrá que recorrer.
Hay que hacer un verdadero esfuerzo imaginativo para suponer el futuro de la Argentina cuando el apellido Kirchner, ni ninguno de los que los que han participado de sus prácticas totalitarias ocupe el sillón de Rivadavia.
De una crisis económica y social como la vivida en 2001/2, y tras años de inmensa fortuna donde todos los vientos de la economía mundial soplaron y aún soplan –con menor intensidad- a favor; el país deberá hacerle frente a un nuevo descalabro de una complejidad mayúscula y de dimensiones desconocidas desde el reestablecimiento de la democracia.
Cualquier descripción que se intente hacer resultaría enunciativa; ya que delinear un presupuesto del caos a recibir, faltando aún dos años de mandato de la huésped de la Rosada, demandaría un prolongado y –por demás seguro- incompleto listado.
Del cúmulo del inmenso desorden no escapan estos durísimos pasivos:
La penosa,  extensa y enmarañada tarea de unir al pueblo. Superar los enfrentamientos, las discordias, las intolerancias, terminar con las agresiones. En síntesis, restaurar el tejido social desintegrado perversamente desde el poder central.
Gigante será la labor para reestablecer la credibilidad en las personas que sean elegidas para estar a cargo de las instituciones del Estado nacional, provinciales y aún municipales.
Ni qué hablar del esfuerzo que habrá que realizar para recuperar, lentamente,  la credulidad; ya que el argentino, hoy,  no cree ni en lo que ve. La mentira y la ficción hicieron trizas la confianza.
Recomponer el orden social demandará un esfuerzo titánico.
Hacer cumplir las normas y las leyes que emanan del sentido común para respetar los derechos de los otros, y a su vez,  que respeten los propios implicará un sinfín de sinsabores y discordias.
Asumir la cada día más oscura realidad económica y hacerse cargo de los desequilibrios existentes, generará un doble sufrimiento; uno, por los años y enormes oportunidades desperdiciadas;  y otro, por tener que sobrellevar la pesada carga que impondrá la quebrantada herencia.
Como de constumbre los que menos tienen sufrirán más y la clase media volverá a a ser castigada; aunque los políticos y aún los economistas busquen suavizar el impiadoso derrotero que irremediablemente deberá franquearse.
Habrá que seguir erogando durante años los voluminosos subsidios que han destruido la necesidad, la voluntad y la capacitación para el trabajo de generaciones y familias enteras.
Se requerirá restaurar la seguridad jurídica, que devuelva –con el transcurso del tiempo- un clima propicio para la viabibilidad de los negocios.
Es de esperar que en el momento que se arribe a ese estadío sigan existiendo capitales de inversión que hoy escapan de Argentina pero deambulan en búsqueda de oportunidades en el resto del mundo.
La llegada de esos inversores creará fuentes de empleo que hoy faltan y nuevos recursos para alimentar al Estado.
Será imprescindible reconquistar una imagen potable de país en el concierto mundial, la que llevará tiempo. Actualmente,  la visión que los extranjeros con poder de decisión tienen del país de Cristina Kirchner es aún peor que la que tienen los nativos más críticos de su gobierno.
Se necesitará librar, sí o sí,  batallas contra la corrupción, el narcotráfico y la trata de personas; que tantas daños producen, la mayoría irreparables.
Deberá atenderse la inseguridad para poder configurar una vida donde los que estén detrás de las rejas sean los delicuentes y no los habitantes honrados, que hoy temen por su propia existencia y la de sus seres queridos.
La política de  derechos humanos deberán orientarse hacia el objetivo de exaltar la vida y dejar de lucrar con la muerte.
Todo esto y mucho más no se desarrollará en un ambiente estático. Por el contrario, las demandas sociales, más las ansiedades individuales y colectivas estarán a la orden del día. Los conflictos se multiplicarán.
Urgirá reconquistar el diálogo, que aún con diferencias, regenere la posibilidad de acuerdos, que vayan paliando las dificultades de todo tipo y tamaño que irán apareciendo.
Mientras tanto, el período de tiempo que media entre ese eventual momento de que nuevos administradores se hagan cargo de los variados daños que habrá dejado el kirchnerismo y el cristinismo, habrá que continuar transitándolo.
Si la Argentina luce herida, tirada en una cama de hospital público, donde escasean materiales y donde los posibles buenos médicos ni quieren acercarse a los improvisados facultativos que la atienden; qué duda cabe que el paciente seguirá empeorando, por más aplausos que concite cada palabra de la dama de negro, que habla de amor mientras cultiva el odio, predica el ejemplo de lo que no debe hacerse y pretende atesorar más poder y continuismo.
La nación, en una suerte de simbiosis con el nuevo Papa que arribó al sillón de San Pedro desde el fin del mundo, hace tiempo le viene diciendo a sus hijos “Recen por mí”.
Es muy justo y más que necesario.

(*) Jorge Hector Santos. CPN. Periodista y analista político. Artículo publicado por Urgente 24 el 27 de Junio de 2013