lunes, 24 de junio de 2013

Al compás del tamboril (1)

Por Malú Kikuchi  (*)
Córdoba es una provincia llena de humor y gracia, pero al mismo tiempo es docta y solemne. Para celebrar los 400 años de la fundación de la Universidad de Córdoba 19/6/1613), Cristina Kirchner, acudió presurosa a presidir el festejo. ¡Y eso que Córdoba tiene un gobierno peronista que no responde al FPV! La presidente se lució. Quedará en el recuerdo.
A pesar de la ira visible, incontenible, inmanejable, que le produjo el lógico fallo de la Corte sobre politizar la justicia, abusando de su predilecta oratoria belicista, declaró que: “los MILITANTES debemos estar alegres (¿y los muertos y heridos de Castelar?), preparados para otra BATALLA”.
Acompañando al “Grupo Urbano” que interpretaba muy libremente en tono de cumbia/salsa el himno nacional, con tambores, Cristina se sacó el tapado de piel, entró en calor, tamborileó y ¡hasta bailó el himno! Inolvidable. Patético. Para mostrarle a la Corte y al poder judicial, que ella está dispuesta a seguir con su imperiosa necesidad de autocracia absoluta.
El 20/6/2013, bajo un sol radiante, al pie del monumento a la bandera, en Rosario, como diría un ciclista, se le soltó la cadena. En su feroz ataque a la Corte y a todo el poder judicial, les dedicó frases dignas de la cumbia villera (que había bailado el día anterior) y les dijo: “necesitan algún GIL que encuentre la GUITA…”. Y no puede alegarse que la presidente tenga un vocabulario escaso o que no sabe usarlo. De entre casa, ¿hablará así?
Y siguió con el ataque, tan enojada que aceptó el hecho que Argentina no es el país de las maravillas y dijo: “porque los problemas terribles de seguridad que tenemos, desde el narcotráfico, desde la violencia, desde la trata, también tienen que ver con la justicia”. Y con el ejecutivo ¿no?
Y de pronto, fallo de por medio, la mejor Corte de la historia del país, el as de espadas del truco kirchnerista, conformada por buenos jueces; lo que ni los opositores osaban discutir, se transformó en una escoria. ¿Qué pasó? Simple, la Corte usó su prerrogativa sobre la constitucionalidad de una ley.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, se llama así, porque es “suprema”. No hay instancia legal superior. A partir del fallo del presidente de la Corte de EEUU, el juez John Marshall (1803) en el juicio “Madbury (juez nombrada por el saliente presidente de EEUU, Adams) versus Madison (secretario de gobierno del nuevo presidente Jefferson), estableció que “la Constitución es lo que la Corte dice que es”.
En Argentina, también. La creó, de acuerdo con la CN, Mitre el 15/1/1863. Es la cabeza del poder judicial. Es uno de los 3 poderes que conforman el gobierno. El ejecutivo existe gracias a una mayoría transitoria; el legislativo representa pluralidades transitorias. El judicial es permanente, es el contrapoder que defiende al ciudadano aunque sea minoría. Es el defensor a ultranza de las libertades individuales. No es, ni debe ser, partidario. No puede ser político.
Esta “maravillosa” (hasta el 19/6/2013) Corte, está conformada por: presidente, Ricardo Lorenzetti, 2004, nombrado por K. Vice, Elena Highton de Nolasco, 2004, nombrada por K; ministros: Carlos Fayt, 1983, Alfonsín; Enrique Petracchi, 1983, Alfonsín; Juan Carlos Maqueda, 2003, Duhalde; Raúl Zaffaroni, 2003, K y Carmen Argibay, 2005, K. Han dejado de ser maravillosos.
Salvo Zaffaroni que votó en disidencia, los restantes declararon los artículos que se refieren al voto popular de los consejeros de la magistratura dentro de listas partidarias, de la ley de “democratización de la justicia”, anticonstitucionales. Lo que explica que las bondades o inoperancias de la Corte para el FPV, dependen de fallos a favor o en contra del gobierno.
Por eso, sin calificar, “la Corte adicta anterior”, no debía ser cambiada por “adicta”, ya que si lo era, lo era del gobierno de Menem, que en tiempos K, ya no era presidente. Más allá del hecho de tener hoy una buena Corte, es obvio que los K pretendían una Corte que les fuera adicta a ellos.
Habrá que prepararse, la próxima batalla de la presidente contra el poder judicial, el que sí debe ser remozado, no es justo que no paguen impuesto a las ganancias, ni que no deban hacer declaraciones juradas. De ahí a que el nombramiento y la estabilidad de los jueces, por ende su imparcialidad, dependa de la política de turno, hay un abismo de injusticia. Que gracias al apego de la Corte a la CN, por esta vez, no se hará realidad. Pero hay que estar atentos. El hambre de poder, la necesidad de impunidad, crecen con el correr de los días. En la opinión pública está el no permitirlo. Con ayuda de la Corte. Y es bueno recordar que la opinión pública, somos nosotros.
Mientras, cerca de las PASO, previas a las elecciones legislativas, que “siga el baile, siga el baile, de la tierra en que nací, la comparsa de los negros, al compás del tamboril.” O a la presidente contrariada en su voluntad omnímoda ¿le cae mejor “La marcha de la bronca”? (Pedro y Pablo).
(1) ”Al compás del tamboril”, milonga, letra de Carlos Warren, música de Edgardo Donato. La hizo famosa Alberto Castillo, ahora la cantan Los Auténticos Decadentes.
(23/6/2003)
(*) Malú Kikuchi. Periodista y analista política.
Fuente: Comunicación personal de la autora y en http://www.lacajadepandoraonline.com/blog2/?p=8381