jueves, 20 de junio de 2013

Ataque a los poderes reacios al absolutismo

Por Elena Valero Narváez (*)
Una de las características principales para reconocer cuando un régimen democrático se está convirtiendo en autoritario es cuando las políticas del gobierno tienden al debilitamiento de la sociedad civil. La democracia solo es posible cuando esta se consolida porque en ella existe una tendencia muy fuerte hacia la libertad. Toda empresa o asociación civil es un centro reacio a cualquier poder que pretende ser absoluto.

Es por eso que los gobiernos que quieren elevar las cuotas de poder que permite la democracia,  intentan reducir al mínimo la actividad privada.

En Argentina el gobierno está intentando eso. La prueba es el robo o la exacción del Estado a los inversores, a los ahorristas, a los empresarios,  a las empresas, y su resultado: la suspensión de creación de riqueza y la huida de capitales.

Hace diez años que el gobierno Kirchnerista aumenta los gastos, sin control, piensa que los resuelve con inflación ,depreciando los salarios y las jubilaciones.  El  resultado de ello es la  disminución de la productividad, base del desarrollo empresarial.

Pero como la economía depende también de otras esferas, tan importantes como ella, el gobierno no solo se apropia de su funcionamiento atacando a la propiedad privada, sino que ataca  al estado de derecho que depende de una justicia independiente.

Como ningún gobierno se mantiene en el poder si no es aceptado por buena parte de la sociedad, tratan de imponer ideas favorables a las ideas que sustentan: promueven combatir al capital extranjero,  aseguran que el que mejor reparte de riqueza es el estado, y  que la empresa estatal es mucho mejor que la empresa privada.

Las consecuencias de estas ideas y las decisiones políticas que le siguen han sido catastróficas en todas partes del mundo donde se convirtieron en fanático credo.

En la Argentina el petróleo y los teléfonos  estuvieron décadas en manos del estado y no arreglaron, mientras estuvieron en sus manos, los problemas de petróleo ni de comunicación.
Los Kirchner vuelven a arremeter con ideas contrarias al fortalecimiento de la sociedad civil. Es así como se persigue a la actividad privada.

Uno de los máximos enemigos para los gobiernos que no respetan la democracia es la opinión pública por ello combaten la libertad de prensa. Por un lado al estatizar se hacen dueños de los votos del empleado público que aumenta con criterio electoralista. Ganar con ellas los políticos y aumenta la burocracia y  la corrupción. Y por otro, al hacerse dueño por compra o por pauta oficial de los medios periodísticos acallan a uno de los más importantes poderes que lo controlan.

En un año electoral, en Argentina, se ve mejor cómo actúa un gobierno populista, enemigo de la democracia y de la República: como los conflictos de poder se resuelven por medio del voto intentan demoler a los partidos y a quienes lo representan para quedar como única alternativa.

Con esperanza estamos viendo a la Justicia actuando en contra de los manotazos inconstitucionales del gobierno kirchnerista. Falta una actitud semejante de los empresarios. No se escuchan voces fuertes que exijan al gobierno que regrese las condiciones de respeto a la propiedad, al cumplimiento de los contratos, a la seguridad jurídica y a reglas estables y previsibles, necesarias para el buen funcionamiento, no solo de los empresarios, sino de la sociedad.

Y tampoco se escucha a los futuros posibles presidentes de la República explicar que en un posible futuro mejor el estado no será el generador de empleos, sino que de ello se encargarán las empresas en un contexto de libertad y competencia  por ganar la preferencia de la gente.

Este es el camino para morigerar la pobreza: un gobierno que no se ría de la Constitución Nacional, que se entienda que la democracia depende del fortalecimiento de la actividad privada,  de partidos que no sean avasallados por las corporaciones , y del  pluralismo de ideas  aceptado por el poder político.

(*) Elena Valero Narváez. Periodista, historiadora y analista política.

Fuente: Comunicación personal de la autora